Pon el dedo sobre una hoja de Pachyphytum y la huella se quedará marcada durante meses. Esa capa blanca y harinosa que las cubre no es polvo ni un hongo: es pruina, una cera que la propia planta segrega para protegerse del sol y limitar la pérdida de agua, y que no se regenera sobre una hoja ya formada. Entender eso cambia por completo la manera de manejar el género, empezando por cómo se riega.

Hojas gruesas y pruinosas de Pachyphytum oviferum

De dónde vienen y qué son

Pachyphytum es un género de la familia Crassulaceae, el mismo grupo de las echeverias, los sedums y las siemprevivas. Reúne alrededor de una veintena de especies, todas endémicas de México, repartidas por los estados de Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí, Aguascalientes y Oaxaca, donde crecen en riscos calizos y taludes rocosos entre los 1.000 y los 2.500 metros de altitud.

El nombre viene del griego pachys, grueso, y phyton, planta, y describe exactamente lo que se ve: hojas enormemente engrosadas, casi cilíndricas o con forma de almendra, dispuestas en roseta laxa sobre un tallo que con los años se alarga y se vuelve leñoso. A diferencia de las echeverias, cuya roseta suele quedar pegada al suelo, los Pachyphytum tienden a hacer troncos rastreros o colgantes, lo que los convierte en excelentes plantas de maceta elevada o de jardinera de balcón.

Las especies que más se ven en España:

  • Pachyphytum oviferum, la más conocida. Hojas ovales, gordísimas, blanco azuladas con reflejos rosados o lilas, muy pruinosas. En México la llaman azucarillo o planta de las almendras garrapiñadas, y el parecido es asombroso.
  • Pachyphytum compactum. Hojas más pequeñas y alargadas, con facetas planas separadas por líneas blancas que le dan aspecto de piedra tallada. De ahí su apodo de piedra preciosa.
  • Pachyphytum bracteosum. Roseta grande, hojas espatuladas de hasta 10 cm, muy blancas.
  • Pachyphytum hookeri, con hojas fusiformes rematadas en punta y un tallo que se alarga bastante.
  • Pachyphytum longifolium, de hojas estrechas y largas y porte más laxo.
  • Pachyphytum werdermannii, de hojas anchas y espatuladas y crecimiento lento.

Es habitual encontrar en el comercio ejemplares etiquetados como ×Pachyveria: son híbridos entre Pachyphytum y Echeveria, más vigorosos y con rosetas más cerradas. Se cuidan igual, y a menudo aguantan algo mejor los errores de riego que las especies puras.

La floración, que pocos esperan

Se compran por la hoja, pero florecen y merece la pena. Del invierno al final de la primavera, en el hemisferio norte, la planta emite un escapo arqueado de 20 a 40 cm que se enrolla en el extremo como la cola de un escorpión, con brácteas suculentas y pruinosas a lo largo del tallo. Las flores son acampanadas, colgantes, en rojo, coral o naranja, y sus sépalos son carnosos y tan gruesos como una hoja pequeña, un rasgo que distingue al género de las echeverias.

Ese escapo se puede dejar hasta que la flor se seque. Después se corta por la base, sin arrancar de un tirón para no desgarrar el tallo principal. Y una cosa que tranquiliza: la roseta no muere tras florecer, a diferencia de lo que ocurre con las Aeonium o las Agave.

Luz: sol sí, pero con transición

Necesitan una barbaridad de luz. Con poca, la planta se etiola: el tallo se alarga entre hoja y hoja, las hojas pierden grosor, se separan, se orientan hacia abajo y el color blanco azulado vira a un verde apagado. Ese daño es irreversible en la parte ya crecida; solo se corrige decapitando y reenraizando.

Ahora bien, sacar de golpe a pleno sol de julio una planta que venía de un vivero sombreado provoca quemaduras: manchas pardas secas, hundidas, definitivas. Hay que aclimatarla a lo largo de dos o tres semanas, aumentando poco a poco la exposición.

Con el sitio bien elegido, la respuesta es visible: en P. oviferum, el sol y la amplitud térmica del otoño intensifican los tonos rosados y lilas de la punta de las hojas. Una planta en interior alejada de la ventana nunca dará ese color.

En un piso, el único sitio válido es pegada al cristal de una ventana a sur. A un metro de distancia ya recibe una fracción pequeñísima de la luz exterior, aunque a nuestros ojos el salón parezca luminoso. Si no tienes esa ventana, mejor cultívala en balcón o terraza.

Riego: al sustrato y nunca por encima

Aquí está el punto que separa un Pachyphytum vistoso de uno feo. Si mojas las hojas, el agua arrastra la pruina y deja marcas verdes o manchas de cal permanentes. Por eso:

  • Riega siempre al pie, con regadera de pitorro fino, o por inmersión metiendo la maceta en un barreño hasta que la superficie se oscurezca.
  • Nada de pulverizar. Es un consejo que se repite mucho para las suculentas y con este género es directamente contraproducente.
  • Protégela de la lluvia si está fuera, sobre todo en otoño e invierno.
  • Manipúlala por la maceta o por el tallo, no por las hojas.

La frecuencia depende del clima, pero un patrón razonable en la península es:

  • Primavera y otoño: un riego a fondo cada 10-15 días.
  • Verano: cada 7-12 días, salvo en olas de calor de más de 38 ºC, cuando la planta entra en parada y conviene espaciar.
  • Invierno: uno al mes o ninguno, según temperatura. Por debajo de 10 ºC, sustrato seco.

El criterio, en cualquier caso, no es el calendario sino el sustrato: debe estar completamente seco en profundidad, no solo en la capa superficial. Un palito de madera clavado hasta el fondo lo dice mejor que un dedo.

Y regar poco no significa regar con un chorrito. Cuando toque, empapa hasta que salga agua por el drenaje y luego vacía el plato. Los riegos escasos y superficiales mantienen las raíces profundas sin agua y solo consiguen que la planta se debilite.

Síntoma de sed: las hojas de abajo se arrugan y pierden turgencia. Síntoma de exceso: las hojas se ponen translúcidas, blandas y amarillentas, y se desprenden solas al menor roce. Se parecen menos de lo que parece; con la práctica no se confunden.

Sustrato, maceta y trasplante

Vienen del vivero en turba pura, que es un material pensado para producción bajo control y que en una casa se mantiene húmedo demasiado tiempo. La primera medida al comprar una planta es cambiarle el sustrato, en primavera o a comienzos de otoño.

Una mezcla que funciona bien: 50-60 % de material mineral (pómez, arena silícea de 2-4 mm, akadama, arlita triturada o picón) y el resto sustrato de cactus o fibra de coco. La arena de playa no vale por su contenido en sales, y la arena fina de obra tampoco: apelmaza.

La maceta debe tener drenaje. El barro sin esmaltar es la mejor opción para quien tiende a regar de más, porque evapora agua por las paredes. Y conviene que sea ajustada al cepellón: en un tiesto enorme el sustrato tarda semanas en secar y las raíces se asfixian.

Tras trasplantar, no riegues durante unos cinco o siete días, para que cicatricen las raicillas rotas.

Abonado

Poco y flojo. Un abono líquido para cactus y crasas, con poco nitrógeno, cada 4 semanas de abril a septiembre y siempre a media dosis. Con abono universal o con exceso de nitrógeno la planta crece rápido pero produce hojas hinchadas, blandas y de piel fina, que pierden compacidad, se agrietan y son un imán para la cochinilla. En invierno no se abona.

Multiplicación: el género más agradecido

Se reproducen con una facilidad casi ridícula, y de tres maneras.

Por hoja. El método clásico. En primavera o verano, coge una hoja sana de la parte baja y muévela lateralmente hasta que se desprenda entera, con la base limpia: si se rompe y queda un trozo pegado al tallo, esa hoja no brotará. Déjala dos o tres días a la sombra para que cicatrice y apóyala encima del sustrato, sin enterrarla. Pulveriza ligeramente el sustrato —no la hoja— cada pocos días. En tres o cinco semanas salen raicillas y una roseta diminuta en la base. La hoja madre se irá consumiendo hasta secarse; entonces, y no antes, se puede retirar.

Por esqueje de tallo. Más rápido y la solución obvia para una planta etiolada: corta la roseta terminal con 4-5 cm de tallo, retira las hojas inferiores, deja secar el corte una semana y plántala en sustrato mineral. Enraíza en tres o cuatro semanas. Además, el tocón que queda rebrota por los laterales y te da dos o tres rosetas nuevas, así que decapitar una planta espigada es un negocio redondo.

Por semilla. Es posible, pero lenta y solo interesante para hibridar. Germinan a 20-25 ºC sobre sustrato mineral fino, y las plántulas tardan un par de años en tener aspecto de planta.

Pachyphytum compactum con hojas facetadas

Frío, calor y calendario español

Son plantas de montaña mexicana, así que aguantan el fresco mejor de lo que se supone, siempre en seco. Con el sustrato completamente seco toleran mínimas cercanas a 0 ºC e incluso alguna helada muy breve y ligera, pero el margen de seguridad razonable es no bajar de 4-5 ºC. Con el sustrato húmedo, en cambio, 5 ºC ya bastan para que las hojas se vuelvan transparentes y se pudran.

En la costa mediterránea, en el litoral atlántico andaluz y en Canarias viven todo el año en el exterior, resguardadas de la lluvia invernal. En Madrid, en el valle del Ebro, en las dos Castillas y en el norte húmedo hay que entrarlas de noviembre a marzo a un porche cerrado, invernadero frío o galería luminosa. Un invierno fresco y seco, entre 5 y 12 ºC, es además lo que induce la floración de finales de invierno.

En verano, en el interior peninsular, la combinación de más de 38 ºC y sol directo todo el día es demasiado: durante los picos de calor entran en parada estival, dejan de crecer y agradecen sombra en las horas centrales y espaciar el riego.

Problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa. Su escondite son las axilas entre hoja y tallo, precisamente donde no llega la vista. Motas blancas algodonosas, hoja pegajosa y después negrilla. Se limpia con un bastoncillo con alcohol de 70º y se trata con jabón potásico o aceite de neem al atardecer, repitiendo a los diez días. Hay también cochinilla de raíz: si una planta se estanca sin causa aparente, desmaceta y mira el cepellón.

Pulgón en los escapos florales durante la primavera. Jabón potásico y listo.

Podredumbre basal. El tallo se ennegrece y se ablanda por abajo y las hojas se caen en cadena. No hay tratamiento útil: corta la roseta muy por encima del tejido dañado, deja cicatrizar y reenraiza. Tira el sustrato viejo.

Manchas y cicatrices en la pruina. No tienen arreglo en la hoja afectada, pero las hojas nuevas salen intactas si dejas de mojarlas y de manosearlas.

Caída de hojas de la base. Un goteo lento de hojas viejas es normal en un tallo que se alarga. Si caen muchas y están blandas, es agua; si caen secas y arrugadas, es sed.

En resumen

Los Pachyphytum son crasas mexicanas de la familia Crassulaceae, de hojas muy gruesas cubiertas de una cera blanca que no se regenera, con tallos que tienden a alargarse y flores acampanadas rojizas de invierno a primavera sobre un escapo enrollado.

Piden luz muchísima —con aclimatación progresiva antes del pleno sol—, sustrato con más de la mitad de material mineral, maceta ajustada con drenaje, riegos abundantes y muy espaciados aplicados siempre al sustrato y nunca sobre las hojas, invierno fresco y seco por encima de 4-5 ºC y abono de cactus a media dosis cada mes en la temporada de crecimiento.

Los dos errores que arruinan un ejemplar bonito son pulverizar agua sobre las hojas, que borra la pruina para siempre, y tenerlos con poca luz, que los estira sin remedio. Lo bueno es que ambas cosas tienen la misma salida: cortar la roseta, dejar cicatrizar y volver a enraizar. Con este género, empezar de nuevo cuesta muy poco.


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