Cuando las manchas redondas del repilo ya se distinguen a simple vista en la hoja, el hongo lleva dentro del tejido entre dos y cuatro semanas. Ese desfase entre la infección y el síntoma explica por qué tantos tratamientos llegan tarde y por qué el olivar es un cultivo donde el calendario importa más que la reacción. El olivo (Olea europaea) es rústico y aguanta lo que le echen, pero esa rusticidad se refiere a la sequía y al frío moderado, no a los hongos, ni a las bacterias, ni a los insectos que viven exclusivamente de él.

Repasamos los problemas sanitarios que de verdad condicionan una cosecha en España, con sus síntomas, su época y lo que se puede hacer en cada caso.

Hojas de olivo con manchas de repilo

Repilo, el problema número uno

Lo causa Venturia oleaginea (también citado como Fusicladium oleagineum o Spilocaea oleagina). Produce manchas circulares en el haz de la hoja, de 2 a 10 mm, primero verde oscuro y luego pardas, a menudo con un halo amarillento que les da el aspecto de ojo de gallo. La consecuencia grave no es la mancha: es la defoliación. Un olivo que pierde la mitad de la hoja en invierno llega a la floración sin reservas, cuaja mal y arrastra el problema a la campaña siguiente.

El hongo necesita agua líquida sobre la hoja y temperaturas suaves, entre 10 y 20 °C. Por eso sus dos picos son el otoño (octubre-noviembre) y la primavera (marzo-abril), y por eso castiga más las zonas húmedas, los marcos densos, las copas cerradas y las partes bajas del árbol, donde el rocío tarda horas en secar.

Aquí conviene corregir una idea muy repetida: los cúpricos son preventivos, no curativos. Aplicar cobre cuando la hoja ya está manchada sirve de poco, porque el micelio está instalado y la hoja se va a caer igual. El tratamiento tiene que darse antes de las lluvias de otoño y antes del arranque vegetativo de primavera.

Existe una herramienta de diagnóstico que casi nadie usa y que decide bien: el método de la sosa. Se recogen unas 100 hojas al azar del tercio bajo de varios árboles y se sumergen en una disolución de hidróxido sódico al 5 % a unos 50-60 °C durante unos minutos. Las infecciones latentes, todavía invisibles, aparecen como manchas negras nítidas. Si el porcentaje de hojas con infección latente es alto, hay que tratar aunque el olivar parezca sano.

Al margen del cobre, el control estructural es la poda: abrir la copa para que entre luz y aire reduce las horas de humedad en la hoja y baja la presión de la enfermedad más que cualquier producto.

Emplomado o mal del plomo

Lo produce Pseudocercospora cladosporioides, y se confunde constantemente con el repilo porque también defolia y también aparece con humedad. La diferencia está en dónde se mira: el emplomado da un amarilleo difuso y sin bordes definidos en el haz, mientras que en el envés se ve un fieltro grisáceo, de aspecto plomizo, que es la esporulación del hongo. Ese envés plomizo es la firma inequívoca.

Es habitual que ambos hongos convivan en el mismo árbol. El emplomado responde peor a los cúpricos en solitario, de modo que en olivares con historial conviene recurrir a fungicidas específicos y, sobre todo, no confiarse: un olivar que se defolia pese a tratar con cobre suele tener emplomado por debajo del repilo.

Verticilosis, la que no tiene tratamiento

Verticillium dahliae es un hongo de suelo que penetra por la raíz y coloniza los vasos conductores. No hay fungicida que lo cure una vez dentro del árbol. Se manifiesta de dos formas:

Apoplejía: entre finales de invierno y primavera, una rama o el árbol entero se seca de golpe. Las hojas quedan secas, enrolladas hacia el haz y adheridas a la rama en vez de caer, un detalle que la distingue de casi todo lo demás.

Decaimiento lento: durante el verano y el otoño, ramas con hojas cloróticas, inflorescencias que se secan sin cuajar y una pérdida de vigor progresiva.

Todo el manejo es preventivo y empieza antes de plantar. Los inconvenientes se acumulan cuando el olivar se planta sobre suelos donde antes hubo algodón, patata, tomate, pimiento, girasol o alfalfa, todos ellos hospedantes que dejan microesclerocios viables en el suelo durante años. También pesa la variedad: Picual es notoriamente sensible, mientras que Frantoio está entre las más tolerantes.

Sobre plantación establecida: evitar los riegos excesivos y los encharcamientos, no laborar profundo cerca de las raíces (cada herida es una puerta), retirar y quemar la madera afectada y no cultivar hospedantes entre las calles. La solarización del suelo antes de plantar y el uso de planta certificada de vivero completan la lista.

Tuberculosis o agallas del olivo

Es una bacteria, Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi, y produce esos tumores rugosos y leñosos en ramas, brotes y a veces en el tronco. La bacteria no perfora nada: entra siempre por una herida. Las tres puertas clásicas son el granizo, las heladas que agrietan la corteza y las heridas de poda y de varea.

De ahí salen las medidas que funcionan de verdad. Podar en tiempo seco, nunca con la madera mojada ni con lluvia anunciada. Desinfectar las herramientas al pasar de un árbol afectado a otro sano. Aplicar un tratamiento cúprico inmediatamente después de una granizada o de una helada fuerte, que es la única ventana en la que el cobre hace algo útil contra esta bacteria. Y eliminar las ramas con agallas quemándolas, no dejándolas apiladas en la finca.

Aceituna jabonosa (antracnosis)

Causada por hongos del género Colletotrichum, es la enfermedad que más daño hace a la calidad del aceite. El fruto afectado presenta una podredumbre blanda y deprimida de la que rezuma una masa gelatinosa de color anaranjado o salmón; de ahí el nombre de jabonosa. Las aceitunas terminan momificadas y colgando del árbol, donde el hongo pasa el invierno.

Aparece en otoños húmedos y templados, en la fase de envero y maduración, y es especialmente severa en variedades como Hojiblanca, Picudo o Lechín. El aceite obtenido de partida con fruto afectado sale con acidez elevada y tonos rojizos, y no hay bodega que lo arregle después.

El control pasa por tratar con cobre antes del envero, en septiembre-octubre según zona, adelantar la recolección en años lluviosos, no dejar aceitunas momificadas en el árbol ni en el suelo, y en plantaciones nuevas elegir variedades menos sensibles si la zona es húmeda.

Mosca del olivo

Bactrocera oleae es la plaga clave en olivar de almazara y todavía más en el de mesa, donde una sola picadura descalifica el fruto. La hembra deposita el huevo bajo la piel de la aceituna y la larva excava una galería en la pulpa. El resultado es caída prematura del fruto, pérdida de peso y, en aceite, subida de la acidez y aparición de defectos organolépticos por la entrada de bacterias y hongos por el orificio de salida.

El ataque empieza cuando la aceituna alcanza el tamaño adecuado para que la larva se desarrolle, normalmente a partir de julio, una vez el hueso ha endurecido. El calor extremo juega a favor del agricultor: por encima de 32-35 °C mueren buena parte de los huevos y de las larvas jóvenes, así que los veranos muy tórridos retrasan la plaga y son los septiembres y octubres suaves los que la disparan.

El seguimiento se hace con trampas McPhail con atrayente alimenticio y con trampas cromotrópicas amarillas con feromona, complementadas con el muestreo directo: se recogen aceitunas y se cuenta el porcentaje de picada viva, es decir, con huevo o larva en desarrollo, que es lo único que justifica un tratamiento. Contar picada seca o ya emergida lleva a tratar cuando el daño está hecho.

La estrategia más razonable en olivar convencional y ecológico es el tratamiento cebo: pulverizar una fracción reducida de la copa con proteína hidrolizada mezclada con un insecticida autorizado, en lugar de mojar el árbol entero. Consume mucho menos producto y respeta a la fauna auxiliar. También funcionan bien las trampas de captura masiva en parcelas pequeñas y aisladas.

Prays del olivo

Prays oleae es una polilla con tres generaciones al año, cada una sobre un órgano distinto, y confundirlas es el error habitual.

La generación filófaga vive en invierno dentro de las hojas, minándolas. Rara vez merece tratamiento. La antófaga aparece en abril-mayo y devora los botones florales, dejando esas inflorescencias apelmazadas con seda. Y la carpófaga, la que cuenta, pone el huevo en la aceituna recién cuajada en junio; la larva se alimenta del hueso todavía tierno y sale por el pedúnculo en septiembre, provocando la caída del fruto justo antes de la cosecha.

Contra la generación antófaga, el Bacillus thuringiensis aplicado al inicio de la floración da buen resultado y no daña a los auxiliares. Tratar la generación filófaga es casi siempre tirar el dinero: el olivo compensa esa pérdida de hoja sin problema, y matar la fauna auxiliar en invierno se paga en verano.

Xylella fastidiosa

Xylella fastidiosa es una bacteria de cuarentena que obtura los vasos del xilema y provoca el secado rápido de ramas y del árbol entero. En España se ha detectado en Baleares y en la provincia de Alicante, con planes de erradicación y zonas demarcadas en vigor.

Ramas de olivo secas por enfermedad

Se transmite por insectos chupadores de xilema, principalmente la espumadora Philaenus spumarius, cuyas ninfas se crían en la cubierta herbácea en primavera. No existe tratamiento curativo. Lo único que hay es prevención: comprar planta certificada, no mover material vegetal desde zonas demarcadas y manejar la cubierta vegetal en primavera para reducir las poblaciones del vector.

Un punto legal que conviene tener claro: ante una sospecha, la comunicación al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma es obligatoria. Arrancar y quemar por cuenta propia sin avisar impide el rastreo y agrava el problema para todo el entorno.

Otros huéspedes habituales del olivar

Cochinilla de la tizne (Saissetia oleae): escudos oscuros con forma de H en el envés y en ramillas. Su melaza favorece la negrilla (Capnodium), ese hollín negro que cubre la hoja y reduce la fotosíntesis. Prolifera en copas cerradas y sombrías, y por eso la poda de aclareo es la primera medida, muy por delante del insecticida.

Barrenillo (Phloeotribus scarabaeoides): perfora las ramillas por la axila de la hoja y las debilita. Se reproduce en la madera de poda apilada, así que la medida más eficaz es sencilla y gratuita: triturar o retirar los restos de poda antes de la primavera, en lugar de dejar los montones en la finca hasta el verano haciendo de criadero.

Glifodes (Palpita unionalis): oruga verde que devora los brotes tiernos. Solo es realmente dañina en viveros y plantaciones jóvenes, donde puede detener el crecimiento del eje; en olivar adulto es anecdótica.

Un calendario mínimo que resuelve la mayor parte

Otoño (octubre-noviembre): tratamiento cúprico antes de las lluvias contra repilo y emplomado; vigilancia de mosca hasta la recolección; cobre pre-envero si hay historial de aceituna jabonosa.

Invierno: poda de aclareo en tiempo seco, con herramienta desinfectada; retirada y trituración de restos; eliminación de aceitunas momificadas; muestreo de hojas por el método de la sosa para decidir el tratamiento de primavera.

Primavera (marzo-mayo): segundo cúprico antes del arranque vegetativo; Bacillus thuringiensis al inicio de la floración si hay presión de prays antófaga; siega o manejo de la cubierta; cobre inmediato tras granizadas.

Verano: colocación de trampas de mosca a partir de junio-julio, muestreo de picada viva y tratamiento cebo cuando se supere el umbral.

En resumen

El olivar tiene pocos enemigos, pero todos son constantes y todos responden mejor a la anticipación que a la reacción. Repilo y emplomado se combaten con cobre antes de que aparezcan los síntomas y, sobre todo, con una copa aireada. La verticilosis y la Xylella no se curan: se evitan eligiendo bien el suelo, la variedad y el origen de la planta. La tuberculosis entra por heridas, así que la poda seca y la desinfección valen más que cualquier producto. Y contra mosca y prays, muestrear antes de tratar evita gastar en aplicaciones inútiles que además arrasan la fauna auxiliar que trabaja gratis.

Si hay que quedarse con una sola idea: en el olivo, cuando el síntoma es visible, la decisión ya estaba tomada semanas atrás.


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