Las garrapatas no saltan, no vuelan y no se dejan caer desde los árboles. Se encaraman a la punta de una hierba alta o a la rama baja de un arbusto, extienden el primer par de patas y esperan, a veces durante semanas, a que algo de sangre caliente las roce. Ese comportamiento, que los acarólogos llaman questing, explica por qué la herramienta más eficaz contra ellas en un jardín no es un insecticida: es un cortacésped.

Con las pulgas pasa algo parecido. Lo que ves saltando sobre el perro es apenas el 5 % de la población; el otro 95 % son huevos, larvas y pupas repartidos por la tierra, la arena, la hojarasca y la caseta. Si atacas solo lo visible, en dos semanas vuelves a empezar. Controlar ambos parásitos en el exterior consiste, en el fondo, en hacer que el jardín deje de ser un sitio cómodo donde completar su ciclo.

Garrapata sobre una hoja a la espera de un hospedador

Con quién estás tratando exactamente

Saber qué especie tienes cambia por completo la estrategia, porque sus exigencias ambientales son opuestas.

La pulga que aparece en el 95 % de los casos, tanto en gatos como en perros, es Ctenocephalides felis, la pulga del gato. La hembra pone los huevos sobre el animal, pero estos son lisos y se desprenden enseguida: caen donde el animal duerme, se rasca o se revuelca. Las larvas que nacen huyen de la luz, se entierran unos centímetros y se alimentan de la "tierra de pulga", que no es tierra sino excrementos de pulga adulta cargados de sangre seca. Necesitan sombra y una humedad relativa por encima del 50 %. En un suelo soleado y seco de agosto, la larva muere en horas. Bajo una tarima de madera, en una zona de mantillo húmedo o dentro de la caseta del perro, prospera sin problemas. La pupa, además, es un envoltorio pegajoso resistente a insecticidas que puede esperar meses hasta detectar vibraciones y calor.

Entre las garrapatas, la dominante en España es Rhipicephalus sanguineus, la garrapata marrón del perro. Es la excepción del grupo: tolera bien la sequedad y es la única capaz de establecerse dentro de las viviendas y en muros, grietas de mampostería, casetas y perreras, donde se refugia entre comida y comida. Transmite babesiosis y ehrlichiosis canina, y también la fiebre botonosa mediterránea (Rickettsia conorii) al ser humano. En la mitad norte húmeda, sobre todo en robledales y hayedos de la cornisa cantábrica y el Pirineo, aparece Ixodes ricinus, que exige más del 80 % de humedad relativa, vive en la capa de hojarasca y es la transmisora de la enfermedad de Lyme. En dehesas y zonas de matorral con ganado, jabalí o ciervo cerca vive Hyalomma, una garrapata grande, de patas anilladas, que sí busca activamente al hospedador caminando decenas de metros hacia él y que en España se ha relacionado con casos de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

Estacionalmente, en clima peninsular la actividad arranca en marzo o abril, alcanza el máximo entre junio y septiembre y decae con los primeros fríos. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias, con inviernos suaves, Rhipicephalus puede mantenerse activo todo el año, y las pulgas dentro de casa ni siquiera notan la estación gracias a la calefacción.

Abre el jardín al sol y al aire

Este es el trabajo que más rinde y no cuesta dinero. Tanto las larvas de pulga como las garrapatas dependen de un microclima húmedo y sombrío a nivel del suelo. Quitárselo reduce las poblaciones muchísimo más que cualquier pulverización.

  • Siega corta y frecuente. Mantén el césped por debajo de 8 cm en las zonas de paso y estancia. La hierba corta se seca antes y deja a las garrapatas sin percha desde la que esperar.
  • Retira la hojarasca acumulada bajo setos, en los bordes de los muros y en los rincones donde nadie mira. Es el hábitat principal de Ixodes y el refugio de las larvas de pulga.
  • Aclara los arbustos densos por la base y levanta las ramas bajas para que entre luz. Un seto que llega hasta el suelo con follaje cerrado es un depósito permanente de humedad.
  • Crea una franja seca de separación de al menos un metro, con grava, corteza o simple tierra desnuda, entre la zona de césped o de juego y el lindero con monte, matorral o solar sin cuidar. Las garrapatas cruzan mal una superficie caliente y seca.
  • Coloca las zonas sensibles al sol. El arenero de los niños, la zona de tumbonas y el sitio donde el perro se echa deberían estar en la parte más soleada y ventilada, no bajo la sombra fresca de un árbol.
  • Elimina refugios de roedores. Montones de leña pegados al muro, restos de poda, chatarra o comederos de aves que dejan grano por el suelo mantienen ratones que actúan de hospedadores de las fases inmaduras. Apila la leña levantada del suelo y al sol.
  • No riegues de más. Un programa de riego que deja el suelo encharcado a diario mantiene exactamente la humedad que las larvas necesitan.
  • Cierra el paso a la fauna mayor. Si hay jabalíes, corzos o ganado en el entorno, un vallado que impida su entrada corta la vía por la que llegan hembras repletas de huevos.
Jardín soleado con césped corto y arbustos aclarados

Los aliados que ya viven en el jardín

Ningún depredador va a erradicar por sí solo una plaga, pero un jardín con fauna variada mantiene las poblaciones bajas de forma continua y gratuita. Comen garrapatas y pulgas en sus distintas fases los escarabajos carábidos, las hormigas, las arañas, las avispas parasitoides del género Ixodiphagus, las musarañas, las lagartijas y buena parte de las aves insectívoras, mirlos y currucas incluidos. Las gallinas camperas, donde sea viable tenerlas, rebajan de forma apreciable las garrapatas de una parcela mientras escarban.

Para que estén ahí hacen falta setos con especies autóctonas, un punto de agua, algún montón de piedras y, sobre todo, renunciar a los insecticidas de amplio espectro. Un tratamiento general con piretroides mata carábidos, arañas, abejas y mariposas durante semanas; las pulgas y garrapatas, con ciclos cortos y fases resistentes bajo tierra, se recuperan mucho antes que sus enemigos naturales. El resultado neto suele ser peor que no hacer nada.

Hay dos herramientas biológicas concretas que sí merece la pena conocer:

Nematodos entomopatógenos. Steinernema carpocapsae se aplica disuelto en agua con una regadera o pulverizador sin filtro fino, y parasita las larvas de pulga en el suelo. Para que funcione hay condiciones que no se pueden saltar: temperatura del suelo por encima de 12-14 °C, aplicación al atardecer o en día nublado (la luz ultravioleta los mata) y suelo húmedo antes y después del tratamiento. Se dirige a las zonas de sombra donde duerme el animal, no a todo el jardín.

Hongos entomopatógenos. Metarhizium anisopliae y Beauveria bassiana tienen actividad demostrada sobre garrapatas y se emplean en tratamientos localizados de bordes y linderos. Necesitan humedad para germinar, así que rinden mucho más en primavera y otoño que en pleno julio.

Qué hacer si la infestación ya está instalada

Aquí conviene ser claro: el jardín casi nunca es el foco principal. El foco es el animal y el sitio donde duerme. Se puede tratar el exterior cinco veces seguidas que, mientras el perro o el gato sigan sin desparasitar, la reinfestación es cuestión de días. El orden correcto es este.

Primero, la mascota. Con el veterinario, y con producto veterinario registrado, no con remedios caseros. Hoy se emplean isoxazolinas orales (fluralaner, afoxolaner, sarolaner), collares de larga duración con deltametrina o con imidacloprid y flumetrina, y pipetas. Ten en cuenta que en muchas poblaciones españolas de pulga hay resistencia documentada al fipronilo, así que si un producto de siempre ha dejado de funcionar no es que lo estés aplicando mal. Importante: si hay pulgas, hay que desparasitar también internamente, porque la pulga es el hospedador intermediario de la tenia Dipylidium caninum.

Segundo, el punto de descanso. Lava las camas, mantas y cojines a 60 °C semanalmente durante un mes. Aspira a fondo suelos, alfombras, juntas del parqué y bajo los muebles cada dos o tres días; la vibración del aspirador provoca además la emergencia de las pupas, que es justo lo que interesa para que salgan y queden expuestas. Tira la bolsa fuera de casa. La caseta del perro se friega, se seca al sol y se le cambia el lecho por completo.

Tercero, el tratamiento localizado del exterior. Solo entonces, y solo en las zonas concretas donde se concentra el problema: perímetro de la caseta, franja de un metro junto al lindero con monte, grietas del muro donde se refugia Rhipicephalus. En España, un particular únicamente puede usar biocidas autorizados para uso doméstico e inscritos en el registro del Ministerio de Sanidad; los productos profesionales requieren aplicador con carné y empresa inscrita en el registro oficial (ROESB/ROESP). Si el jardín es grande o hay reinfestación repetida, contratar una empresa registrada sale mejor que improvisar.

Si aun así vas a pulverizar, aplica al atardecer, nunca sobre plantas en flor, nunca cerca de estanques o arroyos y jamás en un jardín con gatos: la permetrina y otros piretroides son gravemente tóxicos para los felinos, que carecen de la vía metabólica para eliminarlos. Se han producido intoxicaciones mortales solo por contacto del gato con un perro recién tratado.

Sobre la tierra de diatomeas, muy recomendada en foros: su efecto es abrasivo y mecánico, funciona razonablemente en superficies secas y protegidas, y pierde toda eficacia en cuanto se moja con el riego o la lluvia. En un jardín al aire libre su rendimiento es mediocre. Usa la variedad de uso alimentario, aplícala con mascarilla porque el polvo irrita las vías respiratorias, y no la espolvorees sobre flores abiertas, porque también mata abejas.

Cómo retirar una garrapata y qué vigilar después

La técnica correcta importa, porque hacerlo mal aumenta el riesgo de transmisión. Usa pinzas de punta fina o un gancho específico, agarra el parásito lo más pegado posible a la piel y tira de forma firme, constante y perpendicular, sin retorcerlo ni tirar a sacudidas. Después desinfecta la zona y lávate las manos.

Lo que no se debe hacer: quemarla con un cigarrillo o una cerilla, ahogarla en alcohol, aceite, vaselina o esmalte de uñas, ni aplastarla mientras está clavada. Todo eso la estresa y provoca que regurgite el contenido del intestino en la herida, que es precisamente donde están los patógenos. Si la cabeza queda dentro, no hurgues: se trata como una astilla y suele expulsarse sola.

Anota la fecha. Durante el mes siguiente vigila la aparición de una mancha roja que se expande en anillo alrededor de la picadura (el eritema migratorio de la borreliosis), de una costra negra en el punto de la picadura, o de fiebre, dolor articular y malestar general. Cualquiera de esos signos justifica acudir al médico indicando que hubo picadura de garrapata y cuándo. Cuanto antes se trate, mejor pronóstico.

Lo que no funciona

Merece la pena decirlo para ahorrar tiempo y dinero. Los collares y dispositivos de ultrasonidos no repelen ni pulgas ni garrapatas; se ha comprobado repetidamente. El ajo y la levadura de cerveza en la comida del animal no reducen las infestaciones y, en el caso del ajo, en dosis altas es tóxico para perros y gatos. Plantar lavanda, romero o citronela hace un jardín más agradable, pero no crea ninguna barrera repelente: una planta en el suelo no emite nada parecido a la concentración de aceite esencial que haría falta. Y los aceites esenciales aplicados directamente sobre la mascota, especialmente el de árbol de té, provocan intoxicaciones con cierta frecuencia.

En resumen

Pulgas y garrapatas se combaten quitándoles el ambiente que necesitan, no rociando el jardín entero. Siega corta, hojarasca fuera, arbustos aclarados por abajo, una franja seca frente al lindero y las zonas de estancia al sol resuelven la mayor parte del problema, porque tanto las larvas de pulga como las garrapatas mueren en el suelo seco y soleado. A partir de ahí, fauna auxiliar en el jardín, nematodos o hongos entomopatógenos en los focos húmedos concretos y, si hace falta químico, solo en tratamiento localizado y con especial cuidado si hay gatos. Nada de esto sirve si la mascota no está desparasitada: ese es siempre el primer paso y no el último. Y ante una picadura, pinzas finas, tracción firme y un mes de vigilancia.


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