Antes de montar una campaña contra los grillos del jardín, hay que averiguar qué insecto está haciendo el daño, porque en nueve de cada diez casos el culpable no es el que canta. El grillo común es un animal escandaloso y bastante inofensivo; el que corta las raíces, siega los plantones a ras de suelo y deja galerías bajo el césped es el alacrán cebollero, un pariente lejano al que casi nadie mira. Confundirlos lleva a gastar tiempo y productos en el bicho equivocado.
Quién es quién
En un jardín de la Península te vas a encontrar, básicamente, con tres protagonistas:
Grillo campestre (Gryllus campestris). Negro brillante, de 2 a 2,6 cm, cabeza grande y redonda. Vive en una galería propia excavada en el suelo, de la que sale a comer y a cantar en la boca del agujero. Los machos cantan de día y al atardecer entre abril y julio. Es omnívoro y oportunista: come hierba tierna, restos vegetales, semillas caídas, insectos muertos y algún pulgón. Una sola generación al año; las ninfas pasan el invierno en sus galerías.
Grillo doméstico (Acheta domesticus). Más pequeño y pardo amarillento, con bandas oscuras en la cabeza. Es el que se cuela en garajes, calderas, invernaderos y cuartos de contadores buscando calor. Fuera, en invierno peninsular, difícilmente sobrevive: si tienes grillos cantando en casa en diciembre, están viviendo dentro, no entrando cada noche.
Alacrán cebollero o grillotalpa (Gryllotalpa gryllotalpa, y en el sur también G. africana). Marrón aterciopelado, de 3,5 a 5 cm, con unas patas delanteras convertidas en palas excavadoras que parecen las de un topo. No es un grillo en sentido estricto: pertenece a otra familia, Gryllotalpidae. Vive bajo tierra, abre galerías a pocos centímetros de la superficie y se alimenta de raíces, tubérculos y bulbos, además de lombrices y larvas. Este sí es una plaga de verdad.
¿Hacen daño realmente a las plantas?
Los grillos verdaderos, poco. Su dieta es tan variada que rara vez concentran el ataque en un cultivo, y en densidades normales su efecto sobre un huerto establecido es despreciable. El daño aparece en dos situaciones concretas:
Semilleros y plantones recién trasplantados. Una lechuga de tres hojas, una plántula de calabacín o una siembra de zanahoria son bocado fácil. Las mordeduras se ven como muescas irregulares en los bordes de las hojas y cortes limpios en tallos tiernos, siempre a ras de suelo y siempre de noche.
Poblaciones altas tras un año favorable. Primaveras templadas y húmedas seguidas de veranos suaves disparan la supervivencia de ninfas y entonces sí puede haber decenas de galerías en un mismo bancal.
El alacrán cebollero es otra historia. Su síntoma característico es una planta que se marchita sin motivo aparente y que al tirar de ella sale sin raíces, o un césped con zonas hundidas y esponjosas que ceden al pisar, con montoncitos de tierra removida por la mañana. Ataca sobre todo patata, cebolla, ajo, tomate, fresa y céspedes recién implantados.
Y una advertencia que ahorra tratamientos: en jardines con setos, muros de piedra y algo de vegetación baja, los grillos forman parte de la dieta de erizos, lagartijas, mirlos, abubillas, murciélagos y musarañas. Eliminarlos por completo no es un objetivo razonable ni deseable. El objetivo es mantener la población baja donde molesta.
Lo que de verdad funciona: quitarles el sitio
Ningún remedio casero repele a un grillo que ya está instalado y cómodo. Lo que funciona es hacer el terreno menos habitable, y eso se consigue con cuatro decisiones de manejo.
Retira el refugio del perímetro. Montones de leña apoyados en la pared de casa, sacos de sustrato, macetas apiladas, restos de siega amontonados, tablones sobre el suelo, piedras sueltas junto a los cimientos. Ahí es donde pasan el día. Separa los acopios al menos un metro de la fachada y ponlos sobre palés, que ventila la base.
Corta el césped y no dejes la hierba alta pegada a los bancales. La hierba de 10 cm mantiene humedad y sombra al nivel del suelo, que es justo lo que buscan. Un césped a 4-5 cm y sin restos de siega en la superficie reduce mucho la ocupación. Lo mismo vale para las lindes del huerto.
Riega por la mañana, no al anochecer. El suelo mojado al caer la noche coincide exactamente con su hora de actividad. Regar temprano deja la superficie seca cuando salen. Si tienes riego por goteo, mejor todavía: la superficie permanece seca y solo se moja la zona radicular.
Sella la casa. Para los que entran en el edificio, no hay repelente que sustituya a una junta de burlete bajo la puerta, una rejilla en los desagües del garaje y silicona en las grietas del zócalo. Un grillo pasa por una ranura de 4 mm.
Trampas y barreras
Trampa de melaza. Es el método clásico y sigue siendo el más eficaz para grillos de suelo. Se entierra un tarro de cristal a ras de suelo, con el borde justo al nivel de la tierra, y se llena hasta un tercio con agua y melaza en proporción aproximada de diez a uno. El olor dulce los atrae, caen y no salen. Un par de tarros por bancal, revisados y renovados cada tres o cuatro días, dan una idea muy buena de cuántos hay y bajan la presión en los semilleros.
Tablas trampa. Coloca al atardecer un par de tablones o cartones húmedos sobre el suelo del huerto. Al amanecer, los grillos estarán debajo. Se levantan y se retiran manualmente. Es primitivo, pero en un huerto pequeño resuelve.
Barrera física para semilleros. Un collarín de botella cortada o de cartón grueso alrededor de cada plantón, clavado 2-3 cm en la tierra, evita el corte a ras de suelo. Es la protección más segura de todas para los primeros quince días tras el trasplante, que es cuando se juega la partida.
Trampa acústica para el alacrán cebollero. Los machos cantan al anochecer desde galerías con forma de bocina. Localizar el canto e inundar la galería con agua jabonosa hace salir al insecto a la superficie en pocos minutos. Suena rudimentario, pero es la manera más directa de reducir una población en un huerto familiar.
Tierra de diatomeas: útil con condiciones
La tierra de diatomeas es un polvo de caparazones fósiles de algas microscópicas. No es un veneno ni un repelente: actúa por abrasión mecánica. Las partículas rayan la cutícula cerosa del insecto y este muere por deshidratación en un plazo de horas o días.
Funciona, pero solo si se respetan tres condiciones que casi nunca se explican:
Tiene que estar seca. Mojada pierde por completo su efecto. Se aplica en tiempo estable y hay que repetir después de cada lluvia o riego por aspersión. En un jardín regado a diario es prácticamente inútil.
Se aplica en línea, no a voleo. Una banda fina alrededor del bancal, del semillero o del perímetro de la casa, en el punto de paso. Espolvorear el jardín entero es tirar el producto y multiplicar el daño colateral.
Mata insectos sin distinguir. Abejas, escarabajos depredadores, arañas y crisopas caen igual que los grillos. Nunca la eches sobre flores abiertas ni sobre plantas en floración.
Usa siempre la de grado alimentario, de sílice amorfa, y ponte mascarilla al aplicarla: el polvo fino irrita las vías respiratorias. La variedad calcinada, de sílice cristalina, no debe emplearse en jardinería.
Nematodos, la opción biológica seria
Contra el alacrán cebollero y contra poblaciones altas de grillo de suelo, el tratamiento más efectivo y menos agresivo son los nematodos entomopatógenos, sobre todo Steinernema carpocapsae. Son gusanos microscópicos que buscan activamente al insecto en el suelo, penetran en él y lo matan mediante las bacterias que transportan.
Se venden en garden y en tiendas de control biológico, en esponjas o polvos que se disuelven en agua. Para que funcionen:
El suelo debe estar húmedo antes y después de la aplicación, y a más de 12-15 ºC. En España, las ventanas buenas son mayo-junio y septiembre-octubre.
Se aplican al atardecer, con regadera sin filtro fino o con la boquilla desmontada, porque la luz ultravioleta los mata en minutos.
Se riega inmediatamente después para que penetren en el perfil del suelo. No sirven en superficie.
Son inocuos para personas, mascotas, abejas y lombrices, y no dejan residuo. La contrapartida es que el producto es perecedero: hay que comprobar la fecha y guardarlo en la nevera hasta el momento de usarlo.
Remedios que circulan y no aguantan un examen
Plantar leguminosas para repeler grillos. Se lee a menudo que el trébol, la veza o la alfalfa los ahuyentan por fijar nitrógeno. No hay tal mecanismo. Lo que sí ocurre es lo contrario: una franja de trébol tierno resulta muy apetecible y puede funcionar como cultivo trampa, concentrando a los grillos lejos del huerto. Es una técnica válida, pero conviene entenderla bien, porque si la siembras pegada a los semilleros conseguirás justo lo que no querías.
Bombillas LED que "espantan" a los grillos. Ninguna luz repele a un grillo. Lo que cambia es la atracción: la luz blanca fría y la de vapor de mercurio, ricas en azul y ultravioleta, atraen ortópteros y polillas; una LED de tono cálido, por debajo de 3000 K, atrae bastante menos. Cambiar el foco del porche es una medida sensata para reducir la afluencia nocturna al perímetro de la casa, no un repelente.
Ultrasonidos. Los aparatos electrónicos que se venden como ahuyentadores de insectos no han demostrado eficacia en ensayos serios. Es dinero perdido.
Insecticidas de amplio espectro en el jardín entero. Contraproducente. Se llevan por delante a los depredadores naturales del grillo, que se recuperan mucho más despacio que la plaga, y el año siguiente el problema vuelve peor. Si hay que recurrir a un insecticida, que sea localizado, puntual y en el foco.
Un calendario sencillo
Marzo-abril: limpieza de refugios en el perímetro, retirada de acopios y ajuste del riego a primera hora. Es el momento en que las ninfas invernantes salen y todavía son vulnerables.
Abril-junio: protección física de semilleros y plantones con collarines, y trampas de melaza mientras dure el trasplante. Coincide con el pico de canto y de actividad.
Mayo-junio y septiembre-octubre: aplicación de nematodos si hay alacrán cebollero confirmado o daño en el césped.
Verano: siega regular, riego matinal y revisión de los tarros trampa. Poco más hace falta.
En resumen
Identifica primero: el Gryllus campestris que canta en el jardín casi nunca justifica un tratamiento, mientras que el alacrán cebollero (Gryllotalpa gryllotalpa) sí destruye raíces y bulbos y merece intervención. Contra ambos, lo eficaz es quitarles refugio y humedad nocturna: retira montones de leña y restos junto a los muros, mantén el césped corto y riega por la mañana. Protege los plantones con collarines los primeros quince días, coloca trampas de melaza enterradas a ras de suelo y reserva la tierra de diatomeas para bandas concretas y en seco, sabiendo que también mata insectos beneficiosos. Si el problema es subterráneo, los nematodos Steinernema carpocapsae aplicados al atardecer sobre suelo húmedo y templado son la mejor herramienta disponible. Descarta ultrasonidos, leguminosas repelentes e insecticidas generalizados: no resuelven y, en el último caso, empeoran el jardín del año siguiente.