A mediodía de un día despejado de abril, un talud plantado de mesem se ve rojo, fucsia y naranja de punta a punta. A las ocho de la tarde ese mismo talud es un colchón verde grisáceo sin una sola flor abierta. No se han caído: se han cerrado, y volverán a abrirse mañana en cuanto el sol pegue de frente. Entender ese detalle explica buena parte de dónde conviene plantarlas y dónde no.

Mesem es el nombre corto que se usa en viveros y jardinería para un conjunto de plantas crasas rastreras de la familia Aizoaceae, antes agrupadas bajo el género Mesembryanthemum y hoy repartidas en varios géneros distintos. Proceden de Sudáfrica y Namibia y comparten un mismo patrón: hojas suculentas pequeñas, porte tapizante y una floración desproporcionada respecto al tamaño de la planta.

Mata de mesem en flor cubriendo el suelo

Qué hay realmente detrás del nombre "mesem"

Cuando compras una bandeja etiquetada como "mesem", puedes llevarte cosas bastante distintas. Merece la pena saber cuál, porque la resistencia al frío y la época de floración cambian mucho de una a otra:

Lampranthus es el mesem clásico del litoral mediterráneo. Hojas cilíndricas o triangulares de 2-5 cm y una explosión de flores de marzo a mayo en tonos magenta, naranja, amarillo o blanco. Lampranthus spectabilis y Lampranthus aureus son los más vistos. Aguanta mal por debajo de -3 o -4 ºC.

Delosperma es el grupo interesante para el interior peninsular. Delosperma cooperi, de flor magenta, y Delosperma congestum, amarilla, soportan heladas fuertes (bastante por debajo de -10 ºC) siempre que el suelo drene bien en invierno. Florecen de forma escalonada de mayo a septiembre, con menos golpe de efecto que el Lampranthus pero durante mucho más tiempo.

Drosanthemum, el llamado rocío, tiene las hojas cubiertas de papilas brillantes que parecen gotas de agua. Drosanthemum floribundum es el que se usa para cubrir taludes rápido: florece en malva pálido en primavera y crece con muy poco.

Malephora crocea aguanta la sequía y la salinidad mejor que casi ningún otro del grupo, lo que la ha convertido en la favorita de las medianas de carretera y las rotondas del Levante y del sur.

Mesembryanthemum cordifolium, que durante décadas se llamó Aptenia cordifolia y así sigue en muchas etiquetas, es la de hojas acorazonadas verdes brillantes y florecillas rojas pequeñas. Es la que mejor tolera algo de sombra y la que peor aguanta la sed prolongada.

Oscularia deltoides, de hojas azuladas con dientes rojizos, y Ruschia, más arbustiva, completan la lista de lo que se encuentra con facilidad en España.

La uña de gato no se planta: se arranca

Esta es la única del grupo cuya plantación puede acabar en sanción. Carpobrotus edulis y Carpobrotus acinaciformis, la uña de gato o higo marino, son también aizoáceas rastreras y durante años se plantaron a espuerta para fijar taludes y dunas. Están incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), de modo que su plantación, comercio y transporte están prohibidos.

No es un capricho burocrático. La uña de gato forma mantos densos que asfixian la flora costera autóctona, acidifica y salina el suelo bajo su masa, y su sistema radicular es superficial: en un talud arenoso llega a añadir tanto peso que provoca justo el desprendimiento que se pretendía evitar. En Baleares, Canarias y todo el litoral cantábrico y atlántico se llevan años gastando dinero público en retirarla a mano.

Si lo que buscas es cubrir un talud costero, Malephora crocea, Drosanthemum floribundum, Lampranthus o, mejor aún, especies autóctonas del entorno hacen el mismo trabajo sin ese problema.

Sol, y sol de verdad

Las flores de los mesem son fotonásticas: se abren con la radiación directa y se cierran con la sombra, con el cielo cubierto y a última hora de la tarde. Una mata plantada en una orientación norte o bajo la copa de un árbol seguirá viva, pero apenas la verás florecida, y además se ahilará buscando la luz hasta quedar con tallos largos y desnudos.

La regla práctica es mínimo seis horas de sol directo, y cuantas más, mejor. En interiores no funcionan: la luz que entra por una ventana, aunque a nuestros ojos parezca abundante, es una fracción de la que reciben fuera. Es una planta de exterior, sin más.

Suelo y riego

Toleran suelos pobres, pedregosos, calizos y salinos. Lo que no toleran es el encharcamiento, especialmente en invierno, cuando la planta está parada y el agua tarda días en irse. En arcilla compacta un mesem dura dos temporadas y se pudre por el cuello en el primer otoño lluvioso.

En el suelo, plántalos en un lomo ligeramente elevado o en la parte alta de un talud, e incorpora arena gruesa o grava si el terreno es pesado. En maceta, un sustrato de cactáceas mezclado con un 30-40 % de arena silícea o picón, siempre con agujeros de drenaje generosos y sin plato debajo.

El riego, por temporadas y para planta ya establecida:

Primavera: es la fase de crecimiento y floración. En maceta, riego cada 7-10 días si no llueve. En suelo, casi nada.

Verano: aquí está el segundo malentendido frecuente. Se dice que "no necesitan agua" y no es del todo cierto: con 38 ºC y una maceta de barro al sol, la reserva se agota en pocos días. En contenedor, riego cada 5-8 días en pleno agosto peninsular; en suelo, un riego profundo cada dos o tres semanas basta para que no se achicharren. Riega siempre al atardecer o a primera hora.

Otoño e invierno: reducir drásticamente. En suelo, con la lluvia natural sobra. En maceta, un riego al mes o menos, y ninguno si ha llovido. El exceso de agua en frío es la causa número uno de mesem muertos.

Un detalle que ayuda: las hojas avisan. Cuando pierden turgencia y se arrugan ligeramente, la planta pide agua. Cuando se ven translúcidas, blandas o amarillentas y el tallo se ablanda por la base, sobra.

Poda: lo que nadie hace y hay que hacer

Un mesem sin podar crece hacia fuera y va abandonando el centro. A los tres o cuatro años tienes un anillo verde con un calvero de tallos leñosos y secos en medio, y esa parte ya no rebrota. Es el aspecto característico de las rotondas mal mantenidas.

La solución es sencilla y consiste en recortar toda la mata justo después de la floración, quitando un tercio de su volumen con tijeras o incluso con cortasetos si la superficie es grande. Rebrotará desde los nudos y volverá a cerrarse. En Lampranthus, en mayo o junio; en Delosperma, al final del verano o a comienzos de otoño.

Cada cuatro o cinco años conviene además renovar: se arrancan las matas viejas, se toman esquejes de los brotes sanos del borde y se replanta. Es más rápido y da mejor resultado que intentar recuperar un ejemplar agotado.

Multiplicación por esquejes

No hay planta más fácil de multiplicar. Corta un tallo de 8-12 cm con tres o cuatro pares de hojas, quita las de la parte inferior y deja que la herida cicatrice dos o tres días a la sombra antes de plantar; ese paso, que suele saltarse por prisa, evita la mayoría de las pudriciones.

Después clava el esqueje en arena húmeda o directamente en el suelo definitivo, riega ligero y no vuelvas a mojar hasta pasada una semana. Con temperaturas entre 18 y 25 ºC enraíza en dos o tres semanas. Las mejores épocas son de marzo a mayo y de septiembre a octubre.

Los tallos rastreros que tocan el suelo suelen echar raíces solos: basta con separarlos con un trozo de raíz ya formado y trasplantarlos. Para cubrir superficie, calcula unas 4-6 plantas por metro cuadrado si quieres cierre en una temporada.

Flores abiertas de mesembryanthemum al sol

Plagas y problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa: se esconde entre los tallos densos y en el cuello. Se trata con jabón potásico o aceite de parafina, insistiendo a los diez días. Aclarar la mata con la poda es la mejor prevención.

Pulgón: ataca a los botones florales en primavera y deforma las flores. Un chorro de agua a presión o jabón potásico lo controlan.

Caracoles y babosas: devoran los brotes tiernos recién plantados, sobre todo tras las lluvias de otoño. En plantación nueva merece la pena vigilarlos.

Pudrición basal: no es una plaga sino un error de cultivo. Si la base ennegrece, salva lo que puedas por esqueje de las puntas sanas y replantea el drenaje del sitio antes de volver a plantar.

Falta de floración: por orden de probabilidad, poca luz, exceso de abono nitrogenado o mata envejecida sin podar. El abono, si se pone, debe ser bajo en nitrógeno y alto en fósforo y potasio, una sola aplicación a comienzos de primavera. Con nitrógeno de más obtendrás una alfombra verde exuberante y ni una flor.

Dónde encajan bien

Los mesem rinden en taludes soleados, entre las piedras de un muro seco, en jardineras de terraza expuestas, en rocallas, como remate colgante en macetas altas y en la franja difícil junto al asfalto o a un camino, donde el calor reflejado mata casi todo lo demás. Su tolerancia al salitre los hace especialmente útiles en jardines de primera línea de costa.

Donde no encajan es bajo el goteo de un árbol, en parterres con riego frecuente compartido con plantas de temporada, en zonas de paso pisadas (no toleran el pisoteo) y en suelos que se quedan mojados. Combinan bien con romero rastrero, Santolina, lavanda, gaura, agaves y gramíneas secas, que piden el mismo régimen de agua.

En resumen

Bajo el nombre comercial de mesem se venden aizoáceas rastreras de varios géneros: Lampranthus para la costa y floración de primavera, Delosperma para el interior frío y floración larga de verano, Drosanthemum y Malephora para cubrir superficie rápido en condiciones duras. Todas piden lo mismo: sol directo abundante, suelo que drene y muy poca agua en invierno.

Dos cosas marcan la diferencia entre un tapiz que dura y uno que se degrada. La primera, podar tras la floración para que la mata no se vacíe por el centro. La segunda, no confundirlas con Carpobrotus, la uña de gato, que está catalogada como especie exótica invasora en España y no debe plantarse. Con eso y unos esquejes tomados a tiempo, tienes cobertura para años con un consumo de agua mínimo.


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