Los áfidos, o pulgones, son la plaga más común de cualquier jardín y también una de las más fáciles de resolver si se coge a tiempo. El problema es que se multiplican a una velocidad que sorprende: una hembra puede parir crías ya formadas sin necesidad de macho, y esas crías nacen a su vez preñadas. De ahí que una rama pase de limpia a cubierta en cuatro o cinco días.

Colonia de pulgones en un brote tierno

Cómo reconocerlos

Son insectos blandos de uno a tres milímetros, en forma de pera, agrupados en colonias densas. Los verás en los brotes tiernos, los capullos y el envés de las hojas jóvenes, que es donde la savia es más accesible. Los hay verdes, negros, amarillos, rosados y lanosos según especie y planta.

Junto a ellos aparecen tres pistas indirectas que muchas veces se notan antes que el propio bicho:

Melaza. Un líquido pegajoso y brillante sobre las hojas de abajo, o sobre el suelo y los muebles si la planta está en una terraza. Es su excreción.

Negrilla. Un hongo negro y polvoriento que coloniza esa melaza. No ataca a la planta, pero tapa la hoja y le impide hacer la fotosíntesis.

Hormigas subiendo por el tronco. Las hormigas se alimentan de la melaza y a cambio protegen a los pulgones de sus depredadores. Si ves un reguero constante, busca la colonia arriba.

Además, la hoja atacada se riza y se deforma hacia abajo, y los brotes se quedan retorcidos.

Cuánto daño hacen de verdad

En una planta sana y adulta, una colonia moderada es más fea que grave. Lo que sí importa es que transmiten virus al ir de planta en planta, y ahí está el daño serio, sobre todo en el huerto: calabacines, pimientos y tomates pueden coger virosis incurables por esta vía.

Qué hacer

1. Un chorro de agua. Suena simple y funciona. La manguera a presión media derriba la colonia, y el pulgón caído rara vez consigue volver a subir. En plantas pequeñas basta con pasar los dedos y aplastarlos.

2. Corta los brotes muy invadidos. Si una punta está negra de pulgón, quítala entera y tírala. Es más rápido que tratarla.

3. Jabón potásico. El tratamiento de referencia. Disuelve la cutícula del insecto y lo deshidrata, y no deja residuo ni afecta a las abejas una vez seco. Aplica a última hora del día, empapando el envés. Repite a los cinco o siete días.

4. Aceite de neem si insisten. Actúa por ingestión y como repelente.

5. Corta el suministro a las hormigas. Una banda de cola entomológica alrededor del tronco impide que suban. Sin su protección, las mariquitas y los sírfidos hacen el resto solos.

Los aliados que ya tienes

Antes de fumigar, mira bien. Si ves mariquitas, sus larvas —unos bichitos alargados y grises con manchas naranjas, que muchos matan por desconocimiento y devoran más pulgón que el adulto—, larvas de sírfido o pulgones abombados y de color bronce (esos ya están parasitados por una avispita), la naturaleza está resolviendo el problema por ti.

En ese caso, lo mejor que puedes hacer es no aplicar nada. Un insecticida de amplio espectro mata a los depredadores, que se recuperan mucho más despacio que el pulgón, y en dos semanas tienes una plaga peor que la inicial.

Prevención

Menos nitrógeno. Es el factor que más influye. El abono muy nitrogenado produce brotes tiernos y acuosos, que es exactamente lo que el pulgón busca. Muchas plagas recurrentes en rosales se arreglan simplemente abonando de otra manera.

Diversidad en el jardín. Plantas con flor pequeña —hinojo, eneldo, cilantro, alyssum— atraen a sírfidos y avispas parasitoides, que son quienes te van a hacer el trabajo todo el verano.

Revisión semanal en primavera. Es cuando empiezan. Una colonia detectada el primer día se quita con los dedos.

En resumen

Busca en los brotes tiernos y el envés; si hay melaza, hormigas u hoja rizada, ahí están. Agua a presión, poda de lo más invadido y jabón potásico repetido a la semana. Y antes de nada, comprueba si ya hay mariquitas trabajando: en ese caso lo mejor es no hacer nada.


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