El primer aviso rara vez es la cochinilla. Lo que se ve desde lejos es un olivo que ha perdido el gris azulado de siempre y se ha vuelto negro mate, como si alguien hubiera pasado un trapo de hollín por las hojas. Ese tizne es el síntoma; el causante está debajo, pegado a las ramillas, en forma de escudos oscuros del tamaño de una lenteja que no se mueven ni cuando los tocas.
La cochinilla más habitual en el olivo español es Saissetia oleae, conocida también como caparreta negra o cochinilla de la tizne. Es un hemíptero de la familia Coccidae, es decir, una cochinilla blanda: no forma un escudo separable como los piojos de escama, sino que su propio dorso se endurece y se abomba. Conviene tenerlo claro desde el principio porque el tipo de cochinilla condiciona qué tratamientos funcionan y cuándo.
Cómo reconocerla sin equivocarse
La hembra adulta de Saissetia oleae mide entre 2 y 5 mm, es de color marrón muy oscuro o negro, con la forma de un casquete abombado. Su rasgo más útil para identificarla es el dibujo en forma de H que se marca en relieve sobre el dorso: dos crestas longitudinales unidas por una transversal. Si ves esa H, no hay duda.
Las formas jóvenes son otra cosa. Las ninfas recién nacidas son móviles, planas, translúcidas o ambarinas, y apenas se distinguen a simple vista: hay que mirar el envés de las hojas con una lupa de 10 aumentos. En ese estado son vulnerables. Cuando ya se han oscurecido y abombado, están blindadas.
En el olivo aparecen además otras cochinillas que se confunden con ella y que no se tratan igual:
- Piojo blanco (Aspidiotus nerii): escamas circulares blanquecinas o grisáceas, muy planas, sobre todo en frutos. Ensucia la aceituna de mesa y la deprecia, pero daña poco al árbol.
- Piojo gris (Parlatoria oleae): escamas pequeñas y grises con un punto central oscuro, en ramas y frutos, donde deja una aureola morada.
- Cochinilla violeta o Pollinia pollini: escamas alargadas y blancas escondidas en las grietas de la corteza y en las axilas.
Solo Saissetia oleae produce melaza en cantidad suficiente para tiznar el árbol entero. Si hay negrilla generalizada, la responsable es ella casi siempre.
Su ciclo, que es la clave de todo
En la mayor parte del olivar peninsular Saissetia oleae tiene una sola generación al año. En zonas litorales cálidas y en olivos de jardín bien regados puede solaparse una segunda parcial, pero el patrón general es este:
Las hembras invernan como adultas o casi adultas sobre las ramillas. Con el calor de la primavera maduran y empiezan la puesta, que se concentra entre mayo y julio según la zona y el año. Cada hembra pone bajo su propio cuerpo entre varios cientos y más de mil huevos, y muere sobre ellos: el caparazón endurecido hace de cámara protectora. Por eso aplastar una hembra vieja en verano y ver que sale un polvo blanquecino significa que dentro había puesta.
De esos huevos salen las larvas migrantes, que caminan unas horas o unos pocos días buscando sitio, se fijan en el envés de las hojas del año o en la corteza tierna, y ya no se mueven más. Ese periodo de larvas móviles y primeras ninfas sin escudo formado suele darse desde finales de junio hasta agosto, con el grueso normalmente en julio. Es la única ventana en la que un tratamiento de contacto es realmente eficaz.
A partir de septiembre las ninfas engordan, se oscurecen y se van pasando a las ramillas, donde pasarán el invierno. En ese momento ya son prácticamente impermeables.
Qué favorece que se dispare
La cochinilla del olivo no es una plaga de sequía ni de campo abierto: es una plaga de sombra, humedad y vegetación densa. Los factores que la multiplican son bastante previsibles:
Copas cerradas y mal aireadas. Es, con diferencia, el factor principal. Un olivo sin aclarar, con el interior en penumbra permanente, mantiene una humedad y una temperatura estables que a la cochinilla le vienen perfectas. Los focos siempre empiezan en la parte baja e interior de la copa, en la cara norte, y desde ahí se extienden.
Exceso de nitrógeno. El abonado nitrogenado generoso produce brotes tiernos, jugosos y con savia rica en aminoácidos. Eso es literalmente comida mejor para un chupador de floema. Un olivo sobrealimentado se infesta antes y más.
Riego abundante y frecuente. Por la misma razón, y porque eleva la humedad dentro de la copa. En olivar de regadío intensivo la caparreta es un problema mucho más habitual que en secano.
Marcos de plantación cerrados y setos. Los olivos plantados como pantalla o los ejemplares ornamentales en patios cerrados están en condiciones ideales para la plaga.
Uso repetido de insecticidas de amplio espectro. Los piretroides y organofosforados matan más eficazmente a los parasitoides de la cochinilla que a la cochinilla misma, que está protegida bajo su caparazón. El resultado típico es un rebrote de plaga mayor que el problema inicial, tres o cuatro meses después.
Un apunte que casi nunca se menciona: los veranos muy secos y con golpes de calor por encima de 35-38 ºC frenan la plaga de forma natural, porque las larvas migrantes se deshidratan al descubierto. En las olas de calor de julio en el interior peninsular puede morir un porcentaje altísimo de la generación. Por eso un mismo olivar tiene años buenos y años malos sin que se haya cambiado nada del manejo.
Los daños: casi todo es indirecto
La succión de savia en sí misma no suele ser lo grave, salvo en ataques muy intensos que provocan defoliación, desecación de ramillas y caída de frutos. Lo que realmente perjudica al árbol es la melaza.
La cochinilla ingiere mucho más volumen de savia del que necesita para obtener proteína, y excreta el exceso de azúcares en forma de un líquido pegajoso. Sobre esa melaza se instalan hongos saprofitos del complejo de la negrilla (Capnodium y géneros afines), que forman una costra negra sobre hojas, ramas y frutos.
Esa costra:
- Reduce la fotosíntesis al tapar la luz. Una hoja completamente tiznada puede perder buena parte de su capacidad de asimilación, y el árbol responde con menor crecimiento, menor inducción floral y cosechas alternas más marcadas.
- Dificulta el intercambio gaseoso y eleva la temperatura foliar.
- Mancha la aceituna. En aceituna de mesa es un problema comercial serio; en almazara obliga a lavados más exigentes y puede afectar a la calidad del aceite si la fruta llega muy sucia.
- Atrae hormigas, que defienden activamente a la cochinilla frente a sus enemigos naturales. Un olivo con reguero de hormigas subiendo por el tronco casi siempre tiene cochinilla arriba.
Aquí está el error más extendido con esta plaga: tratar la negrilla con fungicida o con cobre. La negrilla no parasita la hoja, vive sobre la melaza. Si eliminas la cochinilla, el tizne deja de renovarse y las lluvias y el crecimiento nuevo lo van eliminando en unos meses sin hacer nada más. Si no eliminas la cochinilla, puedes echar cobre todos los años y el árbol seguirá negro.
Cuándo hay que tratar y cuándo no
Antes de elegir producto hay que decidir dos cosas: si merece la pena tratar y en qué momento.
Si merece la pena. Un olivo con unas cuantas cochinillas dispersas y sin tizne apreciable no necesita nada. La caparreta está presente en casi cualquier olivar y su fauna auxiliar suele mantenerla a raya sola. La decisión de intervenir se toma cuando hay melaza y negrilla visibles en una parte apreciable de la copa, o cuando en un muestreo de hojas y ramillas del año encuentras formas vivas de manera generalizada y no ocasional.
El momento. Este es el punto donde se pierde la mayoría de los tratamientos. Un aceite o un jabón actúan por asfixia y por contacto, y no atraviesan un caparazón formado. Contra hembras adultas oscurecidas, en octubre o en febrero, la eficacia es baja o nula, y encima habrás matado a los parasitoides que estaban dentro de ellas.
El tratamiento se hace en verano, cuando la mayor parte de la población son larvas móviles o ninfas jóvenes. Para saberlo no hace falta nada sofisticado: coge hojas de brotes del año en la parte interior y baja de la copa, mírala con lupa y comprueba si las formas que hay son planas y claras (buen momento) o abombadas y oscuras (tarde). En la mayor parte de España ese punto cae entre mediados de julio y la primera quincena de agosto, algo antes en el sur y algo después en zonas frías o de altitud.
Control cultural: la poda por delante de todo
Si tuviera que quedarme con una sola medida contra la cochinilla del olivo, sería la poda de aclareo. No de rebaje, no de despunte: aclareo real, quitando ramas del interior para que entre luz y corra el aire por dentro de la copa. Un olivo bien aclarado deja de ser un hábitat adecuado, y las poblaciones caen solas al año siguiente sin ningún tratamiento.
La época de poda del olivo en la Península va aproximadamente de febrero a abril, pasado el riesgo de heladas fuertes y antes de la brotación plena. En ejemplares ornamentales se puede hacer un aclareo ligero también a finales de verano.
Junto a eso:
- Ajustar el nitrógeno. Bajar la dosis, repartirla y no aplicarla tarde. Un olivo verde oscuro y muy vigoroso es un olivo con papeletas.
- Controlar las hormigas. Bandas de cola entomológica en el tronco o cinta adhesiva ancha con pegamento cortan el ascenso y dejan que los enemigos naturales trabajen. Es una intervención barata y muy rentable.
- Retirar la madera muy infestada en la poda y no dejarla amontonada al pie del árbol.
- Espaciar y airear en plantaciones nuevas. Muchos problemas crónicos de caparreta nacen de un marco demasiado cerrado.
Enemigos naturales y control biológico
La caparreta tiene un cortejo de enemigos naturales que en olivares no tratados hace la mayor parte del trabajo. Merece la pena conocerlos porque su presencia es un argumento para no tratar.
Los más importantes son los parasitoides del género Metaphycus (M. flavus, M. helvolus, M. lounsburyi), pequeñas avispas amarillentas que ponen dentro de las ninfas. Una cochinilla parasitada aparece con uno o varios orificios circulares de salida en el dorso: si al levantar caparazones ves agujeros, la población está siendo controlada y un tratamiento sería contraproducente.
También actúan Scutellista caerulea, que se come los huevos bajo el caparazón de la hembra, varias especies de Coccophagus, y depredadores como los coccinélidos Chilocorus bipustulatus y Exochomus quadripustulatus, además de larvas de crisopa.
Mantener cubierta vegetal con floración (crucíferas, umbelíferas), setos y márgenes sin tratar favorece a estos auxiliares. En jardín, sencillamente no rociar insecticidas de amplio espectro ya es media batalla ganada.
Remedios caseros y tratamientos ecológicos
Todos los que siguen actúan por contacto y solo sirven contra formas jóvenes, en el verano. Se aplican a primera hora de la mañana o al atardecer, nunca con el sol de mediodía ni con más de 30 ºC, y nunca sobre un árbol con estrés hídrico: la fitotoxicidad de los aceites depende sobre todo de eso.
Aceite de parafina (aceite mineral de verano). Es el tratamiento de referencia. Se emplea en torno al 1-1,5 % en volumen en aplicación de verano, mojando muy bien el envés de las hojas y el interior de la copa hasta el punto de goteo. Actúa asfixiando a las larvas fijadas. No debe mezclarse con azufre ni aplicarse en las tres semanas siguientes a un tratamiento azufrado, porque la combinación quema el follaje.
Jabón potásico. A dosis de 1-2 % (unos 10-20 ml por litro), disuelve la cera protectora y deshidrata a las formas móviles. Es suave con la fauna auxiliar una vez seco y arrastra bien la melaza, lo que ayuda a limpiar la negrilla. Necesita repetición: dos o tres aplicaciones separadas 7-10 días durante el periodo de larvas móviles.
Aceite de neem. Aporta un efecto adicional sobre el desarrollo de las ninfas y, mezclado con jabón potásico como emulsionante, mejora la mojabilidad. Su eficacia sobre cochinillas es moderada, no esperes de él lo que da un aceite de parafina bien aplicado.
Limpieza mecánica. En olivos de jardín, bonsáis o ejemplares en maceta, pasar un cepillo blando o un paño con agua jabonosa por las ramillas retira las hembras invernantes en invierno. Es lento, pero en una planta concreta funciona muy bien y reduce la puesta de la primavera siguiente.
Un chorro de agua a presión moderada dirigido al interior de la copa a finales de junio desprende parte de las larvas migrantes, que rara vez consiguen volver a subir. No sustituye a nada, pero ayuda.
Sobre remedios que circulan y no funcionan: el alcohol de quemar puro aplicado a una copa entera quema hojas; puede usarse con un bastoncillo sobre cochinillas puntuales de una planta de interior, no en un árbol. Los purines de ortiga o de ajo no tienen efecto apreciable sobre cochinillas protegidas. Y el cobre, insisto, no mata cochinillas.
Tratamientos químicos
El abanico de materias activas autorizadas en olivar se ha estrechado mucho en la última década y cambia de campaña en campaña, así que cualquier lista concreta envejece rápido. Lo sensato es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura para el cultivo y la plaga antes de comprar nada, y respetar el plazo de seguridad indicado en la etiqueta, que en olivar de mesa y de almazara es determinante si la recolección está cerca.
Los enfoques que se manejan son básicamente tres:
Aceites minerales, ya comentados, que se consideran a la vez tratamiento convencional y compatible con producción ecológica según la formulación. Son la primera opción salvo casos muy concretos.
Reguladores del crecimiento de insectos, del tipo del piriproxifen, que impiden que las ninfas completen su desarrollo. Requieren aplicarse todavía más ajustados al momento de larvas jóvenes y tienen la ventaja de ser bastante respetuosos con los parasitoides adultos.
Insecticidas de contacto o sistémicos de amplio espectro. Son los que hay que evitar salvo en situaciones excepcionales, por lo que ya se ha dicho: destruyen el control natural y provocan rebrotes. Si se usan, nunca como calendario fijo año tras año, y alternando modos de acción para no seleccionar resistencias.
En jardinería particular, con uno o dos olivos ornamentales, el químico convencional no tiene sentido: poda de aclareo, control de hormigas y dos pasadas de aceite de parafina o jabón potásico en julio resuelven prácticamente cualquier situación.
Calendario resumido
- Febrero-abril: poda de aclareo. La medida más rentable del año. Revisión de ramillas para ver cuántas hembras invernantes hay.
- Abril-mayo: ajuste del abonado nitrogenado a la baja si hubo problema el año anterior. Colocación de bandas antihormigas.
- Junio: vigilancia. Levantar caparazones para ver si hay puesta y comprobar orificios de parasitoides.
- Julio-primeros de agosto: ventana de tratamiento sobre larvas móviles. Aceite de parafina o jabón potásico, mojando el envés y el interior de la copa, en horas frescas.
- Septiembre-octubre: evaluación del resultado. Si sigue habiendo melaza, anotar para reforzar la poda del invierno, no para tratar ahora.
En resumen
La cochinilla del olivo, Saissetia oleae, es una plaga de copas cerradas, riego generoso y nitrógeno de más, y su daño principal no es la savia que chupa sino la melaza que excreta y la negrilla que crece sobre ella. Se identifica por la H en relieve del dorso de la hembra, y solo es vulnerable durante el periodo de larvas móviles del verano, que en la Península suele caer entre mediados de julio y primeros de agosto.
El orden de actuación correcto es: primero abrir la copa con una poda de aclareo, después cortar el paso a las hormigas y bajar el nitrógeno, y solo entonces, si hace falta, aplicar aceite de parafina o jabón potásico en el momento justo y mojando el envés. Tratar fuera de esa ventana, echar fungicida al tizne o rociar insecticidas de amplio espectro son las tres formas más habituales de gastar dinero y empeorar el problema.