Un olmo con las hojas convertidas en encaje pardo a mediados de julio no tiene sed ni le falta abono. Lo que tiene es Xanthogaleruca luteola trabajando en el envés desde mayo, y para cuando la copa se ve tostada desde la calle ya va la segunda generación.

Este escarabajo, conocido también por sus nombres antiguos Pyrrhalta luteola y Galerucella luteola, es un crisomélido de origen euroasiático que se ha instalado con comodidad en el arbolado urbano español. Rara vez mata al árbol por sí solo, pero lo desgasta año tras año, y ese desgaste tiene consecuencias muy serias en un género que ya arrastra la grafiosis.

Adulto del escarabajo del olmo sobre una hoja

Cómo es y cómo distinguirlo

El adulto mide entre 6 y 8 mm. Es de un amarillo verdoso oliváceo, con una banda longitudinal negra a lo largo del borde exterior de cada élitro y varias manchas oscuras en el pronoto y la cabeza. El color se apaga en los ejemplares que acaban de invernar, que salen en primavera con un tono más pardo y se aclaran después.

Los huevos son amarillo anaranjados, con forma de limón diminuto, y se ponen en grupos de 5 a 25 pegados al envés de la hoja, dispuestos en filas regulares. Encontrarlos es la mejor señal de que el ciclo ha arrancado.

La larva es lo que más daño hace. Empieza negruzca y al crecer se vuelve amarillenta con dos bandas longitudinales oscuras a los lados y tubérculos negros; llega a 10-12 mm. Se mueve siempre por el envés.

La pupa es la fase que más ayuda a confirmar el diagnóstico: de un naranja intenso, aparece amontonada en la base del tronco, entre las grietas de la corteza, bajo el cuello o entre la hojarasca del pie. Ver un cerco de puntitos naranjas al pie de un olmo no deja lugar a dudas.

Los daños: dos insectos distintos en el mismo árbol

Adultos y larvas comen de manera diferente, y saber cuál de los dos estás viendo indica en qué punto del ciclo estás.

El adulto perfora. Muerde la hoja de lado a lado y deja agujeros redondeados y limpios repartidos por el limbo, como si alguien la hubiera picado con un punzón. Es un daño estético, molesto pero de poca importancia fisiológica.

La larva esqueletiza. Raspa el parénquima desde el envés y respeta la epidermis superior y las nervaduras. El resultado es una hoja translúcida, con aspecto de malla o encaje, que a los pocos días se deseca y toma un color pardo rojizo. Vista de lejos, la copa parece chamuscada.

Ese es el daño de verdad. Un olmo defoliado en junio y julio se ve obligado a rebrotar con las reservas de raíz y tronco en plena época de máxima demanda hídrica, justo cuando debería estar acumulando y no gastando. Repetido tres o cuatro veranos seguidos, el árbol pierde vigor, reduce el crecimiento anual, seca ramas de la parte alta y entra en un declive lento.

Y aquí está la razón por la que esta plaga importa mucho más de lo que su daño directo sugiere: un olmo debilitado es un olmo atractivo para los escolítidos (Scolytus scolytus y Scolytus multistriatus), que son los vectores del hongo de la grafiosis, Ophiostoma novo-ulmi. Los barrenillos localizan preferentemente árboles estresados. El escarabajo del olmo no transmite la grafiosis, pero le prepara el terreno. En España, donde la grafiosis arrasó los olmedas a partir de los años ochenta, esa cadena no es un detalle menor.

El ciclo, y por qué se dispara en verano

El escarabajo pasa el invierno como adulto, refugiado en grietas de corteza, huecos del árbol y, muy a menudo, dentro de construcciones: desvanes, casetas, bajo tejas, en marcos de ventana y persianas. De ahí las invasiones domésticas de otoño, cuando docenas de escarabajos amarillentos buscan refugio en las casas próximas a olmos. Molestan, pero no pican, no muerden y no dañan nada dentro de la vivienda.

En primavera, coincidiendo con la brotación —entre finales de marzo y abril en el centro y sur peninsular, algo después en el norte y en altura—, los adultos salen, se alimentan unos días, copulan y empiezan a poner. Las larvas eclosionan en una o dos semanas, pasan por tres estadios a lo largo de unas dos o tres semanas y luego descienden por el tronco hasta la base para pupar. Diez o doce días después emerge la nueva generación de adultos.

En el clima peninsular hay habitualmente dos generaciones anuales, y en el sur y en veranos cálidos y largos pueden completarse tres. Cada generación parte de una población mayor que la anterior, y por eso la defoliación grave casi nunca se ve en mayo sino en julio y agosto. Ese solapamiento explica también un error de manejo muy común: intervenir cuando el árbol ya está tostado sirve de poco, porque el daño está hecho y las larvas responsables ya bajaron a pupar.

Qué olmos sufren más

Ataca a todo el género Ulmus y también a Zelkova. El olmo siberiano (Ulmus pumila) es su hospedador predilecto, y esto tiene una ironía incómoda: se plantó masivamente en calles, medianas y polígonos españoles precisamente porque resiste la grafiosis mucho mejor que el autóctono. Resulta ser también el más apetecible para el escarabajo. El olmo común (Ulmus minor) sufre daños importantes, y el olmo de montaña (Ulmus glabra) suele salir algo mejor parado.

Los clones españoles seleccionados por su resistencia a la grafiosis —'Dehesa de la Villa', 'Majadahonda', 'Toledo', 'Ademuz', 'Fuente Umbría'— siguen siendo atacados por el escarabajo. Resistencia al hongo no significa resistencia al insecto, y quien planta uno de esos clones esperando despreocuparse por completo se lleva una sorpresa.

Larva del escarabajo del olmo alimentándose en el envés de una hoja

Control cultural: el punto débil está en el tronco

La biología de esta plaga tiene una vulnerabilidad enorme y poco aprovechada: todas las larvas de una generación bajan por el tronco, caminando, hasta un punto concreto y limitado del árbol para pupar. Toda la población pasa por un embudo. Actuar ahí es más barato, más eficaz y menos agresivo que pulverizar una copa de doce metros.

Banda pegajosa en el tronco. Una tira de cola entomológica o una banda adhesiva colocada alrededor del fuste a un metro y medio del suelo, antes de que empiecen a bajar las larvas de la primera generación, intercepta a la mayoría. Conviene poner la cola sobre una banda de plástico o papel grueso y no directamente sobre la corteza, para no dañarla, y revisarla porque se satura de larvas y polvo. Renuévala entre generaciones.

Retirada mecánica de pupas. Cuando aparece el cerco naranja en la base, se recogen y eliminan, o se barren con un chorro de agua a presión. Cada pupa retirada es un adulto menos en la siguiente oleada.

Limpieza del pie en invierno. Recoger la hojarasca acumulada, la corteza suelta y los restos del alcorque elimina refugios de invernación. Sellar huecos y grietas grandes del tronco ayuda por la misma razón.

Mantener el árbol sin estrés. Riego suficiente en verano —los olmos de alcorque urbano suelen estar crónicamente cortos de agua—, alcorque descompactado y ausencia de heridas mecánicas. Un árbol vigoroso rebrota tras la defoliación sin comprometerse; uno estresado no. Lo que no hay que hacer es compensar con nitrógeno abundante, porque la brotación tierna y suculenta le viene de perlas a la plaga.

Remedios naturales y biológicos

Bacillus thuringiensis, pero el correcto. Aquí se comete el fallo más extendido de todos. El Bt que se vende en cualquier centro de jardinería es la subespecie kurstaki, y solo actúa sobre orugas de mariposas y polillas. Sobre un escarabajo no hace absolutamente nada. La subespecie activa contra larvas de coleópteros crisomélidos es tenebrionis (comercializada también como san diego). Si vas a usar Bt, comprueba la subespecie en la etiqueta y aplícalo sobre larvas pequeñas, mojando bien el envés, porque tiene que ser ingerido y no actúa por contacto.

Jabón potásico y aceite de neem. Eficaces sobre larvas de primeros estadios, sin efecto sobre adultos ni sobre huevos. Exigen mojado completo del envés y repetición cada 7-10 días mientras dure la eclosión. Aplícalos a última hora de la tarde: el sol de mediodía sobre hoja mojada con jabón provoca quemaduras, y además a esa hora hay menos polinizadores en movimiento.

Tierra de diatomeas. Tiene un uso concreto y razonable: un anillo aplicado en la base del tronco y en el alcorque, para que las larvas que descienden a pupar lo atraviesen y sufran la abrasión de sus partículas silíceas. Dos advertencias que suelen omitirse. Primera, deja de funcionar en cuanto se moja: con un riego o una tormenta hay que reponerla. Segunda, no es selectiva: daña por igual a arañas, carábidos y otros artrópodos del suelo que están de tu parte, así que conviene limitarla a la franja del tronco y no espolvorearla por toda la superficie. Usa mascarilla al aplicarla, el polvo es irritante para las vías respiratorias.

Fauna auxiliar. Existen parasitoides específicos: Oomyzus gallerucae, que parasita las puestas de huevos, y Erynniopsis antennata, un díptero taquínido que ataca a las larvas. Están presentes de forma natural en muchas zonas y su papel puede ser notable si no se destruyen con insecticidas de amplio espectro. A eso se suman aves insectívoras, crisopas y arañas. Cada tratamiento de choque con piretroides los elimina y suele traducirse en una segunda generación más abundante que si no se hubiera hecho nada.

Tratamientos químicos: cuándo y con qué criterio

Se reservan para defoliaciones repetidas y graves, o para ejemplares de valor que ya vienen debilitados. El criterio que más determina el resultado no es el producto, es el momento: hay que tratar contra las larvas jóvenes de la primera generación, típicamente en mayo, mientras están agrupadas en el envés y son vulnerables. Tratar en agosto, con el árbol ya tostado, es tirar el producto.

En jardinería particular las materias activas disponibles son limitadas y las autorizaciones cambian de un año a otro, de modo que lo sensato es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura antes de comprar, y comprobar que el uso en ornamentales leñosas de exterior figura expresamente en la etiqueta. Los piretroides funcionan por contacto pero arrasan la fauna auxiliar; si se emplean, que sea en una sola aplicación bien dirigida y nunca en floración de la vegetación circundante.

Para arbolado urbano de porte grande, donde pulverizar la copa entera implica deriva sobre calles, coches y personas, la alternativa habitual es la endoterapia: inyección de producto sistémico directamente en el tronco a través de perforaciones. Tiene ventajas claras —cero deriva, larga persistencia, no afecta a la fauna que no se alimenta del árbol— y dos inconvenientes que hay que asumir: cada tratamiento hiere el tronco y ha de ejecutarlo una empresa con personal cualificado, con equipo específico. No es una técnica para un jardín particular.

Errores frecuentes

Usar Bt kurstaki. Ya lo hemos dicho, pero es el fallo número uno: no sirve contra coleópteros.

Tratar solo el haz. Huevos y larvas están en el envés. Una pulverización desde arriba deja intacta a la plaga.

Actuar cuando la copa ya está parda. Ese daño no se revierte. La intervención útil se decide en mayo, revisando el envés de las hojas bajas.

Fumigar la casa en otoño. Los adultos que entran a invernar no se reproducen dentro, no comen y no dañan nada. Se aspiran y se sacan; el problema se resuelve sellando rendijas, no con insecticida ambiental.

Confundirlo con la galeruca de otras especies o con minadores. Si las hojas tienen galerías serpenteantes entre las dos epidermis, es un minador, no este escarabajo. Si están esqueletizadas por el envés y hay pupas naranjas al pie del tronco, es él.

En resumen

Xanthogaleruca luteola ataca a olmos y zelkovas, con predilección por Ulmus pumila. Los adultos perforan agujeros redondos en las hojas y las larvas las esqueletizan desde el envés, dejando la copa parda en pleno verano. Con dos o tres generaciones anuales, el daño se acumula y llega tarde: la decisión importante se toma en mayo.

El punto débil de la plaga es el descenso masivo de las larvas por el tronco para pupar en la base, así que bandas pegajosas, retirada de pupas y limpieza del pie en invierno rinden más que cualquier pulverización. En biológico, Bacillus thuringiensis subsp. tenebrionis —no kurstaki—, jabón potásico y neem sobre larvas jóvenes, respetando a los parasitoides Oomyzus gallerucae y Erynniopsis antennata. El químico queda para casos graves y, en arbolado grande, en forma de endoterapia profesional.

La razón de fondo para no dejarlo correr no es estética: un olmo defoliado año tras año se debilita y se convierte en un candidato ideal para los barrenillos que transmiten la grafiosis.


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