Un nido maduro de avispa asiática puede llegar a los 2.000 individuos en septiembre y estar completamente vacío en diciembre, sin que nadie lo haya tocado. Ese detalle del ciclo, que casi nunca se cuenta, cambia por completo la decisión de qué hacer cuando aparece uno colgando de un plátano de sombra en octubre. Este artículo repasa cómo identificarla de verdad, qué riesgo tiene y qué tiene sentido hacer en un jardín, un huerto o un colmenar.
Qué es exactamente la avispa asiática
Hablamos de Vespa velutina, y más concretamente de la subespecie Vespa velutina nigrithorax, la única presente en Europa. Es un avispón originario del sudeste asiático (norte de India, China, Indonesia) que llegó a Francia hacia 2004, al parecer dentro de un cargamento de cerámica y bonsáis procedente de China desembarcado en la zona de Burdeos. Desde ese único punto de entrada se ha extendido por buena parte del oeste europeo.
Su nombre común en inglés, yellow-legged hornet, describe mejor su rasgo diagnóstico que el nombre que usamos aquí: las patas son negras en la base y amarillas vivas en el tercio final, como si llevara calcetines. Ese detalle, visible incluso en vuelo, es el que hay que buscar.
Cómo distinguirla del avispón europeo
Este es el punto donde se cometen más errores, y errores caros: cada primavera se destruyen nidos de Vespa crabro, el avispón europeo, que es una especie autóctona, un depredador útil de moscas y orugas y que no supone ningún problema para la apicultura. Las diferencias son claras si se sabe dónde mirar.
La avispa asiática tiene el tórax negro aterciopelado y el abdomen casi todo oscuro, con una sola banda ancha amarillo anaranjada en el cuarto segmento, la más cercana a la punta. La cara es anaranjada. Las obreras miden entre 2 y 2,5 cm y las reinas pueden alcanzar los 3 cm.
El avispón europeo es más grande y muchísimo más amarillo: su abdomen es amarillo con dibujos negros repartidos por varios segmentos, el tórax lleva marcas rojizas y las patas son marrones, sin el amarillo del extremo. Además vuela de noche y se acerca a las luces, algo que la asiática no hace: Vespa velutina es estrictamente diurna. Si una avispa grande entra por la ventana a las once de la noche atraída por la lámpara, no es asiática.
El ciclo anual, que es donde está la clave
Entender el calendario de la colonia explica casi todo lo demás: por qué en primavera no se ve casi nada, por qué en septiembre parece una invasión y por qué un nido de invierno no es una amenaza.
Las reinas fundadoras pasan el invierno resguardadas en solitario bajo cortezas, en montones de leña o en la hojarasca. Salen cuando las temperaturas se estabilizan por encima de unos 13 ºC, lo que en la cornisa cantábrica ocurre entre finales de febrero y marzo. Cada reina construye entonces sola un nido primario del tamaño de una pelota de tenis, en un sitio protegido y a poca altura: un porche, un cobertizo, el interior de un seto, un contador, un hueco de persiana.
Las primeras obreras nacen en abril o mayo y a partir de ahí la reina ya solo pone huevos. Cuando la colonia crece, es habitual que se mude: abandonan el nido primario y construyen un nido secundario en altura, normalmente en la copa de un árbol a 10 o 20 metros, aunque también en setos densos o estructuras. Ese es el nido grande, con forma de pera o de balón invertido, hecho de fibra de madera masticada y que puede superar los 60-80 cm.
El pico de actividad y de agresividad va de agosto a octubre. En ese tramo la colonia produce futuras reinas y machos, que salen a aparearse. Con los primeros fríos serios, entre noviembre y diciembre, la colonia entera muere: obreras, machos y la reina fundadora. Solo sobreviven las jóvenes reinas fecundadas, dispersas y escondidas.
El nido no se reutiliza jamás al año siguiente. Un nido descubierto en enero, cuando la caída de la hoja lo deja a la vista, está vacío y no hace falta hacer nada con él. Se pudre y cae solo. Retirarlo en invierno es puramente estético y no reduce en absoluto la población del año que viene, porque las reinas que van a fundar ya están hibernando lejos de allí.
Cómo es el nido y cómo reconocerlo
Además del tamaño y la altura, hay un detalle que permite identificarlo sin acercarse: la abertura de entrada del nido de Vespa velutina está en un lateral, cerca de la parte inferior pero desplazada a un lado. El avispón europeo, en cambio, abre su nido por debajo. Los nidos de crabro además suelen estar en cavidades (troncos huecos, buhardillas) y no colgando en la copa.
Las capas exteriores del nido asiático forman escamas anchas, de tonos ocres y grises, y la estructura es bastante cerrada. En verano, mirando con prismáticos desde una distancia segura, se ve un tráfico continuo de entrada y salida por ese orificio lateral.
¿Es peligrosa para las personas?
Conviene separar dos cosas que se mezclan constantemente. Lejos del nido, una avispa asiática que está cazando o comiendo fruta no ataca. No persigue, no acosa y se puede pasar a su lado sin que reaccione. Buena parte del miedo que se le tiene procede de imágenes de nidos perturbados.
Cerca del nido es otra historia. Defienden un perímetro que puede llegar a los 5 metros, y bastante más si se producen vibraciones: una desbrozadora, un cortasetos o una escalera apoyada en el árbol bastan para desencadenar un ataque colectivo. Ahí está el riesgo real, porque hablamos de picaduras múltiples.
Su veneno no es cualitativamente distinto del de otras avispas, pero el aguijón es largo (alrededor de 6 mm), atraviesa ropa fina y, al no tener arpón, permite picar repetidamente. La dosis inyectada por picadura también es mayor que la de una avispa común. Las muertes registradas en España, unas pocas al año, se deben casi siempre a shock anafiláctico en personas alérgicas o a un número muy alto de picaduras simultáneas.
Si te pica una: lavar con agua y jabón, aplicar frío, no aplicar barro ni amoniaco sin más, y vigilar a la persona durante al menos media hora. Ante hinchazón lejos del punto de picadura, dificultad para respirar, ronchas generalizadas o mareo, hay que llamar al 112 sin esperar.
El daño real: la apicultura y los polinizadores
El problema serio de esta especie no son las personas, son las colmenas. Las obreras se colocan en vuelo cernido, suspendidas en el aire delante de la piquera, y cazan al vuelo a las abejas que entran cargadas de polen. Las decapitan, desechan alas, cabeza y abdomen y se llevan el tórax, que es pura masa muscular, para alimentar a las larvas.
La abeja europea, Apis mellifera, no tiene defensa contra ella. La abeja asiática Apis cerana convive con este avispón desde siempre y ha desarrollado el bolo térmico: rodea a la avispa entre decenas de obreras y la mata por calor. Nuestras abejas no hacen eso.
El daño mayor tampoco es la depredación directa, sino el estrés por acoso: cuando hay varias velutinas cerniéndose ante la piquera, las pecoreadoras dejan de salir. La colmena entra en otoño sin reservas suficientes y muere en invierno por hambre, no por las picaduras. Por eso los colapsos aparecen en enero y se atribuyen a otras causas.
También preda sobre otros polinizadores y sobre moscas, y en verano y otoño consume azúcares: uva madura, higos, ciruelas, melocotones. En fruta y viña actúa más como consumidora oportunista que como plaga de cultivo.
Qué hacer si aparece un nido
La regla es corta: no intervenir por cuenta propia. Los accidentes graves ocurren casi siempre en el mismo escenario: alguien sube a una escalera, tapona la entrada o intenta quemarlo. Quemar un nido es la peor opción posible, porque la envuelta arde mal, la colonia sale entera y con frecuencia se acaba prendiendo el árbol.
Lo que hay que hacer es avisar. En la mayoría de comunidades afectadas existe un protocolo autonómico y basta con llamar al 112 o al ayuntamiento. La retirada la realiza personal con equipo específico, normalmente inyectando insecticida por pértiga telescópica al amanecer o al anochecer, que es cuando toda la colonia está dentro. Después se retira el nido, porque el insecticida en un nido abandonado puede envenenar aves que lo picoteen.
Un nido primario pequeño detectado en abril en un cobertizo sí puede eliminarlo un profesional con muy poco esfuerzo, y ahí está la intervención más rentable de todo el año: cada nido primario suprimido en primavera es una colonia de miles de individuos que no existirá en septiembre.
Trampeo: lo que funciona y lo que no
El trampeo masivo de reinas en primavera con botellas caseras se ha popularizado mucho y merece una advertencia. Las trampas de líquido azucarado son muy poco selectivas: capturan mariposas, sírfidos, abejas, avispas autóctonas y coleópteros en proporciones que superan con creces las capturas de velutina. Su efecto sobre la población de la especie es discutido, y no está demostrado que reduzca el número de nidos en la zona.
Donde el trampeo sí tiene sentido es alrededor de los colmenares, entre julio y noviembre, para aliviar la presión de acoso, y usando trampas con cámara de escape para insectos pequeños. Como atrayente funciona bien la mezcla de cerveza sin alcohol, un chorro de vino blanco y algo de jarabe o azúcar: el vino blanco reduce notablemente la captura de abejas.
En el colmenar hay medidas más eficaces que la trampa: arpas eléctricas delante de las colmenas, reducción de la piquera para que la abeja entre pero la avispa no pueda seguirla dentro, elevación de las colmenas sobre soportes, mallas antivelutina y, sobre todo, mantener colonias fuertes y bien alimentadas en otoño. Una colmena populosa aguanta el acoso; una colmena débil no.
Situación en España
Los primeros ejemplares se detectaron hacia 2010 en el norte de Navarra y el País Vasco, entrando desde el suroeste francés. Desde entonces la especie ha colonizado toda la cornisa cantábrica (Guipúzcoa, Vizcaya, Cantabria, Asturias), Galicia, donde el impacto sobre la apicultura ha sido especialmente severo, y se ha extendido por Navarra, La Rioja, norte de Cataluña, Aragón y buena parte de Castilla y León.
Su avance está condicionado por el clima: prospera en zonas de influencia atlántica, húmedas y templadas, y encuentra mucha más dificultad en el interior peninsular seco y de veranos muy calurosos y en el arco mediterráneo árido. Eso no significa que no aparezcan focos puntuales, sobre todo asociados al transporte de mercancías, pero la expansión masiva sigue la línea de la humedad.
Está catalogada como especie exótica invasora en el catálogo español, lo que implica que su posesión, transporte y comercio están prohibidos y que las administraciones tienen obligación de gestionarla. La erradicación total, hoy por hoy, no se considera un objetivo alcanzable: el trabajo se centra en contener daños y proteger colmenares.
Errores frecuentes
Vale la pena recopilar los fallos que más se repiten. Confundirla con el avispón europeo y destruir nidos de una especie autóctona beneficiosa. Retirar nidos en invierno creyendo que así se evita la colonia del año siguiente. Quemar o tapar nidos activos, que es la causa principal de picaduras múltiples. Colgar trampas genéricas todo el año en el jardín, matando polinizadores a cambio de un puñado de velutinas. Y dar por hecho que ataca a la gente en el campo, cuando lejos del nido resulta indiferente al paso de una persona.
En resumen
Vespa velutina nigrithorax se reconoce por las patas amarillas en el extremo, el tórax negro y una única banda naranja en el abdomen; el avispón europeo es mayor, mucho más amarillo y vuela de noche. La colonia nace en marzo, alcanza su máximo entre agosto y octubre y muere entera con el frío, dejando un nido que nunca se reutiliza. Lejos del nido no es agresiva; cerca del nido sí, y el riesgo son las picaduras múltiples y la reacción alérgica, nunca la intervención por cuenta propia. Su daño principal recae sobre la apicultura, más por el acoso que paraliza la pecorea que por las abejas cazadas. Si aparece un nido, la llamada al 112 o al ayuntamiento resuelve; el nido primario detectado en primavera es el más fácil y más útil de eliminar. Y el trampeo indiscriminado en jardines hace más daño a los polinizadores que a la avispa.