Tiras de una zona amarilleada del césped y sale entera, enrollada como una alfombra, sin una sola raíz que la sujete. Debajo, en los tres o cuatro primeros centímetros de tierra, aparecen unas larvas blancas y gordas dobladas en forma de C. Eso es la gallina ciega, y ese césped que se levanta a mano es su síntoma más inconfundible.
Con el nombre de gallina ciega —también gusano blanco— se agrupan las larvas de varios escarabajos de la familia Scarabaeidae. En la Península las más habituales son las del abejorro sanjuanero Melolontha melolontha, las de Amphimallon solstitiale, las de distintos Rhizotrogus y Anoxia, y las de Phyllopertha horticola, frecuente en céspedes de la mitad norte. Todas comparten aspecto: cuerpo blanquecino y curvado, cabeza parda esclerosada con mandíbulas visibles, tres pares de patas torácicas bien desarrolladas y el extremo del abdomen oscuro por el contenido intestinal que se transparenta.
No todas las larvas blancas son plaga
Antes de tratar nada conviene saber qué se ha encontrado, porque una parte importante de las larvas blancas que aparecen al cavar el huerto o al voltear el compost no comen raíces vivas y matarlas es un error.
Las larvas de Cetonia aurata y de Protaetia —los escarabajos verdes metálicos que se ven sobre las flores en primavera— se alimentan de materia orgánica en descomposición: mantillo, hojarasca, compost a medio hacer, estiércol maduro. Son descomponedoras y trabajan a favor del jardín. Distinguirlas es sencillo con un truco que no falla: si se coloca la larva sobre una superficie lisa y avanza boca arriba, apoyada sobre el dorso y con las patas al aire, es una cetonia. Además tiene la cabeza pequeña en relación con el cuerpo y las patas cortas.
Las gallinas ciegas dañinas, en cambio, no pueden desplazarse así: tienen la cabeza grande, las patas largas y fuertes, y sobre una superficie lisa se quedan retorciéndose de costado sin avanzar. Suelen ser también más voluminosas; una larva madura de Melolontha alcanza los 4-5 cm y es del grosor de un dedo meñique.
Regla práctica: larva en el montón de compost o bajo el mantillo, casi siempre inofensiva; larva entre las raíces del césped o pegada al cepellón de una planta que se marchita, sospechosa.
Síntomas en la planta
El daño lo hacen las larvas bajo tierra, así que lo que se ve en superficie es siempre indirecto y se confunde con facilidad con otras cosas.
En césped. Aparecen rodales irregulares que amarillean y luego se secan, normalmente a finales de verano y en otoño. La planta se marchita a pesar del riego, porque no le queda sistema radicular con el que absorber. La prueba definitiva es tirar del tepe: si se despega en lámina, sin resistencia y sin raíces, hay gallina ciega. Cuando el ataque es fuerte el suelo se nota esponjoso al pisar.
En huerto y jardín. Plantas jóvenes que se marchitan de un día para otro y salen del suelo con un tirón suave, con el cuello roído y las raíces cortadas. Es especialmente típico en lechuga, fresa, patata, cebolla y planta de temporada recién trasplantada. En frutales y ornamentales leñosos jóvenes provoca falta de vigor, brotación pobre y, en plantones de vivero, muerte directa.
Aves y mamíferos escarbando. Estorninos, urracas, mirlos, gallinas y, en zonas rurales, jabalíes y tejones haciendo agujeros o levantando el césped por la noche. La fauna localiza las larvas antes que nosotros, y ese destrozo secundario suele ser mayor que el de la propia plaga. Cuando el césped amanece revuelto sin explicación, la causa está debajo.
Conviene descartar otras posibilidades antes de dar por hecho el diagnóstico. Un rodal seco también puede deberse a un aspersor que no llega, a una enfermedad radicular por hongos, a orina de perro o a nematodos. La diferencia es que solo con gallina ciega el tepe se levanta limpio, y solo con gallina ciega se encuentran las larvas al hacer la comprobación.
Cómo confirmarlo y cuándo merece la pena actuar
La comprobación es rápida. Se recorta con una pala un cuadrado de unos 25 x 25 cm en el borde de la zona afectada —no en el centro, donde ya está todo muerto y las larvas se han desplazado—, se levanta con unos 15 cm de profundidad y se deshace la tierra sobre un plástico contando las larvas que aparecen. Repitiendo la operación en tres o cuatro puntos se obtiene una media razonable.
Ese conteo, multiplicado por 16, da larvas por metro cuadrado. Un césped sano y bien enraizado tolera unas cuantas sin mostrar nada; los umbrales que se manejan habitualmente están en el entorno de 5 larvas/m² para las especies grandes, como Melolontha, y de 10 larvas/m² para las pequeñas, como Phyllopertha. Por debajo de eso, tratar no compensa. Un césped con riego correcto, buena fertilización y siega no demasiado baja soporta poblaciones bajas sin daño visible.
Ciclo: por qué el calendario lo decide todo
Entender el ciclo importa porque de él depende que un tratamiento funcione o se tire el dinero.
Los adultos vuelan a finales de primavera y comienzos de verano —de ahí lo de sanjuanero— y las hembras ponen los huevos enterrados unos centímetros, con preferencia por suelos húmedos, mullidos y con hierba corta o rala. Las larvas nacen al cabo de unas semanas y pasan por tres estadios. Las de primer y segundo estadio, pequeñas y superficiales, son las que aparecen a finales de verano y principios de otoño. Con el frío descienden en el perfil y quedan más o menos inactivas; en primavera vuelven a subir, ya en tercer estadio, comen con voracidad y después pupan.
Phyllopertha horticola completa el ciclo en un año. Amphimallon solstitiale tarda unos dos. Melolontha melolontha necesita tres o cuatro años, lo que explica que en algunas comarcas haya años de vuelo masivo y otros casi sin abejorros: las generaciones están sincronizadas.
De ahí se deduce la ventana de intervención. El momento bueno es final de agosto a octubre, con larvas jóvenes de primer y segundo estadio, cerca de la superficie y con el suelo aún caliente. En primavera, la larva de tercer estadio es grande, resistente y está a punto de dejar de comer: tratarla entonces da resultados mediocres y es el motivo más común de que alguien concluya que "esto no sirve para nada".
Tratamientos
Nematodos entomopatógenos
Es el tratamiento de referencia en jardinería, y con diferencia el más eficaz cuando se aplica bien. Se emplea Heterorhabditis bacteriophora, un nematodo microscópico que busca activamente las larvas en el suelo, penetra en ellas y libera una bacteria simbionte que las mata en pocos días. Es inocuo para personas, mascotas, lombrices y plantas.
Sus condiciones de uso son estrictas y no admiten atajos:
Temperatura del suelo por encima de 12-14 °C. Es el requisito que más se incumple. En la Península eso significa aplicar de finales de agosto a mediados de octubre según la zona; en el interior norte hay que adelantarse, en el litoral mediterráneo se puede estirar más.
Suelo húmedo antes y después. Se riega abundantemente la víspera, se aplica y se vuelve a regar de inmediato para que los nematodos bajen. Y hay que mantener la humedad al menos dos semanas: en suelo seco no se desplazan y mueren.
Aplicación al atardecer o en día nublado. La radiación ultravioleta los inactiva en minutos.
Sin filtros finos ni agua clorada muy caliente. Se retira el filtro de la mochila o se usa uno de malla amplia, se disuelve el sobre en agua a temperatura ambiente, se agita con frecuencia durante la aplicación porque sedimentan, y se gasta todo el producto el mismo día. El envase se conserva en la nevera hasta su uso, nunca en el garaje.
Aplicados así, sobre larvas jóvenes, las eficacias son altas. Aplicados en pleno julio a mediodía con manguera, no funcionan.
Hongos entomopatógenos
Formulaciones a base de Metarhizium anisopliae (y M. brunneum) en gránulos incorporados al suelo o en suspensión. Actúan más despacio que los nematodos y su efecto se aprecia a medio plazo, pero persisten en el terreno y encajan bien como medida de fondo en zonas con problema recurrente. También aquí se necesita suelo templado y húmedo.
Medidas culturales
Laboreo en otoño e invierno. Voltear la tierra del huerto expone las larvas al frío y a los pájaros, y una parte muere por daño mecánico. Es de las medidas más rentables y no cuesta nada.
Controlar el riego en el momento de la puesta. Las hembras eligen suelo húmedo y blando en junio y julio para poner. Un césped que en esas semanas se riega de forma más espaciada y profunda, en lugar de un poco cada día, resulta bastante menos atractivo.
Césped denso y bien enraizado. Siega no demasiado corta, escarificado, aireado y abonado equilibrado. Un césped vigoroso repone raíces al ritmo al que se las comen; uno ralo y en suelo compactado se hunde a la primera.
Favorecer a los depredadores. Estorninos, mirlos, abubillas, erizos y topos comen larvas en cantidad. En un huerto cerrado, soltar gallinas después de labrar es un método clásico y efectivo, del que probablemente venga el nombre popular.
Recogida manual. Al cavar o al trasplantar, retirarlas a mano. En superficies pequeñas basta con eso.
Sobre los insecticidas de suelo
La mayor parte de los insecticidas que se usaban antes contra gallina ciega en jardinería ya no están autorizados en la Unión Europea; el clorpirifos, el más habitual, dejó de poder emplearse en 2020. La oferta actual para uso no profesional es escasa y cambia de una campaña a otra, así que lo sensato es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio para el uso concreto antes de comprar nada, y desconfiar de recetas antiguas o de productos sin registro para ese fin.
Y conviene decirlo claro: ningún remedio casero de riego —agua con ajo, con jabón, con vinagre o con tabaco— llega a la larva. Vive a 5-15 cm de profundidad, dentro de una masa de tierra, y esos preparados se diluyen y se degradan mucho antes. Las trampas de luz para adultos tampoco protegen la parcela: capturan machos y ejemplares atraídos desde el entorno, sin efecto medible sobre la puesta.
Errores frecuentes
Matar todas las larvas blancas que aparecen. Las de cetonia son aliadas del compost.
Aplicar nematodos en primavera. Fuera de ventana, larvas grandes, resultado pobre.
Regar poco después de aplicarlos. Es el fallo que arruina más tratamientos correctos.
Tratar sin contar. Encontrar dos larvas al cavar no es una plaga.
Resembrar el rodal sin resolver la causa. La semilla nueva alimentará a las mismas larvas.
En resumen
La gallina ciega es la larva de varios escarabajos que se alimenta de raíces bajo tierra y se delata por rodales que se marchitan pese al riego, por césped que se levanta como una alfombra sin raíces y por la fauna escarbando de noche. El primer paso es identificar bien la larva —la que avanza boca arriba es una cetonia inofensiva— y el segundo, contar cuántas hay: por debajo de unas 5-10 por metro cuadrado no compensa intervenir.
Cuando sí hace falta, el tratamiento que mejor funciona son los nematodos Heterorhabditis bacteriophora aplicados entre finales de agosto y octubre, con el suelo por encima de 12-14 °C, al atardecer y con riego abundante antes y después. A eso se le suma laboreo otoñal, riego más espaciado durante el vuelo de junio y julio, y un césped denso capaz de reponer raíces. Acertar con la fecha vale más que el producto que se elija.