Aparecen como pelusas blancas en las axilas de las hojas, en el envés, en los brotes tiernos o pegadas al cuello de la planta. Muchos las confunden al principio con restos de sustrato, con moho o con algodón. No lo son: son cochinillas algodonosas, insectos chupadores que se instalan en la planta, la debilitan poco a poco y, si no se actúa, terminan colonizando todo lo que tengas alrededor.

Es una de las plagas más habituales en plantas de interior y en cítricos por toda España, y también una de las más mal tratadas. Se le echa insecticida y a las tres semanas está igual o peor. Aquí explicamos por qué pasa eso y cómo eliminarla de verdad.

Qué es exactamente la cochinilla algodonosa

Bajo ese nombre popular se agrupan varias especies de la familia Pseudococcidae, los pseudocóccidos. Las más frecuentes en nuestro país son:

Planococcus citri, el cotonet de los cítricos, la más común en naranjos, limoneros y también en muchas plantas de interior. Cuerpo ovalado de 3 a 5 mm, cubierto de cera blanca pulverulenta y con filamentos cortos en el borde.

Pseudococcus longispinus, la cochinilla de cola larga, muy habitual en interior sobre helechos, dracenas, crotons y orquídeas. Se distingue por dos filamentos traseros largos, casi tan largos como el cuerpo.

Delottococcus aberiae, el cotonet de Sudáfrica, llegado a Valencia hacia 2009 y hoy un problema serio en cítricos porque deforma el fruto.

Conviene distinguirlas de la cochinilla acanalada, Icerya purchasi, que también es blanca y algodonosa pero forma un ovisaco alargado con estrías longitudinales muy marcadas, del que salen los huevos. Se ve mucho en mimosas, cítricos y pitósporos. Su tratamiento biológico es distinto, así que merece la pena mirarla de cerca antes de decidir.

Colonia de cochinilla algodonosa en el tallo de una planta

Por qué es tan difícil de eliminar

Hay tres razones concretas, y entenderlas cambia por completo la estrategia.

La primera es la capa de cera. Ese aspecto algodonoso es una secreción cérea hidrófoba que repele el agua y, con ella, la mayoría de los productos acuosos. Un insecticida sistémico o de contacto pulverizado sin más rebota literalmente sobre la cochinilla. Por eso hace falta un mojante o un aceite que rompa esa barrera.

La segunda es dónde se esconde. Prefieren las zonas resguardadas: axilas de las hojas, entre brotes apretados, bajo la corteza suelta, en el envés cerca del nervio central y, muy importante, bajo el sustrato, sobre las raíces del cuello. Hay especies que colonizan la raíz y son invisibles hasta que sacas el cepellón. Si tratas solo la parte aérea, la colonia se rehace desde abajo.

La tercera es su ciclo biológico. Una hembra pone entre 300 y 600 huevos en un ovisaco algodonoso. Las larvas recién nacidas, llamadas ninfas migratorias, son diminutas, móviles y todavía no tienen cera: son la fase vulnerable. Pero los huevos dentro del ovisaco están protegidos y las eclosiones son escalonadas. Por eso un solo tratamiento nunca basta: mata lo que hay pero no lo que va a nacer.

Daños que provoca

Clava su estilete en el floema y succiona savia elaborada. En infestaciones pequeñas apenas se nota, pero cuando la colonia crece la planta muestra hojas amarillentas, brotes deformados, crecimiento detenido y caída de flores o frutos jóvenes.

El daño indirecto suele ser peor. Excreta melaza, un líquido azucarado que se deposita sobre las hojas y sobre el que se instala la negrilla o fumagina, un hongo saprófito que forma una película negra. Esa capa no parasita la planta, pero le tapa los estomas y le impide fotosintetizar. Muchas veces la negrilla es lo primero que uno ve; la cochinilla está más arriba, en el brote del que gotea la melaza.

Además, la melaza atrae hormigas, y aquí hay un factor decisivo que se suele pasar por alto: las hormigas protegen activamente a la cochinilla, la defienden de sus depredadores naturales y la transportan a brotes nuevos. Si tienes un reguero de hormigas subiendo por el tronco de un cítrico o de un ficus, no vas a controlar la plaga hasta que cortes ese tráfico.

Algunas especies transmiten además virosis, como los virus asociados al enrollado de la hoja de la vid.

Detección precoz

Es mucho más fácil eliminar diez cochinillas que mil. Revisa quincenalmente, sobre todo de abril a octubre:

El envés de las hojas y las axilas donde el peciolo se une al tallo. Los brotes tiernos y las yemas florales, que son su zona favorita. La cara superior de las hojas buscando brillo pegajoso: si notas la hoja pringosa al tacto, hay melaza y por tanto hay chupadores encima. El cuello de la planta y los primeros centímetros de sustrato. Y cualquier rastro de hormigas subiendo por el tronco.

Toda planta nueva que entre en casa debería pasar dos o tres semanas en cuarentena, separada del resto. Buena parte de las infestaciones domésticas entran así, desde el vivero.

Tratamiento manual: el primer paso siempre

Si la colonia es pequeña o la planta es de interior, empieza siempre por aquí, porque elimina las hembras adultas y los ovisacos, que es justo lo que peor alcanzan los productos.

Moja un bastoncillo de algodón o un pincel en alcohol isopropílico de farmacia rebajado al 50-70 % con agua y pasa uno por uno por cada mota blanca. El alcohol disuelve la cera y mata al insecto en el acto. En plantas de hoja delicada, o si tienes dudas, prueba antes en una hoja y espera 48 horas.

Retira también con la uña o con una pinza los ovisacos algodonosos, que son masas más compactas donde están los huevos. Si dejas uno, en pocos días vuelves a tener cien ninfas.

Después de la limpieza, si la planta lo permite, dale una ducha con agua templada a presión moderada sobre el envés, en la bañera o con la manguera fuera. Arrastra ninfas y restos de melaza. Deja escurrir bien y no la pongas al sol hasta que seque.

Si una rama está tomada por completo, córtala y tírala a la basura, no al compost. Es más rápido y más eficaz que intentar salvarla.

Productos de control

Tras la limpieza manual toca el tratamiento, que debe ser repetido para pillar las sucesivas eclosiones.

Jabón potásico. Es el tratamiento base y el más recomendable para casa. Actúa por contacto disolviendo la cera y provocando deshidratación. Dosis habitual: 10 a 20 ml por litro de agua. Se aplica al atardecer o a primera hora, nunca con sol directo sobre la hoja, y mojando hasta el goteo el envés, las axilas y el tallo. Repite cada 7 días durante tres o cuatro aplicaciones. Es autorizado en agricultura ecológica y no deja plazo de seguridad relevante.

Aceite de parafina o aceite de verano. Es lo más eficaz contra las formas protegidas, porque asfixia al insecto formando una película sobre él. Dosis orientativa del 1 al 1,5 % (10-15 ml por litro), siguiendo siempre la etiqueta del producto concreto. Hay que respetar dos reglas: no aplicar por encima de 28-30 ºC ni en pleno sol, porque quema las hojas, y no mezclarlo con productos a base de azufre ni aplicarlo con menos de tres semanas de diferencia respecto a ellos. En cítricos, la mejor época es primavera, coincidiendo con la fase de ninfa migratoria.

Combinación jabón potásico más aceite. Muy usada por los profesionales: el jabón rompe la cera y el aceite asfixia. Funciona bien, pero reduce algo la dosis de cada uno y prueba en una parte de la planta antes de tratarla entera.

Aceite de neem. Tiene efecto repelente y perturba la muda de las ninfas, pero es lento y por sí solo no resuelve una colonia establecida. Encaja mejor como apoyo o prevención.

Insecticidas de síntesis. En jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para uso en jardinería exterior doméstica, que en España es una lista cada vez más restringida. Los piretroides tienen poca eficacia sobre pseudocóccidos precisamente por la cera. Antes de comprar cualquier cosa, comprueba que la etiqueta autorice el cultivo y la plaga concretos. En cítricos con fruta para consumo, respeta el plazo de seguridad indicado.

Y una advertencia sobre un remedio muy repetido: el purín de ortiga no controla la cochinilla algodonosa. Es un buen aporte de nitrógeno y tiene cierto efecto sobre pulgones blandos, pero no atraviesa la cera de un pseudocóccido. Lo mismo vale para el ajo macerado o el bicarbonato: se recomiendan mucho en internet y no resuelven esta plaga concreta.

Control biológico

En exterior, en huertos y en cítricos es la opción más sensata a medio plazo, y funciona bien en el clima mediterráneo.

Cryptolaemus montrouzieri es un pequeño coccinélido de origen australiano conocido como "el destructor de cochinillas". Tanto el adulto como la larva devoran huevos, ninfas y adultos. Su larva, curiosamente, tiene un aspecto ceroso y blanco muy parecido al de la propia cochinilla, y mucha gente la mata pensando que es la plaga: es más grande, más móvil y con filamentos más largos y desordenados. Necesita temperaturas por encima de 20-22 ºC para ser activo, así que su ventana en España va de finales de primavera a principios de otoño.

Anagyrus vladimiri (antes A. pseudococci) es un himenóptero parasitoide muy usado contra Planococcus citri en cítricos y viña. La hembra pone el huevo dentro de la cochinilla, que se convierte en una "momia" abombada y parduzca. Si ves momias, hay parasitismo activo y no debes tratar con químicos.

Contra Icerya purchasi, en cambio, el enemigo clásico es Rodolia cardinalis, otro coccinélido. De ahí la importancia de identificar bien la especie.

Cualquier control biológico es incompatible con aplicaciones de insecticida de amplio espectro, y también se resiente con el aceite si se aplica sobre las sueltas recientes.

Sin controlar las hormigas no hay solución

Es el paso que más se olvida. Mientras las hormigas suban al árbol, ahuyentarán a las mariquitas y a los parasitoides y repartirán cochinillas por brotes nuevos.

En árboles y arbustos, coloca una banda de cola entomológica (pegamento adhesivo para tronco) o una banda trampa alrededor del tronco, a unos 30-50 cm del suelo, sobre una cinta protectora para no dañar la corteza. Revisa que no haya ramas bajas, tutores o malas hierbas que hagan de puente y salten la barrera. Localiza y trata el hormiguero si está cerca.

Prevención

Cuarentena de toda planta nueva durante dos o tres semanas.

No abonar en exceso con nitrógeno. Los brotes tiernos y suculentos que provoca un abonado nitrogenado fuerte son exactamente lo que buscan estos insectos. Es una de las causas más frecuentes de infestaciones recurrentes en cítricos de maceta.

Ventilar y no amontonar. Los ambientes cerrados, cálidos y sin corriente favorecen su multiplicación, que es por lo que en invierno se disparan en interior.

Podar para airear el interior de la copa en arbustos y cítricos, de modo que entre luz y aire donde a la cochinilla le gusta esconderse.

Limpiar las hojas grandes con un paño húmedo de vez en cuando: te obliga a revisarlas y detectas las primeras motas a tiempo.

En resumen

La cochinilla algodonosa son varias especies de pseudocóccidos, sobre todo Planococcus citri y Pseudococcus longispinus, protegidas por una capa de cera que repele los tratamientos acuosos y con puestas escalonadas de cientos de huevos. Por eso la solución nunca es una sola aplicación de un producto. La secuencia que funciona es: identificar bien la especie, limpiar a mano con alcohol isopropílico al 50-70 % retirando también los ovisacos, ducha para arrastrar ninfas, tratamiento con jabón potásico (10-20 ml/l) repetido cada semana tres o cuatro veces, aceite de parafina si la colonia es grande y la temperatura está por debajo de 28 ºC, y control obligatorio de las hormigas con banda pegajosa. En exterior, Cryptolaemus montrouzieri y Anagyrus vladimiri mantienen la plaga a raya sin química. Revisa quincenalmente en temporada, pon en cuarentena cada planta nueva y no te pases con el nitrógeno: con eso evitarás la mayoría de los brotes de plaga.


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