Hojas amarillas en un naranjo pueden significar quince cosas distintas, y solo dos o tres de ellas son una enfermedad. Antes de comprar nada conviene mirar dónde está realmente el problema, porque en cítricos el síntoma que se ve arriba suele generarse abajo: en el cuello, en la raíz o en el riego.
El naranjo dulce (Citrus sinensis) es un árbol de vida larga, madera resistente y hoja perenne, y eso lo hace bastante menos frágil que un frutal de hueso. Lo que sí tiene es un talón de Aquiles claro —la zona del cuello y las raíces frente al exceso de agua— y una dependencia total del patrón sobre el que está injertado. La historia citrícola española se explica en buena medida por eso: la epidemia de tristeza que arrasó el Levante desde los años cincuenta obligó a sustituir millones de árboles injertados sobre naranjo amargo, y hoy el patrón sigue siendo la decisión sanitaria más importante que se toma en una plantación.
Antes de diagnosticar: mira dónde empieza el daño
Un método sencillo que ahorra tratamientos inútiles consiste en localizar el origen antes que el síntoma.
Si el árbol entero decae de forma uniforme, con hojas pequeñas, amarilleo general, brotación corta y frutos que no engordan, el problema está casi siempre en el sistema radicular o en el cuello: exceso de riego, asfixia, Phytophthora, salinidad, o un virus sistémico.
Si el daño es sectorial —una rama seca, un lado del árbol— sospecha de un chancro, de una herida, de un problema mecánico o de un ataque en la madera de esa rama concreta.
Si el daño está solo en hojas o frutos, con manchas definidas, es terreno de hongos foliares, de plagas o de daños ambientales (sol, viento, granizo).
Si lo que ves es una capa negra pegajosa, eso no es una enfermedad primaria; es negrilla, y detrás hay un insecto chupador. Lo vemos más abajo.
Gomosis y podredumbre del cuello
Es la enfermedad más seria del naranjo en España y la causan hongos del suelo del género Phytophthora, principalmente Phytophthora citrophthora y Phytophthora nicotianae (citada también como P. parasitica). No son hongos verdaderos sino oomicetos, y ese detalle importa: se mueven en agua, sus zoosporas nadan, y por eso la enfermedad es inseparable del riego y del drenaje.
El síntoma que le da nombre es el exudado de goma ámbar en la base del tronco, con la corteza oscurecida, húmeda y desprendiéndose en placas verticales. Al rascar aparece madera pardeada con un borde de avance nítido. Cuando la lesión rodea el tronco, el árbol se estrangula: hoja pequeña, amarilleo con aclarado de nervios, defoliación progresiva, floración desesperada y muerte. En la variante de raíz, lo que se pudre son las raicillas absorbentes, sin síntoma visible en el tronco, y el árbol simplemente se apaga.
Cómo se evita
El manejo cultural pesa más que el químico:
Injerto alto y seco. El punto de injerto debe quedar bastante por encima del suelo —25-30 cm es una referencia razonable— y nunca enterrado. Un árbol plantado demasiado profundo, o con el injerto tapado por un aporcado posterior, tiene la variedad sensible en contacto con la tierra húmeda, y ahí el patrón resistente no le sirve de nada.
Goteros lejos del tronco. Un emisor que moje continuamente la base es la receta exacta de la podredumbre de cuello. Aleja los goteros y evita que los aspersores o el riego a manta bañen la corteza.
Drenaje y caballón. En suelos pesados o con capa de riego mal drenada, plantar sobre lomo. El agua parada más de unas horas alrededor del cuello es suficiente.
Patrón adecuado. Citrange Carrizo y los patrones híbridos tipo Forner-Alcaide se comportan bien frente a Phytophthora; el mandarino Cleopatra, muy valorado por su tolerancia a la salinidad y a la tristeza, es en cambio sensible. La elección depende del suelo de cada parcela y merece consulta previa.
Cuando la lesión ya existe, se limpia con cuidado la corteza afectada hasta tejido sano, se deja secar y se aplica un producto cúprico de cicatrización. En paralelo se usan fungicidas sistémicos específicos frente a oomicetos —fosetil-Al y fenilamidas del tipo metalaxil son los clásicos del sector—, aplicados en la época de mayor actividad del hongo, que en la Península coincide con el otoño lluvioso y con la primavera. En jardín particular, corregir el riego suele hacer más que cualquier aplicación.
Podredumbre marrón del fruto o aguado
La provocan las mismas especies de Phytophthora, y por eso es un error tratarla como un problema aparte. Tras lluvias intensas de otoño, las salpicaduras de suelo llevan zoosporas a los frutos de la parte baja de la copa. Aparece una mancha parda, firme y de aspecto correoso, no blanda, con un olor rancio muy característico que delata la enfermedad incluso antes de verla bien. Con humedad alta la superficie se cubre de un fieltro blanquecino.
El peligro añadido es de postcosecha: un fruto contaminado y sin síntoma en el momento de la recolección pudre después la caja entera. De ahí que en campo se trabaje sobre lo evidente: faldas levantadas, es decir, podar las ramas bajas para que ningún fruto quede a menos de 50-60 cm del suelo; mantener el suelo cubierto para reducir salpicaduras; tratamiento cúprico dirigido a la parte baja de la copa y al suelo antes de las lluvias de otoño; y no recolectar con el árbol mojado ni recoger del suelo fruta para almacenar.
Antracnosis
Causada por Colletotrichum gloeosporioides, la antracnosis es sobre todo una enfermedad de debilidad. El hongo vive de forma latente sobre madera y hojas de cualquier naranjo sano sin causar problema; se vuelve agresivo cuando el árbol pasa un estrés fuerte: una helada, una sequía prolongada, un exceso de sales, una carencia grave, un encharcamiento o una defoliación previa.
Sus formas de presentarse son varias. En ramillas produce un secado descendente: la punta de la ramilla muere y el avance se detiene en un límite neto, con la madera muerta cubierta de puntitos negros (los acérvulos del hongo). En hojas provoca manchas pardas con halo y caída. En frutos deja manchas hundidas de color pardo oscuro, a veces con anillos concéntricos y masas de esporas de tono asalmonado en tiempo húmedo. También produce el llamado manchado por lágrima, cuando el agua de lluvia arrastra esporas desde las flores secas hasta el fruto.
El tratamiento verdadero es quitar la causa del estrés: corregir riego, revisar salinidad y drenaje, equilibrar el abonado, proteger de heladas. Como complemento se podan y retiran las ramillas secas —que son el foco de esporas— y se aplica cobre tras la poda y antes de periodos húmedos. Aplicar fungicida a un árbol que sigue estresado no resuelve nada; la antracnosis vuelve.
Mancha marrón de las mandarinas
Aunque hablamos de naranjo, esta merece mención porque en un jardín mixto con mandarinos es la que más sustos da. La causa Alternaria alternata en su forma patógena de cítricos, y afecta muy especialmente a variedades como Fortune y a algunos híbridos tipo Nova. Provoca manchas necróticas pardo-negruzcas en hojas jóvenes con un halo amarillo, caída de hoja, lesiones en fruto y caída masiva de frutitos recién cuajados.
Lo importante para el aficionado: el naranjo dulce clásico —Navelina, Navelate, Salustiana, Valencia Late— es prácticamente inmune a este hongo. Si tienes daños de este tipo, mira qué variedad es realmente el árbol antes de diagnosticar.
Tristeza de los cítricos
Es una virosis, causada por el Citrus tristeza virus (CTV), y su historia condiciona todo el cultivo español. El virus no mata al naranjo por sí mismo: mata la unión del injerto cuando el patrón es naranjo amargo (Citrus aurantium). Bajo la línea de injerto se forma un picado característico de la madera, el floema se colapsa y el árbol deja de recibir savia elaborada: decae, amarillea, produce una floración desesperada con frutos pequeños y muere, a veces en pocos meses.
Lo transmiten pulgones, sobre todo Aphis gossypii, de manera semipersistente, y el material vegetal infectado. No hay cura. La estrategia es exclusivamente preventiva: plantar sobre patrones tolerantes —citranges Carrizo y Troyer, citrumelo, mandarino Cleopatra, híbridos Forner-Alcaide— y usar planta certificada de vivero autorizado. Injertar un naranjo sobre amargo hoy, con material tomado del árbol del vecino, es repetir un error que ya costó una reconversión entera.
Exocortis, psoriasis y el peligro de las tijeras
La exocortis está causada por un viroide y la psoriasis por un virus; ambas se manifiestan sobre todo en el patrón. La exocortis produce agrietado y descamación longitudinal de la corteza del pie —muy visible en citrange y en limonero rugoso— con enanismo del árbol. La psoriasis provoca escamas y placas que se desprenden en el tronco de la variedad, con goma.
El dato práctico que casi nunca se cuenta: se transmiten con las herramientas de poda. El viroide de la exocortis es extremadamente estable y pasa de un árbol a otro en la savia de la tijera. Si tienes varios cítricos y sospechas de alguno, desinfecta entre árbol y árbol con lejía diluida (una parte de lejía doméstica en nueve de agua, con un minuto de contacto) o con productos específicos. No hay tratamiento curativo para ninguna de las dos.
Podredumbres de la naranja recolectada
Las que estropean la fruta guardada son Penicillium digitatum, el moho verde, y Penicillium italicum, el moho azul. Empiezan como una zona blanda y acuosa que cede a la presión del dedo, sobre la que crece un micelio blanco que rápidamente se cubre de esporas verdes o azules. Se contagia por contacto: una naranja podrida infecta a sus vecinas en la caja.
Estos hongos solo entran por heridas, por diminutas que sean: un arañazo de espina, un golpe de uña, la marca de una tijera de recolección mal colocada, una picadura de mosca. Recolectar con tijera cortando el pedúnculo al ras en lugar de arrancar el fruto tirando, manipular con cuidado, no lavar la fruta que vas a guardar y conservarla fresca y aireada reduce el problema a casi nada sin usar ningún producto.
Negrilla y melazas: la confusión más común
El negrilla o fumagina es una capa negra, seca y pulverulenta que cubre hojas, ramas y frutos y que se puede desprender frotando. Está formada por hongos saprófitos (Capnodium y afines) que no penetran en el tejido vegetal: viven sobre la melaza azucarada que excretan los insectos chupadores.
Es decir, la negrilla es un síntoma, no la enfermedad. Tratar con fungicida es tirar el dinero. Lo que hay que buscar es el insecto que la alimenta: cochinillas (serpeta, piojo rojo, caparreta), pulgones, mosca blanca o el cotonet (Delottococcus aberiae y Planococcus citri). Eliminando la plaga, la melaza deja de producirse y la negrilla se lava con las lluvias o con un chorro de agua a presión en unas semanas. Sí conviene actuar, porque una capa gruesa reduce la fotosíntesis y ensucia la cosecha.
Lo que parece enfermedad y no lo es
Clorosis férrica. Hoja amarilla con los nervios claramente verdes, empezando por las hojas más nuevas. Es la carencia más frecuente en cítricos españoles por el pH alto de nuestros suelos calizos: el hierro está en el suelo pero el árbol no puede absorberlo. Se corrige con quelato de hierro EDDHA aplicado en el riego a la salida del invierno, no con abono foliar ocasional ni con fungicidas.
Carencia de zinc o de magnesio. Dan moteados y amarilleos con patrones característicos entre nervios; se confunden con virosis.
Salinidad y exceso de cloruros. Puntas y bordes de hoja quemados, de color pardo, con defoliación. Muy común en huertos costeros y con agua de pozo salina.
Asfixia radicular. Amarilleo general, hoja mate y caída de fruto en riegos excesivos o suelos encharcados. Es probablemente la causa número uno de naranjos enfermos en jardines particulares, y su tratamiento consiste en regar menos.
Golpe de sol. Corteza agrietada y muerta en la cara sur o suroeste del tronco de árboles jóvenes o recién podados en exceso. Se previene con blanqueo del tronco o con protectores, no con fungicidas.
Dos enfermedades que hay que vigilar sin alarmismo
El huanglongbing o HLB (bacterias del género Candidatus Liberibacter) es la enfermedad más destructiva que existe en cítricos a escala mundial, sin cura y letal. Lo transmiten psílidos; el vector africano, Trioza erytreae, ya se detectó en la fachada atlántica de la Península. Sus síntomas iniciales —moteado asimétrico de la hoja, que no respeta la simetría del nervio central, y frutos deformes con semillas abortadas— se confunden con carencias.
La mancha negra (Phyllosticta citricarpa) es otro organismo de cuarentena, con intercepciones repetidas en fruta importada.
Para ninguna de las dos hay tratamiento de jardín. Lo que sí corresponde al particular es no introducir plantones de cítrico de origen desconocido, no traer esquejes ni fruta de terceros países, y comunicar cualquier sospecha al servicio de sanidad vegetal de su comunidad autónoma. La entrada de estas enfermedades suele producirse por material vegetal movido sin control, no por el viento.
Rutina anual de un naranjo sano
Invierno. Revisión del cuello: descalzar ligeramente la base, comprobar que no haya goma, tierra acumulada ni injerto enterrado. Poda de ramillas secas.
Final de invierno. Quelato de hierro si hubo clorosis. Cobre tras la poda para proteger los cortes.
Primavera. Vigilancia de plagas chupadoras antes de que se instale la melaza; es mucho más fácil frenar una cochinilla al inicio que limpiar la negrilla después.
Verano. Riego frecuente y moderado, nunca contra el tronco. El naranjo prefiere agua repartida a encharcones espaciados.
Otoño, antes de las lluvias. Levantar faldas, tratamiento cúprico dirigido a la zona baja y al suelo contra la podredumbre marrón, y comprobar el drenaje antes de la primera tormenta seria.
En resumen
Las enfermedades reales del naranjo se reparten en tres grupos. Las de suelo y agua, con Phytophthora a la cabeza, que producen gomosis, podredumbre de cuello y raíz y el aguado del fruto, y que se combaten con injerto alto, drenaje, goteros alejados del tronco y patrón adecuado. Las de debilidad, como la antracnosis por Colletotrichum gloeosporioides, que se resuelven corrigiendo el estrés que las ha permitido. Y las transmisibles sin cura, tristeza, exocortis y psoriasis, frente a las que solo cabe planta certificada, patrón tolerante y tijeras desinfectadas.
Alrededor de ese núcleo hay mucho ruido: negrilla que solo es un síntoma de plaga, clorosis férrica que parece virosis, quemaduras salinas que parecen hongo y árboles ahogados a fuerza de regarlos bien. En un naranjo doméstico, el diagnóstico correcto y un riego sensato evitan más problemas que cualquier tratamiento.