El pimiento (Capsicum annuum) es un cultivo agradecido en el huerto español, pero también uno de los que más problemas sanitarios acumula. Se cultiva en pleno verano, con calor y riegos frecuentes, y muchas de sus enfermedades aparecen justo cuando la planta está cargada de fruto y ya no queda margen para reaccionar.

Lo primero que conviene tener claro es que los tratamientos curativos disponibles en un huerto doméstico son muy pocos. Frente a hongos de suelo y frente a bacterias y virus no hay remedio: la planta afectada se pierde. Todo el trabajo real está en la prevención, en el diagnóstico rápido y en no propagar el problema al resto del cultivo. Este artículo va en ese orden.

Pimientos rojos sanos en la planta

Podredumbre gris (Botrytis cinerea)

Es la enfermedad más común del pimiento en invernadero y en huerto de zonas húmedas del norte peninsular. El hongo es un patógeno oportunista: no ataca tejido sano y vigoroso, sino que entra por heridas, por restos de flor, por cicatrices de poda o por tejido ya senescente.

Síntomas. Lesiones pardas y blandas que se cubren de un moho gris ceniciento muy característico, polvoriento al tocarlo. Aparece con frecuencia en la unión del pedúnculo con el fruto, en los restos de pétalos adheridos y en las axilas de las ramas. En tallo produce un chancro que rodea la rama y hace que se seque toda la parte superior de golpe. En plántula provoca el damping-off, con caída súbita del semillero.

Condiciones que lo disparan. Humedad relativa por encima del 90 % y temperaturas suaves, entre 15 y 22 °C. Es decir, primaveras lluviosas, otoños húmedos y, muy especialmente, invernaderos mal ventilados. La condensación nocturna sobre las hojas es la puerta de entrada más frecuente.

Prevención y tratamiento. La ventilación es la medida que más rinde: airear el invernadero por la mañana en cuanto sube la temperatura evita la condensación. Reduce la densidad de plantación, marca un marco amplio —40-50 cm entre plantas y 70-80 cm entre líneas— y elimina las hojas bajas para que circule el aire. Riega por goteo, nunca a manta ni por aspersión, y hazlo por la mañana para que la planta llegue seca a la noche.

Retira los restos de flores marchitas adheridos a los frutos y desinfecta las tijeras entre plantas con alcohol. Poda solo en días secos y soleados, porque la herida cicatriza antes.

Sobre el tratamiento químico: en un huerto doméstico las opciones son limitadas. Los productos a base de cobre tienen efecto preventivo moderado, y existen preparados biológicos con Trichoderma harzianum o Bacillus subtilis que compiten con el patógeno y funcionan razonablemente si se aplican antes de que aparezcan los síntomas. Cuando la lesión ya está en el tallo, lo eficaz es cortar por debajo de la lesión y retirar el material de la parcela, nunca dejarlo en el suelo ni echarlo al compost.

Podredumbre blanca (Sclerotinia sclerotiorum)

Menos frecuente que la botritis pero mucho más difícil de erradicar, porque el hongo sobrevive en el suelo durante años en forma de esclerocios.

Síntomas. Podredumbre acuosa en la base del tallo o en el fruto, cubierta por un micelio blanco denso, algodonoso, más grueso y más blanco que el de la botritis. La señal inconfundible aparece al abrir el tallo afectado o al mirar de cerca el micelio: se ven unos cuerpos negros y duros del tamaño de un grano de arroz o de una lenteja. Son los esclerocios, las estructuras de resistencia del hongo, y permiten distinguir esta enfermedad de cualquier otra sin necesidad de laboratorio.

Por qué importa. Esos esclerocios caen al suelo y pueden permanecer viables entre 5 y 10 años. Es decir, una parcela afectada queda comprometida a largo plazo. Además tiene un rango de huéspedes enorme: judía, lechuga, tomate, girasol, col, zanahoria, alcachofa. Rotar con esos cultivos no sirve de nada.

Manejo. No hay tratamiento curativo doméstico. Lo que hay que hacer es:

Arrancar la planta entera con su cepellón en cuanto se detecte, con cuidado de no desprender esclerocios, y sacarla de la parcela. No compostar.

Rotar durante 4-5 años con cultivos no sensibles: cereales, maíz, cebolla, ajo, puerro, espárrago.

Evitar el encharcamiento y el exceso de humedad en la base del tallo. Regar por goteo y separar el gotero unos centímetros del cuello de la planta.

Plantar sobre caballón elevado, que mantiene el cuello más seco.

En zonas cálidas, la solarización estival —cubrir el suelo húmedo con plástico transparente durante 4-6 semanas en julio y agosto— reduce de forma significativa la carga de esclerocios en los primeros centímetros.

Trichoderma incorporado al suelo antes de plantar ayuda como medida preventiva, porque parasita los esclerocios, pero no cura una planta infectada.

Tristeza o seca del pimiento (Phytophthora capsici)

Es, con diferencia, la enfermedad más grave del pimiento en España. Responsable de la desaparición de plantaciones enteras en La Rioja, Navarra, Murcia y Extremadura, se conoce popularmente como "tristeza" por el aspecto decaído de la planta antes de morir.

Planta de pimiento con síntomas de enfermedad

Síntomas. Marchitez repentina de la planta entera, que en pocos días pasa de aspecto normal a completamente seca, conservando las hojas colgando pero sin caer. En el cuello, justo en la línea del suelo, aparece una lesión pardo oscura, húmeda al principio, que estrangula el tallo. Al arrancar la planta, la raíz está podrida y descortezada. En hoja puede dar manchas acuosas circulares, y en fruto una podredumbre que se cubre de un moho blanco fino.

Detalle clave para el diagnóstico: la enfermedad no se distribuye al azar por la parcela, sino siguiendo el trazado del agua. Aparece primero en las zonas bajas, en las cabeceras de riego o en los rodales donde se encharca, y se extiende línea abajo. Si ves un foco que avanza siguiendo el surco, es casi con seguridad Phytophthora.

Por qué ocurre. Phytophthora capsici no es un hongo verdadero sino un oomiceto, y su ciclo depende del agua libre. Produce zoosporas móviles, con flagelos, que literalmente nadan por el agua del suelo hasta encontrar una raíz. Sin agua encharcada no hay infección. Le favorecen temperaturas de 24-30 °C combinadas con suelo saturado, exactamente lo que ocurre en un riego a manta de julio.

Manejo. Aquí la prevención lo es todo, porque una vez que la planta manifiesta síntomas no se recupera.

El drenaje es la primera medida. Planta sobre caballón alto, de 20-30 cm, para que el cuello nunca esté en la zona saturada. En suelos arcillosos, mejora la estructura con materia orgánica y evita el paso de maquinaria que compacte.

Cambia el riego a manta por goteo, y riega con dosis moderadas y frecuentes en lugar de inundaciones espaciadas.

Rota al menos 3-4 años sin solanáceas ni cucurbitáceas, porque el patógeno también ataca a calabacín, pepino y melón.

Usa variedades o portainjertos resistentes. Existen patrones comerciales de pimiento con resistencia a Phytophthora, y el injerto de la variedad deseada sobre ellos es la solución más sólida en parcelas con historial. Es una técnica al alcance de un aficionado con algo de práctica.

No traslades tierra ni herramientas de una zona afectada a otra sana, y desinfecta el calzado si has pisado un foco.

Arranca y retira las plantas afectadas de inmediato, con su cepellón.

Sarna o roña bacteriana (Xanthomonas)

Causada por bacterias del complejo Xanthomonas euvesicatoria / X. vesicatoria, es la enfermedad bacteriana más importante del pimiento y también afecta al tomate.

Síntomas. En hoja, manchas pequeñas, angulosas, de aspecto acuoso al principio y luego necróticas, a menudo rodeadas de un halo amarillento. Al mirar la hoja a contraluz se aprecia bien ese aspecto translúcido inicial. Con el avance, las hojas amarillean y caen, dejando la planta defoliada y el fruto expuesto al sol. En fruto produce lesiones sobresalientes, rugosas y agrietadas, de aspecto de costra o verruga, que es lo que da nombre a la enfermedad.

Pimientos con lesiones y mal aspecto

Cómo se transmite. Principalmente por semilla infectada y por restos de cultivo, y se dispersa por salpicaduras de agua: lluvia, riego por aspersión o simplemente el chorro de la manguera. Necesita entrar por heridas o por los estomas, y le van bien las temperaturas de 25-30 °C con humedad alta.

Manejo. Contra bacterias no hay curación. Las medidas útiles son:

Semilla certificada o, si guardas semilla propia, desinfectarla sumergiéndola 25 minutos en agua a 50 °C, controlando bien la temperatura porque unos grados de más matan el embrión.

No regar por aspersión y evitar mojar el follaje.

No manipular las plantas cuando están mojadas: al pasar entre las líneas con las hojas húmedas se disemina la bacteria por toda la parcela.

Aplicaciones preventivas de cobre —oxicloruro cúprico o hidróxido de cobre— antes o al inicio de los síntomas. El cobre no cura las lesiones existentes, pero frena la propagación. Respeta las dosis: en exceso es fitotóxico y provoca manchas necróticas y caída de hoja.

Rotación de 2-3 años y eliminación completa de restos de cultivo al final de la campaña.

Otras enfermedades que conviene reconocer

Oídio (Leveillula taurica). Es distinto del oídio de otras hortalizas porque el hongo es interno: el polvo blanco aparece en el envés de la hoja, mientras que en el haz solo se ven manchas amarillentas difusas. Muchos huertos lo confunden con carencia de nutrientes. Provoca defoliación intensa y golpe de sol en los frutos. Se controla con azufre mojable, aplicado con temperaturas por debajo de 30 °C para no quemar, o con bicarbonato potásico.

Alternariosis (Alternaria solani y otras). Manchas pardas con anillos concéntricos, tipo diana, en hojas viejas. Favorecida por alternancia de humedad y calor. Cobre preventivo y retirada de hoja afectada.

Virosis. Un grupo importante y sin ningún tratamiento posible. El virus del bronceado del tomate (TSWV), transmitido por trips, da manchas bronceadas y anillos concéntricos en fruto y hoja. El virus del mosaico del pepino (CMV) y el del pimiento (PMMoV) provocan mosaicos, deformaciones y frutos abollados. La única defensa es controlar los vectores —trips y pulgón, con mallas y trampas cromáticas—, usar variedades resistentes, no fumar cerca de las plantas (el virus del mosaico del tabaco se transmite por las manos) y arrancar las plantas sintomáticas.

Necrosis apical (podredumbre del culo negro). No es una enfermedad, es una fisiopatía, y este es el punto que más se malinterpreta. La mancha negra y hundida en el extremo del fruto se debe a un déficit de calcio en el fruto en formación, pero casi nunca por falta de calcio en el suelo, que en España suele ser abundante. La causa real es que el calcio se transporta con el flujo de agua y no llega al fruto cuando el riego es irregular: alternancia de sequía y encharcamiento, salinidad alta, o exceso de nitrógeno amoniacal y de potasio, que compiten con el calcio en la absorción. La solución es regularizar el riego y acolchar el suelo, no echar calcio. Los frutos ya afectados no se recuperan; los siguientes saldrán sanos.

Golpe de sol. Zonas blanquecinas y apergaminadas en la cara del fruto expuesta al sol. Se produce cuando la planta pierde hoja por otra enfermedad y el fruto queda al descubierto. Es un síntoma secundario: resuelve la causa de la defoliación.

El plan preventivo que evita casi todo

Resumido en lo que de verdad marca la diferencia en un huerto:

Rotación de al menos 3 años sin solanáceas en la misma parcela. Es la medida más eficaz y la más ignorada.

Riego por goteo, por la mañana, con dosis regulares. Sin agua sobre el follaje y sin encharcamientos, la mayoría de estos patógenos no arrancan.

Marco de plantación amplio. La tentación de apretar las plantas se paga en hongos.

Caballón o mesa elevada en suelos pesados.

Acolchado de paja o plástico, que evita las salpicaduras de suelo a hoja —vía de entrada de alternaria y xanthomonas— y estabiliza la humedad.

Planta sana de origen y semilla certificada.

Retirada inmediata de plantas afectadas y eliminación total de restos al final de la campaña. Nada de dejar los tallos secos en la parcela hasta el año siguiente.

Higiene de herramientas, con desinfección con alcohol entre plantas cuando se poda o se destalla.

En resumen

En el pimiento, la clave está en diferenciar lo que se trata de lo que solo se previene. La botritis y el oídio admiten intervención con ventilación, higiene y productos preventivos. La podredumbre blanca, la tristeza y la sarna bacteriana no se curan: se manejan con rotación, drenaje, riego por goteo, variedades resistentes y retirada rápida de las plantas enfermas. La necrosis apical, pese a las apariencias, no es un hongo sino un problema de regularidad del riego. Y si tuvieras que quedarte con una sola medida, sería esta: cambia el riego a manta por goteo y planta sobre caballón. Con eso desaparece la mayoría de los problemas graves del cultivo.


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