Un barrenillo adulto mide entre 1,5 y 6 milímetros y pasa prácticamente toda su vida dentro de la madera, protegido por la corteza. Ese dato explica casi todo lo demás: por qué se detecta tarde, por qué pulverizar el árbol suele ser dinero tirado y por qué el control eficaz consiste, sobre todo, en gestionar la madera muerta que hay alrededor.
Qué es un barrenillo y en qué se diferencia de un taladro
Los barrenillos son escarabajos de la subfamilia Scolytinae, dentro de los curculiónidos. Son cilíndricos, oscuros, de aspecto poco llamativo, y su ciclo consiste en que la hembra perfora la corteza, excava una galería materna y va depositando huevos a los lados; las larvas nacen y abren galerías larvarias perpendiculares que se van ensanchando conforme crecen. El resultado es un grabado con forma de espina de pez o de abanico que solo se ve al levantar la corteza.
Aquí hay una confusión muy repetida que conviene deshacer: barrenillo no es lo mismo que barrenador o taladro. El taladro del tronco o de las ramas es una oruga de mariposa —Zeuzera pyrina, Cossus cossus— o una larva de cerambícido, de uno a varios centímetros, que abre un túnel único y ancho en el que se puede meter un alambre. El barrenillo es un escarabajo diminuto que hace decenas o cientos de orificios de 1 a 3 milímetros. El alambre y las jeringuillas de insecticida que funcionan contra el taladro no sirven de nada contra el barrenillo, y no pocas intervenciones fracasan simplemente porque se identificó mal el insecto.
La regla que rige toda esta plaga: atacan lo debilitado
La inmensa mayoría de los escolítidos son insectos secundarios. Localizan a distancia los volátiles que emite un árbol estresado —etanol, terpenos alterados— y colonizan lo que está enfermo, seco, recién podado, quemado, trasplantado con mal cepellón o sencillamente sediento. Un árbol vigoroso responde a la perforación inundando la galería de savia o de resina y ahoga a la hembra antes de que ponga.
De ahí se deducen dos cosas importantes. La primera, que si tienes barrenillo tienes además otro problema por debajo: sequía prolongada, encharcamiento, asfixia radicular, una poda salvaje, un incendio cercano o una enfermedad de raíz. Tratar el escarabajo sin corregir eso es perder el tiempo. La segunda, que la afirmación contraria —"el barrenillo mata árboles sanos"— no es del todo falsa: cuando las poblaciones se disparan tras una sequía severa, un temporal o un incendio, el ataque en masa satura las defensas y entonces sí caen ejemplares que estaban razonablemente bien.
Los barrenillos que importan en España
Barrenillo del olivo (Phloeotribus scarabaeoides). El más relevante del país por superficie afectada. Tiene un comportamiento particular: además de reproducirse en la madera de poda y en ramas debilitadas, los adultos hacen mordeduras de alimentación en las axilas de las yemas y en la base de los ramos florales, lo que provoca la caída de inflorescencias y una pérdida directa de cosecha. Invernan en la leña y en galerías, y el vuelo principal arranca con el calor de finales de invierno y primavera.
Barrenillos de frutales de hueso (Scolytus amygdali, Scolytus rugulosus). Almendro, melocotonero, ciruelo, cerezo. Producen orificios en tronco y ramas acompañados de gomosis: gotas de goma ambarina que rezuman por el agujero. Son el ejemplo de libro del insecto secundario: aparecen en parcelas de secano tras años malos de lluvia o en árboles con podredumbre de cuello.
Barrenillo taladro (Xyleborus dispar). Un caso aparte, porque es un escarabajo de ambrosía: no se alimenta de la madera, sino de un hongo que él mismo inocula y cultiva en las paredes de la galería. Por eso perfora hacia el interior del leño en lugar de quedarse bajo la corteza, y por eso el serrín que expulsa es blanquecino y muy fino, a menudo formando pequeños cilindros que salen del orificio. Es enormemente polífago: frutales, avellano, vid, ornamentales.
Barrenillo del fresno (Leperisinus fraxini, antes Hylesinus). Ataca a Fraxinus y deja una galería materna doble, transversal, con las larvarias saliendo hacia arriba y hacia abajo: un dibujo bastante reconocible bajo la corteza. Además provoca en las ramas unas deformaciones o tumoraciones características, las llamadas "rosas del fresno".
Barrenillos del olmo (Scolytus scolytus, el grande, y Scolytus multistriatus, el pequeño). Su importancia no está en el daño mecánico sino en que son los vectores de la grafiosis, causada por los hongos Ophiostoma ulmi y O. novo-ulmi. Merece la pena decirlo con claridad porque se confunde constantemente: la grafiosis no la causa el barrenillo, la causa el hongo; el escarabajo lo transporta desde un olmo muerto hasta las axilas de las ramitas de un olmo sano, donde se alimenta e inocula. Esa asociación es la que arrasó los olmedas españolas desde los años ochenta.
Barrenillo del ciprés (Phloeosinus spp., entre ellos P. bicolor y P. thujae). Afecta a cipreses, tuyas, sabinas y enebros. Los adultos roen la base de los ramillos jóvenes, que se secan y quedan colgando o caen al suelo alfombrando la base del seto. También aquí hay un hongo en la ecuación: Seiridium cardinale, el chancro del ciprés, cuyas esporas viajan con el escarabajo. Un seto de Cupressus sempervirens con ramas rojas aisladas suele tener las dos cosas a la vez.
Barrenillos y perforadores del pino. Varias especies con papeles distintos. Tomicus destruens —la especie mediterránea, presente en buena parte de la Península sobre Pinus halepensis y P. pinaster— tiene un detalle que despista mucho: su vuelo principal ocurre en otoño e invierno, no en primavera. Los adultos jóvenes hacen una alimentación de maduración dentro de los brotes del año, que se doblan y caen; bajo un pino atacado aparecen ramillos con un túnel central en el suelo. Ips sexdentatus e Ips acuminatus se reproducen bajo la corteza de troncos y son los que se disparan tras incendios, nevadas o vendavales que dejan mucha madera en el monte.
Cómo reconocer el daño
Orificios pequeños y redondos en tronco y ramas, de 1 a 3 mm, distribuidos por una zona amplia. Los de entrada suelen tener un pequeño reborde; los de salida son limpios y perfectamente circulares, como una perdigonada.
Serrín. El indicio más fiable. Polvo fino de color claro o rojizo acumulado en las grietas de la corteza, en la cruz de las ramas, en la base del tronco o sobre la telaraña que hay pegada al fuste. Si el serrín es fresco y suelto, la plaga está activa ahora.
Exudados. Gomosis en frutales de hueso, gotas de resina endurecida en pinos, manchas oscuras y húmedas en olivo.
Galerías bajo la corteza. La confirmación definitiva: se levanta con una navaja un trozo de corteza de una rama seca y aparece el grabado sobre la albura. La forma del dibujo permite identificar la especie con bastante fiabilidad.
Decaimiento de la copa. Ramas aisladas con hojas amarillas o rojizas mientras el resto sigue verde, brotación débil en primavera, muerte descendente. Cuando el anillado de galerías interrumpe el floema en todo el perímetro, la rama muere entera.
Tratamiento: lo que funciona de verdad
Conviene decirlo sin rodeos: una vez que la larva está dentro, ningún tratamiento por pulverización la alcanza. La corteza es una barrera perfecta. Todo lo que sigue va dirigido a los adultos en vuelo, a la madera donde se cría la siguiente generación y al vigor del árbol.
Eliminar la madera de cría. Esta es la medida principal, no una recomendación accesoria. Ramas secas, árboles muertos, tocones, restos de desbroce y sobre todo la leña de poda. Un montón de leña de olivo o de almendro apilado junto a la parcela es una fábrica de barrenillos: los adultos crían dentro y salen en primavera directos a los árboles. Se astilla, se descorteza o se quema —donde esté permitido— antes de que emerjan los adultos. En olivar eso significa retirar la leña de poda antes del inicio de los vuelos de primavera; dejarla hasta mayo equivale a haber criado la plaga uno mismo.
Trampas cebo de madera. Una variante inteligente de lo anterior, muy usada en olivar. Se deja adrede un pequeño montón de leña fresca para que las hembras pongan allí en lugar de en los árboles, y se destruye ese montón antes de que la nueva generación emerja. Funciona bien, pero es un arma de doble filo: si se te pasa la fecha, has multiplicado el problema.
Trampas de feromona. Disponibles sobre todo para especies forestales del género Ips y para Tomicus, con trampas de embudos o de ranuras. Su función principal es de seguimiento: saber cuándo vuelan y cuánta población hay, para decidir el momento de actuar. El trampeo masivo puede reducir densidades en un rodal, pero exige una red densa y no sustituye a la limpieza de madera.
Devolver el vigor al árbol. Riego de apoyo en periodos secos —también en olivos y almendros de secano jóvenes, que en veranos como los últimos lo agradecen—, abonado equilibrado, corrección de la asfixia radicular, descompactación del suelo. Un árbol con reservas expulsa a los colonizadores por sí solo.
Podar bien y en el momento adecuado. Cortes limpios, sin muñones, sin desgarros. Evita las podas fuertes en plena época de vuelo, porque la madera recién cortada y el olor a savia son un reclamo. Y no dejes tocones ni ramas colgando: son el punto de entrada.
Insecticidas. Solo tienen sentido dirigidos contra los adultos en el momento del vuelo, aplicados sobre corteza, y en cultivos donde exista producto autorizado. La disponibilidad ha cambiado mucho con las retiradas de materias activas de los últimos años, así que la única respuesta seria es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura para tu cultivo concreto y seguir la etiqueta. En jardín particular, la lista de productos autorizados para uso no profesional contra escolítidos es muy corta, y lo razonable es apoyarse en las medidas culturales.
Lo que no funciona. Encalar el tronco no impide la entrada del barrenillo. Sellar los orificios con masilla no mata nada y solo dificulta el diagnóstico. Los insecticidas sistémicos aplicados al suelo llegan mal al floema y a la albura en las concentraciones necesarias. Y tapar los agujeros de un olmo con grafiosis no salva al árbol, porque el problema ya está en su sistema vascular.
Un caso especial: la grafiosis del olmo
Si tienes olmos, el manejo del barrenillo deja de ser una cuestión de daño mecánico. Un olmo muerto o una pila de leña de olmo con corteza es un criadero de escolítidos portadores del hongo que infectará a los olmos sanos del entorno. La medida de control clásica y la más eficaz es sanitaria: talar y destruir —descortezando o quemando— cualquier olmo muerto o con síntomas, y no almacenar nunca leña de olmo con corteza. Las variedades resistentes seleccionadas en los programas españoles de mejora son hoy la única vía razonable para replantar.
Calendario orientativo
Invierno. Poda, y retirada inmediata de los restos. Revisión del arbolado: ramas secas, serrín, orificios. Es el momento de eliminar madera de cría, porque los insectos están dentro y no vuelan.
Final de invierno y primavera. Inicio de vuelos de la mayoría de especies. La leña ya no debe estar en la parcela. Colocación de trampas de seguimiento si procede.
Verano. Vigilancia de las generaciones sucesivas y, sobre todo, riego: el estrés hídrico de julio y agosto es lo que prepara los ataques del año siguiente.
Otoño. Atención especial en pinares mediterráneos, donde Tomicus destruens inicia su vuelo. Retirada de arbolado decaído antes de que sirva de sustrato de puesta.
En resumen
Los barrenillos son escolítidos de pocos milímetros que excavan galerías bajo la corteza y no deben confundirse con los taladros, que son orugas. En España los que más importan son Phloeotribus scarabaeoides en olivo, Scolytus amygdali y S. rugulosus en frutales de hueso, Xyleborus dispar como escarabajo de ambrosía polífago, Leperisinus fraxini en fresnos, Scolytus scolytus y S. multistriatus en olmos, Phloeosinus en cipreses y Tomicus e Ips en pinos.
El daño se reconoce por los orificios de 1 a 3 mm, el serrín fresco, la gomosis o la resina, el grabado bajo la corteza y el decaimiento de ramas sueltas. Varias especies añaden un daño mayor que el mecánico al transportar hongos: la grafiosis en el olmo y el chancro en el ciprés.
El tratamiento eficaz es sanitario y preventivo. Eliminar o astillar la leña de poda y la madera muerta antes de los vuelos, usar trampas cebo con la fecha bien controlada, seguir la población con feromonas, podar limpio fuera de época de vuelo y mantener el árbol vigoroso con riego y abonado. Los insecticidas solo tienen efecto sobre adultos en vuelo y siempre dentro de lo autorizado en el registro oficial. Y, sobre todo, buscar la causa de fondo: donde hay barrenillo hay antes un árbol debilitado.