Una hembra de pulgón instalada en un salón a 22 grados no pone huevos: pare crías vivas, tres o cuatro al día, y esas crías empiezan a parir a los diez días de nacer. Ese dato explica por qué una planta que el lunes tenía cuatro bichos amanece el domingo con los brotes forrados, y por qué un solo tratamiento nunca resuelve el problema.

Dentro de casa el pulgón juega con ventaja añadida. No hay invierno que corte el ciclo, no hay lluvia que arrastre las colonias, no hay mariquitas ni crisopas que se las coman y hay riego y abono constantes que mantienen los brotes tiernos todo el año. La plaga, si se le deja, no se va sola.

Asegúrate de que es pulgón

Antes de tratar, identifica. Los pulgones (familia Aphididae) son insectos de 1 a 3 mm, con el cuerpo en forma de pera y patas largas y finas. El rasgo que no falla son los sifones o cornículos: dos tubitos que sobresalen hacia atrás en el extremo del abdomen, como dos tubos de escape. Ninguna otra plaga doméstica los tiene.

Se mueven despacio cuando los molestas, pero se mueven. Están apiñados en el envés de las hojas jóvenes, en los brotes terminales y en los pedúnculos florales, que es donde la savia es más rica en aminoácidos. Puedes encontrar ejemplares verdes, negros, amarillos, rosados o casi transparentes: el color no identifica la especie ni cambia el tratamiento.

Dentro de casa las más frecuentes son Myzus persicae, el pulgón verde, extraordinariamente polífago y el que más aparece en plantas de interior, aromáticas de ventana y esquejes; Aphis gossypii, más pequeño y oscuro, típico de hibiscos y plantas de flor; y Macrosiphum euphorbiae, grande y de patas largas, en plantas de hoja ancha.

Confusiones habituales que conviene descartar. La mosca blanca revolotea en nube al agitar la planta; el pulgón no. La cochinilla algodonosa está inmóvil, protegida por una cera blanca lanosa, y no tiene sifones. La araña roja es mucho más pequeña, deja telarañas finísimas y punteado plateado en el haz. Y esas motitas blancas que ves entre la colonia no son otra plaga: son las exuvias, las mudas que los pulgones van dejando al crecer.

Colonia de pulgones apiñada en un brote tierno

De dónde ha salido si la planta vive dentro

Casi siempre entra con algo. La vía principal es una planta nueva del vivero o del centro de jardinería, con dos o tres individuos escondidos en un brote que nadie miró. También llegan con ramos de flor cortada, con esquejes regalados por un vecino y con plantas que veranean en la terraza y se meten en casa en otoño.

La segunda vía son las formas aladas. Cuando una colonia se satura, empieza a producir individuos con alas cuya función es colonizar plantas nuevas. En primavera hay aladas volando por el aire y basta una ventana abierta para que aterricen en el ficus del salón. Por eso una plaga puede aparecer en marzo o abril sin que hayas comprado nada.

Lo que no es fuente de pulgón es el sustrato de saco. Si ves bichos saltando en la tierra al regar son colémbolos o esciáridos, no pulgones, y ni el tratamiento ni la urgencia son los mismos.

Qué daño hacen realmente

Chupan savia del floema con un estilete, y el efecto directo es deformación del crecimiento: hojas nuevas abarquilladas, encrespadas o arrugadas, brotes torcidos, entrenudos acortados y botones florales que se caen sin abrir. Una hoja ya deformada no se endereza aunque elimines la plaga; lo que sale después sí saldrá normal.

El daño indirecto es a veces peor. Excretan melaza, un líquido azucarado que deja las hojas pegajosas y también el suelo, el mueble y las hojas de la planta de al lado. Sobre esa melaza se instala la negrilla o fumagina, un hongo saprófito que forma una capa negra aterciopelada. La negrilla no penetra en el tejido, pero tapa los estomas y bloquea la luz, y en una planta de interior, que ya vive con menos luz de la que querría, eso frena el crecimiento de forma seria.

Hay un tercer daño menos visible: Myzus persicae es vector de decenas de virus vegetales. En una colección de plantas de interior importa poco, pero si tienes aromáticas, pimientos en la ventana o plantas madre de las que sacas esquejes, un pulgón que va saltando de maceta en maceta puede repartir virosis que no tienen cura.

Primero: aislar y bajar la población a mano

Separa la planta afectada del resto en cuanto la detectes y revisa una por una las vecinas, envés incluido. Este paso, que suena obvio, es el que evita tener que tratar diez macetas dentro de un mes.

Después, reducción mecánica antes de pulverizar nada:

Ducha de agua. Lleva la planta al baño o a la pila, tapa la superficie del sustrato con una bolsa o film para que no se encharque y dale un chorro de agua templada a presión moderada, insistiendo en el envés y en los brotes. Arrastras de golpe el 70 u 80 % de la colonia, y los pulgones desprendidos rara vez vuelven a subir. En plantas de hoja delicada o pilosa, hazlo con una esponja o un algodón en vez de con el chorro.

Poda de los brotes tomados. Si un brote terminal está literalmente forrado y ya deformado, córtalo y tíralo a la basura, no al compost de la terraza. Ese brote ya no iba a dar nada bueno y estás retirando cientos de individuos de una tijeretada.

Jabón potásico, que es el tratamiento de fondo

El jabón potásico es la herramienta principal en interior: barato, sin plazo de seguridad, sin olor agresivo y eficaz. Actúa por contacto disolviendo la capa cerosa que recubre al insecto, que muere por deshidratación. No es sistémico y no deja residuo activo, y de ahí se derivan todas las reglas de uso.

  • Dosis: según el producto, entre 10 y 20 ml de jabón potásico concentrado por litro de agua. Subir la dosis no mejora el resultado y sí quema hojas.
  • Mojar de verdad. Como mata solo lo que toca, hay que empapar el envés, las axilas y los brotes hasta que chorree. Un pulverizado por encima del haz no sirve de nada.
  • Repetir. Tres aplicaciones separadas 5 a 7 días. La segunda mata a las ninfas que estaban naciendo cuando aplicaste la primera; la tercera cierra el ciclo. Una sola pasada da una mejoría de dos días y luego rebrote.
  • Momento. Al anochecer o con la planta apartada de la ventana, nunca con sol directo sobre la hoja mojada.
  • Prueba previa en dos o tres hojas 48 horas antes si la planta es de las sensibles: helechos, Saintpaulia y otras de hoja pilosa, y crasas con pruina. En estas conviene aplicar con pincel o algodón, localizado.

Aquí hay que corregir una creencia muy extendida: el lavavajillas no es jabón potásico. Los detergentes de cocina son tensioactivos sintéticos formulados para grasa de vajilla, no para cutícula vegetal; disuelven las ceras protectoras de la hoja y provocan quemaduras y caída de hojas, con eficacia insecticida irregular. Que "a mi abuela le funcionaba" no lo convierte en buena idea cuando el jabón potásico cuesta unos pocos euros el litro y dura años.

Aceite de neem como refuerzo

El aceite de neem (Azadirachta indica), cuyo principio activo es la azadiractina, funciona de otra manera: es repelente, corta la alimentación y actúa como regulador del crecimiento, impidiendo que las ninfas completen sus mudas. No mata en el acto, y por eso decepciona a quien espera ver la colonia caer en una hora.

Su virtud es que alarga el efecto del jabón. La combinación práctica es mezclar el neem con jabón potásico en el mismo caldo: el jabón mata por contacto y además emulsiona el aceite, que de otro modo no se dispersa en agua. Sigue la dosis del envase, que en los concentrados domésticos suele rondar los 3-5 ml por litro, y prepara el caldo justo antes de aplicarlo, porque pierde actividad en pocas horas.

Los aceites de parafina o aceites de verano también asfixian pulgón con eficacia, pero son más fitotóxicos si hay calor y no los recomiendo como primera opción dentro de casa.

Insecticidas: cuándo tienen sentido

Antes de comprar nada, un aviso que importa más de lo que parece: gran parte de los insecticidas de jardinería doméstica que se venden en España están autorizados únicamente para uso en exterior. Lee la etiqueta. Si dice uso exterior, aplícalo en el balcón o la terraza y devuelve la planta al interior cuando haya secado. Pulverizar un fitosanitario en un dormitorio o en una cocina cerrada no es una imprudencia menor, sobre todo con niños, embarazadas o gatos en casa.

Dicho eso, las piretrinas naturales son la opción razonable cuando la infestación se ha ido de las manos: derriban la población en horas. Su contrapartida es que no dejan residual, degradándose con la luz en poco tiempo, así que no evitan la reinfestación. Sirven para el golpe inicial; el trabajo de fondo lo tienen que hacer el jabón y las revisiones.

Los productos sistémicos, en granulado o en spray, son eficaces porque el insecticida circula por la savia y alcanza al pulgón esté donde esté. Reserva esa opción para casos rebeldes y comprueba siempre que el producto esté inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios y admita el cultivo y la ubicación en que lo vas a usar. No los uses en aromáticas ni en nada que vaya a acabar en un plato.

Remedios caseros: qué se puede esperar de ellos

Los preparados de ajo, cebolla y guindilla circulan por todas partes como solución definitiva. Conviene ser honesto: tienen efecto repelente, no insecticida. Los compuestos azufrados de ajo y cebolla molestan al pulgón y pueden retrasar la colonización de una planta sana, pero no acaban con una colonia establecida y su concentración en una infusión casera es tan variable que dos preparaciones seguidas no dan el mismo resultado.

Cebollas usadas para preparar una infusión repelente casera

Añade que dentro de casa el olor de un macerado de ajo o de un purín de ortiga es difícil de tolerar durante días. El purín de ortiga, además, es sobre todo un fertilizante nitrogenado: usado a lo bruto engorda la planta y le pone los brotes más apetecibles todavía.

Si aun así quieres probarlo, úsalo como complemento entre aplicaciones de jabón y no como sustituto. Y descarta directamente la idea de aplicar alcohol puro sobre las hojas: quema el tejido. El alcohol de 70º va bien con un bastoncillo sobre cochinillas, no rociado sobre una planta entera.

Depredadores dentro de casa

El control biológico funciona muy bien contra pulgón, pero hay que entender dónde aplicarlo. En un piso con cuatro macetas, soltar mariquitas es tirar el dinero: los adultos de Coccinella septempunctata vuelan hacia la ventana y se van. Lo que se come el pulgón es la larva, no el adulto, así que si se compran, se compran en fase larvaria.

En una galería, un invernadero doméstico o una terraza acristalada la cosa cambia y sí tiene sentido. Las opciones que mejor rinden son las larvas de Chrysoperla carnea, muy voraces, y el parasitoide Aphidius colemani, que pone su huevo dentro del pulgón y lo deja convertido en una momia dorada e hinchada pegada a la hoja; esas momias no se limpian, porque de ellas saldrá la siguiente generación de parasitoides. Ojo: A. colemani parasita bien Myzus persicae y Aphis gossypii, pero no las especies grandes como Macrosiphum euphorbiae, para las que se usa Aphidius ervi.

La condición innegociable es que no haya restos de insecticida. Si has aplicado piretrinas, deja pasar al menos una semana antes de soltar fauna auxiliar, o los matarás a ellos también.

Las trampas cromáticas amarillas merecen una mención aparte: capturan las formas aladas y te avisan de que hay vuelo, pero no controlan la plaga. Son un instrumento de vigilancia, no un tratamiento.

Que no vuelva

Cuarentena de toda planta nueva. Dos o tres semanas apartada del resto, con una revisión del envés cada pocos días. Es la medida que más plagas ahorra y la que menos gente aplica.

Modera el nitrógeno. Un abonado excesivo o demasiado frecuente produce tejidos blandos, ricos en aminoácidos libres, que son exactamente lo que el pulgón busca. Una planta sobrealimentada se infesta antes y peor que una equilibrada. Si tienes recaídas constantes en la misma maceta, mira el bote de abono antes que el insecticida.

Revisa el envés cada semana mientras riegas, sobre todo entre marzo y junio y otra vez en septiembre, que son los picos de vuelo. Detectados en la primera semana, veinte pulgones se quitan con un algodón y agua jabonosa en cinco minutos.

Limpia la melaza aunque hayas acabado con la plaga. Pasa un paño húmedo por las hojas pegajosas para retirar el azúcar y evitar que se instale la negrilla. Si la negrilla ya está, se va con agua tibia y una gota de jabón potásico y algo de paciencia; la mancha no vuelve si no hay más melaza.

En resumen

Confirma que son pulgones buscando los dos sifones del abdomen, aísla la planta, baja la población con una ducha de agua y podando los brotes deformados, y trata con jabón potásico bien mojado por el envés, tres veces cada cinco o siete días, reforzado con aceite de neem si quieres alargar el efecto. Los insecticidas quedan para casos desbordados, leyendo la etiqueta y aplicando fuera de la vivienda.

Y ten claro que el problema no acaba con la última pulverización: acaba cuando pones en cuarentena lo que entra en casa, bajas el abonado nitrogenado y miras el envés de las hojas cada semana. Con reproducción sin machos y sin invierno que la frene, contra el pulgón de interior gana la constancia, no el producto.


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