Ningún fungicida arregla un riego mal hecho. Es la frase que conviene tener presente antes de comprar nada, porque en interiores el hongo casi nunca es la causa del problema: es el síntoma de un exceso de agua, de un sustrato que no drena o de una habitación sin ventilar. Si tratas y no cambias las condiciones, el hongo vuelve en tres semanas.
Dicho eso, hay tratamientos que funcionan y otros que no, y hay hongos que exigen actuar el mismo día y otros que ni siquiera merece la pena tocar. La diferencia está en saber qué tienes delante.
Primero identifica: no todo lo blanco es lo mismo
Quien trata a ciegas suele elegir el producto equivocado, y la planta se pierde mientras tanto. Estos son los cuadros que aparecen de verdad en una casa:
Oídio (Erysiphe, Podosphaera, Golovinomyces). Un polvo blanco harinoso sobre el haz de la hoja, seco al tacto, que se quita frotando con el dedo y vuelve a salir. Es el más frecuente en interior. Su particularidad, y esto sorprende a mucha gente, es que no necesita hoja mojada para germinar: le basta con humedad ambiental alta, aire quieto y 18-25 °C. Por eso aparece en otoño en casas cerradas. Afecta sobre todo a begonias, kalanchoes, hiedras, Hydrangea y rosales en maceta.
Botritis o moho gris (Botrytis cinerea). Un fieltro gris ceniza, aterciopelado, sobre flores marchitas, hojas viejas o tejidos blandos, con la zona afectada empapada y marrón por debajo. Entra por heridas y por pétalos caídos, y necesita humedad superior al 90 % con poca ventilación y 15-20 °C. Es la ruina de ciclámenes, violetas africanas (Saintpaulia), begonias y orquídeas en flor.
Mildiu (Peronospora, Plasmopara). Manchas amarillentas o angulosas en el haz, delimitadas por los nervios de la hoja, y en el envés una pelusilla grisácea o violácea. Es típico de Impatiens, que puede quedar defoliada en una semana. Ojo con un detalle técnico que cambia el tratamiento: el mildiu no lo causa un hongo verdadero, sino un oomiceto, y por eso los fungicidas clásicos contra oídio no le hacen nada.
Roya (Puccinia). Pústulas pulverulentas de color naranja o pardo rojizo en el envés, con puntos amarillos correspondientes en el haz. El caso doméstico por excelencia es la roya del geranio, Puccinia pelargonii-zonalis, y también aparece en fucsias.
Manchas foliares (Alternaria, Colletotrichum, Cercospora). Manchas pardas redondeadas, a veces con anillos concéntricos y casi siempre con un halo amarillo alrededor. Se extienden cuando se moja el follaje y las hojas tardan en secar.
Podredumbre de raíz y cuello (Pythium, Phytophthora, también oomicetos). La más letal y la peor diagnosticada. La planta se marchita, cuelga las hojas y parece sedienta, pero el sustrato está mojado. Si tiras del tallo, la base cede blanda y marrón; si sacas el cepellón, las raíces están oscuras y su corteza se desprende con los dedos dejando un hilillo central. Cuando llegas a este punto, el fungicida foliar no sirve de nada.
Negrilla o fumagina. Un hollín negro que se limpia con un paño húmedo. No parasita la planta: vive sobre la melaza que segregan pulgones y cochinillas. Tratar el hongo aquí es perder el tiempo; hay que eliminar el insecto y la negrilla desaparece sola.
El moho blanco del sustrato no es una enfermedad
Merece párrafo propio porque genera más consultas que cualquier otra cosa. Esa telaraña blanca y algodonosa que aparece en la superficie de la tierra, sobre todo en sustratos con mucha turba o fibra de coco recién comprados, es un hongo saprófito: se alimenta de materia orgánica en descomposición y no ataca a la planta. No la mata, no le hace nada, no hay que fumigar.
Lo que sí te está diciendo es que hay exceso de humedad constante y falta de aire. Retira con una cuchara el centímetro superior de sustrato, deja secar más entre riegos, quita el plato con agua y ventila. Reaparecerá si no corriges esas tres cosas.
Una advertencia de identificación: si esa masa algodonosa está en las axilas de las hojas o en el envés y no en la tierra, y al aplastarla mancha de naranja, no es un hongo, es cochinilla algodonosa (Planococcus citri), un insecto que se trata con jabón potásico o aceite de neem. Son problemas distintos con soluciones distintas.
Qué hacer el primer día
Antes de aplicar producto alguno, este protocolo resuelve buena parte de los casos leves y multiplica la eficacia de cualquier tratamiento posterior:
Aísla la planta. Sácala del grupo y llévala a otra habitación. Las esporas viajan por el aire y en la regadera.
Retira lo afectado con tijera limpia. Corta hojas y flores enfermas por su base y desinfecta la hoja de la tijera entre corte y corte con alcohol de 70º. En oídio y botritis, eliminar el tejido visible reduce de golpe la carga de inóculo.
Tira ese material a la basura, no al compost casero. Un compost doméstico no alcanza la temperatura necesaria para inactivar esporas.
Vacía el plato y sube la ventilación. Diez minutos de ventana abierta al día en invierno cambian el microclima más de lo que parece. Si puedes, añade un ventilador a baja velocidad apuntando al espacio, no a la planta.
Deja de mojar las hojas. En interior, pulverizar agua sobre el follaje para "dar humedad" es contraproducente cuando hay hongos: la gota se queda horas sobre la hoja y eso es justo lo que necesitan botritis, mildiu y las manchas foliares para germinar.
Tratamientos que funcionan
Bicarbonato potásico, 5 g por litro con unas gotas de jabón potásico como mojante. Es el remedio casero con respaldo real: está registrado como fungicida y actúa alterando el pH de la superficie foliar. Va bien contra oídio incipiente, pulverizando haz y envés cada 7-10 días. El bicarbonato sódico de cocina hace algo parecido pero deja sodio en el sustrato, así que si puedes elegir, elige el potásico.
Azufre mojable para oídio y ácaros. Muy eficaz y barato, con tres condiciones: no aplicarlo por encima de 28-30 °C porque quema el follaje, no usarlo en especies sensibles (cucurbitáceas y bastantes suculentas) y dejar al menos tres semanas de separación con cualquier tratamiento a base de aceite. Huele bastante, así que aplícalo en el balcón o en la terraza.
Cobre (oxicloruro, hidróxido, caldo bordelés) para mildiu, roya, manchas foliares y chancros. Es preventivo y de contacto: forma una película sobre la hoja e impide la germinación de la espora, pero no cura lo que ya está dentro del tejido. Mancha de azul, no debe usarse en plena floración de plantas sensibles y conviene no abusar, porque el cobre se acumula en el sustrato. Aplícalo siempre fuera de casa.
Fungicidas sistémicos. Cuando la infección está establecida, los de contacto se quedan cortos. Para oídio, roya y manchas foliares se usan triazoles (miclobutanilo, tebuconazol, difenoconazol); para mildiu y podredumbres por oomicetos, fosetil-aluminio. Dos avisos importantes: comprueba en la etiqueta que el producto está autorizado para jardinería exterior doméstica, que es la categoría legal aplicable a un particular en España, y aplícalo siempre al aire libre con la planta fuera, dejándola ventilar antes de volver a meterla. Alterna materias activas entre tratamientos para no seleccionar resistencias, algo especialmente rápido en oídio.
Biológicos. Bacillus subtilis y Bacillus amyloliquefaciens aplicados al follaje funcionan bien en régimen preventivo. Trichoderma harzianum incorporado al sustrato o en el agua de riego coloniza la rizosfera y compite con Pythium; es lo más sensato si has perdido plantas por pudrición y quieres proteger las que quedan.
Y una aclaración sobre remedios populares: el aceite de neem es un buen insecticida y acaricida, pero su acción fungicida es marginal, así que no cuentes con él para un oídio instalado. La leche diluida al 10 % tiene una eficacia parcial demostrada frente a oídio, comparable a la del bicarbonato, pero deja olor en interior. La canela no cura una hoja enferma; su utilidad se limita a espolvorear un corte reciente o la base de un esqueje.
Podredumbre de raíz: el trasplante de urgencia
Si el diagnóstico es pudrición radicular, no pierdas tiempo con pulverizaciones. Hay que intervenir:
Saca la planta de la maceta y deshaz el cepellón. Lava las raíces con agua templada hasta ver su color real. Corta con tijera desinfectada todo lo que esté oscuro, blando o desprendiéndose, hasta llegar a tejido blanco y firme; sé generoso, porque dejar raíz enferma condena la operación. Retira en proporción parte de la parte aérea, para que la planta no tenga que sostener más hoja de la que sus raíces mermadas pueden alimentar.
Replanta en sustrato nuevo y seco —nunca reutilices el viejo— y en una maceta con agujeros, más pequeña que la anterior si has quitado mucha raíz: un cepellón pequeño en un tiesto grande se mantiene húmedo durante semanas y es exactamente cómo empezó todo. Añade un 30 % de perlita al sustrato. No riegues durante tres o cuatro días, y cuando lo hagas, hazlo con un fungicida específico para oomicetos en el agua. No abones hasta que veas crecimiento nuevo: el abono sobre un sistema radicular dañado lo quema.
Si el cuello del tallo ya está blando, la planta no se salva. Lo que sí puedes salvar es su descendencia: corta esquejes de la parte alta, sana, y enraízalos. En potos, filodendros, tradescantias o begonias funciona casi siempre.
Prevenir es corregir el ambiente
Riega por comprobación, no por calendario. Mete el dedo dos o tres centímetros en el sustrato, o levanta la maceta y aprende su peso en seco y en mojado. "Los miércoles toca regar" es el origen de la mitad de las podredumbres domésticas.
Ajusta el riego a la estación. De noviembre a febrero, con menos luz y menos temperatura, una planta de interior consume mucha menos agua: puede pasar de un riego semanal a uno cada dos o tres semanas. Mantener el ritmo del verano en invierno es la causa número uno de Phytophthora en casa.
Fuera los platos con agua. Vacíalos quince minutos después de regar. Y si usas un macetero decorativo sin agujeros, la planta debe ir dentro en su maceta de plástico con drenaje, no plantada directamente.
Sustrato aireado. Mezcla el sustrato universal con un 20-30 % de perlita, fibra de coco o corteza fina. La turba compactada de un sustrato barato tarda demasiado en secar.
Espacio y aire entre plantas. Un rincón con doce macetas apiñadas es una cámara húmeda. Sepáralas para que circule el aire entre el follaje.
Higiene. Retira hojas caídas y flores marchitas del sustrato: son el punto de entrada favorito de la botritis. Limpia el polvo de las hojas grandes con un paño húmedo, que además te obliga a revisarlas por el envés.
Cuarentena. Toda planta nueva, dos o tres semanas apartada del resto antes de integrarla en la colección. Buena parte de los brotes de oídio y de roya entran en casa dentro de una maceta comprada la semana anterior.
En resumen
Identifica antes de tratar: el polvo blanco seco del haz es oídio, el fieltro gris sobre flores es botritis, la pelusa del envés con manchas amarillas es mildiu, las pústulas naranjas son roya y una planta marchita con la tierra mojada es podredumbre de raíz. El moho algodonoso de la superficie del sustrato es saprófito y solo indica exceso de agua. Empieza siempre por aislar, podar lo enfermo con tijera desinfectada, dejar de mojar el follaje y ventilar; después aplica bicarbonato potásico o azufre para el oídio, cobre para mildiu y roya, y un sistémico si la infección está avanzada, siempre fuera de casa y con producto autorizado para uso doméstico. Ante una pudrición radicular, trasplante de urgencia con raíces limpias, sustrato nuevo y seco y maceta más pequeña. Y recuerda que la prevención real no está en el bote: está en regar cuando la planta lo pide, en un sustrato que drene y en una habitación que se ventile.