Un bulto blanco del tamaño de un grano de arroz, alargado, con estrías longitudinales muy marcadas, pegado a una ramita de limonero o al nervio de una hoja de adelfa. No es un hongo ni un resto de tratamiento: es el saco de huevos de Icerya purchasi, la cochinilla acanalada, y dentro puede haber seiscientos huevos naranjas esperando a salir.

Es una de las cochinillas más fáciles de identificar y, curiosamente, una de las que menos suele hacer falta combatir. La razón está al final del artículo y tiene nombre propio.

Qué es la cochinilla acanalada

Icerya purchasi es un insecto chupador de la familia Monophlebidae, dentro del gran grupo de las cochinillas. Procede de Australia y hoy está repartida por todas las zonas de clima templado y mediterráneo del planeta, incluida por supuesto la costa española, donde se encuentra con facilidad en cítricos, adelfas, mimosas y jardinería ornamental.

La hembra adulta tiene el cuerpo de color rojizo o pardo anaranjado, cubierto de una capa cérea amarillenta, y patas y antenas negras. Mide en torno a cinco milímetros. Lo llamativo es el ovisaco: una estructura de cera blanca, dura, que segrega por la parte posterior y que puede llegar a medir el doble o el triple que su propio cuerpo. Ese ovisaco lleva unos catorce o quince surcos paralelos, y de ahí viene el nombre de "acanalada". A simple vista el conjunto parece un pequeño barco blanco acostado sobre la rama, con la cochinilla haciendo de proa.

Cochinilla acanalada blanca sobre una planta

Sus plantas favoritas son los cítricos —naranjo, limonero, mandarino, pomelo—, las acacias y mimosas, el pitósporo, la adelfa, la casuarina, la retama, el rosal, el laurel, la magnolia y bastantes arbustos ornamentales de seto. En la práctica, si un jardín del litoral mediterráneo tiene pitósporos o mimosas, tarde o temprano aparece.

Una biología rara: hermafroditas que se autofecundan

Aquí está lo que hace a esta especie distinta del resto de cochinillas de jardín. Lo que llamamos "hembra" de Icerya purchasi es en realidad un hermafrodita: posee tejido ovárico y tejido testicular, y se fecunda a sí misma. Existen machos, alados y pequeños, pero son rarísimos y no hacen ninguna falta.

La consecuencia práctica es directa y conviene tenerla clara: un solo individuo que llegue a tu planta puede fundar una colonia entera. No hace falta que se encuentren dos. Por eso una planta recién comprada en vivero, o un esqueje regalado con un ovisaco escondido en una axila de hoja, es suficiente para instalar la plaga en un jardín limpio.

El ciclo va así. El adulto forma el ovisaco y deposita dentro entre 500 y 800 huevos, de color rojo anaranjado. Al eclosionar salen las ninfas móviles, minúsculas, rojizas, con patas funcionales, que es la única fase realmente activa de su vida. Esas ninfas caminan, se dejan llevar por el viento y colonizan hojas nuevas, donde se fijan preferentemente en el envés y a lo largo del nervio central. Tras la primera muda pasan a los brotes y peciolos, y en la siguiente se instalan ya en ramillas y ramas, donde alcanzan la fase adulta y empiezan a fabricar su propio ovisaco.

En el clima peninsular suele completar dos o tres generaciones al año, con solapamiento entre ellas cuando el invierno es suave; en el litoral cálido y en Canarias las poblaciones se mantienen activas casi todo el año. Pasa el invierno como ninfa o adulto joven sobre las ramas.

Ese calendario importa por una cosa: solo la fase de ninfa móvil es vulnerable. En cuanto el insecto se cubre de cera y forma el ovisaco, cualquier producto de contacto resbala sobre él y los huevos de dentro quedan protegidos. Tratar cuando ya se ven los ovisacos blancos y vistosos es tratar tarde.

Qué daño hace de verdad

La cochinilla acanalada clava su estilete en el floema y succiona savia elaborada. Un ataque moderado apenas se nota; uno fuerte y sostenido produce amarilleo de las hojas, caída anticipada de hoja, brotes raquíticos, seca de ramillas y, en cítricos, frutos escasos y pequeños. En árboles jóvenes o recién plantados el debilitamiento es más rápido, porque hay menos reserva.

Rara vez mata directamente a una planta adulta y sana. Lo que hace es dejarla en un estado de debilidad que abre la puerta a otros problemas, y ahí entra el segundo frente.

Cochinillas acanaladas trepando por una rama

La melaza, la negrilla y las hormigas

Como toda cochinilla que se alimenta de floema, ingiere muchísimo más azúcar del que necesita para obtener aminoácidos, y expulsa el excedente en forma de melaza, un líquido azucarado y pegajoso que cae sobre las hojas inferiores, sobre el mobiliario del jardín y sobre el coche aparcado debajo.

Sobre esa melaza se instalan hongos saprofitos del complejo de la negrilla (Capnodium y géneros afines), que forman una costra negra y aterciopelada. La negrilla no parasita la planta, vive del azúcar; el daño lo hace tapando la hoja y reduciendo la fotosíntesis, además de afear la fruta. Se combate quitando la causa: sin melaza, la negrilla se seca y se desprende sola con el tiempo, y se puede acelerar lavando el follaje con agua jabonosa.

El tercer actor son las hormigas. Recolectan la melaza y, a cambio, defienden a las cochinillas de sus depredadores, las transportan a brotes nuevos y llegan a atacar a las larvas de mariquita que se acercan. Si hay una fila de hormigas subiendo por el tronco, ese es el primer problema a resolver: mientras suban, ningún control biológico funcionará bien.

La respuesta que resolvió el problema hace 130 años

Conviene contar esta historia porque cambia por completo el planteamiento del control.

En 1868 la cochinilla acanalada entró en California y en veinte años estuvo a punto de acabar con la citricultura del estado. En 1888 se importaron desde Australia dos enemigos naturales, y uno de ellos, la mariquita Rodolia cardinalis, arrasó la plaga en cuestión de meses. Fue el primer gran éxito documentado del control biológico clásico y sigue siendo el ejemplo de manual. Desde California se distribuyó al resto del mundo.

Rodolia cardinalis está establecida en España desde hace más de un siglo. Es un coccinélido pequeño, de unos tres o cuatro milímetros, rojo con manchas negras irregulares, más redondeado y menos brillante que la mariquita de siete puntos. Sus larvas, grisáceas o rojizas, devoran huevos y ninfas de la cochinilla, y suelen encontrarse metidas dentro de los propios ovisacos. En muchas zonas actúa también Cryptochaetum iceryae, una mosca parasitoide diminuta.

De ahí la respuesta a la pregunta de si se puede erradicar: erradicar, no; mantenerla en niveles irrelevantes, casi siempre sí, y a menudo sin hacer nada. Cuando aparece un foco fuerte de cochinilla acanalada en un jardín, lo habitual no es que la plaga sea especialmente virulenta, sino que algo ha eliminado a Rodolia: un tratamiento de amplio espectro reciente, una hormiga bien organizada, o polvo y sequedad extremas.

Basta con echar mano de un insecticida potente en cuanto se ven cuatro bultos blancos para quedarse sin la única defensa que estaba funcionando. Ese tratamiento mata a la mariquita —que es un escarabajo, mucho más sensible que una cochinilla protegida por cera— y no mata a las cochinillas adultas. El resultado es una explosión de la plaga cuatro semanas después, peor que la inicial y ya sin control natural.

Qué hacer, por orden

1. Mirar antes de actuar. Abre un ovisaco con una uña o un palillo. Si dentro hay huevos naranjas y todo intacto, la colonia está activa. Si encuentras una larva gris rojiza comiendo, o el ovisaco vacío y deshilachado, Rodolia ya está trabajando: no hagas nada más que controlar hormigas y esperar.

2. Cortar la vía de las hormigas. Es la medida con mejor relación esfuerzo-resultado. Retira todo lo que sirva de puente entre el suelo y la copa (ramas bajas que tocan el suelo, tutores, alambres, plantas trepadoras apoyadas), y coloca en el tronco una banda de material pegajoso específico para árboles, sobre una tira de plástico o cinta para no dañar la corteza. Revisa y renueva la banda cuando se llene de polvo.

3. Eliminar a mano lo que se vea. En plantas de maceta y arbustos pequeños funciona muy bien: un bastoncillo de algodón o un cepillo de cerdas blandas mojado en alcohol de farmacia rebajado a la mitad con agua, pasado sobre cada cochinilla y cada ovisaco. Poda y quema o retira las ramillas más colonizadas. No dejes los restos tirados bajo la planta: las ninfas vuelven a subir.

4. Lavar con agua a presión. Un chorro de manguera bien dirigido al envés de las hojas y a las horquillas de las ramas arranca ninfas móviles, arrastra la melaza y estropea el ambiente seco y polvoriento que la plaga prefiere. Hazlo a primera hora para que el follaje seque durante el día. Es especialmente útil en setos de pitósporo, donde la plaga se refugia en el interior.

5. Solo si hace falta, tratamiento. El jabón potásico al 1-2 % (10-20 ml por litro) y los aceites de parafina a la dosis de verano indicada en la etiqueta actúan por asfixia y son razonablemente respetuosos con la fauna auxiliar. Ambos exigen mojar hasta el goteo el envés de las hojas y el interior de la planta, porque solo matan lo que tocan, y hay que aplicarlos coincidiendo con la salida de ninfas móviles: en la mayor parte de la Península, hacia finales de primavera y de nuevo a finales de verano. Nunca en las horas centrales del día ni por encima de 30 °C, y nunca sobre planta con sed, porque los aceites queman con facilidad. Suele hacer falta repetir a los diez o quince días.

Tres remedios caseros que circulan y no deberían

El lavavajillas. El jabón potásico y el detergente de la cocina no son lo mismo. El detergente lleva tensioactivos sintéticos, perfumes y aditivos que disuelven la cera cuticular de la hoja, la capa que impide que la planta pierda agua. Con una aplicación aislada quizá no pase nada; repitiéndolo, aparecen quemaduras en los bordes, manchas y caída de hoja, y en plantas de hoja fina el daño es inmediato. El jabón potásico cuesta poco, está formulado para esto y no tiene ese problema.

El alcohol puro. Aplicado con bastoncillo sobre el insecto, bien. Pulverizado sin diluir sobre toda la planta, es un desecante que arrasa el follaje, sobre todo con sol. Si lo usas en spray, rebájalo a un 20-25 % en agua, prueba antes en una rama y no lo hagas a pleno sol.

La infusión de tabaco o de colillas. Este es el que más conviene desmontar. La nicotina no está autorizada como sustancia fitosanitaria en la Unión Europea, y no por capricho: es un veneno neurotóxico de acción muy rápida que se absorbe por la piel, con casos documentados de intoxicación grave en quien prepara el macerado sin guantes. Encima es poco selectiva, mata igual a la mariquita que a la cochinilla, y hervir colillas añade alquitranes y metales al caldo. Por si fuera poco, el tabaco puede portar el virus del mosaico del tabaco, que se transmite mecánicamente y afecta a tomate, pimiento, berenjena y petunia, entre otras. Es un remedio casero peor que la enfermedad.

El cuarto que suele citarse, subir la humedad ambiental, sí tiene sentido, aunque no como "remedio". Las cochinillas prosperan en ambientes secos, resguardados y con poca ventilación, que son también los que perjudican a sus enemigos naturales. Pulverizar el follaje de las plantas de interior, mantener el jardín sin polvo y evitar rincones cerrados reduce la presión de la plaga, pero por sí solo no elimina una colonia establecida.

Prevención, que es lo que más ahorra

Revisa toda planta nueva antes de meterla en el jardín, mirando el envés de las hojas y las axilas de las ramas, y déjala unas semanas apartada del resto si tienes dudas. Poda para airear el interior de las copas y los setos, porque una masa densa y oscura es el hábitat perfecto. No te pases con el nitrógeno: el abonado excesivo produce brotación tierna y suculenta que multiplica cualquier chupador. Y ten paciencia con la fauna auxiliar, que tarda en instalarse y desaparece en un día si se pulveriza a lo bruto.

En resumen

La cochinilla acanalada (Icerya purchasi) se reconoce sin margen de error por su ovisaco blanco con surcos longitudinales sobre ramillas y nervios de cítricos, mimosas, pitósporos y adelfas. Es hermafrodita y se autofecunda, así que un único individuo basta para fundar una colonia. Chupa savia, debilita la planta y sobre todo produce melaza, que trae negrilla y hormigas.

Solo la ninfa móvil es vulnerable: cuando el ovisaco ya se ve, tratar sirve de poco. La estrategia que funciona es controlar las hormigas, limpiar a mano y con agua a presión, y reservar el jabón potásico o el aceite de parafina para el momento de salida de las ninfas, mojando bien el envés. Antes de nada, comprueba si Rodolia cardinalis ya está en la planta, porque esa mariquita resuelve el problema sola si no la matamos con un insecticida de amplio espectro. Y olvida el macerado de tabaco: ni es legal, ni es seguro, ni distingue entre la plaga y su mejor enemigo.


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