Sacude una tomatera a media mañana. Si se levanta una nube blanca diminuta que revolotea unos segundos y vuelve a posarse en el envés de las mismas hojas, tienes mosca blanca, y probablemente lleve semanas instalada.

Esos adultos que has visto son la parte pequeña del problema. Debajo, pegados a las hojas y sin moverse, hay entre diez y cincuenta veces más individuos en estado de ninfa, que son los que están chupando savia de verdad. Y en el peor de los casos, alguno de esos adultos lleva dentro un virus que va a costar la cosecha entera.

Adultos de mosca blanca en el envés de una hoja de tomatera

No es una mosca, y no es una sola especie

La mosca blanca no es un díptero. Pertenece al orden de los hemípteros, la misma familia amplia que pulgones, cochinillas y chinches, y como ellos se alimenta picando y succionando savia del floema. El aparato bucal es un estilete, no una trompa chupadora. Ese detalle explica todo lo demás: la melaza, la negrilla y la transmisión de virus.

En el tomate español hay dos especies que importan y conviene distinguirlas, porque exigen enemigos naturales distintos y transmiten virus distintos.

Trialeurodes vaporariorum, la mosca blanca de los invernaderos. Cuerpo blanquecino y alas que en reposo se disponen casi planas sobre el cuerpo, paralelas a la hoja, formando un triángulo bastante ancho. Prefiere temperaturas moderadas: es la dominante en el norte, en el interior y en cultivo de primavera. Su ninfa de cuarto estadio tiene los lados verticales, como una tarta, y unos filamentos cerosos largos que la hacen fácil de reconocer con lupa.

Bemisia tabaci, la mosca blanca del tabaco o del algodón. Algo más pequeña, con el cuerpo de tono amarillento más marcado y las alas en tejadillo, algo separadas, dejando ver el abdomen entre ellas. Le va el calor, así que domina en el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias, y en verano por toda la Península. Su ninfa es más aplanada, con los bordes en pendiente y sin esa corona de filamentos.

Dentro de Bemisia tabaci conviven varios biotipos, y el conocido como Q (o MED), muy extendido en España, tiene fama merecida de acumular resistencias a insecticidas con enorme facilidad. Es una de las razones por las que el control químico repetido acaba fallando en esta plaga.

Ciclo de vida: por qué es tan difícil de erradicar

El ciclo tiene seis fases y solo dos de ellas se mueven. Ese es el nudo del asunto.

Huevo. La hembra lo pone en el envés de las hojas jóvenes, sujeto por un pedicelo corto que clava en el tejido de la hoja. No está simplemente posado: está anclado y absorbiendo agua de la planta. Una hembra pone entre 100 y 300 huevos a lo largo de su vida. Trialeurodes tiende a disponerlos en círculos o semicírculos, porque la hembra gira sobre el estilete clavado mientras pone; Bemisia los reparte de forma más dispersa.

Primer estadio ninfal o "crawler". Al nacer es una ninfa diminuta con patas funcionales. Camina unos pocos milímetros durante unas horas, elige un sitio, clava el estilete y ya no vuelve a moverse en toda su vida larval.

Estadios ninfales segundo y tercero. Escamas ovaladas, translúcidas y aplastadas, del color verde pálido de la hoja. Prácticamente invisibles a simple vista. Aquí es donde se produce la mayor parte de la succión de savia y de la excreción de melaza.

Cuarto estadio o "pupa". Se engruesa, se hace opaca y se ven los ojos rojos del adulto en formación. No es una pupa verdadera, pero deja de alimentarse. Es la fase más blindada frente a los tratamientos.

Adulto. Emerge por una hendidura en forma de T. Vive entre dos y cuatro semanas y comienza a poner a los pocos días.

El ciclo completo dura alrededor de 30 a 40 días a 20 °C y solo 18 a 22 días a 27-28 °C. Por eso las poblaciones se disparan de julio a septiembre y por eso, con los inviernos suaves del litoral, la plaga nunca desaparece del todo.

Las consecuencias prácticas de este ciclo son tres y explican casi todos los fracasos de control:

Las fases inmóviles no se ven y no se van. Puedes matar todos los adultos que vuelan y tener la plaga intacta debajo de la hoja. En ocho o diez días hay una emergencia nueva.

Ningún tratamiento cubre todas las fases. Huevos y pupas resisten a casi todo. De ahí que un tratamiento único no sirva jamás: hay que repetir cada 5 a 7 días para ir cazando cada nueva cohorte según nace, y sostenerlo tres o cuatro aplicaciones.

Todo ocurre en el envés. Huevos, ninfas y adultos en reposo están debajo. Pulverizar desde arriba, mojando el haz, es tirar caldo al suelo.

Los daños directos: succión y melaza

Los adultos y sobre todo las ninfas extraen savia elaborada del floema. Con poblaciones altas y sostenidas, la planta amarillea, pierde vigor, cuaja peor y los frutos salen más pequeños. En una tomatera adulta bien alimentada hace falta bastante plaga para que este daño se note en la báscula, pero en planta joven recién trasplantada el freno de crecimiento es inmediato.

La savia del floema es muy rica en azúcares y pobre en proteína, así que el insecto tiene que procesar un volumen enorme para obtener el nitrógeno que necesita y expulsa el exceso de azúcar en forma de melaza, un líquido pegajoso que cae sobre las hojas inferiores y sobre los frutos.

Sobre esa melaza se instala la negrilla o fumagina, un conjunto de hongos saprofitos que forman una costra negra pulverulenta. No parasitan la planta, viven del azúcar depositado, pero tapan la superficie foliar y reducen la fotosíntesis de forma seria. Sobre el fruto, la mancha negra es un defecto comercial que ya no se quita bien ni frotando.

Hay además un daño fisiológico específico de Bemisia tabaci: la maduración irregular del fruto. La saliva inyectada durante la alimentación altera el proceso de maduración y el tomate queda con zonas internas blancas y duras que no llegan a colorear, aunque por fuera parezca normal. Con frecuencia se achaca al calor o al riego, y la causa real está en el envés de las hojas.

Los daños indirectos: los virus, que es lo grave

Aquí es donde la mosca blanca pasa de molestia a desastre. Lo que hace inaceptable una población baja de mosca blanca en tomate no es la savia: es lo que transmite.

Virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV), el "virus de la cuchara". Lo transmite exclusivamente Bemisia tabaci. La planta detiene el crecimiento, las hojas nuevas quedan pequeñas, con los bordes curvados hacia arriba en forma de cuchara y amarilleo entre los nervios; las flores abortan y la producción se pierde casi por completo si la infección es temprana.

La transmisión es persistente y circulativa: la mosca necesita alimentarse un rato para adquirir el virus, este circula por su cuerpo y, tras un periodo de latencia de varias horas, el insecto queda infectivo prácticamente de por vida. Esto tiene una lectura optimista y otra pesimista. La optimista es que, a diferencia de lo que ocurre con el pulgón y los virus no persistentes, aquí reducir la población de mosca blanca sí reduce la transmisión. La pesimista es que basta un puñado de moscas virulíferas entrando en el cultivo para arruinarlo.

Virus de la clorosis del tomate (ToCV) y virus de la clorosis infecciosa del tomate (TICV). Producen el llamado amarilleo del tomate: las hojas viejas amarillean entre los nervios, que se mantienen verdes, y adquieren un tacto quebradizo, mientras las hojas jóvenes siguen sanas. Es un cuadro que se confunde de forma sistemática con una carencia de magnesio o de potasio, y se pierden semanas abonando sin resultado. La pista para distinguirlo: la carencia de magnesio empieza de forma gradual y bastante homogénea en toda la parcela, mientras que el amarilleo viral avanza planta a planta, en focos, y el resto del cultivo se ve normal. El ToCV lo transmiten tanto Bemisia tabaci como Trialeurodes vaporariorum; el TICV, solo esta última.

Frente a los virus, la decisión más rentable se toma en el catálogo antes de comprar la planta: elegir variedades con tolerancia genética a TYLCV, que llevan genes del tipo Ty-1, Ty-2 o Ty-3. Un matiz que casi nunca se explica bien: son tolerantes, no resistentes. La planta se infecta igual y puede servir de reservorio para las moscas que la piquen, pero no manifiesta síntomas graves y produce. En zonas donde el TYLCV es endémico, como el litoral mediterráneo y Almería, plantar una variedad sensible en un ciclo de verano es asumir una pérdida bastante previsible.

Trampa cromática amarilla para el control de la mosca blanca

Prevención: la parte que decide el resultado

Malla antiinsecto si cultivas bajo abrigo. Contra mosca blanca hace falta una malla fina, del orden de 10x20 hilos por centímetro cuadrado o más cerrada. Las mallas de sombreo o las de 6x6 no la detienen: pasa por los huecos sin rozarse. Doble puerta en el acceso, porque el mayor número de entradas se produce al abrir. Ten en cuenta que una malla muy cerrada reduce la ventilación, así que hay que compensar con más superficie de ventana.

Vigilancia con trampas cromáticas amarillas. La mosca blanca responde con fuerza al amarillo. Colocar placas engomadas amarillas a la altura de la parte alta del cultivo, subiéndolas conforme crece la planta, permite detectar la llegada antes de que haya colonias establecidas. Su valor principal es el seguimiento, no la captura masiva: una densidad alta de trampas reduce algo la población, pero no controla una plaga instalada, y además atrapa fauna auxiliar. Revísalas cada semana y anota el número de capturas para ver la tendencia.

Elimina restos de cultivo y plantas reservorio. La mosca blanca y sus virus pasan el invierno en tomateras viejas sin arrancar, en pimientos y berenjenas abandonados, en judía, calabacín y ornamentales como el geranio o la lantana, y en malas hierbas: hierba mora (Solanum nigrum), cerraja, verdolaga, malvas. Arrancar la campaña anterior en cuanto termina y no dejar rebrotes cortan buena parte del inóculo del año siguiente. Los restos se sacan del huerto en bolsa cerrada: dejar el montón de matas al lado del bancal es regalar un puente a la plaga.

Vacío sanitario y escalonamiento. Solapar un cultivo viejo infestado con el trasplante nuevo al lado es el mecanismo más común de contagio. Deja unas semanas sin solanáceas entre ciclos si puedes.

Modera el nitrógeno. Igual que con el pulgón, un exceso de abonado nitrogenado produce brotes tiernos y savia rica en aminoácidos que aceleran la reproducción de la plaga. Una planta sobrealimentada se infesta más deprisa.

Airea la planta. Deshojado de las hojas bajas viejas, tutorado correcto y marco de plantación que no cierre el aire. Una masa foliar densa y húmeda es el ambiente ideal para las ninfas y además impide que el caldo de tratamiento llegue al envés.

Control biológico

En el tomate de invernadero español, el control biológico de mosca blanca no es una alternativa marginal: es el estándar profesional desde hace más de una década, precisamente porque el control químico dejó de funcionar.

Míridos depredadores: Nesidiocoris tenuis y Macrolophus pygmaeus. Son chinches verdosas que se instalan en la tomatera y depredan huevos y ninfas de mosca blanca, y también de Tuta absoluta. Nesidiocoris es el más usado en el sudeste peninsular y coloniza de forma espontánea muchos cultivos.

Tienen una advertencia importante: son zoofitófagos, es decir, comen presa pero también pican la planta. Si la población de mírido crece y se queda sin presa, empieza a picar tallos y pedúnculos, y aparecen los característicos anillos necróticos en el tallo y el aborto de flores. El manejo profesional consiste en aportar alimento suplementario (huevos de Ephestia kuehniella esterilizados) durante los periodos sin plaga para mantener la población sin que ataque al cultivo. En huerto aficionado, lo razonable es dejar que colonicen solos y no soltar cantidades altas.

Avispas parasitoides. Encarsia formosa pone su huevo dentro de la ninfa de mosca blanca; la ninfa parasitada se vuelve negra y así se identifica a simple vista. Funciona mejor contra Trialeurodes vaporariorum. Eretmocerus mundus es la especie de elección contra Bemisia tabaci, y su ninfa parasitada se vuelve de un tono ambarino o amarillo dorado en lugar de negro. Ver escamas negras o doradas en el envés significa que el parasitismo está funcionando y que no hay que tratar.

Hongos entomopatógenos. Beauveria bassiana y Lecanicillium muscarium infectan al insecto atravesando su cutícula. Necesitan humedad relativa alta y temperatura suave para germinar, así que se aplican al atardecer y rinden mucho mejor bajo abrigo que al aire libre en pleno verano seco. Son compatibles con la fauna auxiliar en general, pero conviene comprobar cada caso.

Tratamientos: cómo aplicarlos para que sirvan de algo

Jabón potásico. Al 1-2 % (10-20 ml por litro). Mata por contacto, deshidratando al insecto tras disolver sus ceras. Es eficaz contra adultos y ninfas jóvenes, y bastante menos contra pupas y huevos. Sin efecto residual: lo que no se moja, vive.

Aceite de parafina o aceites hortícolas. Actúan por asfixia, cubriendo la superficie del insecto, y por eso son de los pocos productos con acción real sobre huevos y sobre el cuarto estadio. No aplicar con calor fuerte ni en pleno sol, y no mezclar con azufre ni aplicar con pocos días de diferencia respecto a un tratamiento con azufre: la combinación es fitotóxica.

Azadiractina (neem). Actúa como regulador del crecimiento y reduce la puesta. El efecto tarda días en verse; no esperes una caída inmediata de adultos.

Cualquiera que uses, estas cuatro reglas valen más que la elección del producto:

Al envés y con presión. Boquilla orientada hacia arriba, recorriendo la planta desde abajo. Es la diferencia entre un tratamiento eficaz y uno inútil, y es el fallo más repetido.

Repite cada 5-7 días, tres o cuatro veces. Es la única manera de alcanzar las cohortes que iban saliendo del huevo cuando trataste.

A primera hora de la mañana o al atardecer. Con la planta fresca no hay quemaduras y los adultos están menos activos, así que se dispersan menos al pasar el equipo. Un tratamiento a mediodía con solazo levanta la nube entera y la manda a la planta de al lado.

Alterna modos de acción y no abuses. Bemisia tabaci genera resistencias con una rapidez notable. Repetir siempre el mismo producto es el camino más corto a que deje de funcionar. Y en cuanto a los productos fitosanitarios de síntesis, usa solo los autorizados para tomate, respeta dosis y plazos de seguridad, y ten presente que los de amplio espectro eliminan a los míridos y parasitoides que te estaban haciendo el trabajo, con el efecto rebote consiguiente: al cabo de dos semanas la plaga vuelve, y ahora sin enemigos naturales.

Errores frecuentes

Contar solo los adultos que vuelan. Es el indicador menos informativo. Da la vuelta a las hojas medias y bajas y busca escamas: ahí está la población real y ahí se ve si hay parasitismo.

Tratar una vez y dar el problema por resuelto. Con este ciclo, una sola aplicación equivale a no tratar.

Colgar muchas trampas amarillas creyendo que eso controla la plaga. Son un instrumento de detección. Confiar en ellas como método de control retrasa la intervención real hasta que ya es tarde.

Abonar contra el amarilleo viral. Si el amarilleo internervial avanza por focos y afecta a las hojas viejas mientras las nuevas están sanas, antes de gastar en quelatos de magnesio conviene mirar el envés y descartar mosca blanca y ToCV.

En resumen

La mosca blanca del tomate se combate en el envés de la hoja, no en el aire. Los adultos que revolotean son la punta visible de una población de huevos y ninfas inmóviles que ningún tratamiento único alcanza: hay que repetir cada cinco a siete días, tres o cuatro veces, pulverizando de abajo hacia arriba y a primera o última hora del día.

Lo que hace grave a esta plaga son los virus. Bemisia tabaci transmite el TYLCV de forma persistente, así que en zonas cálidas la decisión más importante se toma antes de plantar: elegir variedades con tolerancia Ty, sabiendo que tolerancia no es inmunidad. Y el amarilleo internervial por focos merece descartar ToCV antes que echarle magnesio.

Lo demás es orden: malla fina bajo abrigo, trampas amarillas para detectar a tiempo, arrancar restos y solanáceas espontáneas, no pasarse con el nitrógeno y airear la planta. Si al girar una hoja aparecen escamas negras o doradas, ya hay parasitoides trabajando y lo mejor que puedes hacer es no pulverizar nada.


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