La fitóftora tiene una reputación merecida: es la responsable de la Gran Hambruna irlandesa del siglo XIX, de la muerte de millones de encinas y alcornoques en la dehesa española y de buena parte de los aguacates, cítricos y coníferas que se secan sin explicación aparente en jardines particulares. Y sin embargo, la mayoría de la gente que la sufre nunca llega a saber que la tuvo, porque sus síntomas se confunden sistemáticamente con falta de agua.

Qué es exactamente

El género Phytophthora agrupa más de un centenar de especies. Su nombre significa literalmente "destructor de plantas", y el nombre está bien puesto.

Aquí conviene aclarar algo que casi nadie cuenta y que tiene consecuencias muy prácticas: la fitóftora no es un hongo. Aunque forma filamentos y se comporta como tal, pertenece al grupo de los oomicetos, emparentados con las algas pardas y muy lejos de los hongos verdaderos. Su pared celular es de celulosa, no de quitina, y su membrana no contiene ergosterol.

Por qué importa: la mayoría de los fungicidas convencionales atacan precisamente la síntesis de ergosterol o de quitina. Por eso los fungicidas habituales no hacen absolutamente nada contra la fitóftora. Hacen falta materias activas específicas para oomicetos, como el fosetil-Al, los fosfonatos o el metalaxil. Es un error costosísimo y muy común: tratar una podredumbre por Phytophthora con un fungicida de amplio espectro y esperar resultados.

Las especies más relevantes en España son Phytophthora cinnamomi, la principal causa de la seca de la encina y el alcornoque y de la muerte de aguacates, brezos, coníferas y muchos ornamentales; Phytophthora infestans, el mildiu de la patata y el tomate; Phytophthora nicotianae y Phytophthora citrophthora en cítricos; y Phytophthora ramorum, con cuarentena en Europa.

Colonia de Phytophthora, oomiceto causante de la fitóftora

El agua es su vehículo

Aquí está la clave de todo. La fitóftora produce unas esporas móviles llamadas zoosporas, dotadas de dos flagelos, que nadan activamente por el agua del suelo y se orientan hacia los exudados químicos que emiten las raíces jóvenes. No es una infección pasiva: las zoosporas buscan la raíz.

Para nadar necesitan agua libre en los poros del suelo. Es decir, necesitan encharcamiento. Basta con que el suelo permanezca saturado 24 o 48 horas para que se produzca una liberación masiva de zoosporas y una infección generalizada.

De ahí la regla que resume el manejo entero: la fitóftora no es un problema de hongos, es un problema de drenaje. Un suelo que nunca se satura es un suelo donde la enfermedad no progresa aunque el patógeno esté presente.

Para sobrevivir a los periodos secos forma oosporas y clamidosporas, estructuras de resistencia de pared gruesa que aguantan en el suelo, en restos de raíces, años enteros. Por eso una parcela infectada lo sigue estando mucho después de haber retirado la planta enferma, y replantar la misma especie en el mismo hoyo es tirar el dinero.

Cómo se manifiesta

Casi todos los síntomas visibles son consecuencias, no la enfermedad en sí. La infección está abajo y lo que vemos arriba es una planta que no puede beber.

Marchitez que no responde al riego. Es el síntoma más característico y el que más confunde. La planta se marchita, las hojas cuelgan y el jardinero riega más, lo cual empeora la situación de forma dramática. La regla de diagnóstico es simple: si la tierra está húmeda y la planta sigue marchita, no le falta agua, le falta raíz.

Amarilleo y hojas pequeñas. El follaje pierde color, las hojas nuevas salen más pequeñas de lo normal, hay defoliación desde el interior de la copa y las ramas se secan de arriba hacia abajo. En árboles, la copa se aclara progresivamente durante varias temporadas y las hojas secas quedan colgando en la rama en lugar de caer.

Raíces oscuras y quebradizas. Al desenterrar, las raicillas finas están ausentes o pardas. En una raíz sana, la corteza es blanca por dentro y se separa con dificultad; en una infectada, se desprende con solo tirar y deja el cilindro leñoso desnudo, y desprende un olor agrio característico.

Podredumbre de cuello. En la base del tronco aparece una zona oscura, deprimida y húmeda. Si raspas la corteza con una navaja, encuentras el tejido interior de color pardo rojizo o canela, con un borde muy nítido que lo separa del tejido sano de color crema. En frutales y cítricos suele haber exudación de goma o resina.

Tizón foliar y de fruto. En el caso de Phytophthora infestans sobre patata y tomate, la parte aérea presenta manchas aceitosas pardo verdosas de bordes difusos que avanzan a gran velocidad, con un vello blanquecino en el envés en tiempo húmedo, y frutos con manchas pardas duras e irregulares.

Muerte súbita. En plantas jóvenes o cuando la podredumbre anilla el cuello, la planta puede colapsar en pocos días, especialmente tras el primer episodio de calor que dispara la demanda de agua sobre una raíz que ya no puede suministrarla. Es lo que ocurre a menudo en dehesas: la encina lleva años enferma y muere el primer verano seco tras un otoño muy lluvioso.

Planta afectada por Phytophthora infestans

Cómo distinguirla de otras causas

Antes de actuar conviene descartar lo que se le parece.

Sequía real. Comprueba la humedad del suelo a 20-30 cm de profundidad, no en la superficie. Si está seco, riega y observa; si está húmedo y la planta sigue marchita, sospecha de raíz.

Asfixia radicular sin patógeno. Un encharcamiento prolongado mata la raíz por falta de oxígeno aunque no haya fitóftora. Los síntomas aéreos son casi idénticos. La diferencia está en el cuello: la fitóftora deja esa lesión pardo rojiza de borde nítido bajo la corteza; la asfixia pura, no.

Marchitez por Verticillium o Fusarium. Estas colonizan los vasos y dejan el anillo vascular pardo en la sección del tallo, con la corteza exterior sana. La fitóftora, en cambio, ataca la corteza y el cámbium desde fuera.

Podredumbre bacteriana. Da un tejido blando, acuoso y de olor pútrido inconfundible; la fitóftora produce una podredumbre más firme y de olor agrio.

Si la planta tiene valor y quieres certeza, existen tiras inmunocromatográficas de diagnóstico rápido para Phytophthora, del estilo de un test de embarazo, que dan resultado en minutos con una muestra de tejido de la zona de avance de la lesión. Los laboratorios de sanidad vegetal de las comunidades autónomas también realizan análisis.

Tratamiento

Empecemos por lo honesto: una planta con el cuello anillado o con la mayor parte del sistema radicular destruido no se salva. Los tratamientos frenan el avance y protegen el tejido sano y las plantas vecinas, pero no reconstruyen una raíz que ya no existe.

Corta el agua de inmediato. Es la primera medida y la que más cuesta aceptar, porque la planta parece sedienta. Suspende el riego, retira los goteros de la base, desvía escorrentías y, si es posible, descubre el cuello para que se airee y se seque.

Descalza el cuello. En árboles y arbustos, retira la tierra, el acolchado y el césped que se hayan acumulado contra el tronco. Muchísimos casos de podredumbre de cuello se originan simplemente porque alguien recebó o acolchó hasta el tronco, o porque la planta se enterró demasiado al plantarla. El cuello debe estar al aire.

Sanea la lesión. En troncos, raspa con una gubia desinfectada la corteza afectada hasta llegar a tejido sano, deja el borde limpio y permite que seque. No cubras la herida con pasta cicatrizante: mantener seco y ventilado es lo que interesa.

Fosfonatos y fosetil-Al. Son los productos de referencia. El fosetil-Al se transforma en la planta en ácido fosfónico, que actúa de dos maneras: inhibe directamente al oomiceto y estimula las defensas propias del vegetal. Su gran ventaja es que es sistémico en las dos direcciones, sube por el xilema y baja por el floema hasta las raíces, cosa poco frecuente. En árboles de valor se aplica en pulverización foliar o mediante inyección al tronco, técnica muy utilizada contra la seca de la encina y el alcornoque. La época correcta de aplicación foliar es cuando hay flujo activo de savia, es decir, en primavera y a comienzos del otoño, nunca en pleno reposo invernal ni en pleno estrés de verano.

Metalaxil y mefenoxam. Muy eficaces por vía de suelo, pero generan resistencias con facilidad si se usan de forma repetida. Hay que alternarlos con productos de otro modo de acción.

Cobre. Útil como protector de contacto contra los tizones foliares de Phytophthora infestans en patata y tomate, aplicado de forma preventiva ante previsión de lluvias y renovado tras cada lluvia fuerte. No sirve para las formas radiculares.

Retira lo perdido. Arranca la planta muerta con la mayor parte posible de su raíz y sácala del jardín. No la compostes. Y no replantes la misma especie en ese hoyo: las oosporas siguen ahí durante años.

Limpia la herramienta y el calzado. La fitóftora viaja en la tierra pegada a las botas, la azada y las ruedas de la carretilla. En una parcela con foco activo, esta higiene evita llevarla al resto del jardín.

Prevención, que es donde se decide todo

Drenaje antes que nada. Si tu suelo es arcilloso o se encharca tras la lluvia, no plantes especies sensibles a ras. Usa caballones o montículos de 30-40 cm, la técnica estándar en aguacate y cítricos, para que el cuello y las raíces superiores queden siempre por encima del nivel de saturación. Rompe suelas de labor compactadas y evita las zonas bajas donde se acumula el agua.

Planta a la altura correcta. El cuello y el punto de injerto deben quedar por encima del nivel del suelo, teniendo en cuenta que la tierra del hoyo se asienta unos centímetros. Plantar hondo es una de las causas más frecuentes de podredumbre de cuello años más tarde.

Riega bien. Riegos profundos y espaciados en lugar de frecuentes y cortos. Goteros separados del tronco al menos un palmo, mejor a la altura del gotero de la copa. Nunca mojes el cuello. Y ajusta el riego a la estación: la combinación letal es un otoño lluvioso seguido de riegos generosos.

Compra planta sana. La vía de entrada más común en jardines es el vivero. Rechaza plantas con sustrato permanentemente empapado, con raíces oscuras o con olor agrio al sacarlas del contenedor. Cuarentena de unas semanas antes de plantarla junto a otras.

Cuidado con el agua de balsas y acequias. Las zoosporas nadan y el agua superficial recogida de zonas infectadas las transporta. Si riegas de balsa en una zona con problemas, filtra.

Patrones resistentes. En cítricos, los patrones tolerantes a Phytophthora (citrange Carrizo, mandarino Cleopatra) marcan la diferencia. En aguacate hay patrones de la raza mexicana con tolerancia. Es la inversión preventiva más rentable.

Materia orgánica y biocontrol. Los suelos vivos y bien estructurados son supresivos: la competencia microbiana reduce mucho la incidencia. Aportes de compost maduro, y aplicaciones de Trichoderma o de Bacillus subtilis al sustrato, ayudan de forma preventiva. No son un tratamiento de rescate.

No acolches contra el tronco. Deja un anillo de 10-15 cm libre alrededor del cuello. Lo mismo con el césped: no lo dejes crecer pegado al tronco de árboles jóvenes.

En resumen

La fitóftora no es un hongo sino un oomiceto, por lo que los fungicidas convencionales no la afectan y hay que recurrir a fosetil-Al, fosfonatos o metalaxil. Sus zoosporas nadan por el agua del suelo hasta las raíces, así que el encharcamiento es la condición que la desencadena y el drenaje, la mejor defensa. Sospecha de ella cuando una planta se marchita con la tierra húmeda, cuando la corteza de la raíz se desprende sola o cuando bajo la corteza del cuello aparece un tejido pardo rojizo con borde nítido. Ante los primeros síntomas, corta el riego, descalza y airea el cuello y trata con un producto específico para oomicetos, sabiendo que una planta con el cuello anillado ya no se recupera. Como sus esporas de resistencia persisten años en el suelo, no replantes la misma especie en el mismo hoyo. Y recuerda el gesto que más casos evita en jardinería doméstica: plantar con el cuello por encima del nivel del suelo y no acolchar nunca contra el tronco.


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