Un montón de leña de poda olvidado en la linde de un olivar puede soltar varios miles de barrenillos adultos en una sola primavera. Ese detalle, que parece de gestión de residuos y no de sanidad vegetal, explica casi todo lo que hay que saber sobre esta plaga: el barrenillo no llega de fuera ni cae del cielo, sale de la madera que nosotros mismos hemos dejado en el suelo.

Bajo el nombre de barrenillo se agrupan varios escarabajos diminutos de la subfamilia Scolytinae (dentro de los curculiónidos) que perforan la corteza de olivos, almendros y frutales de hueso para criar bajo ella. Miden entre 2 y 3,5 milímetros, apenas se ven, y sin embargo son capaces de secar ramillas, tirar la cosecha de un año y rematar árboles que ya venían débiles.

Adulto de barrenillo sobre corteza

Qué es un barrenillo y con qué se confunde

La primera fuente de errores es el nombre. En el campo se llama «barrenillo», «barreno», «taladro» o «perforador» a bichos muy distintos, y el tratamiento que sirve para uno no sirve para otro.

El barrenillo propiamente dicho es un escolítido: un escarabajo de cuerpo cilíndrico, oscuro, del tamaño de un grano de arroz partido, que excava galerías entre la corteza y la madera. Nada que ver con el taladro amarillo (Zeuzera pyrina) ni con el barrenador de los frutales, que son orugas de mariposa y hacen galerías gruesas dentro de la madera, con serrín grueso colgando del orificio. Tampoco con Euzophera pinguis, la polilla que rosca la corteza del olivo en las heridas de injerto y de poda, ni con Capnodis tenebrionis, el gusano cabezudo, cuya larva se come el cuello y las raíces de almendros y ciruelos.

Regla práctica para distinguirlos: si los agujeros son redondos, limpios y del calibre de un perdigón de escopeta, y por debajo de la corteza aparece un dibujo fino de galerías en espina de pez, es barrenillo. Si el agujero es grande, irregular y de él sale serrín aglomerado o excrementos, es una oruga.

Cómo vive: el ciclo que hay que tener en la cabeza

Todo el manejo del barrenillo se apoya en un hecho biológico: necesita madera recién cortada, todavía con corteza y con humedad, para reproducirse. La madera viva y vigorosa lo rechaza, la madera seca de más de unos meses ya no le sirve. La ventana buena para él es exactamente la que le regalamos al podar.

La hembra perfora la corteza, excava una galería materna y va poniendo huevos a ambos lados. Al nacer, cada larva abre su propia galería perpendicular a la de la madre, y a medida que crece la galería se ensancha. El resultado, cuando levantas un trozo de corteza en otoño, es ese dibujo inconfundible de espina de pescado grabado sobre la madera. Ahí dentro se hace la crisálida y de ahí sale el adulto, que taladra hacia fuera y deja el orificio de salida visible.

Los adultos jóvenes necesitan alimentarse antes de poder poner huevos, y esa alimentación de maduración es la que causa el daño directo sobre el árbol: se meten en las axilas de las hojas y en la base de las ramillas y de las inflorescencias, las roen por dentro y las secan. Es decir, la larva se cría en la leña del suelo y el adulto hace el daño arriba, en la copa.

El barrenillo del olivo

En el olivar peninsular el protagonista es Phloeotribus scarabaeoides, el barrenillo del olivo. Es pequeño, de 2 a 2,5 mm, pardo oscuro, y se reconoce con lupa por las antenas, rematadas en tres láminas abiertas en abanico, un rasgo que no tiene ningún otro escarabajo del olivar.

Inverna dentro de la leña y sale cuando las temperaturas se sostienen por encima de unos 15 °C, lo que en Andalucía y Extremadura suele ocurrir en marzo y en las zonas más frescas de Castilla, Aragón o Cataluña se retrasa a abril. Ese primer vuelo es masivo. Después puede haber vuelos escalonados durante el verano, con una segunda generación parcial, de modo que en un año caluroso se solapan estados y siempre hay algún adulto en movimiento.

El daño que más duele es el de primavera: los adultos atacan la base de los brotes del año y de las inflorescencias justo antes de la floración. La ramilla se seca de golpe, con las hojas todavía prendidas y de color pajizo, y al tirar de ella se parte limpiamente por el punto perforado. En ataques fuertes se pierde una parte apreciable de la cosecha sin que el árbol muestre síntomas de enfermedad en el tronco.

Existe además un segundo escolítido en el olivo, Hylesinus oleiperda, el barrenillo negro, algo mayor y de hábitos distintos: vuela en otoño, ataca ramas vivas y sus galerías maternas siguen la dirección de la fibra en lugar de cruzarla. Es menos frecuente, pero conviene saber que existe cuando el dibujo de galerías no cuadra con lo esperado.

El barrenillo del almendro y de los frutales de hueso

En almendro la especie característica es Scolytus amygdali, y en ciruelos, melocotoneros, cerezos y también en almendro aparece Scolytus rugulosus, el barrenillo de la corteza de los frutales. Su comportamiento cambia respecto al del olivo en un punto decisivo: no se limitan a la leña de poda, atacan directamente el tronco y las ramas de árboles debilitados.

Esa palabra, debilitados, es la clave del diagnóstico. Un almendro en secano que ha pasado dos veranos de sequía severa, uno con el cuello dañado, uno plantado en suelo somero o encharcadizo, uno afectado por otra enfermedad de madera, es un candidato. Un almendro vigoroso y con agua responde al ataque inundando de goma las perforaciones y ahogando al insecto. Por eso el barrenillo de los frutales se considera una plaga secundaria: raras veces es la causa primera de la muerte de un árbol, casi siempre es el que remata.

Los síntomas se leen de abajo arriba. En el tronco y las ramas gruesas, orificios redondos de un milímetro y pico repartidos como una perdigonada, con polvillo de serrín fino acumulado en las grietas de la corteza y, en frutales de hueso, gotas de goma ambarina saliendo de los agujeros. Arriba, ramas que brotan mal en primavera, hojas pequeñas y amarillentas, ramas secas dispersas por la copa. Si al rascar la corteza de una rama seca aparece la espina de pez, el diagnóstico está hecho.

Almendros dañados por ataque de barrenillo

El control empieza y termina en la leña de poda

Aquí está la parte que muchos manejos se saltan y que decide el resultado del año. El barrenillo cría en la madera cortada; si no hay madera cortada disponible en el momento del vuelo, no hay generación siguiente.

Lo que hay que hacer es sencillo de enunciar y exige disciplina de calendario:

Retirar o destruir la leña de poda antes del vuelo. Si se poda en enero o febrero, la madera debe estar fuera del campo, astillada o quemada antes de que las temperaturas suban en marzo. Dejar los montones «para cuando haya tiempo» equivale a montar un criadero.

Astillar mejor que amontonar. La trituración con desbrozadora de martillos o astilladora rompe la corteza y seca el material en pocos días, y con ello lo inutiliza como sustrato de cría. Además devuelve materia orgánica al suelo, cosa que la quema no hace. Con las restricciones actuales a la quema de restos agrícolas en buena parte del territorio, el astillado ha dejado de ser una alternativa para convertirse en la vía normal.

No dejar tocones, ramas gruesas ni árboles arrancados tirados en la linde. Un olivo arrancado y abandonado alimenta barrenillo durante dos temporadas.

Mantener el arbolado vigoroso. Riego de apoyo donde lo haya, abonado equilibrado, corrección de suelos someros, control de otras plagas y enfermedades de madera. En almendro y frutales de hueso esta es, con diferencia, la medida más rentable.

La leña cebo: útil, pero peligrosa si se hace mal

La técnica clásica consiste en dejar a propósito un pequeño montón de leña fresca, unos pocos haces bien colocados, para concentrar en él la puesta de los adultos que salen en primavera. Los insectos prefieren esa madera recién cortada a cualquier otra cosa, se acumulan allí y dejan tranquilo el resto.

El montón cebo funciona con una condición innegociable: hay que destruirlo antes de que salgan los adultos de la nueva generación. En la práctica, eso significa quemarlo o astillarlo hacia finales de junio, antes de que el ciclo se complete. Si se deja pasar el verano, el resultado es exactamente el contrario del buscado: se ha criado y liberado en la propia finca una población varias veces mayor de la que había. Más de una parcela con problemas crónicos de barrenillo lo es por un cebo bien puesto y mal retirado.

Qué se puede esperar de los tratamientos

Conviene decirlo con claridad: una vez que el insecto está bajo la corteza, ningún producto de contacto llega hasta él. La corteza es una barrera perfecta. Pulverizar un árbol con galerías activas es tirar el caldo.

La única ventana de acción sobre el adulto es la de la alimentación de maduración, cuando anda por fuera roendo brotes, y esa ventana es corta y difícil de acertar. A esto se suma que el catálogo de materias activas disponibles se ha reducido drásticamente en la última década, con la retirada en la Unión Europea de los organofosforados que se usaban tradicionalmente en olivar y frutal. Antes de aplicar nada hay que comprobar qué está autorizado para el cultivo y la plaga concretos en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, respetar dosis y plazo de seguridad, y asumir que la eficacia será parcial.

En jardín particular, con dos o tres frutales, ni siquiera se plantea la cuestión: la solución es sanitaria. Cortar y sacar del jardín las ramas atacadas en cuanto se detectan, en otoño o invierno, no dejar leña apilada junto a los árboles y corregir la causa del debilitamiento, que suele ser un riego mal repartido o un suelo compactado.

Errores frecuentes

Creer que el barrenillo mata árboles sanos. En almendro y frutales de hueso es casi siempre un oportunista. Si aparece, hay que preguntarse qué debilitó al árbol antes; tratar el síntoma sin corregir la causa no resuelve nada.

Podar en verano y dejar los restos. Una poda en verde con la madera abandonada bajo el árbol coincide con los vuelos estivales y ofrece sustrato de cría en el peor momento.

Guardar la leña de poda para el invierno siguiente junto a la finca. La leña destinada a la chimenea, apilada en marzo al borde del olivar, es un cebo involuntario. Si hay que almacenarla, mejor lejos del arbolado, descortezada o cubierta.

Confundir el orificio de salida con el de entrada. Los agujeros que se ven en verano en una rama seca suelen ser de salida: el insecto ya se ha ido. Cortar esa rama tarde no evita nada; hay que anticiparse al ciclo, no perseguirlo.

Aplicar insecticida sobre el tronco. Sin autorización específica, sin llegar al insecto y matando de paso a la fauna auxiliar que sí parasita larvas de escolítidos, es la peor de las opciones.

En resumen

El barrenillo es un escarabajo de dos o tres milímetros que cría bajo la corteza de madera recién cortada o de árboles debilitados, y que se reconoce por sus orificios redondos tipo perdigonada y por las galerías en espina de pez. En olivo, Phloeotribus scarabaeoides vuela en marzo o abril y seca brotes e inflorescencias durante su alimentación de maduración; en almendro y frutales de hueso, las especies del género Scolytus atacan troncos y ramas de árboles ya estresados y provocan gomosis.

El control eficaz no es químico: consiste en no dejar leña de poda en el campo pasado el invierno, astillarla o eliminarla antes del vuelo, retirar tocones y árboles arrancados, usar montones cebo solo si se van a destruir sin falta antes del final de junio, y mantener el arbolado con vigor suficiente para defenderse solo. Quien ordena su calendario de poda y de retirada de restos deja de tener problema de barrenillo; quien confía en el pulverizador, no.


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