Sacude una mata de tomate a media mañana. Si hay plaga, se levanta una nube de puntitos blancos que revolotea unos segundos y vuelve a posarse en el envés de las hojas. Esa nube es solo la parte visible del problema: por cada adulto que vuela hay decenas de huevos y de ninfas pegadas al envés que no se mueven, no se ven de lejos y son las que están chupando la savia.

Lo primero que conviene aclarar es que la mosca blanca no es una mosca. No pertenece a los dípteros, sino a los hemípteros: es pariente cercana de los pulgones y las cochinillas, y comparte con ellos el aparato bucal chupador, la melaza y la capacidad de transmitir virus. Ese parentesco explica su comportamiento y también por qué los remedios que funcionan con pulgón suelen servir aquí.

Adultos de mosca blanca en el envés de una hoja

Quién es quién: no todas son la misma

Bajo el nombre común se esconden varias especies de la familia Aleyrodidae, y distinguirlas importa porque cambian el daño y el control biológico que funciona.

Trialeurodes vaporariorum, la mosca blanca de los invernaderos. Es la más extendida en jardín y huerto de clima templado. El adulto lleva las alas casi horizontales sobre el cuerpo, en forma de tejadillo plano. Su ninfa del cuarto estadio (la falsa pupa) tiene los laterales verticales y una corona de filamentos céreos largos en el borde, muy característica con lupa.

Bemisia tabaci, la mosca blanca del tabaco o del algodón. Más pequeña, con las alas más juntas y algo inclinadas, dejando ver el abdomen amarillo. Su falsa pupa es plana, con los laterales en pendiente y sin esa corona de filamentos. Es termófila: domina en el sureste peninsular y en verano, y es la transmisora principal de los virus más dañinos.

Aleurothrixus floccosus, la mosca blanca algodonosa de los cítricos. Sus ninfas se cubren de una masa blanca y filamentosa de cera que parece algodón. Su caso merece capítulo aparte, más abajo.

En cítricos aparecen además Dialeurodes citri, Parabemisia myricae y Paraleyrodes minei, y en olivo, adelfa o aguacate hay otras especies propias.

Cómo vive y por qué se multiplica tan rápido

La hembra pone los huevos en el envés de las hojas jóvenes, sujetos por un pedicelo que clava en el tejido. T. vaporariorum los deposita a menudo formando arcos o círculos, porque gira sobre sí misma manteniendo el estilete fijo. De cada huevo sale una primera ninfa móvil, la única fase que se desplaza; busca sitio, se fija y ya no vuelve a moverse. Pasa tres estadios más, inmóvil y translúcida, hasta la falsa pupa de la que emerge el adulto.

El ciclo completo dura unas 3 a 4 semanas a 25 ºC y se alarga a más de dos meses con frío. Por debajo de unos 10-12 ºC el desarrollo se para. Con calor pueden encadenarse diez o más generaciones al año, y en invernadero o en el litoral mediterráneo la plaga no llega a interrumpirse nunca. Una hembra pone entre 100 y 300 huevos. Con esa aritmética, una población que hoy parece anecdótica puede ser un problema serio en un mes.

Dos consecuencias prácticas: las generaciones se solapan, de modo que en la misma hoja conviven huevos, ninfas de todos los estadios y adultos; y como cada fase tiene sensibilidad distinta a los tratamientos, una sola aplicación nunca limpia una colonia establecida.

Qué plantas ataca

Es muy polífaga. En el huerto castiga sobre todo a tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, melón, sandía, judía y coles. En ornamentales, poinsetia, fucsia, hibisco, lantana, verbena, geranio, aligustre, adelfa y buena parte de las plantas de interior. Y en frutales, especialmente los cítricos. También sobrevive el invierno en malas hierbas como la hierba mora (Solanum nigrum), la cerraja, la malva o el cenizo, que actúan como reservorio entre cultivos.

Daños: lo visible y lo grave

Daño directo. Adultos y ninfas succionan savia del floema. Con poblaciones altas la planta se debilita, las hojas amarillean, se abarquillan y caen, y el crecimiento se frena. En una planta vigorosa y bien regada, este daño por sí solo rara vez es determinante.

Melaza y negrilla. Como toman mucha savia para obtener el nitrógeno que necesitan, excretan el exceso de azúcares en forma de melaza pegajosa. Sobre ella se instala el hongo de la negrilla (Capnodium y géneros afines), que forma una costra negra. La negrilla no parasita la planta, pero tapa la hoja, reduce la fotosíntesis y deprecia el fruto. En cítricos, la melaza y la negrilla son la queja habitual mucho antes que la propia mosca.

Transmisión de virus. Aquí está el daño de verdad. Bemisia tabaci transmite el virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV), la conocida "cuchara" del tomate, que deforma y amarillea el ápice y arruina la planta; también el virus del amarilleo de las cucurbitáceas (CYSDV) y el del amarilleo del tomate (ToCV), este último transmitido igualmente por T. vaporariorum. Ningún tratamiento cura una planta virosada, y bastan unos pocos individuos infectivos para contagiar un cultivo. Por eso, en zonas donde la virosis está presente, el umbral de tolerancia baja muchísimo: no se trata de controlar el daño de la picadura, sino de impedir el contacto.

Prevención: donde se gana la batalla

Revisa el envés, y revísalo pronto. Mirar la cara superior de las hojas no sirve de nada. La inspección semanal del envés de las hojas jóvenes, en las tres o cuatro plantas más expuestas, detecta la plaga cuando aún es manejable.

Trampas cromáticas amarillas. El adulto se orienta hacia el amarillo intenso y queda pegado. Colócalas a la altura de la parte alta de la planta y súbelas conforme crece, no en el suelo. Su papel principal es de monitoreo: te avisan de la llegada y de la tendencia. Como método de control por sí solas, en una plaga instalada, se quedan cortas — capturan adultos, no huevos ni ninfas. Las azules son para trips, no para mosca blanca.

Planta limpia al entrar. Buena parte de las infestaciones domésticas llegan en el plantel comprado o en una maceta nueva. Cuarentena de una o dos semanas apartada del resto, y revisión del envés antes de juntarla con nada.

Malla y barreras. En invernadero o túnel, malla antiinsecto de 10x20 hilos por cm² o más densa en bandas y ventanas, con doble puerta. Los plásticos que absorben ultravioleta desorientan al adulto y reducen su entrada.

Higiene. Elimina malas hierbas del entorno, arranca y retira (no dejes amontonados) los restos de cultivo en cuanto termine, y no solapes un cultivo viejo infestado con uno nuevo al lado: la mosca se muda en masa.

Nitrógeno justo. El abonado nitrogenado excesivo produce brotes tiernos y savia rica, y multiplica la fecundidad de la plaga. Una planta sobrealimentada es una planta más atacada.

Aireación y marco de plantación. Las masas densas y sin ventilar concentran humedad y protegen al insecto. Espaciar y podar hojas bajas ayuda, y además facilita mojar bien el envés cuando toque tratar.

Control biológico

Es la vía más eficaz a medio plazo y la que mejor resiste al problema de las resistencias.

Encarsia formosa, avispita parasitoide de apenas 0,6 mm que pone su huevo dentro de la ninfa; la ninfa parasitada de T. vaporariorum se vuelve negra y es fácil de reconocer. Trabaja bien por encima de 18-20 ºC y con buena luz, así que en invernadero se suelta en primavera y no en pleno invierno.

Eretmocerus mundus, parasitoide autóctono especialmente adaptado a Bemisia tabaci y más tolerante al calor.

Amblyseius swirskii, ácaro depredador que consume huevos y ninfas jóvenes; se establece bien en pimiento y pepino y aguanta temperaturas altas.

Míridos depredadores. Macrolophus pygmaeus y Nesidiocoris tenuis son chinches que devoran huevos y ninfas y han sostenido durante años el control en el tomate del sureste español. Con Nesidiocoris hay que vigilar: en ausencia de presa puede picar la propia planta y provocar anillos necróticos en tallos y caída de flores.

Hongos entomopatógenos. Beauveria bassiana y Lecanicillium (Verticillium) lecanii infectan al insecto, pero necesitan humedad relativa alta y temperaturas suaves; en verano seco rinden poco.

Regla básica del control biológico: si sueltas auxiliares, no puedes seguir aplicando insecticidas de amplio espectro. Los piretroides, en particular, matan mucho mejor a la avispita que a la mosca.

El caso de los cítricos

La mosca blanca algodonosa de los cítricos, Aleurothrixus floccosus, llegó a España en los años setenta y provocó ataques graves hasta que se introdujo su parasitoide específico, Cales noacki. Desde entonces, en huertos donde no se abusa de los tratamientos, la plaga se mantiene sola en niveles tolerables. Es uno de los ejemplos clásicos de control biológico exitoso en la citricultura española.

La consecuencia práctica es contraintuitiva pero importante: cuando un limonero o un naranjo de jardín se llena de mosca algodonosa y negrilla, la reacción de coger el insecticida más contundente suele empeorar la situación, porque elimina al parasitoide y deja la plaga sin freno durante meses. En cítricos, lo razonable es lavar la melaza con agua a presión, aplicar como mucho jabón potásico o un aceite de verano, y dejar que Cales haga su trabajo.

Tratamientos: qué usar y cómo aplicarlo

Agua a presión. Un chorro dirigido al envés, en un día caluroso y a primera hora, arrastra adultos y parte de las ninfas y lava la melaza. Repetido cada pocos días en focos pequeños es sorprendentemente eficaz y no cuesta nada.

Jabón potásico. Actúa por contacto disolviendo la cutícula cérea; se usa en torno a 10-20 ml/l. Solo mata lo que moja, no deja residuo y no tiene efecto sobre los huevos, así que hay que repetir cada 5-7 días, al menos tres veces, para ir cubriendo las nuevas eclosiones. Se aplica al atardecer o a primera hora, nunca a pleno sol.

Aceite de neem (azadiractina). Además de su acción por contacto, altera la muda y reduce la puesta. Se combina bien con el jabón potásico, que le sirve de emulsionante. Igualmente conviene repetir el ciclo.

Aceites parafínicos y de verano. Asfixian huevos y ninfas, que es justo lo que el jabón no alcanza. Cuidado con las temperaturas altas y con las plantas sensibles: pueden producir fitotoxicidad por encima de unos 30 ºC.

Insecticidas de síntesis. Reserva para casos serios y, en jardinería doméstica, únicamente productos autorizados para ese uso, respetando el plazo de seguridad si vas a comer lo tratado. La mosca blanca genera resistencias con enorme facilidad —hay poblaciones documentadas resistentes a varias familias químicas—, así que si tratas, alterna modos de acción distintos y no repitas el mismo producto una y otra vez.

Cómo se pulveriza. Este punto decide el resultado más que el producto elegido. Hay que mojar el envés, boquilla apuntando hacia arriba desde abajo, hasta empapar. Un tratamiento aplicado por encima del cultivo, desde arriba, apenas roza a la plaga. Y trata a primera o última hora, cuando los adultos están menos activos y no vuelan al acercarte.

Errores frecuentes

Tratar una sola vez y dar el asunto por resuelto, cuando los huevos que quedaron eclosionarán en menos de una semana. Confiar el control únicamente a las trampas amarillas. Pulverizar por encima y no por debajo de la hoja. Recurrir al insecticida de amplio espectro en cítricos, arrasando a los parasitoides que estaban conteniendo la plaga. Y esperar a ver la nube blanca al sacudir la planta: para entonces la población lleva semanas creciendo y el control cuesta cinco veces más.

En resumen

La mosca blanca es un hemíptero chupador, no un díptero, y su daño más serio no es la picadura sino la melaza con negrilla y, sobre todo, los virus que transmite, especialmente Bemisia tabaci en tomate y cucurbitáceas. Se multiplica en tres o cuatro semanas con calor, así que la vigilancia semanal del envés y la revisión del plantel al entrar valen más que cualquier tratamiento. Cuando aparece, empieza por lo suave: agua a presión, jabón potásico y neem repetidos cada 5-7 días mojando bien el envés, con aceite si hay muchos huevos, y apoya con fauna auxiliar (Encarsia, Eretmocerus, Amblyseius swirskii, míridos) siempre que puedas. En cítricos, deja trabajar a Cales noacki y no la mates con un insecticida indiscriminado. Y recuerda siempre que lo que ves volar es la minoría de la plaga.


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