Media docena de chinches rojas sobre una col recién plantada puede dejarla ciega en una semana. Esa misma media docena caminando por el tronco de una morera o por el suelo de un parque no hace absolutamente nada. Antes de sacar el pulverizador, por tanto, hay que saber qué chinche roja se tiene delante, porque bajo ese nombre se agrupan insectos que no tienen nada que ver entre sí.

Cuál es la chinche roja que hace daño

La que interesa al hortelano pertenece al género Eurydema, y en España las especies frecuentes son Eurydema ornata, Eurydema oleracea y Eurydema ventralis. Se las conoce como chinches de la col. Son pentatómidos, es decir, chinches de escudo: cuerpo ancho con forma de escudo pentagonal, de 6 a 9 mm, con un dibujo llamativo de rojo, naranja o crema sobre negro brillante. El patrón de manchas varía mucho de un individuo a otro, incluso dentro de la misma puesta.

Se alimentan clavando su estilete en el tejido vegetal y succionando la savia, y prácticamente solo atacan crucíferas: coliflor, repollo, brócoli, col rizada, lombarda, rábano, nabo, colza, rúcula y berza. También viven sobre las crucíferas silvestres que crecen en los ribazos y en el propio huerto en invierno, y eso es clave para controlarlas.

Chinche roja adulta con el característico dibujo rojo y negro sobre una hoja

Las chinches rojas que no son plaga

Este es el punto en el que más se equivoca la gente, y conviene aclararlo porque cada año se fumigan huertos por culpa de una confusión.

Pyrrhocoris apterus, el llamado zapatero o chinche del tilo, es rojo con manchas negras, mide unos 10 mm, tiene forma más alargada y rectangular que la chinche de la col, y suele verse en grupos densos de decenas de individuos al sol, en la base de troncos de tilo, malva o almez, o sobre el suelo. Se alimenta sobre todo de semillas caídas y de restos, y no daña los cultivos. Es inofensivo.

Scantius aegyptius, muy común en el centro y el sur peninsular, es también rojo y negro, algo menor, y vive asociado a malvas y a plantas ruderales. Tampoco es plaga de huerta.

La regla práctica: si están amontonadas y en el suelo o en un tronco, déjalas en paz. Si están dispersas, sobre las hojas de tus coles y con el pico clavado, entonces sí es Eurydema. Y si dudas, mira la forma: la chinche de la col es claramente pentagonal y ancha en los hombros; el zapatero es alargado.

Daños: cómo reconocer que están ahí

La picadura en sí es diminuta, pero la saliva que inyectan es tóxica para el tejido vegetal y produce una lesión mucho mayor que el propio orificio. Lo que se ve es:

Punteado blanquecino o amarillento alrededor de los nervios y en el limbo, a menudo con un pequeño halo pardo en el centro. Con muchas picaduras las manchas confluyen y la hoja parece decolorada o quemada.

Deformaciones y arrugado en las hojas nuevas, que crecen torcidas o con los bordes retorcidos porque se picaron cuando aún estaban formándose.

Plantas ciegas. Es el daño grave. Si pican el punto de crecimiento de un plantón joven, la planta deja de emitir el cogollo, se queda parada y ramifica de forma anárquica. En una coliflor eso significa perder la pella entera. Un plantón recién trasplantado con dos o tres chinches encima puede arruinarse en pocos días.

Marchitez en plántulas de semillero y en siembras directas de rábano o nabo.

En cultivos para semilla, además pican las silicuas y las semillas quedan abortadas o arrugadas.

Su ciclo, que es donde está la solución

Los adultos pasan el invierno escondidos y sin actividad bajo hojarasca, entre piedras, en matorrales de linde, en los restos de cultivo del año anterior y en cualquier montón de material vegetal sin recoger. En cuanto la temperatura se sostiene sobre los 15 ºC —en el litoral mediterráneo desde marzo, en el interior a partir de abril— salen y buscan crucíferas.

Las hembras ponen los huevos en el envés de las hojas, y son inconfundibles: pequeños barrilitos con tapa, blancos con dos anillos negros, colocados en dos hileras paralelas de seis, doce en total. Reconocer esa puesta y aplastarla es el control más barato que existe.

De ahí salen ninfas que pasan por cinco estadios en unas tres a cinco semanas. Las ninfas jóvenes son redondeadas, sin alas, y se quedan agrupadas cerca de la puesta: es el momento en que son más vulnerables. En España se suceden dos o tres generaciones al año, con dos picos de daño claros: finales de primavera y, sobre todo, finales de agosto y septiembre, justo cuando se plantan las coles de otoño-invierno. Ese segundo pico coincidiendo con plantones recién puestos es el que arruina cosechas.

Prevención: lo que de verdad las mantiene lejos

Quita las crucíferas silvestres. Rabaniza (Diplotaxis erucoides), mostaza silvestre (Sinapis arvensis), jaramago, bolsa de pastor (Capsella bursa-pastoris) y rabanillo son el puente que las mantiene alimentadas entre cultivo y cultivo. Segarlas o arrancarlas en los ribazos y caminos próximos antes de la primavera reduce muchísimo la población de partida. Es la medida más eficaz y casi nadie la aplica.

Limpia los refugios de invierno. Retira los troncos de coles del año anterior, los restos de cosecha y los montones de hierba seca de los bordes en otoño. Ojo: no arrases todos los setos y linderos, porque ahí también viven los depredadores. Se trata de eliminar los restos de crucíferas, no la vegetación auxiliar.

Rota el cultivo. No plantes crucíferas dos temporadas seguidas en la misma tabla, y aleja las coles de otoño de donde estuvieron las de primavera. Las chinches se dispersan bien, pero cada metro cuenta.

Malla antiinsectos. Es la barrera definitiva y la única con eficacia del cien por cien. Una malla de paso fino, del orden de 1 x 1 mm o menos, colocada sobre arcos desde el mismo día del trasplante y bien sellada al suelo con tierra en todo el perímetro. Es imprescindible poner la malla desde el principio: si la colocas cuando ya hay chinches dentro, lo único que consigues es protegerlas de sus enemigos. Como efecto secundario, la misma malla te libra de la mariposa de la col y de la mosca de la col.

Cultivo trampa. Siembra una franja de mostaza, rúcula o colza tres o cuatro semanas antes que las coles y en el borde de la parcela. Las chinches, que llegan antes de que exista el cultivo bueno, se concentran ahí. Después se arranca esa franja con los insectos encima y se destruye, sin dejarla marchitar en el suelo. Si se olvida el paso final, el cultivo trampa se convierte en un criadero.

Adelanta o retrasa la plantación. Un trasplante hecho a mediados de octubre, cuando la actividad de los adultos ya ha caído, escapa del segundo pico. No siempre es posible, pero cuando el calendario lo permite, es gratis.

Cómo actuar cuando ya están

Recogida manual, temprano. Suena rudimentario y es lo que mejor funciona en un huerto familiar. Las chinches son insectos de sangre fría: a primera hora de la mañana, con rocío y temperatura baja, están entumecidas y no vuelan. Se recogen a mano o se sacuden sobre un barreño con agua y un chorro de jabón. A mediodía, con calor, salen volando en cuanto te acercas y no hay quien las coja. Revisa a la vez el envés de las hojas y aplasta las puestas de doce huevos.

Jabón potásico al 1-2 % (10-20 ml por litro). Actúa por contacto disolviendo la cutícula, así que hay que mojar bien el envés y repetir cada 5-7 días. Funciona razonablemente sobre ninfas pequeñas; sobre los adultos, con su cutícula gruesa, la eficacia es baja. Aplica al atardecer para que no se seque en el acto y para no quemar la hoja.

Aceite de neem a la dosis de etiqueta, sobre ninfas y mejor combinado con el jabón, que mejora la mojabilidad. No mata de golpe: actúa sobre la muda y el apetito, de modo que el efecto se ve a los días.

Caolín. Espolvoreado o en suspensión sobre las hojas forma una película blanca que desorienta al insecto y le dificulta clavar el estilete. Es más disuasorio que letal, y hay que renovarlo tras cada lluvia o riego por aspersión, pero encaja bien en la idea de repeler más que de matar.

Piretrinas naturales, solo como último recurso y en focos concretos. Son de amplio espectro: matan también a los depredadores y parasitoides que estaban trabajando gratis para ti, y son muy tóxicas para las abejas. Si se usan, siempre al anochecer, nunca en floración, y respetando el plazo de seguridad de la etiqueta.

Una advertencia sobre remedios caseros: la ceniza, el ajo macerado, la cola de caballo o el bicarbonato no repelen a Eurydema. Pueden tener otros usos en el huerto, pero contra esta chinche el resultado es nulo, y confiar en ellos suele significar perder las dos semanas en las que sí se podía haber hecho algo.

Los aliados que ya tienes

Las puestas de Eurydema son parasitadas por pequeñas avispas de los géneros Trissolcus y Ooencyrtus, que depositan su huevo dentro del de la chinche. Un huevo parasitado se distingue porque se oscurece y se vuelve gris metálico en lugar de blanco. Si ves puestas oscurecidas, no las toques: de ahí saldrán parasitoides, no chinches.

Para favorecerlos basta con mantener flores de umbelíferas y compuestas cerca del huerto —hinojo, eneldo, cilantro dejado espigar, zanahoria en flor, caléndula— y no aplicar insecticidas de amplio espectro. Las aves insectívoras y las arañas de suelo hacen el resto. En una huerta equilibrada, Eurydema aparece todos los años pero rara vez llega a nivel de plaga.

En resumen

La chinche roja que daña coliflor y repollo es Eurydema, un pentatómido de 6-9 mm rojo y negro que pica las hojas y puede dejar ciegos los plantones; el zapatero Pyrrhocoris apterus y Scantius aegyptius, que se ven amontonados al sol, son inofensivos y no hay que tocarlos. La estrategia que funciona es preventiva: eliminar las crucíferas silvestres del entorno, retirar los restos de cultivo donde invernan, rotar la parcela y cubrir con malla de 1 mm desde el día del trasplante, atento sobre todo al pico de finales de agosto y septiembre. Si ya están instaladas, recogida manual a primera hora, aplastado de las puestas de doce huevos en el envés y jabón potásico o neem sobre las ninfas; las piretrinas, solo como último recurso. Y deja tranquilas las puestas oscurecidas: están trabajando a tu favor.


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