Un limonero puede vivir años con cochinilla encima y seguir dando limones aceptables. Con el cuello del tronco enterrado y encharcado no llega a la tercera temporada. Esa desproporción es lo primero que conviene tener claro, porque el orden de urgencia de los problemas del limonero no coincide con lo llamativo que resulta cada uno: lo que más asusta a la vista suele ser lo menos grave, y lo que mata está bajo tierra o en los primeros veinte centímetros de tronco.
El limonero (Citrus limon) es el cítrico de brotación más continua. Echa madera tierna prácticamente todo el año, con hasta cuatro brotaciones, y eso lo convierte en el más apetecible para las plagas que dependen de tejido joven. A cambio, tolera mejor que naranjos y mandarinos ciertas virosis. Vamos por partes.
Minador de los cítricos
Phyllocnistis citrella es una micropolilla que llegó a España en 1993 y hoy está en toda la zona citrícola. La larva excava galerías serpenteantes plateadas dentro de la hoja tierna, que acaba abarquillada y retorcida. Ataca exclusivamente a brotes en crecimiento; la hoja ya madura es inmune, porque la larva no puede perforar la cutícula endurecida.
Aquí está el error más repetido con el limonero. El minador es espectacular y poco dañino en árbol adulto. Un limonero formado, con varios metros de copa, pierde una fracción mínima de su superficie fotosintética aunque todas las hojas de la brotación de agosto estén minadas. Tratar un adulto contra minador rara vez compensa, y encima los insecticidas de amplio espectro que se usan arrasan la fauna auxiliar y desencadenan explosiones posteriores de araña roja y cochinilla. Distinto es un plantón de uno o dos años, o un injerto reciente: ahí sí conviene proteger las brotaciones, porque toda la hoja del árbol es hoja nueva.
El pico de daño es de agosto a octubre, con la brotación de verano y otoño. Una medida sencilla y gratuita: no abonar con nitrógeno ni podar en pleno verano, para no provocar una brotación en el momento de máxima población. Cuando hace falta actuar, los aceites de parafina y el azadiractín dan un control razonable, aplicados sobre brote nuevo de menos de dos centímetros y repitiendo cada diez o doce días mientras dure la brotación. Los parasitoides autóctonos y el introducido Citrostichus phyllocnistoides mantienen las poblaciones a raya en huertos no tratados.
Pulgones
En cítricos españoles dominan Aphis spiraecola, Aphis gossypii, Toxoptera aurantii y Myzus persicae. Se instalan en el envés de las hojas tiernas y en los brotes, que se enrollan hacia abajo y quedan enanizados. Su temporada fuerte es abril, mayo y junio, y de nuevo en septiembre.
Lo importante del pulgón en cítricos no es lo que chupa, sino lo que transmite. Aphis gossypii es el vector eficiente del virus de la tristeza en España. Además, la melaza que segregan alimenta a las hormigas y a la negrilla o fumagina, ese hongo negro que recubre las hojas: la negrilla no parasita el árbol, vive de la melaza, pero al tapar la hoja reduce la fotosíntesis y ensucia la fruta.
Antes de pulverizar nada, mire el tronco. Si hay una fila de hormigas subiendo, tiene un problema de hormigas: ellas protegen activamente a pulgones y cochinillas de sus depredadores naturales y los transportan de rama en rama. Un anillo de banda adhesiva o de cola atrapadora en el tronco a menudo hace más que un insecticida. El resto lo suelen resolver mariquitas, sírfidos y el parasitoide Lysiphlebus testaceipes, muy activo en primavera; si hay momias de pulgón (cadáveres hinchados y color canela con un agujero redondo), hay parasitación en marcha y no conviene tratar. Para focos concretos, jabón potásico o aceite de verano en las horas frescas.
Cochinillas
Bajo el nombre de "cochinilla algodonosa" caben dos bichos distintos que conviene separar:
Cotonet o melazo (Planococcus citri): masas blancas harinosas en las axilas de las hojas, en la unión de ramas y, sobre todo, en el ombligo del fruto y en la zona de contacto entre dos frutos o entre fruto y hoja. Prospera en el interior de copas densas y sombrías. La poda de aclareo que deja entrar luz al centro del árbol es la mejor medida estructural contra él.
Icerya (Icerya purchasi): la hembra lleva un saco ovígero blanco, acanalado, en forma de barquita, adherido a ramas y nervios. Este caso tiene una solución histórica y muy eficaz: la mariquita Rodolia cardinalis, que la depreda con enorme voracidad. Si aparece icerya, lo peor que se puede hacer es aplicar un insecticida de amplio espectro, porque matará a la rodolia y la plaga volverá multiplicada.
Existen además cochinillas de escudo, con aspecto de lenteja pegada al tallo: el piojo rojo de California (Aonidiella aurantii), que marca la fruta y la descalifica comercialmente, y el caparreta (Coccus hesperidum), gran productor de melaza. La ventana de tratamiento para todas ellas es corta: solo la larva móvil recién nacida es vulnerable, porque el adulto está protegido por su escudo o su cera. Fuera de ese momento, lo único que penetra es el aceite mineral bien aplicado, mojando a conciencia hasta el goteo, y siempre con temperaturas suaves: nunca por encima de 30 °C ni sobre árbol con estrés hídrico, o se quema el follaje y se cae el fruto.
Araña roja y otros ácaros
Tetranychus urticae produce un punteado fino y decolorado en el haz, que a distancia se ve como un follaje mate y grisáceo, y sedas muy finas en el envés y en las axilas cuando la población es alta. Es plaga de calor y sequedad: junio a septiembre, y peor en árboles junto a un muro que refleja calor o en macetas de terraza al sur.
Hay un dato que ahorra tratamientos: el polvo favorece a la araña roja porque interfiere con sus enemigos naturales. Un limonero al borde de un camino de tierra tendrá ácaros; regar el suelo alrededor y mantener cubierta vegetal baja lo reduce de forma apreciable. Los azufres tienen efecto acaricida y en macetas basta a veces con lavados de agua a presión en el envés repetidos cada pocos días. Cuidado, otra vez, con los insecticidas de amplio espectro: la araña roja es el ejemplo clásico de plaga inducida por tratamientos que eliminan a los ácaros depredadores, sobre todo fitoseidos.
En limonero también aparece el ácaro de las maravillas (Aceria sheldoni), un eriófido invisible a simple vista que deforma los frutos, dándoles formas retorcidas con protuberancias, y deforma también las flores. El fruto deformado no se recupera; hay que actuar sobre la floración siguiente.
Mosca blanca y mosca de la fruta
La mosca blanca algodonosa (Aleurothrixus floccosus) forma en el envés colonias con abundante cera blanca y produce muchísima melaza, con la negrilla consiguiente. Su control biológico está resuelto desde hace décadas por el parasitoide Cales noacki, que funciona bien salvo que se destruya con tratamientos. Si al mirar el envés ve pupas oscurecidas o con un orificio de salida, el parasitoide está trabajando.
La mosca de la fruta (Ceratitis capitata) pica el fruto para poner huevos y la larva pudre el interior. En limonero es menos problemática que en naranjo o caqui, porque la corteza gruesa y la acidez del limón lo hacen poco atractivo, pero los limones muy maduros o los que se dejan en el árbol en verano sí reciben picadas. El manejo doméstico razonable son trampas de mosqueros con atrayente alimenticio colgadas de mayo a noviembre, y sobre todo recoger del suelo la fruta caída, que es donde se completa el ciclo.
Gomosis y podredumbre del cuello: lo que de verdad mata
Los hongos del género Phytophthora, principalmente Phytophthora citrophthora y P. nicotianae, atacan el cuello y las raíces. El síntoma visible es una exudación de goma ambarina en la base del tronco, corteza que se agrieta y se desprende dejando ver madera oscura, y por arriba un árbol que amarillea de forma general, con hojas pequeñas y caída de fruto sin causa aparente. Cuando la lesión rodea el tronco entero, el árbol está sentenciado.
Es una enfermedad de manejo, no de mala suerte. Se produce cuando el cuello permanece húmedo: goteros apuntando al tronco, alcorque que retiene agua, tierra o mulch amontonados contra la corteza, plantación demasiado profunda que entierra el punto de injerto, o suelo pesado sin drenaje. Y aquí un punto decisivo que mucha gente ignora: el punto de injerto debe quedar claramente por encima del nivel del suelo, unos 20-25 cm. La resistencia a Phytophthora la aporta el patrón (citrange Carrizo, mandarino Cleopatra, Citrus macrophylla); si se planta hondo y la variedad injertada toca tierra, el limonero echa raíces propias por encima del injerto y se pierde toda la protección del portainjerto.
Corregir el drenaje, separar los emisores de riego del tronco, retirar la tierra acumulada y dejar el cuello seco y aireado es la base del control. Sobre esa corrección, los tratamientos con fosfonatos u otros fungicidas específicos para oomicetos tienen sentido; sin ella, no sirven de nada.
Aguado del fruto y podredumbres de poscosecha
La misma Phytophthora salpicada por la lluvia desde el suelo produce el aguado: manchas pardas de aspecto correoso, que no se hunden, en frutos de las ramas bajas después de un otoño lluvioso. Se previene evitando que haya fruta a menos de medio metro del suelo.
Ya en casa aparece Penicillium. Penicillium digitatum da el moho verde, y P. italicum el moho azul, ambos sobre una zona blanda con un halo de piel reblandecida alrededor. Lo relevante: estos hongos no atraviesan una piel intacta. Entran siempre por una herida, y la herida se hace casi siempre en la recolección, al arrancar el limón de un tirón y desgarrar la corteza junto al pedúnculo. Cortar con tijera dejando el pedúnculo raso, no arrancar, y no amontonar la fruta golpeada evita la mayor parte de las pérdidas. Un limón mohoso contamina por contacto a todos los de su caja en pocos días.
Virus y viroides
Tristeza (Citrus tristeza virus). La epidemia que arrasó la citricultura española a partir de los años cincuenta y obligó a reinjertar millones de árboles. El virus no mata la variedad, mata la unión con el patrón cuando ese patrón es naranjo amargo: los vasos del floema colapsan justo bajo el injerto, y el árbol decae, amarillea y muere. Por eso el naranjo amargo, que era el patrón tradicional, está prohibido de hecho en plantaciones nuevas. Con patrones tolerantes, un limonero puede llevar el virus y no manifestar nada. Se transmite por pulgón y por material vegetal infectado, y no tiene tratamiento: la única prevención real es comprar planta certificada.
Exocortis (Citrus exocortis viroid). Produce escamado y agrietado longitudinal de la corteza del patrón y enanismo del árbol, y se manifiesta solo sobre patrones sensibles, en particular el trifolio (Poncirus trifoliata) y los citranges. Su forma de contagio es lo que más interesa al aficionado: se transmite mecánicamente, con la savia que queda en las tijeras y en las navajas de injertar. Un viroide es una molécula de ARN desnudo, extraordinariamente estable, que el alcohol de farmacia no inactiva de forma fiable. Se desinfecta con lejía diluida (una parte de lejía comercial en nueve de agua) o con hipoclorito, dejando actuar un par de minutos, entre árbol y árbol. Es la razón por la que podar diez cítricos seguidos con la misma tijera sin limpiarla es mala idea.
Psorosis (Citrus psorosis virus). Conviene fijar el nombre, porque se copia mal por todas partes: la enfermedad es psorosis, no "psoriasis"; lo segundo es una dolencia de la piel humana y no tiene nada que ver. Se manifiesta como descamación de la corteza del tronco y de las ramas gruesas en placas que se van desprendiendo, con exudación de goma, en árboles ya adultos, y con un moteado clorótico característico en las hojas jóvenes de la brotación de primavera. Se transmite por injerto y no tiene cura; se controla con material vegetal saneado, que es lo que ha hecho que hoy sea rara en plantaciones modernas.
Sobre el HLB o huanglongbing conviene ser exacto: es la enfermedad más grave de los cítricos del mundo, y su vector africano, la psila Trioza erytreae, está presente en el noroeste peninsular y en Canarias desde hace años. Cualquier limonero con amarilleo asimétrico de la hoja, en manchas que no respetan la simetría del nervio central, y frutos pequeños y deformes con semillas abortadas, debería comunicarse a la autoridad fitosanitaria autonómica. La detección temprana es lo único que ha funcionado en otros países.
Cuando no es una plaga ni una enfermedad
Buena parte de los limoneros que se dan por enfermos tienen un problema de cultivo:
Hojas amarillas con nervios verdes en la brotación nueva: clorosis férrica, típica de los suelos calizos de casi toda España y del riego con agua dura. Se corrige con quelato de hierro EDDHA, el único estable a pH alto, aplicado al suelo en riego, no en pulverización.
Amarilleo general y caída masiva de hoja: casi siempre exceso de agua y raíz asfixiada, no falta de riego. El limonero en maceta muere ahogado con mucha más frecuencia que de sed. Antes de regar más, meta el dedo cinco centímetros en el sustrato.
Caída de frutitos en junio: es la caída fisiológica normal. El árbol cuaja muchísimas más flores de las que puede mantener y descarta el exceso. No hay nada que tratar.
Frutos agrietados en otoño: riego irregular, largas sequías seguidas de un riego abundante o de una lluvia fuerte. Se corrige con regularidad y con acolchado que estabilice la humedad del suelo.
Puntas de hoja quemadas y borde marrón: exceso de sales, por agua salina, por abono en dosis alta o por acumulación en maceta. Lavar el sustrato con riego abundante y espaciar el abonado.
Un calendario práctico
Invierno. Revisar el cuello del tronco, retirar tierra acumulada, comprobar drenaje. Poda ligera de aclareo tras el riesgo de heladas, desinfectando la herramienta. Tratamiento de aceite de invierno si hubo cochinilla el año anterior, en día templado.
Primavera. Vigilar pulgón en la brotación de abril y mayo, y las hormigas en el tronco. Aplicar quelato de hierro si el árbol viene clorótico. No confundir la caída fisiológica de junio con un problema.
Verano. Riego regular y abundante sin encharcar; el estrés hídrico dispara araña roja y caída de fruto. Trampas para ceratitis. Nada de nitrógeno fuerte que provoque brotación en plena presión de minador.
Otoño. Recolección con tijera, no a tirones. Revisar frutos bajos por aguado tras las lluvias. Recoger fruta caída del suelo.
En resumen
Ordene los problemas del limonero por gravedad real y no por aparatosidad. La gomosis por Phytophthora en el cuello del tronco mata el árbol y se evita casi siempre con plantación a la altura correcta, drenaje y goteros lejos del tronco. Las virosis y el viroide de la exocortis no se curan: se previenen comprando planta certificada y desinfectando la tijera con lejía diluida, porque el alcohol no basta contra un viroide. El minador es escandaloso y poco importante en árbol adulto, y tratarlo con insecticidas de amplio espectro genera araña roja y cochinilla donde no las había. Pulgones, moscas blancas y cochinillas tienen enemigos naturales eficaces que trabajan gratis si no se les mata, y las hormigas del tronco suelen ser la pieza que hay que quitar primero. Y antes de buscar patógenos, descarte lo obvio: amarilleo con nervios verdes es hierro bloqueado, hoja que cae en masa suele ser exceso de agua, y los frutitos de junio se caen solos porque el árbol cuajó de más.