Una botella de agua de dos litros, una manguera y veinte minutos bastan para tener un aspersor funcionando en el jardín. Lo que ya no es tan evidente es dónde conviene usarlo, cuánta agua está soltando realmente y por qué en el huerto puede hacer más daño que bien. Vamos con las dos cosas: cómo se construye y cómo se usa sin desperdiciar agua ni provocar hongos.

Materiales

Todo se consigue en casa o en cualquier ferretería:

Una botella de PET de 1,5 o 2 litros, de las de agua o refresco, con el tapón. Rígida, no de las finas que se aplastan solas. Un aviso importante: no reutilices nunca envases que hayan contenido productos fitosanitarios, lejía, disolventes o anticongelante, por muy bien que los hayas enjuagado. Los restos quedan en el plástico y acabarían sobre las plantas y sobre ti.

Un trozo de manguera de jardín de 1/2 pulgada (15 mm) o el extremo de la que ya usas, con su racor rápido para conectar al grifo.

Dos o tres bridas de nylon o alambre plastificado, y cinta de teflón o un poco de cinta americana para el ajuste.

Un taladro con broca de 1 a 1,5 mm, o una aguja de coser gruesa sujeta con unos alicates y calentada en el fogón. La broca deja un agujero limpio y de medida constante; la aguja caliente funde el plástico y deja un borde deforme que dispersa peor, pero saca del apuro.

Aspersor casero hecho con una botella de plástico regando el jardín

Paso a paso

1. Lava y seca la botella. Quítale la etiqueta: se despega mejor con un poco de aceite y luego jabón. La etiqueta pegada acaba soltándose sola y taponando agujeros.

2. Marca los agujeros con rotulador antes de taladrar. Dibuja tres o cuatro líneas longitudinales a lo largo del cuerpo de la botella, separadas entre sí, y sobre cada línea marca puntos cada 3 o 4 cm. En total entre 15 y 25 agujeros. Si haces muchos más, la presión se reparte tanto que el agua solo chorrea; si haces menos de diez, salen chorros duros que socavan la tierra en vez de mojar.

3. Taladra despacio y a baja velocidad. El PET es fino y la broca tiende a resbalar: haz primero una marca con la punta de un clavo para que no patine. Con la botella vacía y apoyada sobre un taco de madera se trabaja mucho mejor que sujetándola con la mano.

4. Rebaba fuera. Pasa la punta de una navaja o una lija fina por dentro y por fuera de cada agujero. Las rebabas desvían el chorro y hacen que el riego salga torcido.

5. Aprieta bien el tapón y comprueba que no filtra. El tapón cerrado es lo que obliga al agua a salir por los agujeros.

6. Une la manguera al cuello de la botella. Aquí está el único punto delicado. Introduce el extremo de la manguera dentro del cuello unos tres o cuatro centímetros; como el diámetro no encaja del todo, enrolla antes cinta de teflón o cinta aislante sobre la manguera hasta que entre a presión. Después aprieta dos bridas por fuera del cuello, una junto al borde y otra un poco más abajo. Si la unión gotea un poco no pasa nada; si se sale entera al abrir el grifo, es que falta cinta.

7. Prueba con el grifo medio abierto. Nunca a tope de golpe: una botella de PET no está pensada para aguantar la presión de la red, que en muchas viviendas ronda los 3 bar y puede llegar a más. Abre poco a poco hasta que el abanico de agua tenga el alcance que quieres. Con presión doméstica normal, un aspersor así moja un círculo de entre 1,5 y 3 metros de radio.

8. Fíjalo en su sitio. Lo más cómodo es atarlo con bridas a una caña o a un tutor de un metro clavado en el suelo, de forma que quede elevado y el agua caiga en abanico. Si lo dejas tumbado en el césped, la mitad de los agujeros riegan hacia abajo y encharcan un solo punto.

Dos variantes que merecen la pena

El aspersor giratorio. Si taladras los agujeros inclinados en la misma dirección, en lugar de perpendiculares a la pared de la botella, el empuje del agua hace girar el conjunto. Para que gire de verdad hay que colgar la botella de un cordel por el fondo, o montarla sobre un tornillo que le permita rodar libremente. Reparte mejor el agua, aunque es más frágil y se atasca con más facilidad.

La barra de PVC para bancales. Para huertos de líneas rectas, un tubo de PVC de 20 o 25 mm con agujeros cada 20 cm, tapón en un extremo y racor en el otro, dura años y no se deforma. Es el mismo principio, pero en versión seria: el PVC aguanta presión y sol, y el PET se vuelve quebradizo tras un par de veranos a la intemperie.

Cuánta agua estás echando en realidad

Este paso suele saltarse, y es el que separa un juguete de una herramienta de riego. Un aspersor casero no viene con un caudal indicado, así que hay que medirlo, y se mide en cinco minutos.

Coloca cuatro o cinco vasos de paredes rectas —de yogur no, que se estrechan— repartidos por la zona regada: uno cerca, uno a media distancia, uno en el borde. Pon el aspersor en marcha quince minutos y mide después con una regla los milímetros de agua que hay en cada vaso. La conversión es directa: 1 mm de altura equivale a 1 litro por metro cuadrado.

Con eso sabes dos cosas. La primera, tu caudal por hora: si en quince minutos has recogido 4 mm, estás echando 16 l/m² por hora. La segunda, y más útil, la uniformidad: si el vaso cercano marca 6 mm y el lejano 1 mm, ese aspersor está regando fatal y tendrás una zona encharcada y otra seca. Se corrige agrandando ligeramente los agujeros de un lado, subiendo la altura o moviendo el aspersor a la mitad del tiempo.

Como referencia, un césped en el interior peninsular en pleno julio consume del orden de 5 a 7 litros por metro cuadrado y día. Y conviene traducir eso a dos o tres riegos largos por semana en lugar de un riego corto diario: el riego breve solo moja los tres primeros centímetros, mantiene las raíces en superficie y hace un césped que se agosta al primer descuido.

Cuándo usarlo y cuándo no

El aspersor tiene un terreno propio: césped, praderas, semilleros recién sembrados y macizos de flor. Ahí moja de forma pareja una superficie amplia y hace bien su trabajo.

En el huerto la cosa cambia. Regar por aspersión moja el follaje, y las hojas mojadas durante horas son la puerta de entrada de los hongos. Tomate, patata, calabacín, pepino, judía, calabaza y vid son especialmente sensibles: el mildiu y el oídio prosperan justo en esas condiciones de humedad sobre la hoja. Un tomate regado por aspersión toda la temporada acaba con las hojas bajas manchadas en cuanto llegan las noches húmedas de finales de agosto. En hortícolas, lo suyo es el goteo o el riego a pie de planta; deja el aspersor para el césped.

La hora también importa. A media tarde de agosto, con 35 grados y aire seco, una parte apreciable del agua se evapora antes de tocar el suelo y el viento se lleva el resto fuera de la zona. Y regar por la noche deja las hojas mojadas hasta el amanecer, que es lo peor para los hongos. La ventana buena es de madrugada o a primera hora de la mañana: poca evaporación, poco viento y el sol seca el follaje enseguida.

Un apunte que se olvida: en verano cada vez más municipios españoles aplican restricciones de riego con manguera, con horarios o directamente con prohibición durante los episodios de sequía. Antes de instalar nada, mira la ordenanza de tu ayuntamiento.

Errores frecuentes y mantenimiento

Abrir el grifo al máximo. Ni riega mejor ni llega más lejos de forma útil: revienta la unión, deforma la botella y pulveriza tan fino que el agua se va con el viento.

Agujeros demasiado grandes. Con brocas de 3 mm salen chorros gruesos que no se abren en gotas, compactan la tierra y descalzan las plántulas. Empieza siempre por el agujero pequeño: agrandar se puede, cerrar no.

Cal y suciedad. En zonas de agua dura, los agujeros se van cerrando con incrustaciones. Cada pocas semanas, desmonta la botella y déjala una noche con agua y un buen chorro de vinagre; luego enjuaga y repasa los orificios con una aguja. Si el agua que usas viene de un depósito o un pozo, intercala un filtro de malla en el racor: la arena fina atasca este montaje en dos riegos.

Dejarlo montado todo el año. El PET expuesto al sol se vuelve quebradizo y amarillea. Guárdalo bajo techo en invierno, y vacíalo si hay riesgo de helada.

Colgarlo demasiado alto. Cuanto más arriba, más superficie cubierta pero más deriva por viento. Entre 60 cm y 1 m suele ser el compromiso razonable en un jardín pequeño.

En resumen

Un aspersor casero es una botella de PET rígida con 15-25 agujeros de 1 a 1,5 mm repartidos en varias líneas, el tapón bien cerrado y la manguera encajada en el cuello con cinta y bridas, abriendo el grifo poco a poco hasta encontrar el alcance adecuado. Montado en un tutor a unos 60-100 cm del suelo, cubre un círculo de 1,5 a 3 metros de radio. Dedica cinco minutos a medirlo con vasos rectos para saber cuántos litros por metro cuadrado echa y si reparte de forma pareja: sin eso estás regando a ciegas. Úsalo en césped, macizos y semilleros, riega de madrugada, olvídalo para tomates y cucurbitáceas, límpialo con vinagre cuando la cal empiece a cerrar los orificios y guárdalo en invierno. Y si el montaje te convence, pásalo a tubo de PVC: cuesta unos euros más y aguanta varias temporadas.


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