Un pino adulto sano puede pasar de verde a rojo ladrillo en seis o siete semanas de verano, sin caérsele una sola acícula. Cuando eso ocurre en un pinar del oeste peninsular, la sospecha ya no es la sequía: es el nematodo de la madera del pino, un gusano microscópico de menos de un milímetro que vive dentro del tronco y que en Europa tiene la consideración de organismo de cuarentena prioritario.

El nombre correcto de la especie es Bursaphelenchus xylophilus, con «y», aunque circula muchísimo escrito como Bursaphelenchus xilophilus. Es el mismo organismo. Y conviene decir cuanto antes lo que más cuesta aceptar: no existe tratamiento curativo para un pino ya infectado en monte. Todo lo que se hace es diagnóstico precoz, corta y control del insecto que lo transporta.

Ramas de un pino completamente secas por el ataque del nematodo de la madera

Qué es exactamente el nematodo de la madera del pino

Bursaphelenchus xylophilus es un nematodo de entre 0,6 y 1 mm de longitud, transparente y filiforme, que no se ve a simple vista. No es un hongo, no es un insecto y no es un virus, y esto tiene consecuencias prácticas: los fungicidas no le hacen nada y los insecticidas tampoco lo alcanzan donde vive.

Tampoco vive en el suelo, al contrario de lo que sugiere la palabra «nematodo» a quien está acostumbrado a los nematodos de las raíces del tomate. Este vive dentro de la madera, en los canales resiníferos y en el xilema del tronco y las ramas gruesas. Por eso aplicar nematicidas al suelo alrededor de un pino enfermo es dinero tirado, y es un error que se comete con frecuencia.

Su forma de alimentarse es doble y eso explica su éxito. En el árbol vivo se comporta como micófago y fitófago: destruye las células parenquimáticas que rodean los canales de resina. Cuando el árbol muere, cambia de dieta y se alimenta de los hongos de azulado que colonizan la madera muerta, sobre todo del género Ophiostoma. Es decir, la muerte del pino no interrumpe su ciclo, lo continúa. Una población puede multiplicarse hasta cifras de cientos de miles de individuos en un solo tronco en pocas semanas cuando la temperatura acompaña, porque completa una generación en cuatro o cinco días a 25 °C.

El daño no lo causa por comerse el árbol. Lo causa por cavitación: al destruirse las células del parénquima se libera aire y resina al interior de las traqueidas, se forman embolias en la columna de agua y el pino deja de conducir savia bruta hacia la copa. El árbol muere literalmente de sed teniendo el suelo húmedo. Ese detalle es el que hace que el cuadro se parezca tanto a una sequía y se confunda con ella.

De Norteamérica a la península ibérica

El nematodo es originario de Norteamérica, donde convive con los pinos autóctonos sin matarlos: allí los pinos son tolerantes y el organismo pasa desapercibido, se comporta casi como un saprófito de madera muerta. El problema aparece cuando salta a especies que no han coevolucionado con él.

El primer desastre documentado fue en Japón, donde a comienzos del siglo XX se detectaron mortandades masivas en la región de Nagasaki que después se extendieron a todo el país. Japón lleva más de un siglo perdiendo pinares por esta causa y ha llegado a perder más de un millón de metros cúbicos de madera al año. Desde allí pasó a China, Corea y Taiwán, con el mismo patrón.

A Europa entró por Portugal en 1999, detectado en la península de Setúbal sobre Pinus pinaster. Pese a las medidas, en menos de una década se había extendido por todo el Portugal continental, que terminó declarado zona demarcada en su totalidad, y también llegó a Madeira. En España los primeros focos se detectaron en 2008 en la sierra de Dios Padre, en el noroeste de Cáceres, junto a la frontera portuguesa, y en 2010 apareció un foco en la provincia de Pontevedra. Ha habido detecciones posteriores en Galicia y Extremadura, todas ellas sometidas a planes de erradicación con corta de los pinos del entorno.

El detalle que importa: la dispersión natural del nematodo, a través de su insecto vector, es de unos pocos kilómetros al año. La dispersión que de verdad ha llevado esta plaga de Asia a Europa es el transporte humano de madera: palés, embalajes, bobinas de cable, madera de leña, astilla. Un palé sin tratar puede cruzar un continente en dos días con miles de nematodos vivos dentro.

Sin escarabajo no hay enfermedad: Monochamus galloprovincialis

El nematodo no tiene patas ni alas: no puede pasar de un árbol a otro por sí mismo. Necesita un taxi, y ese taxi en Europa es el cerambícido Monochamus galloprovincialis, conocido como escarabajo de cuernos largos del pino. En Japón el papel lo cumple Monochamus alternatus y en Norteamérica Monochamus carolinensis, pero el mecanismo es idéntico.

Escarabajo del género Monochamus sobre el tronco cortado de un pino muerto

Monochamus galloprovincialis es un escarabajo autóctono de nuestros pinares, de 15 a 25 mm, pardo grisáceo con manchas de pubescencia clara y unas antenas larguísimas que en el macho superan con creces la longitud del cuerpo. Lleva aquí desde siempre y por sí solo es un insecto secundario, casi inofensivo: sus larvas se desarrollan bajo la corteza de pinos ya muertos, debilitados o quemados. Su peligro es exclusivamente el de vector.

El ciclo funciona así. Los adultos emergen de los troncos muertos a partir de mayo, con el grueso del vuelo entre junio y agosto en buena parte de la Península. Al emerger, cada escarabajo lleva en su sistema traqueal miles de nematodos en fase de dispersión —una fase juvenil resistente, sin aparato bucal funcional, especializada en viajar—. Se han contado más de veinte mil en un solo insecto.

Recién emergido, el escarabajo necesita alimentarse para madurar sexualmente y lo hace royendo la corteza de brotes tiernos de pinos sanos. Esas heridas son la puerta de entrada: los nematodos abandonan al insecto, penetran por la herida y alcanzan los canales resiníferos. Esto se llama transmisión primaria y es la que mata árboles sanos.

Después, la hembra pone huevos en pinos debilitados o recién muertos, mordiendo la corteza para hacer una muesca de puesta. Al hacerlo deposita también nematodos en madera que ya está condenada: es la transmisión secundaria, la que mantiene y multiplica la población en el foco.

El vuelo del escarabajo suele quedarse en unos cientos de metros o pocos kilómetros, pero en estudios de marcaje y recaptura se han registrado desplazamientos muy superiores. Se le atrae con trampas multiembudo cebadas con kairomonas de pino —alfa-pineno, etanol— combinadas con feromona de agregación. Ojo con esto: esas trampas son herramienta de vigilancia, no de control. Sirven para saber si el insecto está y para analizar si lleva nematodos, no para reducir la población de forma significativa.

Los síntomas, en el orden en que aparecen

La marchitez del pino tiene una secuencia bastante reconocible, y lo que la distingue de casi cualquier otra causa es la velocidad.

1. Cese del flujo de resina. Es el primer signo y el más útil en campo. Si se hace una incisión en la corteza hasta el cambium de un pino sospechoso y no exuda resina, o exuda una gota mínima y seca, es una señal fuerte. Un pino sano lloraría resina abundantemente. Este cambio precede a cualquier síntoma en la copa.

2. Pérdida de turgencia y cambio de tono. Las acículas pierden brillo y pasan de verde oscuro a un verde grisáceo o amarillento, a menudo empezando por una rama o por la parte alta.

3. Enrojecimiento generalizado. La copa entera vira a pardo rojizo en semanas. Es lo que en la bibliografía se llama «bandera roja».

4. Las acículas secas no se caen. Este es el detalle diagnóstico más valioso para un ojo no experto. El árbol muere tan deprisa que no llega a formar la capa de abscisión, así que queda en pie, completamente rojo, con toda la hoja puesta, a veces durante meses. Un pino que se seca por sequía, por procesionaria o por perforadores va perdiendo acícula progresivamente y clarea. El de nematodo no clarea: se enciende.

5. Signos del vector. En el tronco aparecen muescas de puesta en forma de embudo y, más adelante, orificios de salida perfectamente circulares de unos 5 a 9 mm de diámetro. Bajo la corteza se ven galerías anchas e irregulares que se adentran en la albura. Que estén los orificios significa que los adultos ya han salido y ya han volado.

La sucesión completa, en un Pinus pinaster susceptible y en un verano cálido, puede completarse entre julio y septiembre del mismo año. En condiciones más frescas la infección puede quedar latente y manifestarse a la primavera siguiente.

Por qué el diagnóstico solo lo cierra un laboratorio

Los síntomas descritos son compatibles con la enfermedad, pero no la demuestran. Un pino con la raíz asfixiada, un pino descalzado por obras, un pino con un ataque masivo de Tomicus o de Ips pueden dar cuadros parecidos. Y hay un problema añadido: en nuestros pinares vive de forma natural Bursaphelenchus mucronatus, una especie hermana inofensiva y morfológicamente muy parecida. Confundirlas es fácil y las consecuencias de un falso positivo —una corta a hecho de 500 metros de radio— son serias.

La identificación se hace extrayendo los nematodos de virutas de madera tomadas de varios puntos del tronco y de las ramas mediante embudo de Baermann, y separando después las dos especies por caracteres microscópicos —la forma de la cola de la hembra y la presencia de repliegue vulvar, la morfología de las espículas del macho— y por PCR específica. Nada de esto se hace en casa.

Lo que corresponde al particular es otra cosa, y es importante: avisar. Si aparecen pinos que se secan en rojo y en pocas semanas, hay que comunicarlo al servicio de sanidad forestal de la comunidad autónoma, que es quien está autorizado a muestrear. Es un organismo de cuarentena y el muestreo y el movimiento de muestras están regulados; recoger uno mismo un trozo de tronco y llevarlo en el coche a otra provincia es exactamente lo que no hay que hacer.

La temperatura decide dónde la enfermedad se expresa

Este es el punto que más se ignora y el que explica el mapa de riesgo europeo. El nematodo puede estar presente en un pino sin que el árbol muera. Para que se desencadene la marchitez hacen falta veranos cálidos: la referencia habitual es que la enfermedad se expresa con claridad donde la media estival supera los 20 °C, y que el desarrollo explosivo de las poblaciones ocurre en torno a los 25 °C. Por debajo de ese umbral, el árbol puede portar el nematodo de forma asintomática y actuar como reservorio.

Traducido a nuestro caso: el clima de la mitad occidental y del interior peninsular, con veranos secos y por encima de los 25 °C durante semanas, es especialmente favorable a la expresión de la enfermedad. Los pinares atlánticos de Pinus pinaster reúnen las tres condiciones a la vez: hospedante muy susceptible, vector abundante y verano cálido.

Sobre susceptibilidad por especies, el pino más castigado en Europa es Pinus pinaster, el pino resinero o marítimo, con diferencia. También son susceptibles Pinus sylvestris, Pinus nigra, Pinus halepensis y Pinus radiata. Los pinos norteamericanos son en general tolerantes por coevolución. Y aunque en condiciones experimentales el nematodo puede desarrollarse en otras coníferas —Abies, Picea, Larix, Pseudotsuga—, en Europa el daño real se concentra en el género Pinus. Las frondosas no le interesan en absoluto.

Qué obliga a hacer la normativa

En la Unión Europea Bursaphelenchus xylophilus está catalogado como plaga cuarentenaria prioritaria, la categoría más exigente, lo que implica prospecciones anuales obligatorias, planes de contingencia y erradicación inmediata de cualquier foco. La normativa comunitaria de medidas de emergencia frente al nematodo se articuló en la Decisión de Ejecución 2012/535/UE, actualizada después, y en España existe además normativa propia de desarrollo para la lucha contra el organismo.

Las medidas típicas ante un foco son duras y conviene conocerlas antes de que le toquen a uno:

Zonas demarcadas. Alrededor de cada detección se establece una zona infestada y una zona tampón que en el régimen general llega a los 20 km, reducible bajo condiciones de prospección intensiva. Dentro de la demarcación se restringe la circulación de madera de coníferas.

Corta a hecho. Se talan y destruyen todos los pinos hospedantes en un radio mínimo de 500 metros alrededor del árbol positivo, estén o no sintomáticos, porque los árboles infectados asintomáticos son indistinguibles a la vista.

Saneo permanente. Se eliminan los pinos muertos, moribundos, quemados o derribados por el viento, que son los que atraen al vector para la puesta. Un incendio o un temporal dentro de una zona demarcada es un multiplicador de riesgo, porque la madera dañada actúa como cebo para Monochamus.

Ventanas de corta. Las operaciones sobre madera de pino se concentran en el período de inactividad del vector, aproximadamente de noviembre a marzo, y el material debe descortezarse, astillarse o tratarse antes del inicio del vuelo.

Embalaje de madera. La norma internacional NIMF 15 exige tratar los embalajes de madera del comercio internacional, en la práctica con calor hasta alcanzar 56 °C en el centro de la pieza durante al menos 30 minutos, y marcarlos con el sello del trigo y las siglas HT. Un palé de pino sin ese marcado es un vehículo potencial de la plaga.

Qué puede hacer alguien con pinos en su finca

Todo lo eficaz es preventivo y buena parte es de sentido común aplicado con disciplina.

No mover leña de pino. Es la vía de entrada más común a escala local. La leña se compra en el sitio donde se quema. Traerse unos troncos de pino del pueblo, de una zona demarcada, es el equivalente doméstico de un contenedor infectado.

Retirar los pinos muertos en invierno. Un pino seco en pie es un criadero de Monochamus. Se corta entre noviembre y febrero y se destruye, descorteza o astilla antes de abril. Dejarlo «para el año que viene» es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer.

No apilar restos de poda de pino cerca de pinos sanos en primavera. Las ramas gruesas recién cortadas son madera atractiva para la puesta.

Cuidar el vigor del arbolado. Densidades excesivas, heridas de desbrozadora en el cuello, compactación por maquinaria y estrés hídrico crónico predisponen y atraen perforadores. Un pinar aclarado y vigoroso no es inmune, pero es un objetivo peor.

Sobre las inyecciones al tronco. En Japón y Corea se emplean inyecciones de nematicidas sistémicos —benzoato de emamectina, abamectina— con carácter preventivo en árboles singulares de alto valor, con una protección de varios años por aplicación. No es una herramienta de gestión forestal: es cara, se hace árbol por árbol, no cura a un ejemplar ya sintomático y su empleo depende de las autorizaciones vigentes en cada país. Para un pinar no existe ninguna solución química.

Errores frecuentes

«Se ha secado por la sequía». Puede ser, pero la sequía descuelga acícula progresivamente y afecta primero a los pies peor situados: laderas sur, suelos delgados, ejemplares dominados. Un rodal donde caen pies dominantes y bien situados, en rojo y en un mes, con toda la hoja puesta, merece una llamada al servicio de sanidad forestal.

«Es un hongo, hay que fumigar». No lo es. Ningún fungicida y ningún tratamiento aéreo tienen efecto sobre un nematodo alojado en el xilema.

«Si acabamos con el escarabajo, se acabó el problema». Monochamus galloprovincialis es una especie nativa, ampliamente distribuida y no erradicable. La estrategia no es eliminar el vector sino quitarle el sustrato: madera muerta en pie o en el suelo durante su período de vuelo.

«Aplico un nematicida al suelo». El organismo vive en la madera, no en la rizosfera. No hay contacto posible.

«Quemo el pino allí mismo». La quema de restos está regulada, en verano prohibida en la práctica en casi toda la Península por riesgo de incendio, y además la madera chamuscada sin consumir es un imán para el vector. La destrucción se hace bajo indicación oficial, normalmente por astillado o descortezado.

«Afecta a las personas o a los frutales». No. Es un patógeno estrictamente forestal de coníferas, sin ninguna implicación sanitaria humana ni animal.

En resumen

Bursaphelenchus xylophilus —escrito a menudo xilophilus— es un nematodo microscópico que vive dentro de la madera del pino, provoca embolias en el sistema conductor y mata el árbol por desecación en semanas. Viaja de un árbol a otro dentro del sistema traqueal del cerambícido autóctono Monochamus galloprovincialis, que lo inocula al alimentarse de brotes tiernos, y viaja de un país a otro dentro de embalajes y leña sin tratar.

La señal de alarma es un pino que enrojece por completo en pocas semanas sin perder las acículas y que no exuda resina al hacerle una incisión. La confirmación es de laboratorio, porque hay una especie hermana inocua que se le parece. La respuesta oficial es la corta a hecho en un radio de 500 metros y una zona tampón amplia, porque no existe cura.

Lo que está en manos de cualquiera es sencillo y sirve de verdad: no mover leña de pino, eliminar en invierno todo pino muerto antes de que emerja el vector, exigir el marcado HT en los embalajes de madera y avisar al servicio de sanidad forestal ante mortandades rápidas. En una plaga sin tratamiento curativo, la vigilancia temprana es el tratamiento.


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