Si el problema es oídio, botritis o roya, el fosetil-Al no va a servir de nada. Este dato, que parece obvio cuando se conoce el producto, explica buena parte de los tratamientos fallidos que se hacen con él: se compra un fungicida sistémico caro, se aplica bien, y la enfermedad sigue avanzando porque el patógeno que la causa ni siquiera es un hongo verdadero. El fosetil-Al es un producto muy bueno, pero solo dentro de un terreno concreto. Fuera de él es dinero tirado.

A continuación va lo que hay que saber para decidir si un problema concreto de jardín, huerto o parcela entra o no en ese terreno.

Qué es exactamente

El fosetil-Al, o fosetil-aluminio, es el tris-O-etilfosfonato de aluminio: la sal de aluminio de un éster del ácido fosfónico. Pertenece al grupo químico de los fosfonatos, clasificado por el FRAC (el comité internacional de resistencias a fungicidas) en el grupo 33. Salió al mercado a finales de los años setenta de la mano de Rhône-Poulenc y su formulado más conocido en España sigue siendo Aliette, en gránulos dispersables al 80 % de materia activa, aunque hoy existen varias marcas genéricas y combinaciones con otras sustancias.

Envase de Aliette, el formulado clásico de fosetil-aluminio al 80%

Lo que lo distingue de casi cualquier otro fungicida es su movimiento dentro de la planta. La mayoría de los sistémicos son acropetales: entran por la hoja y suben con el flujo del xilema hacia arriba, de manera que lo que quede por debajo del punto de aplicación se queda sin proteger. El fosetil-Al es ambimóvil: circula por el xilema y también por el floema, es decir, sube y baja. Aplicado sobre la copa acaba llegando al cuello y a las raíces.

Esa propiedad es la que lo hace insustituible en podredumbres radiculares y de cuello, donde el patógeno vive en un sitio al que ningún tratamiento foliar convencional alcanza.

Cómo actúa: no mata directamente, o no solo

Dentro de la planta el fosetil-Al se hidroliza deprisa y libera ácido fosfónico (fosfonato, también llamado fosfito), que es el metabolito realmente activo. Su modo de acción es doble y bastante particular:

Por un lado tiene una acción directa, moderada, sobre el desarrollo del patógeno: frena la germinación de esporangios y el crecimiento del micelio. Por otro, y esto es lo que más pesa en campo, activa las defensas de la propia planta. La presencia de fosfonato en los tejidos provoca la acumulación de fitoalexinas y compuestos fenólicos y acelera la respuesta de hipersensibilidad, con la que la planta aísla y sacrifica las células infectadas antes de que el patógeno progrese.

De ahí se derivan dos consecuencias prácticas. La primera: funciona mucho mejor en preventivo que en curativo. Sobre una planta ya colapsada por Phytophthora, con el cuello anillado, no hay nada que activar. La segunda: una planta debilitada, mal nutrida o en estrés hídrico severo responde peor, porque el producto necesita un huésped con capacidad de reacción.

Su riesgo de resistencia se considera bajo, justamente porque no depende de una única diana bioquímica del patógeno. No es cero: hay poblaciones de Plasmopara viticola y de Bremia lactucae con sensibilidad reducida documentada en Europa tras años de uso repetido. Alternar con materias activas de otros grupos sigue siendo obligado.

Contra qué es eficaz

El fosetil-Al actúa sobre oomicetos, un grupo de organismos que durante mucho tiempo se metió en el saco de los hongos y que hoy sabemos que están más emparentados con las algas pardas que con un champiñón. Tienen celulosa en la pared en lugar de quitina y su bioquímica es lo bastante distinta como para que muchos fungicidas clásicos no les afecten en absoluto. Dentro de este grupo, el producto es eficaz frente a:

Phytophthora spp. Es su gran indicación. Phytophthora cinnamomi en encinas, alcornoques, brezos, camelias, aguacate, castaño y coníferas; P. citrophthora y P. nicotianae en la gomosis y la podredumbre de cuello de los cítricos; P. cactorum en manzano y fresa; P. infestans en el mildiu de la patata y el tomate.

Mildius (Peronosporales). Plasmopara viticola en la vid, Bremia lactucae en lechuga, Pseudoperonospora cubensis en cucurbitáceas, Peronospora spp. en cebolla, espinaca, rosal o crucíferas.

Pythium spp. Responsable de la caída de plántulas o damping-off en semilleros y de podredumbres radiculares en césped y en cultivo hidropónico.

Bacterias, de forma parcial. El efecto de estimulación de defensas le da una actividad limitada frente a algunas bacteriosis, como Xanthomonas en cítricos y frutales de hueso o Erwinia amylovora, el fuego bacteriano de perales y manzanos. Aquí conviene ser prudente: es un apoyo dentro de una estrategia, nunca una solución, y los usos autorizados para bacteriosis están muy acotados según el país y el cultivo.

Y ahora la otra lista, la que ahorra disgustos. No sirve contra oídio (Erysiphe, Podosphaera, Sphaerotheca), botritis (Botrytis cinerea), royas, Fusarium, Verticillium, Rhizoctonia, Alternaria, Monilia, moteado del manzano, negrilla ni antracnosis. Ninguno de ellos es un oomiceto.

Merece la pena insistir en la confusión más extendida del jardín español: mildiu y oídio no son lo mismo. El mildiu se ve como manchas aceitosas en el haz con un fieltro grisáceo o violáceo en el envés, aparece con humedad y hoja mojada, y sí responde al fosetil-Al. El oídio es un polvo blanco harinoso en la cara superior de la hoja, prospera con calor seco y necesita azufre o un IBS. Tratar un oídio con fosetil-Al es un clásico y no funciona nunca.

Cómo se aplica

La vía normal es la pulverización foliar, mojando bien y hasta el punto de goteo incipiente. Con el formulado al 80 % las dosis de etiqueta se mueven habitualmente entre el 0,2 y el 0,3 % (2 a 3 gramos por litro de agua) en aplicaciones a árboles y ornamentales, y en torno a 2,5–3 kg/ha en cultivos extensivos como la vid. Cada formulado tiene su etiqueta, su cultivo autorizado y su plazo de seguridad, que puede ir de unos quince días a cerca de un mes según el caso; ese documento manda sobre cualquier cosa que se lea en internet, incluida esta página.

Aquí conviene deshacer otro malentendido. Cuando el problema está en las raíces, el impulso natural es regar el suelo con el producto. Con el fosetil-Al esa vía es la peor de las dos: en el suelo se degrada muy rápido, en cuestión de horas o pocos días, por acción microbiana, y buena parte de lo aplicado se pierde antes de ser absorbido. Precisamente porque baja por el floema, la aplicación foliar es la que mejor lleva el fosfonato hasta la raíz. En árboles grandes o de difícil mojado existe además la inyección al tronco con formulados específicos, muy utilizada en la lucha contra la seca de encinas y alcornoques.

El momento importa tanto como la dosis. En mildiu de la vid, la aplicación se programa según el estado fenológico y los avisos de la estación de avisos agrícolas de cada comunidad, antes de las lluvias de primavera, no después de ver la mancha. En cítricos y frutales, los tratamientos contra Phytophthora se sitúan en las dos ventanas de mayor riesgo: primavera, con la brotación y las lluvias, y final de verano o principio de otoño, cuando vuelve la humedad al suelo todavía caliente. En jardín, si un ejemplar ya ha muerto por podredumbre de cuello, lo sensato es tratar preventivamente los vecinos y, sobre todo, corregir el drenaje: el fosetil-Al no arregla un suelo encharcado.

Incompatibilidades y precauciones de mezcla

Es un producto poco amigo de las mezclas. Los puntos a vigilar:

Productos de reacción ácida. Es la incompatibilidad clásica que figura en las etiquetas. No conviene mezclarlo con formulados o abonos foliares que acidifiquen fuertemente el caldo, porque se compromete la estabilidad de la suspensión y aumenta el riesgo de fitotoxicidad. Tampoco tiene sentido acidificar el agua de aplicación «por costumbre», como se hace con otras materias activas.

Aceites minerales y de verano. Ni en mezcla ni en aplicaciones muy próximas en el tiempo. En cítricos, la combinación de fosetil-Al con aceite es una receta conocida de quemaduras y caída de hoja. Se recomienda separar ambos tratamientos varias semanas.

Cobres y caldos alcalinos. Existen mezclas comerciales que combinan fosetil-Al con cobre, pero preparar la mezcla por cuenta propia con un caldo bordelés o un oxicloruro cualquiera es otra cosa. Si no está expresamente contemplado en la etiqueta, mejor aplicar por separado.

Cultivos y variedades sensibles. Se han descrito síntomas de fitotoxicidad en algunas variedades de manzano y peral, y en ornamentales delicados con hoja fina. Ante la duda, y siempre que se trate de una colección o de una planta valiosa, la regla es la de toda la vida: probar en unas pocas hojas o en un ejemplar y esperar una semana antes de tratar el conjunto.

Como norma general, cuando haya que mezclar dos productos que no se han mezclado antes, se hace primero una prueba de compatibilidad física en un vaso: si aparecen grumos, floculación o separación de fases, la mezcla no vale.

Fosetil-Al, fosfitos y la confusión con el fósforo

Junto al fungicida se venden desde hace años productos etiquetados como fosfito potásico o fosfonato potásico, registrados en muchos casos como abonos o bioestimulantes y no como fitosanitarios. Su ingrediente activo termina siendo el mismo anión fosfonato al que da lugar el fosetil-Al, y de ahí que se les atribuya un efecto parecido frente a oomicetos. La diferencia está en el marco legal, en la concentración y en las garantías de eficacia, no tanto en la química.

Dos precisiones que se pasan por alto con frecuencia. La primera: el fosfito no es un fertilizante fosfatado. La planta se nutre de fósforo en forma de fosfato, y el fosfito se oxida a fosfato con enorme lentitud en el suelo, así que usarlo esperando cubrir las necesidades de fósforo del cultivo es un error. La segunda: al ser el mismo grupo del FRAC, alternar fosetil-Al con fosfitos no es alternar nada. Para prevenir resistencias hay que ir a materias activas de otro modo de acción, como los CAA (mandipropamid, dimetomorf), la cimoxanilina, la azoxistrobina o los propios cobres.

Dónde comprarlo y qué hay que tener en cuenta

En España, la venta y el uso de productos fitosanitarios están regulados por el Real Decreto 1311/2012 y buena parte de los formulados de fosetil-Al están clasificados para uso profesional: para comprarlos hace falta el carné de aplicador y su compra queda registrada. Se adquieren en cooperativas y almacenes agrícolas, no en cualquier centro de jardinería.

Para uso no profesional solo pueden emplearse formulados con la mención «uso en jardinería exterior doméstica», en envases pequeños y a dosis fijadas. La oferta cambia con las renovaciones de registro, así que lo prudente antes de comprar es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, buscar la materia activa y comprobar dos cosas: que el producto esté vigente y que el cultivo o la planta que se quiere tratar figure entre los usos autorizados. Tratar un cultivo no incluido en la etiqueta es una infracción, y en el caso de frutas y hortalizas puede acarrear residuos por encima de lo permitido.

Conviene desconfiar de los envases sueltos sin etiqueta española, de las ofertas de importación por internet y de los productos con fecha de registro caducada. Y guardar siempre el envase original: la etiqueta es el documento donde constan la dosis, el plazo de seguridad y el número de aplicaciones máximas por campaña.

En resumen

El fosetil-aluminio es un fungicida sistémico del grupo de los fosfonatos que sube y baja por la planta, se transforma en ácido fosfónico y combina una acción moderada sobre el patógeno con la activación de las defensas del vegetal. Su campo son los oomicetos: Phytophthora, mildius y Pythium. Contra oídio, botritis, royas o Fusarium no hace absolutamente nada.

Se aplica en preventivo, mejor por vía foliar que por riego incluso cuando el objetivo son las raíces, respetando dosis y plazos de la etiqueta, sin mezclarlo con productos ácidos ni con aceites, y alternándolo con fungicidas de otro modo de acción, teniendo presente que los fosfitos comerciales pertenecen a su mismo grupo. Y por encima de todo: en las podredumbres de cuello y raíz, el producto acompaña a la solución, pero la solución de fondo es el drenaje.


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