Bajo las colonias que ocupan cuevas y minas abandonadas se acumulan capas de excrementos de varios metros de espesor, depositadas noche tras noche durante siglos y mineralizadas en la oscuridad. Ese material es el guano de murciélago, un fertilizante orgánico concentrado que llegó al mercado hortícola mucho después de que el guano de aves marinas de Perú y Chile moviera flotas enteras en el siglo XIX. Hoy se vende en sacos pequeños, en polvo o granulado, y se ha ganado fama de abono milagroso para el cuajado y la floración. Merece la pena separar lo que realmente aporta de lo que se le atribuye por marketing.
Qué es exactamente el guano de murciélago
El guano es el excremento acumulado y parcialmente descompuesto de colonias de quirópteros que se refugian siempre en el mismo lugar. En un ambiente seco y estable, sin lluvia que lave los nutrientes, el material se va deshidratando y mineralizando: pierde nitrógeno en forma de amoniaco y se enriquece relativamente en fosfatos y carbonatos de calcio. De ahí que los depósitos antiguos se comporten casi como una roca fosfórica biológica, mientras que el guano fresco es mucho más nitrogenado y mucho más volátil.
Esa diferencia explica los dos grandes tipos que se encuentran a la venta y que conviene no confundir:
- Guano de murciélagos insectívoros, el habitual en las especies europeas y en buena parte del importado. Procede de una dieta rica en proteína (quitina de insectos), por lo que es relativamente alto en nitrógeno. Los análisis comerciales suelen moverse en el entorno de un 8-10 % de nitrógeno frente a un 2-3 % de fósforo cuando el material es reciente.
- Guano de murciélagos frugívoros, propio de zonas tropicales, y sobre todo depósitos fósiles o muy mineralizados de cualquier origen. Aquí la relación se invierte: poco nitrógeno y un contenido de fósforo que en los productos más concentrados supera el 8-10 %, acompañado de un porcentaje alto de calcio.
La consecuencia práctica es que no existe un único "guano". Antes de comprar hay que leer la riqueza declarada en el envase, porque dos sacos con la misma etiqueta genérica pueden comportarse como abonos completamente distintos. Si el objetivo es empujar floración y cuajado, interesa el de tipo fosfórico; si lo que se busca es arrancar una plantación de hoja, el nitrogenado.
Qué aporta además del NPK
El interés del guano no está solo en los tres números de la etiqueta. Aporta calcio en cantidad apreciable, algo que agradecen tomate, pimiento y calabacín en maceta, donde la podredumbre apical suele tener más que ver con riegos irregulares que con falta de calcio, pero un suelo bien provisto ayuda a amortiguar los altibajos. Aporta también magnesio, azufre y micronutrientes en cantidades pequeñas, y una carga microbiana propia que actúa como inóculo cuando se incorpora al compost o al sustrato.
Frente a un abono mineral, la ventaja real es la liberación gradual: la fracción orgánica necesita mineralizarse y el fósforo mineralizado queda parcialmente protegido de la fijación rápida en suelos calizos. Frente al estiércol o al compost, la ventaja es la concentración: donde harían falta varios kilos de estiércol, bastan decenas de gramos de guano. Eso lo hace especialmente cómodo en el cultivo en maceta, en terrazas y en huertos urbanos donde acarrear sacos de estiércol no es opción.
Lo que no hace, por mucho que se lea, es sustituir a la materia orgánica. Un puñado de guano no mejora la estructura de un suelo compactado ni aumenta la capacidad de retención de agua: para eso hacen falta volúmenes de compost o de estiércol maduro. El guano es un fertilizante, no una enmienda.
Cómo y cuánto aplicarlo
Es un producto concentrado y con una conductividad eléctrica alta, así que el error más común es pasarse. Como referencias de partida, siempre ajustando a la riqueza que declare el fabricante:
- Mezclado en el sustrato de macetas: entre 2 y 4 gramos por litro de sustrato, repartidos y removidos bien antes de plantar. En una maceta de 10 litros son unas dos cucharadas soperas rasas.
- En superficie, sobre cultivo establecido: de 50 a 100 gramos por metro cuadrado y ciclo de cultivo, esparcidos, incorporados con un rastrillado somero en los primeros centímetros y regados a continuación.
- En agujero de plantación de frutales o rosales: un puñado de unos 80-100 gramos mezclado con la tierra de relleno, nunca en contacto directo con las raíces desnudas.
- En extracto líquido, la forma más rápida de que actúe: 30-50 gramos en 10 litros de agua, en reposo 24-48 horas removiendo de vez en cuando, colado y aplicado en riego cada 15-20 días durante la fase de floración y engorde.
Épocas: en la Península, la aplicación de fondo se hace a finales de invierno o principios de primavera, cuando la temperatura del suelo empieza a subir y la mineralización arranca; en verano, en huerto de temporada, funciona mejor el extracto líquido a dosis bajas y frecuentes. Aplicar guano nitrogenado en otoño avanzado sobre frutales es una mala idea: alarga la vegetación y deja los brotes tiernos expuestos a las primeras heladas.
Dos precauciones más. La primera, no abusar del guano fosfórico año tras año. El fósforo se acumula en el suelo y el exceso interfiere en la absorción de hierro y sobre todo de zinc, con clorosis que después se intenta corregir echando más abono. En huertos que ya reciben compost o estiércol con regularidad, el fósforo rara vez es el factor limitante. La segunda, evitar el sobreencalado en macetas: el calcio del guano tiende a subir el pH del sustrato, lo que perjudica a hortensias, camelias, azaleas, arándanos y demás acidófilas, para las que directamente no es un abono adecuado.
Seguridad al manipularlo
Aquí conviene ser claro, porque el envase no siempre lo advierte. El guano seco genera polvo fino y en depósitos de cueva puede contener esporas de Histoplasma capsulatum, el hongo responsable de la histoplasmosis, una infección respiratoria asociada precisamente a la inhalación de polvo de guano en cuevas y gallineros. El riesgo con un saco comercial tratado y envasado es bajo, pero no es cero, y se elimina casi por completo con medidas sencillas: mascarilla FFP2, guantes, manipulación al aire libre y humedecer ligeramente el material antes de esparcirlo para que no vuele. Después, lavarse las manos. Nada de aplicarlo en un invernadero cerrado ni removerlo con ventilador cerca.
Guardado en un lugar seco y bien cerrado, el guano se conserva sin problema durante años. Si se humedece y se apelmaza pierde nitrógeno por volatilización y empieza a oler a amoniaco.
Hasta qué punto es ecológico
Es un producto natural, admitido en agricultura ecológica y sin residuos de síntesis, y hasta ahí el argumento se sostiene. Pero "natural" y "sostenible" no son sinónimos, y el guano es un buen ejemplo.
Los depósitos son recursos que tardan siglos en formarse. La extracción implica entrar en las cavidades donde se refugian y crían las colonias, y la molestia repetida durante la hibernación o la cría es una de las principales causas de abandono de refugios y de mortalidad de crías. A eso se suma que el guano es la base alimentaria de todo un ecosistema cavernícola de invertebrados que no vive en ningún otro sitio. Y luego está el transporte: buena parte del guano que se vende en España llega de Indonesia, Perú o México, con una huella de carbono que desmiente por sí sola la etiqueta de kilómetro cero.
En España, además, todas las especies de murciélagos están protegidas por ley y sus refugios también, de modo que recolectar guano por cuenta propia en una cueva no es una alternativa casera: es una infracción. Quien compre guano hace bien en exigir trazabilidad y origen declarado.
Existe una vía mucho más coherente con el espíritu de la sección en la que aparece este artículo: instalar cajas refugio para murciélagos en el jardín o en la finca. Un solo ejemplar de murciélago común (Pipistrellus pipistrellus) puede capturar del orden de varios miles de insectos en una noche, entre ellos polillas cuyas larvas son plagas conocidas en frutales y huerta. Una colonia estable en una caja da control biológico gratuito, deposita su propio guano bajo el refugio y no requiere expoliar ninguna cueva. Ese guano local, recogido con una bandeja o una lámina bajo la caja, se puede incorporar directamente al compost.
Alternativas con efecto parecido
Si el objetivo es aportar fósforo y calcio sin depender de un producto importado, hay opciones razonables. La harina de huesos ronda el 15-20 % de fósforo y un contenido alto de calcio, con liberación lenta y buen comportamiento en suelos ligeramente ácidos. Las cenizas de madera, en dosis moderadas de 100-150 gramos por metro cuadrado y solo en suelos ácidos, aportan potasio y calcio. El compost de calidad aporta menos de todo pero mejora lo que el guano no toca. Y el humus de lombriz cubre bien la fertilización de fondo en maceta con mucho menos riesgo de sobredosis.
El guano sigue teniendo su hueco: cuando hace falta concentración, poco volumen y una respuesta relativamente rápida, es difícil de igualar. Simplemente no es imprescindible, ni el único camino, ni inocuo por el hecho de ser natural.
En resumen
El guano de murciélago es un abono orgánico concentrado cuya composición varía muchísimo según la dieta de la colonia y la antigüedad del depósito: el fresco de insectívoros es nitrogenado y el mineralizado es fosfórico y calcáreo. Hay que leer la etiqueta y elegir el tipo según lo que se persiga. Se aplica en dosis pequeñas —2-4 g por litro de sustrato, 50-100 g por metro cuadrado o en extracto a 30-50 g por cada 10 litros de agua—, preferentemente al final del invierno, sin repetir aportes fosfóricos año tras año y evitándolo en plantas acidófilas. Conviene manipularlo con mascarilla y guantes por el polvo. Y aunque es admisible en ecológico, su extracción daña colonias y ecosistemas subterráneos: instalar una caja refugio para murciélagos aporta control de plagas, algo de guano propio y ningún impacto en las cuevas.