Que un castaño de Indias tenga las hojas marrones y arrugadas en agosto no significa que el árbol se esté muriendo. Es el final previsible de una infección que empezó en abril, con las primeras lluvias sobre las hojas recién abiertas, y que en la inmensa mayoría de los casos no compromete la vida del ejemplar. Entender eso ahorra podas drásticas, tratamientos inútiles y algún apeo injustificado.

Qué es exactamente esta enfermedad

Con el nombre de antracnosis del castaño de Indias se designa habitualmente la mancha foliar del Aesculus hippocastanum, causada por el hongo Guignardia aesculi, cuya forma asexual se conoce como Phyllosticta. Estrictamente, «antracnosis» agrupa a las enfermedades producidas por hongos del género Colletotrichum y afines, que provocan manchas necróticas hundidas en hoja y fruto; en el castaño de Indias el agente habitual es Guignardia, pero el cuadro visible es tan parecido que el nombre popular se ha impuesto. Da igual el término: lo que hay que saber es que es un hongo foliar, que necesita agua libre sobre la hoja para infectar y que pasa el invierno en la hojarasca caída bajo el árbol.

Afecta sobre todo al castaño de Indias común, de flor blanca. El Aesculus × carnea, de flor rosa, y el Aesculus indica suelen mostrarse menos afectados, aunque no son inmunes. Conviene aclarar también que no tiene nada que ver con el castaño comestible (Castanea sativa): son géneros y familias distintos, y las enfermedades del castañar —tinta, chancro— no se transmiten entre uno y otro.

En España el problema se concentra donde el árbol está plantado: paseos, plazas y parques de la mitad norte, la cornisa cantábrica, Cataluña, el Sistema Central y jardines de interior peninsular. Las primaveras lluviosas y frescas del norte son justamente las condiciones que el hongo necesita.

Cómo se reconoce

Los síntomas empiezan poco después del desborre, en abril o mayo, aunque suelen pasar inadvertidos hasta junio. La secuencia es constante:

  • Manchas irregulares de color pardo rojizo que aparecen primero en el borde y en la punta de los foliolos, o siguiendo el nervio central.
  • Alrededor de la mancha, un halo amarillo difuso que la separa del tejido sano.
  • Las manchas crecen, confluyen y acaban ocupando foliolos enteros. La hoja se enrolla hacia arriba, se vuelve quebradiza y cae.
  • Entre julio y agosto el árbol puede quedar defoliado en gran parte, con aspecto otoñal en pleno verano. En otoños suaves llega a rebrotar, lo cual lo debilita más que la propia enfermedad.
  • Sobre el tejido muerto, mirando con una lupa de diez aumentos, se ven puntos negros diminutos (picnidios) alineados o dispersos. Ese detalle es el que confirma el diagnóstico.
Hojas de castaño de Indias con manchas pardas de antracnosis

Tres cosas que se confunden con ella

Antes de tratar hay que estar seguro de qué se está viendo, porque el manejo cambia por completo.

El minador del castaño de Indias (Cameraria ohridella) es, con diferencia, la causa más frecuente de hojas marrones en verano en las ciudades españolas, y se confunde a diario con la antracnosis. Es un microlepidóptero cuya oruga excava minas entre los nervios: manchas que empiezan translúcidas o blanquecinas, con aspecto de ampolla, y que al trasluz muestran la galería, los excrementos y a veces la propia larva. Si al mirar la hoja a contraluz aparece una cámara con una oruga dentro, es minador. Si el tejido está uniformemente muerto, sin galería, con halo amarillo y puntitos negros, es hongo. Y es muy habitual que convivan las dos cosas en el mismo árbol.

El golpe de calor y la sequía producen un pardeamiento del borde de los foliolos que se parece bastante, pero es simétrico, afecta a todo el árbol a la vez, no tiene halo amarillo ni picnidios y aparece tras una ola de calor, no tras un periodo de lluvias.

El chancro sangrante (Pseudomonas syringae pv. aesculi) es la única afección grave de verdad: se manifiesta con exudados oscuros y pegajosos en el tronco y en las ramas gruesas, corteza hundida y muerte progresiva de la copa. Ese sí compromete la vida del árbol, y no se trata con nada de lo que sirve para la mancha foliar.

El ciclo, que explica el tratamiento

El hongo inverna en las hojas infectadas que quedan en el suelo. En primavera, con humedad, esas hojas liberan esporas que la lluvia y el viento llevan a las hojas nuevas. Para que la infección prospere hacen falta varias horas seguidas de hoja mojada y temperaturas templadas, en torno a los 18-25 °C. El periodo de incubación es largo, de dos a tres semanas, lo que crea la ilusión de que la enfermedad aparece de repente en junio cuando en realidad se decidió en abril.

De ahí se deducen las dos únicas conclusiones prácticas que importan: cortar la fuente de inóculo (la hojarasca) y reducir el tiempo que la hoja permanece mojada. Todo lo demás es secundario.

Tratamiento preventivo

Recoger y retirar la hojarasca en otoño. Es la medida más eficaz y la que menos se aplica. No basta con barrer bajo la copa: hay que sacar las hojas del entorno del árbol y no dejarlas en un montón al lado. Si se compostan, el montón debe alcanzar temperatura suficiente y voltearse; en la práctica, para un jardín particular es más seguro llevarlas al punto limpio. En parques con muchos ejemplares, la recogida sistemática reduce visiblemente la intensidad del año siguiente.

No mojar la hoja al regar. Aspersores mal orientados que salpican la copa cada noche crean exactamente las condiciones que el hongo necesita. Riego al pie, por goteo o inundación localizada, y siempre a primera hora si hay que regar por encima.

Airear la copa. Una poda de aclareo moderada en invierno, eliminando ramas cruzadas y densidades interiores excesivas, acelera el secado tras la lluvia. No es una poda severa ni un desmoche: quitar volumen de copa a un árbol enfermo lo debilita y no le quita el hongo.

Cuidar el suelo. Los castaños de Indias urbanos sufren compactación, alcorques mínimos y sequía estival. Un árbol con raíces sanas tolera la defoliación sin consecuencias; uno estresado, no. Descompactar, acolchar con 5-8 cm de mantillo sin que toque el cuello y asegurar riegos de apoyo profundos en julio y agosto valen más que cualquier fungicida.

Elegir bien al plantar. Si se va a reponer un ejemplar en una zona donde la enfermedad es recurrente, el Aesculus × carnea es una alternativa razonable. Y merece la pena preguntarse si el castaño de Indias es la especie adecuada para un clima mediterráneo seco: en muchos municipios del centro y del sur está permanentemente al límite de lo que tolera.

Tratamiento curativo

Aquí conviene ser franco: una vez que las manchas son visibles no hay tratamiento que las cure. El tejido necrosado no se recupera y ningún producto lo devuelve al verde. Lo que puede hacerse es proteger las hojas que aún están sanas y, sobre todo, preparar la campaña siguiente.

En ejemplares pequeños, jóvenes o de vivero, donde la copa es accesible, se pueden aplicar fungicidas cúpricos —oxicloruro de cobre o caldo bordelés— en tres momentos: al hincharse las yemas, al desplegarse las primeras hojas y unas dos semanas después, y repetir si la primavera es muy lluviosa. El cobre actúa por contacto y de forma preventiva: solo protege lo que moja y solo antes de que la espora germine. Aplicarlo en julio sobre una copa ya marrón no sirve para nada. Hay que respetar las dosis de etiqueta, no aplicarlo con la hoja al sol del mediodía y tener en cuenta que el cobre se acumula en el suelo, por lo que su uso repetido año tras año en el mismo alcorque no es inocuo.

Sulfato de cobre empleado en la preparación de caldo bordelés

En árboles adultos de alineación, de doce o quince metros, el tratamiento fungicida es sencillamente impracticable: mojar toda la copa de forma homogénea, tres veces en primavera, en una calle con tráfico y peatones, no es realista ni proporcionado para una enfermedad que no mata al árbol. En jardinería urbana la respuesta correcta es la higiene de hojarasca y el manejo del suelo, no la cuba de tratamientos.

Dos advertencias más. El mancozeb, que figura en muchos manuales antiguos para esta enfermedad, dejó de estar autorizado en la Unión Europea en 2021; cualquier recomendación que lo mencione está desfasada. Y en jardines particulares solo pueden emplearse productos con autorización para uso no profesional en jardinería exterior doméstica, que se comprueba en el registro oficial del Ministerio de Agricultura.

Por último, no hay que confundir defoliación con enfermedad grave. Un castaño de Indias que pierde las hojas en agosto ya ha completado buena parte de su fotosíntesis anual. El daño real es acumulativo: repetido muchos años, y sumado al minador, a la sequía y a un alcorque asfixiante, reduce el vigor y abre la puerta a problemas serios. Por sí sola, una temporada de manchas foliares no es motivo de alarma.

En resumen

La llamada antracnosis del castaño de Indias es una mancha foliar causada por Guignardia aesculi que inverna en la hojarasca, infecta en primavera con hoja mojada y se manifiesta en verano con manchas pardas de halo amarillo, picnidios negros visibles con lupa y defoliación anticipada. Antes de actuar hay que descartar el minador Cameraria ohridella, que hace minas con larva dentro, y el chancro sangrante, que sí es letal. El control eficaz es preventivo y sencillo: retirar toda la hojarasca en otoño, no mojar la copa al regar, aclarar ligeramente la copa y mantener el suelo descompactado y con riego de apoyo en verano. Los tratamientos de cobre solo tienen sentido en ejemplares pequeños y aplicados desde el desborre; en árboles adultos ni son viables ni hacen falta, porque la enfermedad afea mucho pero rara vez mata.


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