Las puntas de las hojas de la Haworthia cooperi son transparentes por una razón muy concreta: en su hábitat la planta vive medio enterrada en el suelo, con apenas los ápices asomando entre la grava. Esas ventanas translúcidas dejan pasar la luz hasta el tejido verde que queda bajo tierra, donde la planta hace la fotosíntesis a resguardo del sol y de la deshidratación. Entender eso resuelve de golpe la mitad de las dudas sobre sus cuidados.

Haworthia cooperi en maceta con hojas translúcidas

Origen y familia

Haworthia cooperi es originaria de Sudáfrica, en concreto de la provincia del Cabo Oriental, en zonas de matorral seco donde crece protegida bajo arbustos bajos, entre piedras o directamente hundida en suelos arenosos y pedregosos. Recibe lluvias repartidas en primavera y otoño, con veranos secos y calurosos e inviernos suaves.

Pertenece a la familia Asphodelaceae, la misma que el aloe y la gasteria, y no a las cactáceas ni a las crasuláceas, aunque comparta con ellas la suculencia. El género fue dedicado a Adrian Hardy Haworth, botánico británico especializado en plantas suculentas.

Un apunte que evita confusiones en el vivero: el antiguo género Haworthia se ha dividido. Las plantas de hojas duras, rígidas y con verrugas blancas en relieve que todo el mundo llama "haworthia cebra" son hoy Haworthiopsis (H. fasciata, H. attenuata). Haworthia en sentido estricto agrupa a las de hojas blandas y ventanas translúcidas: H. cooperi, H. cymbiformis, H. retusa. Los cuidados no son idénticos, y en particular las de ventanas toleran bastante menos sol directo.

Aspecto y variedades

Forma rosetas pequeñas, de 4 a 10 cm de diámetro según la variedad, sin tallo aparente, que con los años se van agrupando en macollas por emisión de hijuelos laterales. Las hojas son carnosas, de un verde claro a azulado, y rematan en un ápice hinchado y traslúcido surcado por venas más oscuras.

La especie es extraordinariamente variable y se han descrito más de una decena de variedades. Las que más se ven en cultivo:

H. cooperi var. truncata: la más espectacular. Hojas cortas, muy gruesas, con la punta como cortada en plano y casi de cristal. Es la que aparece en las fotos que circulan como "planta de burbujas".

var. pilifera: hojas más alargadas y puntiagudas, rematadas en una cerda o pelillo terminal fino.

var. venusta: recubierta de una fina pelusa blanca que le da un aspecto aterciopelado. Es de las más buscadas y de crecimiento lento.

var. dielsiana y var. tenera: rosetas pequeñas, muy prolíficas en hijuelos, ideales para quien empieza.

Las plantas cultivadas en maceta rara vez se ven tan translúcidas como en las fotos de coleccionista. El motivo es que en la naturaleza casi toda la hoja está enterrada y solo la ventana queda expuesta. Muchos cultivadores lo imitan plantando la roseta algo hundida y cubriendo con una capa de grava fina hasta la mitad de las hojas: el resultado es una planta más compacta, con las ventanas más limpias y menos tendencia a estirarse.

Luz: el punto donde más se falla

Circula la idea de que la Haworthia cooperi es una planta de interior tolerante a la penumbra. Tolera poca luz en el sentido de que no se muere enseguida, pero no la aguanta bien: las hojas se alargan, se separan, la roseta se abre como una estrella deshecha y las ventanas pierden nitidez. Esa deformación no se corrige después; hay que esperar a que salgan hojas nuevas.

Lo que quiere es luz muy abundante pero difusa. En interior, ventana orientada al este, o a un metro escaso de una ventana grande al sur con visillo. En exterior, sombra luminosa bajo una malla o el sol directo suave de las primeras horas de la mañana.

El sol directo del verano peninsular la quema en cuestión de horas: las ventanas se vuelven opacas y aparecen manchas blanquecinas o marrones irreversibles. Un tono rojizo o bronceado uniforme, en cambio, no es quemadura sino respuesta pigmentaria al exceso de luz; es reversible y se corrige moviendo la planta, pero es la señal de que está al límite.

Riego, temperatura y sustrato

Su actividad se concentra en primavera y otoño. Cuando el calor aprieta de verdad, por encima de 32-35 °C, la planta entra en un semi reposo y deja de absorber; en invierno, con poca luz y temperaturas bajas, también frena. El calendario de riego debe seguir eso:

Primavera y otoño: riego a fondo cada 7 a 12 días, empapando el cepellón y dejando drenar. Se vuelve a regar cuando el sustrato está seco por completo, no antes.

Verano: espaciar a cada 15 o 20 días, y regar al atardecer, nunca con el sustrato caliente al sol.

Invierno: cada tres o cuatro semanas si está en interior con calefacción, prácticamente nada si está en un lugar fresco a menos de 10 °C.

Regar siempre por la base o dirigiendo el agua al sustrato. El agua que se queda estancada en el centro de la roseta, con hojas tan carnosas y apretadas, es una vía directa a la pudrición del cuello.

En temperatura, el mínimo seguro está en torno a los 5 °C, y no tolera heladas: las hojas, cargadas de agua, revientan sus tejidos. En el litoral mediterráneo puede pasar el invierno fuera en un lugar resguardado; en el interior de la Península hay que entrarla a partir de noviembre.

El sustrato, drenante y pobre: en torno a un 50-60% de árido (pómice, puzolana de grano fino, arena silícea gruesa lavada) y el resto de fibra de coco o sustrato de cactáceas. Maceta con buen agujero de drenaje y, contra lo que suele recomendarse para suculentas, no demasiado somera: la Haworthia tiene raíces gruesas y carnosas que profundizan y necesitan sitio.

Un detalle de aquí: en buena parte de España el agua del grifo es muy dura. Las sales dejan costras blancas sobre las hojas y salinizan el sustrato. Si es tu caso, riega con agua de lluvia, osmotizada, o mezcla al 50% con la del grifo, y trasplanta cada dos años para renovar el medio.

Detalle de las hojas translúcidas de Haworthia cooperi

Trasplante y multiplicación

Se trasplanta en primavera o a principios de otoño, cada dos o tres años. Al sacar el cepellón es normal encontrar buena parte de las raíces gruesas secas o acorchadas: la Haworthia renueva su sistema radicular cíclicamente, y eso no indica enfermedad. Se recortan las secas con tijera limpia y se replanta en sustrato apenas húmedo, esperando una semana antes del primer riego.

La forma práctica de multiplicarla es por separación de hijuelos. Las rosetas hijas que aparecen alrededor de la madre se desprenden con cuidado procurando que lleven algo de raíz propia; se dejan orear un día y se plantan aparte. Si salen sin raíz, enraízan igualmente en un par de meses sobre sustrato mineral apenas humedecido.

El esqueje de hoja, que funciona tan bien en echeverias y sedums, aquí da malos resultados: las hojas de H. cooperi son demasiado acuosas y se pudren antes de emitir callo. Si quieres intentarlo, la hoja debe arrancarse entera con su base blanca de inserción, y aun así la tasa de éxito es baja. La semilla es viable pero lentísima, con plantas de tamaño presentable a partir del tercer o cuarto año.

Floración

Entre primavera y comienzos de verano emite una vara floral fina de 20 a 40 cm, muy desproporcionada respecto a la roseta, con florecillas tubulares blancas recorridas por un nervio verdoso. No tienen valor ornamental y, a diferencia de lo que ocurre con los aeonios o las sempervivum, florecer no mata a la planta: Haworthia no es monocárpica. Si no vas a polinizar para obtener semilla, se puede cortar la vara desde la base para que la planta no gaste energía.

Problemas frecuentes

Hojas arrugadas y blandas. El reflejo automático es regar, y suele ser justo lo contrario de lo que hace falta. En una Haworthia bien regada, unas hojas que se arrugan casi siempre significan que la planta ha perdido las raíces por exceso de agua y ya no puede absorber, aunque el sustrato esté húmedo. Antes de regar, saca el cepellón y mira. Si las raíces están podridas, hay que limpiar, cortar hasta tejido sano, dejar secar unos días y replantar en sustrato seco.

Base blanda, oscura y con mal olor. Pudrición del cuello, normalmente por agua acumulada en la roseta o por riego en pleno reposo estival. Si el ápice de la roseta aún está firme, se puede intentar cortar por encima de la zona afectada y enraizar el resto.

Cochinilla algodonosa. Se esconde entre las hojas basales, pegada al cuello. Alcohol isopropílico con bastoncillo en focos aislados; jabón potásico o aceite de parafina si está extendida, aplicado sin sol directo.

Cochinilla de las raíces. Menos conocida y bastante frecuente en este género. La planta se estanca sin motivo aparente y al desenmacetar se ven grumos blancos harinosos entre las raíces y pegados a la pared de la maceta. Hay que lavar el cepellón, retirar todo el sustrato viejo, tirarlo y replantar en maceta desinfectada.

Manchas blanquecinas opacas en las ventanas. Quemaduras solares. No se recuperan; la hoja seguirá viva pero marcada.

En resumen

La Haworthia cooperi es una suculenta sudafricana de hojas con ventanas translúcidas, adaptada a vivir semienterrada a la sombra de otras plantas. Quiere luz intensa pero filtrada, jamás sol directo de verano; riego a fondo y espaciado en primavera y otoño, muy reducido en verano e invierno; sustrato con más de la mitad de árido; y protección del frío por debajo de 5 °C. Se multiplica separando hijuelos, no por hoja, y florecer no la mata. Ante hojas arrugadas, comprueba las raíces antes de coger la regadera: en esta planta el exceso de agua se disfraza de sed.


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