Si en abril te acercas a un olivo y encuentras las inflorescencias envueltas en unas masas blancas, pegajosas y con aspecto de algodón mojado, estás viendo el algodoncillo del olivo. También se le llama algodón del olivo, cotonet u olivilla, y detrás de esa apariencia lanosa hay un insecto chupador diminuto: Euphyllura olivina, una psila específica del olivar mediterráneo.

Es una de las plagas más visibles y a la vez más sobrevaloradas del olivo. Precisamente por lo llamativa que resulta, provoca muchos tratamientos innecesarios. Vamos a ver qué es, cómo funciona su ciclo, cuándo hace daño de verdad y qué conviene hacer.

Qué insecto es

Euphyllura olivina es un hemíptero de la familia Psyllidae, emparentado con las psilas del peral y del almendro. Se alimenta exclusivamente de Olea europaea, tanto del olivo cultivado como del acebuche y de olivos ornamentales.

El adulto mide entre 2 y 3 milímetros, es de color verde amarillento a pardo grisáceo, con las alas transparentes en posición de tejadillo sobre el cuerpo y patas posteriores saltadoras. Recuerda a una cigarra en miniatura y salta al menor movimiento de la rama, lo que hace difícil verlo si no se busca a propósito.

Los huevos son alargados, amarillentos, de menos de medio milímetro, con un pedúnculo que los ancla al tejido vegetal. Se ponen en las axilas de las hojas, en las yemas y sobre todo en los botones florales, generalmente en grupos.

Las ninfas pasan por cinco estadios y son las auténticas responsables del algodón. Son aplanadas, verdosas, casi inmóviles, y segregan por unas glándulas cerosas unos filamentos blancos que se van acumulando hasta envolverlas por completo. Esa masa cerosa cumple dos funciones: las protege de la desecación y de los depredadores, y también, y esto es importante para el tratamiento, repele el agua.

Colonia de Euphyllura olivina, el algodoncillo del olivo, sobre un brote

Ciclo biológico

El algodoncillo completa normalmente dos generaciones al año en la mayor parte del olivar español, y hasta tres en las zonas más cálidas del sur y del litoral. El ciclo está totalmente acoplado al del olivo.

Invernada. Pasa el invierno como adulto, refugiado en el envés de las hojas, en las axilas y en las grietas de la corteza. No hay fase algodonosa en esta época, así que en enero el olivo parece limpio aunque la población esté ahí.

Puesta de finales de invierno. Cuando las temperaturas empiezan a subir, hacia febrero y marzo según la comarca, las hembras invernantes reanudan la actividad y ponen los huevos coincidiendo con la formación de las yemas y las primeras inflorescencias.

Generación de primavera. De marzo a mayo se desarrollan las ninfas sobre las inflorescencias en formación. Esta es la generación numerosa y la única que produce daños relevantes, porque coincide exactamente con el momento en que el olivo está formando sus flores. Es también cuando el algodón se hace visible desde lejos.

Adultos de mayo-junio. Las ninfas completan su desarrollo y emergen los adultos de la nueva generación, que dispersan la población por el árbol y por la parcela.

Parada estival. Con el calor fuerte del verano y las hojas ya endurecidas, la actividad se reduce mucho: los adultos entran en un periodo de quiescencia y no hay prácticamente reproducción. Es la razón de que en julio y agosto no se vea algodón.

Generación de otoño. Si en septiembre y octubre hay una brotación nueva favorecida por lluvias o riego, se desarrolla una segunda generación sobre esos brotes tiernos. Suele ser mucho menos numerosa y solo tiene importancia en viveros y en plantaciones jóvenes muy vigorosas.

El factor que dispara la población es la combinación de primavera húmeda y templada con abundancia de brotación tierna. Los olivares muy abonados con nitrógeno y con riego generoso son los que más algodoncillo tienen, y no es casualidad.

Síntomas y daños reales

El síntoma inconfundible son los copos blancos algodonosos en inflorescencias, brotes tiernos, axilas de hojas y yemas terminales. Al separarlos con un dedo aparecen las ninfas verdosas apelotonadas.

Junto al algodón aparece la melaza, la excreción azucarada de estos insectos chupadores, que deja las hojas pegajosas y brillantes. Sobre esa melaza se desarrolla la negrilla (Capnodium y hongos afines), una capa negra y hollinosa que no penetra en el tejido pero reduce la superficie fotosintética útil y afea el árbol.

Los daños propiamente dichos son:

Desecación de inflorescencias y caída de flores en los ramilletes más colonizados, por la succión continua de savia.

Menor cuajado cuando el ataque es masivo y se concentra en el momento crítico de la floración.

Detención del crecimiento y deformación de brotes en plantones y en vivero, que es donde el problema sí puede ser serio.

Masas algodonosas del algodoncillo cubriendo las inflorescencias del olivo

La corrección importante: casi nunca hay que tratar

Aquí está el punto clave de todo el asunto. El algodoncillo es una plaga secundaria y de escasa importancia económica en olivar adulto. Impresiona verla, pero rara vez justifica un tratamiento.

El motivo es fisiológico: el olivo produce una cantidad de flor descomunal y solo llega a cuajar aproximadamente entre el 1 y el 2% de las flores emitidas. El resto cae de forma natural por autorregulación. Eso significa que el árbol tiene un enorme margen de compensación: puede perder una parte importante de las inflorescencias sin que la cosecha final se resienta lo más mínimo.

Como referencia orientativa, se considera que solo tiene sentido intervenir en olivar adulto cuando la ocupación supera aproximadamente el 30-50% de las inflorescencias con ninfas abundantes, y aun así valorando el estado general del árbol y la carga de flor. En plantaciones jóvenes, viveros y olivos ornamentales recién plantados, donde no hay flor que perder sino brotación que proteger, el umbral es mucho más bajo.

Para muestrear sin complicaciones, revisa 100 inflorescencias repartidas entre unos 20 o 25 árboles de distintos puntos de la parcela, o aplica el método del golpeo: coloca una bandeja blanca bajo una rama, dale un golpe seco con un palo forrado y cuenta los adultos que caen.

No lo confundas con otras cosas

El algodón blanco en las plantas confunde mucho. En el olivo, lo que ves casi siempre es Euphyllura olivina, pero conviene distinguirla de:

Cochinillas algodonosas (Planococcus, Icerya purchasi). Estas son inmóviles, con cuerpo ovalado bien definido bajo la cera y no saltan. Aparecen más en ramas y troncos que en inflorescencias.

Cochinilla de la tizne (Saissetia oleae), la plaga que sí produce melaza y negrilla de forma persistente en el olivo. Son escudos marrones abombados con una H en el dorso, sin nada de algodón.

La diferencia práctica es sencilla: si al tocar la masa blanca salen saltando bichitos verdes, es algodoncillo.

Tratamiento y manejo

El orden de actuación va de lo cultural a lo químico, y en este caso lo cultural resuelve casi todo.

Medidas culturales

Poda de aireación. Las copas densas y cerradas mantienen la humedad interior y favorecen a la plaga. Una poda que abra el centro y permita que entre luz y aire reduce la población notablemente.

Modera el nitrógeno. El exceso de abonado nitrogenado produce brotación tierna y continua, que es exactamente lo que la psila necesita. Es probablemente la medida más eficaz a medio plazo.

Ajusta el riego en olivar regado, evitando el vigor excesivo en primavera.

Elimina chupones y varetas de la base y del tronco, donde se refugia y se reproduce.

Fauna auxiliar

El algodoncillo tiene una buena nómina de enemigos naturales que, si no se los mata con tratamientos indiscriminados, mantienen las poblaciones bajo control por sí solos. Entre ellos están el parasitoide Psyllaephagus euphyllurae, específico de esta psila, los antocóridos depredadores como Anthocoris nemoralis, las crisopas (Chrysoperla carnea) y varios coccinélidos.

Esta es la razón de fondo por la que conviene no tratar: los insecticidas de amplio espectro aplicados contra el algodoncillo eliminan a estos auxiliares y, de paso, favorecen brotes posteriores de cochinilla de la tizne y otras plagas que estaban controladas. El remedio acaba siendo peor que la enfermedad.

Si hay que tratar

El momento lo es todo. Hay que aplicar sobre ninfas jóvenes, antes de que se hayan cubierto de cera, en el estado fenológico que va del botón floral a la prefloración. Una vez formado el algodón, el producto no llega al insecto y el tratamiento se pierde. Y por supuesto, nunca en plena floración, tanto por los polinizadores como por la propia flor.

Mojante obligatorio. Como la cera es hidrófuga, un caldo sin mojante resbala sobre el algodón sin penetrar. Añadir un mojante y aplicar con presión suficiente para romper mecánicamente la masa cerosa cambia por completo el resultado.

Productos de bajo impacto primero. El jabón potásico y los aceites de parafina de verano actúan por contacto disolviendo la cera y asfixiando a las ninfas, respetan bastante a la fauna auxiliar y no dejan residuo problemático. El caolín tiene efecto de barrera y disuasión de la puesta. Son suficientes en la inmensa mayoría de las situaciones de jardín y de olivar familiar.

Insecticidas convencionales. Solo en ataques severos en vivero o plantación joven, y siempre consultando el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, porque las autorizaciones para olivo cambian cada campaña y muchos productos citados en textos antiguos ya están retirados. Ten en cuenta que los piretroides y organofosforados de amplio espectro arrasan con los auxiliares.

Con dos apuntes finales: no apliques con más de 28-30 °C ni con sol directo si usas aceites, y moja bien el interior de la copa y el envés, no solo la superficie exterior.

En resumen

El algodoncillo del olivo es Euphyllura olivina, una psila que inverna como adulto, pone en febrero y marzo y desarrolla su generación dañina sobre las inflorescencias entre marzo y mayo, envolviéndolas en una cera algodonosa muy visible acompañada de melaza y negrilla. Pese al aspecto alarmante, el olivo compensa de sobra la pérdida de flor porque solo cuaja el 1 o 2% de la que emite, de modo que en árboles adultos casi nunca compensa tratar; el umbral orientativo está por encima del 30-50% de inflorescencias ocupadas, y solo en viveros y plantones jóvenes el daño es realmente significativo. Lo que sí funciona siempre es podar para airear la copa, no pasarse con el nitrógeno, quitar chupones y respetar a los enemigos naturales como Psyllaephagus euphyllurae, las crisopas y los antocóridos. Y si hay que intervenir, hazlo sobre ninfas jóvenes antes de la floración, con jabón potásico o aceite de verano y siempre con mojante, porque sobre la cera seca el caldo resbala.


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