¿Qué hongo es exactamente? Esa pregunta se salta con demasiada frecuencia: se ve una mancha, se compra un fungicida y se pulveriza. Y en la mitad de los casos no funciona, no porque el producto sea malo, sino porque estaba pensado para otro organismo distinto del que hay delante. Identificar la enfermedad antes de tratar no es un refinamiento de laboratorio: es la diferencia entre curar la planta y perder tres semanas mientras la infección avanza.

Esta guía va en ese orden: primero reconocer, después tratar y por último evitar que vuelva, que es lo único que resuelve el problema de verdad.

Identificar la enfermedad antes de comprar nada

Oídio. Polvillo blanco o gris ceniza, harinoso, que se puede quitar pasando el dedo. Aparece sobre todo en el haz de la hoja, en brotes tiernos y en botones florales. Lo causan hongos de la familia Erysiphaceae, distintos según el huésped: Podosphaera pannosa en el rosal, Erysiphe necator en la vid, Podosphaera xanthii en calabacín y pepino. Prospera con humedad ambiental alta pero hoja seca, y con temperaturas de 18 a 26 °C. Es típico de mayo-junio y de septiembre-octubre.

Mildiu. Manchas amarillentas o de aspecto aceitoso vistas desde arriba, y en el envés, justo debajo de la mancha, un fieltro grisáceo o violáceo. Lo causan oomicetos: Plasmopara viticola en vid, Peronospora en cebolla o espinaca, Pseudoperonospora cubensis en cucurbitáceas, Phytophthora infestans en tomate y patata. Necesita agua líquida sobre la hoja durante varias horas y temperaturas suaves. Avanza a velocidad de vértigo en primaveras lluviosas.

Roya. Pústulas pulverulentas anaranjadas, marrones o casi negras que rompen la epidermis, generalmente en el envés. Manchan los dedos. Frecuente en rosal, geranio, judía, puerro y ciruelo.

Manchas foliares por hongos imperfectos. Manchas definidas, con borde marcado y a menudo halo amarillo: Septoria (puntos pequeños con centro gris y puntitos negros), Alternaria (manchas concéntricas en diana), antracnosis por Colletotrichum (manchas hundidas y oscuras), moteado del manzano por Venturia inaequalis, repilo del olivo por Venturia oleaginea. Casi todas se propagan por salpicadura desde el suelo o desde hojas caídas.

Botritis (Botrytis cinerea). Moho gris afelpado sobre tejido blando o herido, con las hojas y flores pudriéndose en húmedo. Es el hongo de los invernaderos mal ventilados y de las plantas de interior demasiado regadas.

Negrilla o fumagina. Costra negra pegada al haz que se desprende en láminas. Y aquí está el error más repetido de todos: la negrilla no ataca a la planta. Es un hongo saprófito que crece sobre la melaza azucarada que excretan pulgones, cochinillas, mosca blanca o psílidos. Pulverizar fungicida contra la negrilla es tirar el dinero. Se elimina el insecto con jabón potásico o un insecticida adecuado, se lava la hoja con agua jabonosa y la costra desaparece sola.

Hoja afectada por mildiu con manchas aceitosas y fieltro grisáceo en el envés

Oídio y mildiu no son lo mismo, y no se tratan igual

Merece un apartado propio porque es donde se equivoca casi todo el mundo. El mildiu no es un hongo verdadero: los oomicetos pertenecen a otro reino, tienen la pared celular de celulosa en vez de quitina y su bioquímica es distinta. Consecuencia práctica inmediata: el azufre no sirve contra el mildiu, y el cobre es mediocre contra el oídio. Los fungicidas sistémicos también se reparten: los triazoles actúan sobre hongos verdaderos y no sobre oomicetos, mientras que el fosetil-Al o el metalaxil hacen justo lo contrario.

Hay una segunda consecuencia menos conocida y muy útil. El oídio germina mal sobre una hoja mojada; el agua líquida arrastra e hidrata en exceso sus conidios. El mildiu, en cambio, necesita esa película de agua para germinar. Por eso mojar el follaje puede reducir el oídio y disparar el mildiu. La recomendación general de "no mojes nunca las hojas" es correcta como norma de jardinería, pero por el mildiu, la botritis y las manchas foliares, no por el oídio.

Qué hacer nada más detectar el foco

Antes de cualquier producto, tres acciones que valen más que el propio tratamiento:

Retirar el tejido afectado. Corta hojas y brotes enfermos y sácalos del jardín. No los eches al compost doméstico: no alcanza la temperatura necesaria para inactivar las esporas. En una planta muy invadida no elimines más de un tercio del follaje de golpe.

Aislar y airear. Separa la planta afectada de las vecinas si está en maceta, aclara las ramas del interior para que circule el aire y quita las hojas que tocan el suelo.

Cortar el riego por aspersión y pasar a riego al pie, por goteo o con regadera dirigida a la tierra. Riega por la mañana, nunca al atardecer, para que la hoja llegue seca a la noche.

Y una expectativa realista: ningún fungicida repara una hoja ya dañada. Las manchas no se van. El tratamiento protege el tejido sano y frena la expansión. El éxito se mide mirando los brotes nuevos, no las hojas viejas.

Tratamientos ecológicos y caseros que sí tienen fundamento

Azufre mojable. El tratamiento clásico contra el oídio y el más eficaz de los autorizados en ecológico. Dosis habitual de 2 a 4 g por litro de agua, pulverizando a fondo haz y envés. Tres reglas que no conviene saltarse: no aplicar con más de 28-30 °C ni con la planta a pleno sol, porque quema la hoja; dejar al menos 21 días entre un tratamiento con aceite de verano y uno con azufre en cualquier orden; y evitarlo en cucurbitáceas de variedades sensibles y en algunas rosáceas, que se defolian con él. También tiene acción acaricida secundaria, lo que a veces resuelve dos problemas a la vez.

Bicarbonato potásico. Es la mejor opción casera contra el oídio y, a diferencia del bicarbonato sódico que circula por todas partes, está registrado como fitosanitario y no aporta sodio al suelo, que a la larga degrada la estructura del sustrato. Dosis de 5 a 10 g por litro, con unas gotas de jabón potásico como mojante para que la solución no resbale por la hoja. Sube el pH de la superficie foliar y revienta las hifas del hongo por ósmosis, así que tiene cierto efecto de choque sobre el micelio ya instalado. Se repite cada 7-10 días. No mezclar con azufre en el mismo caldo.

Cobre. Oxicloruro de cobre, hidróxido de cobre o caldo bordelés. Es el producto de referencia contra mildiu, manchas foliares, antracnosis, repilo y moteado, y tiene además acción bactericida. Dosis orientativa de 3 a 5 g por litro según formulación, siguiendo siempre la etiqueta. Es estrictamente preventivo y de contacto: forma una barrera sobre la hoja, no penetra, y una lluvia fuerte lo lava. Aplicarlo cuando el mildiu ya ha explotado sirve de poco.

Tres precauciones con el cobre que suelen omitirse. Es fitotóxico en plena floración y sobre brotes muy tiernos, así que se usa en parada vegetativa, a la caída de la hoja y en brotación temprana. Es tóxico para la vida del suelo, lombrices y fauna acuática, y se acumula porque no se degrada; la normativa europea de producción ecológica limita su uso a una media de 4 kg de cobre metal por hectárea y año. Y hay plantas sensibles que no lo toleran bien, como algunas cucurbitáceas y ciertos frutales de hueso.

Aplicación de un tratamiento de cobre, autorizado en agricultura ecológica

Bacillus subtilis y Bacillus amyloliquefaciens. Fungicidas biológicos que colonizan la superficie de la hoja y compiten con el patógeno. Funcionan bien como preventivo continuado y son compatibles con plantas comestibles casi sin plazo de seguridad. No esperes de ellos un efecto de rescate.

Aceite de neem. Su acción fungicida es modesta y sobre todo preventiva frente al oídio. Es más un insecticida que un fungicida; útil como complemento, insuficiente como tratamiento único.

Cola de caballo (Equisetum arvense). El extracto, rico en sílice, refuerza la cutícula de la hoja y dificulta la penetración del hongo. Está reconocido en la UE como sustancia básica. Es un preventivo de fondo, aplicado cada 10-15 días durante la temporada de riesgo, no una cura.

Lo que no funciona. El purín de ortiga es un bioestimulante y un repelente de pulgón, no un fungicida. La canela, la ceniza y el ajo tienen efectos anecdóticos que no aguantan una presión real de infección. La leche diluida ha mostrado algún efecto contra el oídio en ensayos con calabacín, pero es irregular, exige repeticiones muy frecuentes y deja olor; existiendo el bicarbonato potásico, no hay motivo para usarla. Y la lejía no se pulveriza jamás sobre una planta.

Fungicidas de síntesis: cuándo y con qué cabeza

Cuando la infección está establecida y la planta tiene valor, hace falta un producto sistémico o penetrante, que se mueve dentro del tejido y alcanza al hongo instalado bajo la epidermis.

Para hongos verdaderos (oídio, roya, manchas foliares, moteado) se usan triazoles como difenoconazol, tebuconazol o miclobutanil, y estrobilurinas como azoxistrobina. Para oomicetos (mildiu) hay que ir a fosetil-Al, metalaxil-M, propamocarb o cimoxanilo, casi siempre combinados con un contacto.

Tres advertencias importantes:

Disponibilidad legal. En España, el usuario no profesional solo puede comprar y aplicar productos con la casilla de "jardinería exterior doméstica" o uso no profesional en su registro. Muchas materias activas de uso agrícola requieren carné de aplicador. Comprueba siempre la etiqueta y, si tienes dudas, el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura.

Resistencias. Oídio y mildiu generan resistencia con enorme rapidez, sobre todo a las estrobilurinas. Nunca hagas dos o tres tratamientos seguidos con el mismo producto: alterna materias activas de familias químicas distintas y no superes el número de aplicaciones por campaña que indica la etiqueta.

Plazo de seguridad. En hortalizas y frutales, respeta escrupulosamente los días que deben pasar entre la última aplicación y la recolección. Vienen en la etiqueta y no son orientativos.

Cómo aplicar para que el tratamiento sirva de algo

Un buen producto mal aplicado falla igual que uno malo. Moja el envés: es donde están el mildiu, la roya y buena parte del inóculo, y donde no llega el chorro dirigido desde arriba. Pulveriza a primera hora de la mañana o al caer la tarde, nunca con sol fuerte ni con más de 28 °C ni con viento. Prepara solo el caldo que vayas a gastar en el momento; el bicarbonato y el cobre pierden eficacia si se guardan preparados. Repite: un tratamiento aislado casi nunca resuelve nada; lo normal son 2 o 3 aplicaciones separadas 7-10 días. Y si acabas de aplicar y llueve en las horas siguientes, hay que repetir, porque los productos de contacto se lavan.

Prevención, que es donde de verdad se gana

Aire. Es el factor número uno. Plantas demasiado juntas, setos cerrados, macetas apiñadas o coronas de arbusto sin aclarar mantienen una humedad estancada donde germina cualquier espora. Una poda de aclareo que abra el centro de la planta hace más contra el oídio que dos fungicidas.

Riego al pie y por la mañana. Que las hojas no se mojen y, si se mojan, que se sequen antes de la noche. El goteo o la exudación son la mejor inversión sanitaria de un huerto.

Acolchado. Una capa de paja, corteza o compost maduro impide que la lluvia salpique tierra sobre las hojas bajas. Esa salpicadura es la vía de entrada principal de Septoria, Alternaria y antracnosis en tomateras y judías.

Cuidado con el nitrógeno. Abonar en exceso, o con abonos demasiado nitrogenados, produce brotes tiernos, acuosos y llenos de aminoácidos libres, que son exactamente lo que el oídio y la roya necesitan. Equilibra con potasio, que engrosa la pared celular.

Higiene de otoño. Recoge y elimina las hojas caídas de rosales, frutales y vid. Ahí es donde el moteado, el repilo, la roya y el mildiu pasan el invierno para reinfectar en primavera. Este solo gesto reduce la presión de la temporada siguiente de forma notable.

Variedades resistentes. Existen rosales, vides, calabacines y tomates con resistencia genética a oídio y mildiu. En un jardín con historial de problemas, elegir bien la variedad ahorra años de pulverizador.

Herramientas limpias. Desinfecta tijeras con alcohol al pasar de una planta enferma a otra sana, sobre todo con antracnosis y botritis.

Casos particulares que conviene conocer

Rosales. Sufren simultáneamente oídio, roya y mancha negra (Diplocarpon rosae). La mancha negra defolia la planta desde abajo. Se combate recogiendo la hoja caída, no mojando el follaje y aplicando cobre en parada invernal.

Plantas de interior. Rara vez tienen oídio o mildiu verdaderos. Lo que aparece suele ser botritis por exceso de riego y falta de ventilación, o negrilla por cochinilla. Corrige el riego y airea antes de pulverizar nada.

Céspedes. Las manchas circulares no se tratan igual; corresponden a hongos como Rhizoctonia o Sclerotinia y dependen mucho más de la altura de corte, del drenaje y del horario de riego que del fungicida.

Hortalizas de verano. El calabacín pierde las hojas viejas por oídio todos los agostos en casi toda España. No es una catástrofe: retira las más afectadas, trata las nuevas con bicarbonato potásico y la planta seguirá produciendo.

En resumen

Antes de tratar, mira la hoja y decide qué tienes. Polvo blanco por el haz que se quita con el dedo es oídio y se combate con azufre mojable o bicarbonato potásico. Manchas aceitosas por arriba y pelusa gris por el envés es mildiu, que no es un hongo verdadero y solo responde al cobre o a materias activas específicas para oomicetos. Costra negra pegajosa es negrilla, y se cura matando al pulgón o la cochinilla, no con fungicida.

Empieza siempre retirando el tejido enfermo, aireando la planta y pasando el riego al pie y a primera hora. Aplica mojando bien el envés, sin sol fuerte, y repite dos o tres veces cada 7-10 días. Si recurres a un sistémico, usa solo productos autorizados para jardinería doméstica, alterna familias químicas para no generar resistencias y respeta el plazo de seguridad en lo que vayas a comer.

Y ten claro que las manchas existentes no desaparecen. El objetivo es que el brote nuevo salga limpio. A partir de ahí, la batalla se gana con espaciado, ventilación, riego al pie, acolchado, nitrógeno contenido y una recogida de hojas caídas en otoño hecha a conciencia.


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