El semillero estaba impecable al anochecer y por la mañana media bandeja aparece tumbada, con los tallos todavía verdes pero doblados justo a ras del sustrato. No hay mordiscos, no hay babosas, no falta agua. Eso es damping-off, y cuando se ve ya no hay nada que hacer con esas plántulas: lo único que se puede salvar es el resto de la bandeja y, sobre todo, la siembra siguiente.

Es el problema que más semilleros arruina en España entre febrero y abril, justo cuando se siembran tomate, pimiento, berenjena, albahaca o los planteles de flor de temporada en interior o bajo plástico. Y es, casi siempre, un fallo de manejo antes que una mala suerte.

Bandeja de semillero con plántulas recién nacidas

Qué es exactamente el damping-off

No es una enfermedad concreta, sino un síndrome: la podredumbre del cuello y la raíz de una plántula durante sus primeras semanas de vida, provocada por varios hongos y oomicetos distintos que viven en el suelo y en el agua. Los habituales son Pythium spp., Phytophthora spp., Rhizoctonia solani y Fusarium spp., y a veces Botrytis cinerea o Sclerotinia rematando la faena en tejidos ya dañados.

Conviene distinguir dos formas, porque se diagnostican de manera muy distinta:

Damping-off de preemergencia. La semilla germina pero el brote se pudre antes de asomar, o la propia semilla se descompone. El resultado que se ve es simplemente una bandeja con calvas: alveolos que no nacen. Se suele achacar a semilla vieja o de mala calidad, y se compra simiente nueva cuando el problema estaba en el sustrato o en el riego.

Damping-off de postemergencia. La plántula nace bien, crece unos días y de pronto el tallo se estrangula a la altura del sustrato: aparece una zona parda, acuosa y adelgazada, como si alguien la hubiera pellizcado. La planta se desploma manteniendo las hojas verdes y turgentes durante horas, lo que la diferencia con claridad de un marchitamiento por sequía, en el que las hojas se ablandan primero.

Ese estrangulamiento en el cuello con la parte aérea aún verde es el signo diagnóstico. Si tiras suavemente de la plántula, se parte por ahí y las raíces quedan en el alveolo, pardas y descarnadas.

Por qué aparece: la humedad no es la causa, es la puerta

Aquí está el malentendido más extendido. El damping-off no lo produce el exceso de agua: lo produce un patógeno que ya estaba presente y al que el exceso de agua le abre la puerta. Sustrato encharcado sin inóculo no da damping-off; sustrato con inóculo y riegos comedidos suele aguantar. Por eso la prevención tiene dos frentes distintos —no meter el patógeno y no darle condiciones— y descuidar cualquiera de los dos basta para perder la bandeja.

Los factores que disparan el problema son estos:

Sustrato con historia. Tierra del jardín, compost sin madurar, turba reutilizada de la campaña anterior o bandejas guardadas sin lavar. Pythium y Rhizoctonia sobreviven meses en restos vegetales y en los rincones de un alveolo.

Superficie del sustrato siempre mojada. El cuello de la plántula es el punto que se infecta, y se infecta si permanece húmedo. Un sustrato húmedo en profundidad y seco en superficie es exactamente lo que se busca.

Siembra demasiado densa. Sembrar a voleo y espeso crea un microclima sin ventilación entre tallos y hace que, cuando un foco arranca, se extienda en mancha circular a toda la bandeja.

Poca luz y crecimiento etiolado. Un plantel en una ventana orientada al norte en marzo se alarga, produce tallos finos, acuosos y con paredes celulares débiles. Es material perfecto para el hongo. Es una causa muy subestimada: se combate el damping-off con fungicidas cuando lo que hay detrás es un problema de luz.

Temperatura inadecuada para la especie. Sembrar tomate o pimiento a 14 °C alarga la germinación de cinco días a tres semanas, y cada día extra es un día de exposición. En cambio, Pythium se mueve especialmente bien en sustratos fríos y saturados, mientras que Rhizoctonia prefiere condiciones más cálidas, entre 20 y 30 °C, con la superficie menos empapada. No hay una temperatura mágica que lo evite todo; lo que se busca es germinar rápido en el rango óptimo de la especie.

Exceso de nitrógeno. Un sustrato de siembra debe ser pobre. Abonar el semillero produce tejidos blandos y suculentos que se infectan con más facilidad.

Agua de dudosa procedencia. El agua estancada de un bidón, de un depósito abierto o de una balsa es un reservorio clásico de Pythium y Phytophthora, cuyas zoosporas nadan.

Cómo prevenirlo, paso a paso

Empieza por el material. Usa sustrato específico de semillero, de textura fina, con perlita o vermiculita para el drenaje y con muy poco abono. No reutilices sustrato de siembras anteriores. Las bandejas y macetas de plástico se lavan con agua y jabón para quitar restos —la materia orgánica inactiva a los desinfectantes— y después se sumergen unos 10 minutos en lejía diluida al 10 % (una parte de lejía comercial por nueve de agua), se aclaran y se secan al sol.

Cuidado con "esterilizar" el sustrato. Es un consejo repetidísimo y está mal planteado. Calentar tierra en el horno o el microondas hasta esterilizarla la deja como un vacío biológico: si después llega una espora de Pythium con el riego, se encuentra sin competencia y coloniza a placer. Si vas a tratar el sustrato por calor, el objetivo es pastorizar, no esterilizar: unos 60 °C en toda la masa durante 30 minutos eliminan la mayoría de patógenos y respetan buena parte de la microbiota útil. Con un sustrato comercial de calidad, sencillamente no hace falta.

Siembra clara y a la profundidad correcta. Una o dos semillas por alveolo, o líneas separadas en bandeja corrida. Enterrar demasiado la semilla retrasa la emergencia y multiplica el riesgo de damping-off de preemergencia; como norma, se cubre con una capa de sustrato de dos o tres veces el grosor de la semilla, y las semillas muy finas (petunia, lobelia, begonia) van en superficie.

Cubre con vermiculita. Rematar el alveolo con medio centímetro de vermiculita fina es una de las medidas más efectivas y menos conocidas: retiene agua para la semilla pero su superficie se seca rápido, así que el cuello de la plántula emerge en un medio seco y aireado.

Riega por abajo y deja secar la superficie. Coloca la bandeja en una cubeta con dos dedos de agua, espera a que el sustrato se oscurezca por capilaridad y retírala. Dejar la bandeja en agua permanente es el error individual que más semilleros mata. Entre riegos, la capa superficial debe secarse ligeramente.

Riega por la mañana, nunca al caer la tarde: la planta pasa la noche con la superficie mojada y la temperatura bajando, la peor combinación posible.

Ventila. El plástico o la tapa transparente sirven hasta que germina la semilla, no después. En cuanto asoman las primeras plántulas, retira la cubierta o entreábrela a diario. Un pequeño ventilador de sobremesa unas horas al día en un semillero de interior reduce el problema de forma llamativa y además fortalece los tallos.

Da luz de verdad. Junto a un cristal orientado a sur, o con luz artificial a pocos centímetros de las plántulas. Un plantel compacto es un plantel que rara vez cae.

Agua limpia. De la red, o de lluvia recogida en depósito cerrado. Nada de agua estancada al aire libre para regar semilleros.

Qué hacer si ya ha empezado

Lo primero, asumir que las plántulas caídas no se recuperan. El tejido conductor está destruido; ni con hormonas, ni acollando, ni trasplantando. Retíralas con el cepellón entero y tíralas fuera —no al compost—, porque siguen liberando inóculo.

Después, corta la progresión: separa la bandeja del resto, suspende el riego hasta que la superficie se seque, aumenta la ventilación y la luz, y baja la humedad ambiente. Si tienes plántulas sanas de valor, repica cuanto antes las que estén lejos del foco a alveolos limpios con sustrato nuevo.

Sobre los tratamientos, con orden de prioridades:

Trichoderma. Los preparados a base de Trichoderma harzianum o T. asperellum incorporados al sustrato en el momento de la siembra son la herramienta preventiva más razonable en el ámbito doméstico: colonizan la rizosfera y compiten con los patógenos. Preventivos, no curativos.

Cobre. El oxicloruro de cobre y el caldo bordelés en riego muy diluido se usan tradicionalmente como preventivo del cuello, y algo hacen. Dos advertencias serias: el cobre es fitotóxico sobre tejido tierno y a dosis altas frena el crecimiento de la plántula, y además se acumula en el suelo, motivo por el que su uso está limitado en la normativa europea. No es un producto para repetir cada semana.

Fungicidas específicos. Los que realmente funcionan contra oomicetos son de otra familia que los fungicidas generalistas: propamocarb, metalaxil-M, fosetil-Al. Muchos están registrados solo para uso profesional en cultivos concretos, así que antes de comprar nada conviene comprobar en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio que el producto está autorizado para tu cultivo y para uso no profesional, y respetar la dosis de etiqueta.

Los remedios caseros, en su sitio. Espolvorear canela, regar con infusión de manzanilla o con cola de caballo se recomiendan por todas partes. La canela y la manzanilla tienen actividad antifúngica demostrada en laboratorio, pero en un alveolo, aplicadas por encima y en cantidad ínfima, su efecto real es marginal. No sustituyen a ventilar, aclarar la siembra y dejar de regar de más. Si alguien te dice que la canela le funciona, es muy probable que lo que le funcionase fuera dejar de encharcar al mismo tiempo.

El caso de los semilleros forestales

En vivero de coníferas el damping-off es un problema mayor todavía, porque los pinos y cipreses tienen germinación lenta y permanecen mucho tiempo en la fase vulnerable. Aquí Fusarium y Rhizoctonia ganan protagonismo, y la contaminación viaja con frecuencia en la propia semilla y en el sustrato reutilizado. Las medidas son las mismas —densidad baja, riego controlado, sustrato nuevo, buena aireación—, pero con una añadida importante: sembrar semilla de procedencia certificada y, en repoblación de bandeja forestal, no reutilizar los envases sin desinfectarlos.

Plántulas de pino afectadas por damping-off en un semillero

En resumen

El damping-off es la podredumbre del cuello de las plántulas causada sobre todo por Pythium, Phytophthora, Rhizoctonia y Fusarium, y se reconoce por el tallo estrangulado a ras de sustrato con las hojas todavía verdes. Aparece cuando coinciden un patógeno presente —sustrato o bandejas reutilizadas, agua estancada— y unas condiciones favorables: superficie permanentemente húmeda, siembra apretada, poca luz, mala ventilación y germinación lenta por frío.

Se previene con sustrato limpio y pobre en abono, bandejas desinfectadas con lejía diluida, siembra clara a la profundidad justa, una capa de vermiculita en superficie, riego por capilaridad retirando el agua sobrante, riegos por la mañana, ventilación desde que asoman las primeras hojas y toda la luz posible. Una vez caída, la plántula no se recupera: se retira y se actúa sobre las condiciones. Los tratamientos —Trichoderma como preventivo, cobre con mucha mesura, fungicidas específicos autorizados— ayudan, pero ninguno compensa un semillero mal ventilado y regado de más.


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