La patata es un cultivo agradecido, pero arrastra una vulnerabilidad estructural: se multiplica por tubérculo, no por semilla. Eso significa que cada año se replanta un fragmento vivo de la planta anterior y, con él, todo lo que llevara dentro. Buena parte de los problemas de un patatal doméstico no empiezan en el campo, sino en el saco de patata de siembra.

Lo que hay que resolver antes de plantar

Tres decisiones condicionan la temporada entera y ninguna cuesta dinero.

Usa patata de siembra certificada. Plantar patatas del supermercado o guardadas del año pasado es la vía más directa a introducir virus, sarna, tizones y podredumbres. La certificada está producida en zonas y condiciones que garantizan un nivel sanitario mínimo. Además, la patata de consumo suele venir tratada con antigerminante.

Rota. Cuatro años sin patata ni ninguna otra solanácea (tomate, pimiento, berenjena) en el mismo bancal. Muchos patógenos de la patata persisten en el suelo entre tres y cinco años. Repetir en el mismo sitio es acumular inóculo temporada tras temporada.

Elige bien la época. En la mitad sur y el litoral mediterráneo se planta de enero a marzo y se recoge en mayo-junio, escapando de los calores. En el interior y el norte, de marzo a mayo, con recolección en agosto-septiembre. Adelantar la plantación en zonas de mildiu (norte húmedo) permite tener la planta hecha antes de que llegue la presión fuerte.

Mildiu o tizón tardío

Es la enfermedad más destructiva de la patata en todo el mundo y la que provocó la Gran Hambruna irlandesa. La causa Phytophthora infestans, un oomiceto que, pese a comportarse como un hongo, pertenece a un grupo distinto, lo que explica por qué responde a fungicidas específicos y no a otros.

Condiciones. Necesita humedad relativa por encima del 90 % durante varias horas y temperaturas suaves, entre 10 y 22 °C, con óptimo alrededor de 18 °C. La combinación clásica de riesgo son dos días seguidos con noches húmedas y temperaturas mínimas por encima de 10 °C. En la cornisa cantábrica y Galicia es un problema anual; en el sur, solo en primaveras lluviosas.

Síntomas. Manchas irregulares de aspecto aceitoso, pardo verdoso, que empiezan en los bordes y puntas de las hojas bajas y se extienden rápido. Con humedad alta, en el envés y en el borde de la mancha aparece un vello blanquecino muy fino, que es la esporulación. El tallo puede presentar lesiones oscuras. En días de calor la mancha se seca y se vuelve parda y quebradiza. Si llega al tubérculo, produce zonas deprimidas de color pardo violáceo en la piel y una podredumbre firme, granulosa y de color canela bajo ella.

Manejo. Es una enfermedad que se previene o se pierde. Aporca bien para que la tierra proteja los tubérculos de las esporas que caen; usa marcos amplios y riego por goteo, nunca aspersión; elimina las plantas espontáneas de patata que rebrotan de tubérculos olvidados, que son el foco inicial. Tratamiento preventivo con cobre ante previsión de tiempo húmedo, repetido cada 7-10 días y renovado tras lluvia, dado que el cobre se lava. En infecciones ya declaradas, siega y retira la parte aérea dos o tres semanas antes de la recolección: así el follaje enfermo no contamina los tubérculos al arrancarlos. Existen variedades con tolerancia notable, y son una gran ayuda en zonas húmedas.

Alternariosis o negrón

Causada por Alternaria solani, se confunde a menudo con el mildiu, pero se comporta al revés en cuanto a clima y tiene una firma visual muy distinta.

Síntomas. Manchas pardas, secas, de contorno bastante definido, con anillos concéntricos que recuerdan a una diana, rodeadas de un halo amarillo. Empieza siempre por las hojas más viejas de la base y va subiendo. En el tubérculo produce lesiones deprimidas, oscuras y de bordes marcados, con podredumbre seca y corchosa por debajo.

Condiciones. Al contrario que el mildiu, prefiere tiempo cálido, entre 25 y 30 °C, con alternancia de humedad y sequedad: rocíos nocturnos y días secos. Es típica de finales de ciclo en el interior peninsular, en junio y julio.

Dato clave. El negrón ataca preferentemente plantas debilitadas o mal nutridas. Un patatal con deficiencia de nitrógeno o de potasio, o estresado por sequía, es mucho más susceptible. Corregir la fertilización y evitar el estrés hídrico es aquí tan importante como el fungicida. El manejo se completa con rotación, eliminación de restos de cultivo y tratamientos preventivos con cobre desde el inicio de la floración en zonas con antecedentes.

Negrón o alternariosis en hojas de patata

Sarna común

Provocada por bacterias filamentosas del género Streptomyces, sobre todo Streptomyces scabies. Da costras corchosas, ásperas y superficiales en la piel del tubérculo, a veces reticuladas, a veces profundas en forma de cráter.

No afecta a la comestibilidad: pelando la patata se aprovecha perfectamente. El problema es estético y de conservación, porque las lesiones son puerta de entrada para podredumbres en almacén.

Lo interesante es cómo se controla, porque va contra la intuición de mucha gente. La sarna común se favorece con suelo seco durante la tuberización, pH alto y aporte de estiércol fresco o cal. En consecuencia:

Mantén el suelo uniformemente húmedo durante las 4-6 semanas posteriores a la floración, que es cuando se forman y engordan los tubérculos y la piel es vulnerable. Es la medida más eficaz que existe contra la sarna. No encales el bancal de patatas: la patata tolera bien un pH ligeramente ácido, entre 5,0 y 6,0, y ahí Streptomyces se desarrolla mal. No aportes estiércol fresco antes de plantar; usa compost bien maduro y hazlo al cultivo anterior. Y elige variedades poco sensibles: hay diferencias grandes entre ellas.

Sarna polvorienta

La causa Spongospora subterranea, un protozoo del suelo. Se distingue de la sarna común porque las pústulas son redondas, elevadas, y se abren liberando un polvo pardo formado por las esporas del patógeno.

Sus condiciones son las opuestas a las de la sarna común: suelos fríos, pesados y encharcados. Por eso el remedio contra una empeora la otra, y conviene identificar bien cuál se tiene.

Su manejo pasa por mejorar el drenaje, no plantar en suelos que se encharcan, evitar el exceso de riego y hacer rotaciones largas, porque sus quistes persisten en el suelo hasta diez años. Tiene un agravante importante: es vector del Potato mop-top virus, así que su presencia trae compañía.

Podredumbres bacterianas: pierna negra y podredumbre blanda

Causadas por Pectobacterium y Dickeya. En campo se ve la pierna negra: la base del tallo se ennegrece y se ablanda, la planta amarillea, se enrolla hacia arriba y acaba cayendo. En almacén, la podredumbre blanda: el tubérculo se convierte en una masa acuosa, cremosa y con un olor pútrido inconfundible.

Entran por heridas y prosperan con humedad y falta de oxígeno. Las medidas que funcionan son de manejo, porque no hay tratamiento: patata de siembra sana, no plantar en suelo encharcado, cosechar con el suelo seco, manipular los tubérculos con cuidado para no golpearlos, y curar la cosecha antes de guardarla, es decir, dejarla dos semanas a 15-18 °C con buena ventilación y humedad alta para que la piel engrose y las heridas cicatricen. Después, almacenar en oscuridad, entre 4 y 8 °C, con ventilación y sin humedad de condensación. Y descartar cualquier tubérculo dañado antes de almacenar: uno podrido contamina la caja entera.

Plagas que se confunden con enfermedades

Gusanos de alambre. Son las larvas de los escarabajos elatéridos (Agriotes), duras, alargadas, de color ámbar brillante. Perforan galerías estrechas y limpias en el tubérculo que después se infectan con podredumbres. Son especialmente abundantes en parcelas que antes fueron pradera o césped, porque las larvas viven varios años en el suelo alimentándose de raíces de gramíneas. Si vas a convertir una zona de hierba en huerto, no plantes patata el primer año. Las labores de suelo en verano exponen las larvas a los depredadores y al calor, y las trampas cebadas con media patata enterrada permiten detectarlos y reducirlos.

Polilla de la patata. Phthorimaea operculella es un problema serio en el sur y en Canarias. Su larva mina hojas y tallos y luego penetra en los tubérculos, dejando galerías sinuosas llenas de excrementos. Se combate aporcando bien, para que no queden tubérculos aflorando ni grietas por las que la polilla llegue a ellos, recolectando sin retraso, no dejando la cosecha en el campo durante la noche y almacenando en local cerrado. Bacillus thuringiensis y las trampas de feromona ayudan.

Escarabajo de la patata. Leptinotarsa decemlineata, con sus franjas negras y amarillas y sus larvas rojizas y jorobadas, defolia una planta en pocos días. Se controla bien con recogida manual de adultos y puestas anaranjadas en el envés al inicio de la temporada, y con Bacillus thuringiensis variedad tenebrionis sobre larvas jóvenes.

Gusano perforando un tubérculo de patata

Virus y verdeado

Los virus (Y, del enrollado, X) no producen manchas llamativas sino degeneración: plantas cada vez más pequeñas, hojas moteadas, rugosas o enrolladas en cuchara, y una cosecha que mengua año tras año. Se transmiten sobre todo por pulgones y por el propio tubérculo. No hay tratamiento: la solución es renovar la patata de siembra con material certificado y controlar los pulgones.

Y una advertencia que no es menor: las patatas expuestas a la luz se verdean y acumulan solanina, un alcaloide tóxico. Lo mismo ocurre en los brotes. Un tubérculo verde o muy brotado no debe consumirse, y pelarlo no basta si el verdeado es profundo. Por eso el aporcado en campo y la oscuridad total en el almacén son cuestión de seguridad alimentaria, no de estética.

En resumen

La mayoría de las enfermedades de la patata se previenen antes de plantar: patata de siembra certificada, rotación de cuatro años sin solanáceas y un suelo con buen drenaje y pH ligeramente ácido. Durante el cultivo, el aporcado es la medida más rentable, porque protege los tubérculos del mildiu, de la polilla y del verdeado a la vez. Aprende a distinguir el mildiu, que llega con humedad y frescor y deja manchas aceitosas con vello blanco en el envés, del negrón, que llega con calor y sequía alterna y dibuja anillos concéntricos en las hojas viejas. Riega de forma uniforme durante las semanas siguientes a la floración para evitar la sarna común, y no encales ni eches estiércol fresco. Cosecha con el suelo seco, cura los tubérculos dos semanas a 15-18 °C y guárdalos en oscuridad entre 4 y 8 °C, descartando los dañados. Y no comas patatas verdes.


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