La alternariosis es, junto al mildiu y la botritis, una de las tres enfermedades fúngicas que más tomateras arruinan cada verano en España. Y es también la que más se confunde: mucha gente llama alternaria a cualquier mancha oscura que aparece en una hoja baja, cuando en realidad puede tratarse de mildiu, de Septoria lycopersici o simplemente de una hoja vieja que la planta está retirando. Distinguirla importa, porque el momento de tratar y la agresividad del problema no son los mismos.
En este artículo verás qué hongo la causa exactamente, cómo reconocer sus manchas sin equivocarte, qué condiciones la disparan en el clima peninsular y qué se puede hacer de verdad para frenarla, tanto en huerto familiar como en cultivo bajo plástico.
Qué hongo es realmente la alternaria del tomate
Bajo el nombre común de «alternaria» se agrupan en el tomate al menos tres hongos distintos del género Alternaria, y conviene separarlos:
Alternaria solani es el causante del tizón temprano o alternariosis clásica. Es el más dañino: ataca hoja, tallo y fruto, y puede defoliar una planta entera en tres o cuatro semanas si el verano acompaña. También afecta a la patata, con la que el tomate comparte familia (Solanáceas) y buena parte de sus enfermedades.
Alternaria alternata es un hongo mucho más oportunista. Vive como saprófito sobre tejido muerto o senescente y sólo se vuelve patógeno cuando la planta ya está debilitada, herida o pasada de madurez. Su forma f. sp. lycopersici sí es patógena de verdad y provoca el chancro del tallo, aunque hoy es rara porque casi todas las variedades comerciales llevan el gen de resistencia Asc.
Alternaria tomatophila es una especie muy próxima a A. solani, más específica de tomate, que en muchos manuales sigue apareciendo englobada dentro de aquella.
Para la práctica del huerto, lo que interesa es que el problema serio es A. solani y que la presencia de A. alternata sobre una hoja amarilla suele ser consecuencia de otro problema, no la causa.
Los síntomas: la mancha en diana y por dónde empieza
El síntoma que identifica la alternariosis es la mancha con anillos concéntricos, como una diana de tiro. Empieza como un punto pardo de 2 o 3 milímetros y crece hasta 1 o 1,5 centímetros, con el centro oscuro y unos aros más claros que corresponden a los sucesivos avances del hongo. Alrededor de la lesión aparece un halo amarillo muy marcado que va invadiendo el resto del limbo.
La segunda pista, tan importante como la primera, es por dónde empieza: siempre por las hojas más bajas y viejas, las que tocan o están cerca del suelo, y va subiendo. Una tomatera con alternaria en agosto tiene el tercio inferior pelado, un tercio medio con hojas amarillas moteadas y la guía sana. Esa progresión de abajo arriba es característica.
En el tallo forma lesiones alargadas, hundidas y oscuras, también con anillos, sobre todo en la base y en las axilas donde se han hecho podas de destallado. Si rodea el tallo, la planta se marchita por encima.
En el fruto ataca por la zona del cáliz, aprovechando la unión pedúnculo-fruto o cualquier microfisura. Da una mancha oscura, hundida, de aspecto acorchado, que con humedad se recubre de un fieltro negro aterciopelado: son las esporas.
Un detalle práctico para no confundirse: el mildiu (Phytophthora infestans) da manchas de aspecto graso, verdosas o pardas, de bordes difusos, sin anillos concéntricos, con un polvillo blanquecino en el envés y avanza a una velocidad muy superior, en días, no en semanas. La septoriosis da manchas pequeñas, muy numerosas, redondas, con centro gris claro y puntitos negros diminutos, sin la estructura de diana. Y si las manchas son puramente amarillas entre nervios, sin necrosis, no es hongo: es carencia.
Condiciones que la disparan
Alternaria solani necesita dos cosas: calor moderado y agua libre sobre la hoja. Su óptimo está entre 24 y 29 °C, aunque infecta desde los 15 °C, y requiere unas 2 horas de mojado foliar continuo para germinar, con infecciones mucho más severas a partir de 8 a 12 horas.
De ahí que en la Península el momento crítico sea finales de junio, julio y agosto, y muy especialmente los periodos en que se alternan días calurosos con tormentas de tarde o con rocíos fuertes de madrugada. En la cornisa cantábrica y el norte húmedo la presión es alta todo el verano; en el interior de Castilla o en el valle del Ebro, donde las noches son secas, el problema suele limitarse a las plantas que se riegan por aspersión o a las que están demasiado juntas.
Hay un factor que se menciona poco y pesa mucho: la alternariosis es una enfermedad de plantas estresadas. Las tomateras con carencia de nitrógeno o de potasio, las que han sufrido sequía y luego un riego abundante, y las que están cargadas de fruto en el segundo tercio de la campaña, son claramente más susceptibles. Una planta bien nutrida resiste con las mismas esporas encima.
El inóculo, además, no viene de lejos. El hongo pasa el invierno en los restos de la cosecha anterior, en tubérculos de patata, en solanáceas espontáneas como la hierba mora (Solanum nigrum) y en la propia semilla. La primera infección de la temporada casi siempre sale del suelo del propio huerto, salpicada por el riego o por la lluvia hasta las hojas bajas.
Cómo controlarla: lo que de verdad funciona
Con la alternariosis, el trabajo preventivo vale más que cualquier tratamiento. Ordenado por importancia real:
Rota el cultivo. Nada de tomate, patata, berenjena o pimiento en la misma parcela durante al menos 3 años. En un huerto pequeño esto es lo más difícil de cumplir y lo que más se nota cuando se cumple.
Retira los restos de cultivo en otoño. No dejes las matas tiradas ni las entierres someramente; y no las lleves al compost casero si no alcanza temperaturas altas. Ahí está el inóculo del año que viene.
Corta la salpicadura desde el suelo. Es la medida más rentable de todas. Acolcha con paja, con restos de siega secos o con plástico, y elimina las hojas que queden a menos de 25-30 cm del suelo una vez la planta tiene porte. La mayoría de las infecciones primarias se cortan aquí.
Riega por goteo y a primera hora. La aspersión sobre el follaje en un huerto de tomate en julio es una invitación. Si sólo puedes regar con manguera, hazlo al pie y por la mañana, para que cualquier salpicadura se seque antes de la noche.
Airea. Marcos de plantación de 40-50 cm entre plantas y 80-100 cm entre líneas, entutorado vertical y destallado regular. En invernadero, ventilación nocturna para bajar la humedad relativa y evitar condensaciones.
Destalla y poda en seco. Con la planta y el ambiente secos, nunca después de una lluvia ni a última hora de la tarde. Las heridas frescas con humedad son la puerta de entrada al tallo.
Cuida la nutrición, con atención al potasio. Un abonado equilibrado, sin excesos de nitrógeno en cobertera (que da tejido tierno y suculento) y con potasio suficiente desde el cuaje, reduce mucho la severidad.
Elige variedades tolerantes. No hay resistencia total a A. solani, pero sí diferencias grandes. Las variedades de crecimiento indeterminado y ciclo largo suelen aguantar mejor que las determinadas de mata baja, cuyo follaje vive pegado al suelo.
Los tratamientos y cómo aplicarlos
Aquí conviene deshacer un malentendido muy extendido: ningún fungicida cura una hoja ya manchada. Lo que hacen es proteger el tejido sano frente a las esporas que llegan después. Por eso el tratamiento tardío, cuando media planta está amarilla, apenas cambia nada, y el mismo producto aplicado tres semanas antes salva la cosecha.
En huerto familiar, las herramientas razonables son:
Cobre (oxicloruro, hidróxido u óxido cuproso), aplicado de forma preventiva desde que la planta tiene porte y repetido cada 10-14 días o después de cada lluvia importante. Es un fungicida de contacto: lo que no moja, no protege. Ojo con abusar: el cobre se acumula en el suelo, es tóxico para la microbiota y la fauna edáfica, y en la UE su uso está limitado a un máximo de 4 kg de cobre metal por hectárea y año. No es un producto inocuo por ser «ecológico».
Azufre mojable tiene poca eficacia frente a alternaria; sirve para oídio, no para esto. No lo uses esperando resultados aquí.
Bacillus subtilis y otros biofungicidas de aplicación foliar dan una protección moderada si se usan pronto y con frecuencia. Son un complemento, no un sustituto de las medidas culturales.
Otra creencia que conviene corregir: el mancozeb, que durante décadas fue el producto de referencia contra la alternariosis y que aún se recomienda en muchos textos antiguos y foros, dejó de estar autorizado en la Unión Europea en 2021. Si encuentras una receta que lo mencione, está desactualizada. Antes de comprar nada, comprueba que el producto figure en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura para el uso «tomate» y respeta el plazo de seguridad, que en un cultivo que se cosecha escalonadamente durante meses no es un detalle menor.
Sobre cómo aplicar, cuatro reglas que marcan más diferencia que el producto elegido:
Trata al atardecer o a primera hora, nunca con sol fuerte ni con más de 28-30 °C, para evitar quemaduras y evaporación. Moja el envés tanto como el haz; la mayoría de las aplicaciones fallan por esto. Empieza por las hojas bajas, que es donde entra el hongo. Y alterna materias activas si repites tratamientos: Alternaria genera resistencias con facilidad, sobre todo frente a estrobilurinas.
Cuando la enfermedad ya está instalada, lo útil es retirar y eliminar las hojas afectadas (en bolsa cerrada a la basura, no al compost ni al suelo del huerto), desinfectar las tijeras entre planta y planta con alcohol y proteger lo que queda sano. Si la planta ya lleva fruto cuajado y madurando, muchas veces la decisión correcta es aguantar hasta cosechar y arrancar después, en lugar de encadenar tratamientos.
Qué otras plantas afecta
El género Alternaria es enorme y está repartido por medio huerto, pero cada especie tiene sus hospedantes:
A. solani ataca sobre todo tomate y patata, y en menor medida berenjena y pimiento. En patata produce el mismo tizón temprano con manchas en diana sobre las hojas bajas, y es la razón por la que no conviene poner tomate detrás de patata.
A. brassicae y A. brassicicola afectan a las crucíferas: coles, brócoli, coliflor, rábano, nabo, con manchas circulares oscuras en hoja y en las silicuas de las plantas dejadas para semilla.
A. dauci es la responsable del tizón foliar de la zanahoria, que oscurece y seca las hojas hasta impedir el arranque mecánico.
A. porri ataca a cebolla, ajo y puerro, donde causa el llamado tizón púrpura, con lesiones ovales de centro violáceo.
En frutales, distintas especies de Alternaria provocan manchas en manzano, peral, cítricos (la mancha marrón del mandarino, especialmente grave en variedades como Fortune y Nova en Levante) y vid. Y en ornamentales aparece con frecuencia en Pelargonium, clavel y crisantemo.
La consecuencia práctica es doble: al planificar rotaciones no basta con no repetir tomate, sino con no encadenar hospedantes de la misma especie de hongo; y la limpieza de restos vegetales al final de cada ciclo vale para todo el huerto, no sólo para las tomateras.
En resumen
La alternariosis del tomate la causa principalmente Alternaria solani, se reconoce por sus manchas pardas con anillos concéntricos y halo amarillo que avanzan de abajo arriba, y se dispara con temperaturas de 24 a 29 °C y hojas mojadas durante varias horas. El inóculo procede casi siempre de restos del cultivo anterior en el propio suelo, que la lluvia y el riego salpican hasta las hojas bajas.
El control eficaz es preventivo: rotación de al menos 3 años sin solanáceas, retirada de restos en otoño, acolchado y eliminación de las hojas inferiores para cortar la salpicadura, riego por goteo, marcos amplios y entutorado, poda en seco y una nutrición equilibrada con potasio suficiente. Los fungicidas, cobre incluido, sólo protegen tejido sano, así que aplicarlos cuando la planta ya está tomada no sirve de mucho, y el mancozeb que aparece en las recomendaciones antiguas dejó de estar autorizado en la UE en 2021.
Si aparece a mitad de campaña con fruto ya cuajado, casi siempre compensa más retirar hojas afectadas, proteger lo sano y llegar a la cosecha que iniciar una escalada de tratamientos.