Tener una maceta de lavanda en la ventana no impide que los mosquitos entren en casa. Conviene empezar por ahí, porque el malentendido de fondo condiciona todo lo demás: una planta viva y quieta emite cantidades minúsculas de compuestos volátiles, y esos compuestos se dispersan en el aire libre en cuestión de centímetros. Lo que repele insectos no es la planta como tal, sino sus aceites esenciales liberados en concentración suficiente, y eso ocurre cuando estrujas el follaje, cuando lo secas, cuando lo infusionas o cuando lo destilas.

Dicho esto, esas siete plantas sí sirven, y bastante. Sirven para tener el principio activo a mano y fresco, para tratar puntualmente ropa, despensa o piel, para mantener la cocina y el armario libres de polillas y gorgojos, y para reducir la presión de pulgón o mosca blanca en el huerto pequeño. Solo hay que saber qué esperar de cada una.

Albahaca

Ocimum basilicum. Sus hojas concentran eugenol, linalol, estragol y metil cinamato, según el quimiotipo, y varios de ellos tienen actividad demostrada contra dípteros. La albahaca de hoja pequeña o la de canela suelen ser más aromáticas que las variedades de hoja grande tipo genovesa, seleccionadas para cocina.

Cómo se usa de verdad. Pasar las hojas frescas machacadas por la piel proporciona un efecto real pero corto, del orden de media hora. Colocada en la mesa de la terraza durante una cena, con las hojas rozadas de vez en cuando, contribuye algo. Como barrera pasiva junto a la ventana, no.

Cultivo en España. Es anual y muy friolera: por debajo de 10-12 °C se para y con la primera helada muere. Siembra de marzo a mayo, pleno sol o sol de mañana en zonas muy calurosas del sur, riego frecuente pero sin encharcar y, sobre todo, pinzado sistemático de los brotes florales. En cuanto florece, la planta deja de emitir hojas nuevas y el aroma se apaga. Si la quieres aromática, no la dejes espigar.

Un matiz de huerto: la creencia de que la albahaca junto al tomate ahuyenta la mosca blanca tiene poco respaldo. Lo que sí hace, si la dejas florecer al final del ciclo, es atraer sírfidos y pequeños himenópteros parasitoides que se comen al pulgón. Ese beneficio es indirecto pero comprobable.

Planta de albahaca con hojas verdes

Hierba gatera o catnip

Nepeta cataria. Es la más interesante de las siete desde el punto de vista científico. Su compuesto característico, la nepetalactona, mostró en ensayos de laboratorio una capacidad repelente frente a mosquitos comparable —y en algunas pruebas superior a igualdad de concentración— a la del DEET. Ese dato circula mucho y merece una advertencia: la nepetalactona es muy volátil, se evapora rápido y su persistencia sobre la piel es de minutos, no de horas. Repelente potente, sí; repelente duradero, no.

Cultivo. Vivaz rústica de la familia de las labiadas, aguanta bien el frío peninsular, incluidas heladas notables, y prefiere suelo suelto y sol. Es expansiva: se resiembra sola con entusiasmo y en un arriate mullido acaba invadiendo. Si tienes gatos en el barrio, prepárate: se revuelcan encima y la destrozan. Plantarla en un rincón poco transitado, o en maceta grande, ahorra disgustos.

Se corta antes de la floración plena, cuando el contenido en aceite esencial es máximo, y se seca a la sombra en manojos.

Citronela

Aquí hay que deshacer una confusión que se repite en casi todos los garden centers. La citronela auténtica es una gramínea tropical del género Cymbopogon, principalmente C. nardus y C. winterianus, y de ella se extrae el aceite esencial rico en citronelal, geraniol y citronelol que se usa en velas y espirales.

Lo que se vende con la etiqueta de "planta antimosquitos" o "geranio citronela" suele ser un Pelargonium de olor con aroma a limón. Huele bien, es agradecido de cultivar, y los estudios que se han hecho midiendo picaduras reales en presencia de esa planta no encontraron protección apreciable. Vale como ornamental aromática; no vale como antimosquitos.

Cultivo de la citronela verdadera. Es tropical y no soporta el frío: por debajo de 5 °C sufre y con helada se pierde. En la península solo prospera al aire libre en el litoral mediterráneo cálido, la costa sur y Canarias. En el resto, maceta grande, pleno sol, riegos abundantes en verano y entrada a invernadero o galería antes de noviembre. Necesita bastante espacio: forma matas de más de un metro.

Sobre las velas de citronela conviene ser honesto: reducen las picaduras en un radio muy corto y a favor del humo, y su eficacia se desploma con la más mínima brisa. Ayudan; no sustituyen a una mosquitera.

Laurel

Laurus nobilis. Es la excepción de la lista, porque su aplicación más eficaz no tiene que ver con los mosquitos sino con la despensa. Sus hojas son ricas en 1,8-cineol (eucaliptol), y unas cuantas hojas secas metidas en los botes de harina, arroz, legumbres o pasta funcionan razonablemente bien contra gorgojos y polillas de la alimentación (Plodia interpunctella, Sitophilus spp.). El mismo truco sirve en el armario de la ropa contra la polilla textil.

Las hojas pierden aroma con el tiempo: renuévalas cada seis meses aproximadamente, y ten en cuenta que la hoja recién secada en casa es mucho más activa que la comprada hace dos años.

Cultivo. Arbusto o arbolito mediterráneo, rústico hasta unos -8 o -10 °C ya establecido, poco exigente en suelo, tolera media sombra y se deja recortar en seto o en bola. Crece despacio los primeros años.

Su problema propio es la psila del laurel (Trioza alacris), que enrolla y engrosa el borde de las hojas nuevas, y la cochinilla, que trae detrás la negrilla. La ironía es evidente: la planta que usas contra los insectos de la despensa tiene sus propias plagas. Se controlan podando y quemando las hojas afectadas en primavera y aclarando la copa para que ventile.

Lavanda

Las especies útiles aquí son Lavandula angustifolia, el lavandín (L. x intermedia), L. dentata y L. stoechas (el cantueso). Los responsables del efecto son el linalol y el acetato de linalilo, y su uso clásico —bolsitas de flor seca en cajones y armarios contra la polilla de la ropa— está bien fundado y sigue siendo la mejor aplicación doméstica de esta planta.

Al aire libre, contra mosquitos, hay que rebajar expectativas otra vez. Lo que la lavanda hace muy bien en el jardín es otra cosa: atraer abejas, abejorros y sírfidos en cantidad. En un huerto, un seto bajo de lavandín en el borde es una de las inversiones más rentables que existen en control biológico, porque las larvas de sírfido devoran pulgón sin descanso.

Cultivo. Sol directo pleno, suelo drenante y preferiblemente calcáreo, y muy poco riego una vez arraigada. Se muere infinitamente más lavanda por exceso de agua y suelo pesado que por sequía o frío. En el norte húmedo cantábrico lo pasa mal; L. angustifolia y el lavandín son las más tolerantes al frío del interior, mientras que L. dentata es la que mejor se comporta en el litoral mediterráneo suave pero no aguanta heladas fuertes.

La poda es la clave de su longevidad: recorta justo después de la floración, quitando la espiga y un tercio del crecimiento verde del año, sin entrar nunca en madera vieja, porque de ahí no rebrota. Una lavanda sin podar se desguarnece por dentro y en cuatro o cinco años hay que arrancarla.

Lavanda en flor con espigas moradas

Melisa o toronjil

Melissa officinalis. Huele intensamente a limón por su contenido en citral (una mezcla de geranial y neral) y citronelal, los mismos tipos de compuestos que dan su actividad a la citronela. Frotarse las hojas frescas sobre brazos y piernas antes de sentarse en el jardín es un remedio de toda la vida que tiene fundamento químico, aunque con la misma limitación de siempre: dura poco.

También sirve bien como infusión concentrada pulverizada sobre plantas con pulgón incipiente, más como medida disuasoria que como insecticida. Y calmar el picor de una picadura reciente con una hoja machacada funciona mejor de lo que cabría esperar.

Cultivo. Vivaz rústica, agradece media sombra —al sol duro del verano peninsular se quema y amarillea— y suelo fresco con algo de materia orgánica. Es de las plantas que más agradecen el riego regular de esta lista. Se resiembra con muchísima facilidad y puede colonizar un bancal entero; si no quieres eso, corta las flores marchitas antes de que semillen.

Se corta a media altura dos o tres veces al año para forzar rebrote tierno, que es el que concentra más aroma. La hoja vieja y coriácea huele bastante menos.

Menta

Bajo el nombre de menta caben varias especies con perfiles distintos: Mentha spicata (hierbabuena), M. x piperita (menta piperita, la más rica en mentol) y M. pulegium (poleo, con alto contenido en pulegona). La piperita es la más activa como repelente.

Aviso importante sobre el poleo: la pulegona es hepatotóxica en dosis altas y el aceite esencial de poleo está desaconsejado en uso interno, especialmente durante el embarazo. Como infusión ocasional no plantea problemas; como aceite esencial ingerido, sí. Que sea una planta tradicional no significa que sea inocua.

Usos que funcionan. La menta seca o el aceite esencial diluido son eficaces frente a hormigas: rociar los caminos que recorren por la encimera o el marco de la ventana rompe el rastro de feromona y las desorienta. Contra ratones también se le atribuye efecto, con evidencia más floja. Y un macerado de menta pulverizado sobre coles ayuda algo con la mariposa de la col, aunque sin acercarse a la eficacia del Bacillus thuringiensis.

Cultivo. Vivaz rústica, sombra parcial, suelo húmedo y fresco. Y una regla sin excepciones: plántala siempre en maceta o con una barrera enterrada. Los rizomas de menta se extienden por debajo del suelo a velocidad notable y en dos temporadas se apoderan de un bancal. Sacarla después es un trabajo tedioso.

Su enfermedad típica es la roya (Puccinia menthae), pústulas naranjas en el envés que aparecen con humedad y mata densa. Se combate segando a ras, retirando los restos y aclarando la plantación, no con riegos foliares.

Cómo aprovecharlas bien

Tres formas de convertir estas plantas en algo útil:

Macerado o infusión concentrada. Un puñado grande de hoja fresca por litro de agua hirviendo, tapado hasta que enfríe, colado y pulverizado sobre las plantas o sobre los rodapiés. Se conserva pocos días en frío; hay que hacerlo y usarlo.

Bolsitas de flor u hoja seca. Lavanda y laurel, en armarios y despensa. Es el uso más eficaz y duradero de todos, porque el espacio es cerrado y pequeño, que es justo donde estos volátiles alcanzan concentración suficiente.

Aceite esencial diluido. Nunca puro sobre la piel. Se diluye al 1-3 % en un aceite vegetal —unas 6 a 18 gotas por cada 30 ml— y se prueba antes en el antebrazo. Los aceites cítricos y algunos otros son fototóxicos: aplicados y expuestos al sol pueden dejar manchas. Evítalos en niños pequeños y consúltalo en el embarazo.

Y lo que de verdad decide si te pican o no, sobre todo con el mosquito tigre (Aedes albopictus), ya extendido por buena parte del litoral y del interior peninsular: eliminar el agua estancada. Cría en menos de un centímetro de agua. Los platos bajo las macetas, los bebederos de mascotas, los cubos olvidados, los sumideros de la terraza y los canalones atascados producen más mosquitos que todo tu barrio junto. Vaciarlos cada pocos días vale más que cualquier planta, cualquier vela y cualquier lámpara ultravioleta —que, dicho sea de paso, matan sobre todo insectos inofensivos y apenas mosquitos hembra, que son las que pican—.

Añade mosquiteras en las ventanas, un ventilador en la terraza —los mosquitos vuelan mal con corriente de aire— y, cuando la exposición sea alta o el destino de riesgo, un repelente registrado con DEET o icaridina. Las plantas complementan; no sustituyen.

En resumen

Albahaca, hierba gatera, citronela, laurel, lavanda, melisa y menta contienen aceites esenciales con actividad repelente real y medida, pero solo la manifiestan cuando esos compuestos se liberan: al machacar la hoja, al secarla en un espacio cerrado o al aplicar el aceite diluido. Como planta decorativa en la ventana, su efecto sobre los mosquitos es prácticamente nulo, y el "geranio antimosquitos" que se vende como solución no ha demostrado proteger de las picaduras.

Donde de verdad rinden es en usos concretos: laurel y lavanda secos contra polillas y gorgojos en despensa y armario, hierba gatera y melisa frotadas sobre la piel para un rato corto, menta contra las hormigas, y lavanda florecida en el huerto como imán de sírfidos y abejas. En el cultivo, cada una pide lo suyo: la albahaca no soporta el frío ni la floración, la citronela no pasa el invierno peninsular a la intemperie, la lavanda muere de agua y no de sed, y la menta hay que confinarla. Y frente al mosquito tigre, la medida que más picaduras evita no es ninguna de estas siete: es vaciar cada pocos días todo recipiente con agua parada.


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