Dos dedos de agua en el plato de una maceta bastan para sacar adelante una generación entera de mosquito tigre en menos de una semana de agosto. Ese detalle explica por qué tantas terrazas llenas de plantas aromáticas siguen siendo insoportables al atardecer: se ha trabajado el remedio y se ha dejado intacto el criadero. Las plantas repelentes tienen su papel, y es un papel real, pero conviene saber exactamente cuál es antes de comprar la quinta maceta de citronela.

Qué hace que una planta moleste a un mosquito

El mosquito hembra localiza a su víctima por el dióxido de carbono que exhalamos, por el calor corporal y por los compuestos del sudor, principalmente el ácido láctico y varios ácidos grasos. Un repelente vegetal actúa interfiriendo esa lectura: los monoterpenos y aldehídos que emiten ciertas hojas (citronelal, geraniol, citronelol, linalol, eugenol, alcanfor, mentol) saturan sus receptores olfativos y le dificultan seguir el rastro.

El problema está en la palabra emiten. Esos compuestos viven dentro de tricomas glandulares o de bolsas secretoras en el interior de la hoja, y la planta no los libera al aire en cantidad apreciable mientras nadie la toque. Una lavanda en flor perfuma su entorno inmediato, sí, pero la concentración que alcanza a medio metro de distancia está muy por debajo de la que haría falta para desorientar a un mosquito. La planta intacta apenas repele; la hoja estrujada, sí. Esta es la diferencia que suelen callar las listas de plantas antimosquitos que circulan por ahí.

De ahí se deducen dos usos honestos. Uno: colocar las macetas donde vayan a rozarse, al alcance de la mano, en el borde de la mesa o junto al brazo del sillón, para frotar unas hojas entre los dedos y pasarlas por tobillos y muñecas. Dos: extraer los aceites y aplicarlos sobre la piel diluidos. Todo lo demás es decoración perfumada, que tampoco está mal, pero no es protección.

Mata de citronela en maceta

El malentendido de la citronela

La citronela verdadera son dos gramíneas tropicales, Cymbopogon nardus y Cymbopogon winterianus, macollas de hoja larga y áspera que huelen intensamente a limón al partirlas. De ellas sale el aceite de citronela de toda la vida. En la Península se cultivan bien en litoral mediterráneo y sur, mueren con heladas fuertes y en el interior hay que entrarlas o protegerlas en invierno. Necesitan sol pleno, suelo suelto y riegos generosos en verano; en maceta de 25-30 litros aguantan sin problema.

Lo que se vende en los garden centers cada mayo con la etiqueta de "planta antimosquitos" o "citronela" suele ser otra cosa: Pelargonium citrosum, un geranio de hoja recortada con aroma cítrico. Se han hecho ensayos comparando la picadura de mosquitos en presencia de esa planta y en su ausencia, y la diferencia fue nula. Huele bien, aguanta el calor y es agradecida en balcón, pero comprarla esperando una barrera es tirar el dinero. Si se quiere un aromático de este grupo con algo de fundamento, hay que ir al Cymbopogon auténtico.

Las que sí tienen respaldo

Eucalipto limón (Corymbia citriodora, antes Eucalyptus citriodora). Es el caso más sólido de todos. Su aceite, tratado para concentrar el PMD (para-mentano-3,8-diol), ofrece protecciones de varias horas comparables a las de repelentes de síntesis suaves, y es el único repelente de origen vegetal que las autoridades sanitarias recomiendan de forma explícita. El árbol es enorme y solo prospera sin problemas en zonas libres de heladas fuertes, así que en la mayoría de los jardines españoles se recurre al aceite comprado, no a la planta.

Albahaca (Ocimum basilicum). Rica en eugenol, metilchavicol y linalol. Muy útil frotada, y de las pocas que se puede tener en cantidad porque además se come. Le va sol de mañana, sombra en las horas duras de julio y riego constante; en cuanto florece pierde aroma, así que hay que pinzar las espigas florales.

Melisa o toronjil (Melissa officinalis). Contiene citral y citronelal, los mismos compuestos que la citronela, y se da mucho mejor en clima continental. Agradece la media sombra y el suelo fresco; es invasiva por rizoma, mejor confinarla en maceta.

Mentas y hierbabuena (Mentha spp.). El mentol es un buen desorientador. Mismo aviso: en tierra colonizan todo el arriate.

Lavanda (Lavandula angustifolia en interior peninsular, Lavandula dentata y Lavandula stoechas en zonas suaves y suelos ácidos). El linalol y el acetato de linalilo tienen actividad repelente demostrada en laboratorio. En el jardín su mayor virtud es otra: es un imán para abejas y sírfidos, y sostiene fauna auxiliar. Quiere sol directo, drenaje perfecto y muy poca agua; se muere más lavanda por riego que por sequía.

Romero (Salvia rosmarinus, antes Rosmarinus officinalis). Alcanfor, cineol y alfa-pineno. Además de frotarlo, una rama seca echada sobre las brasas de la barbacoa despeja bastante el ambiente durante un rato. Rústico, resiste sequía y heladas moderadas, y pide poda ligera cada primavera para no ahuecarse.

Nébeda o hierba gatera (Nepeta cataria). Su nepetalactona ha dado resultados llamativos en ensayos, incluso superiores al DEET en algunas pruebas de laboratorio con mosquitos concretos. La pega práctica es que sobre la piel se evapora deprisa y dura poco. Los gatos del barrio, además, la revolcarán.

Tagetes (Tagetes patula, Tagetes erecta). Su fama en horticultura viene sobre todo de otro sitio: las raíces liberan tiofenos que reducen poblaciones de nematodos agalladores en el suelo. Frente a mosquitos su efecto es modesto y depende de manosear el follaje, que huele fuerte de verdad.

Lavanda en flor

Y la caléndula, ¿para qué sirve entonces?

La caléndula (Calendula officinalis) aparece en todas las listas de plantas antimosquitos y su efecto repelente sobre ellos es, siendo francos, flojo. Merece un sitio en el huerto por razones distintas y mejores: florece de octubre a junio en gran parte de España, alimenta sírfidos, crisopas y abejas silvestres cuando casi nada más florece, y funciona como planta reservorio, atrayendo pulgón hacia ella y manteniendo cerca a sus depredadores. Es una pieza de control biológico, no un ahuyentador. Sembrada a voleo en septiembre u octubre se resiembra sola año tras año.

Cómo sacarles partido de verdad

Ubicación por encima de cantidad. Tres macetas junto a las sillas rinden más que veinte repartidas por el jardín. El mosquito tigre (Aedes albopictus) pica a ras de suelo y va a por tobillos y pantorrillas, así que interesa tener aromáticas a esa altura, en jardineras bajas o al borde del suelo, no colgando a dos metros.

Poda para concentrar aceite. La concentración de aceites esenciales en lavanda, romero o melisa es máxima justo antes de la floración plena y en las horas de la mañana, tras evaporarse el rocío. Es el mejor momento para cortar ramas destinadas a secar o macerar.

Macerado casero. Un puñado de hojas de melisa, menta o albahaca machacadas en medio litro de agua muy caliente, tapado, en reposo doce horas, colado y guardado en la nevera, da un agua aromática que puede pulverizarse sobre ropa y mobiliario de terraza. Dura dos o tres días y su protección son minutos, no horas. Sobre piel funciona mejor una dilución de aceite esencial: del 3 al 5 % en un aceite vegetal (unas 20-30 gotas por 30 ml de aceite de almendras), nunca puro.

Precauciones que no son opcionales. Los aceites esenciales puros irritan y sensibilizan. Los de cítricos (limón, bergamota, lima) contienen furocumarinas fototóxicas: aplicados en la piel y expuestos al sol producen quemaduras y manchas que tardan meses en irse. La ruda (Ruta graveolens), que también se recomienda a veces, provoca fitofotodermatitis graves solo con rozarla en un día soleado; no la plantes al borde de un paso. Y el poleo (Mentha pulegium) contiene pulegona, hepatotóxica: úsalo en el jardín, no en infusión ni sobre la piel. Nada de esto se aplica a embarazadas ni a niños pequeños sin consultar antes.

Lo que de verdad decide cuántos mosquitos tienes

Ninguna combinación de plantas compensa un criadero a diez metros. El mosquito tigre necesita agua estancada y le basta con muy poca, y su radio de vuelo habitual es corto, de unas decenas de metros: los que te pican han nacido casi seguro en tu parcela o en la de al lado. Repasar semanalmente, de mayo a octubre:

Platos bajo las macetas. El primer criadero del jardín. Retíralos o vacíalos cada pocos días; si hace falta usarlos, rellénalos de arena para que el agua quede retenida sin lámina libre. Bidones y depósitos de riego: tapa hermética o mosquitera. Canalones y sumideros: las hojas los atascan y crean charcos permanentes. Bebederos de animales: agua renovada cada dos días. Cubos, carretillas, juguetes, lonas, neumáticos, huecos de bambú cortado: boca abajo o retirados. Piscinas de plástico y fuentes ornamentales: o bien movimiento continuo de agua, o bien peces (los Gambusia no son recomendables por invasores; sirven carpines o cualquier ciprínido local en estanques cerrados).

Para el agua que no se puede vaciar (fuentes, aljibes, imbornales), el remedio limpio es Bacillus thuringiensis var. israelensis (Bti), en pastillas o granulado. Mata las larvas de mosquito y de poco más; no afecta a peces, abejas ni mamíferos. Se repone cada dos o cuatro semanas según producto y temperatura.

A esto se añaden dos ayudas del propio jardín: el ventilador de la terraza, que anula el vuelo de un insecto tan malo volador, y los depredadores. Los murciélagos y las golondrinas comen menos mosquitos de lo que se cuenta, pero las libélulas y los peces sí controlan larvas de forma efectiva en cualquier punto de agua permanente.

Errores frecuentes

Comprar el falso geranio citronela y darlo por resuelto. Poner las plantas de adorno, lejos del sitio donde uno se sienta. Aplicar aceite esencial sin diluir sobre la piel. Regar la lavanda como si fuera una hortensia. Quemar velas o espirales de citronela dentro de un porche cerrado, con el humo que eso conlleva, cuando basta con la aromática al lado y un ventilador. Y, el más caro de todos, mantener el riego por goteo con encharcamientos o los platos llenos mientras se busca la planta milagrosa.

En resumen

Las plantas aromáticas ayudan cuando se usan como lo que son: fuentes de aceites esenciales que hay que liberar frotando o extrayendo. Albahaca, melisa, menta, romero, lavanda, nébeda y citronela auténtica (Cymbopogon) tienen compuestos con actividad repelente demostrada; el eucalipto limón, a través del PMD, es el único con eficacia comparable a un repelente comercial. La caléndula merece estar en el huerto por la fauna auxiliar que sostiene, no por los mosquitos, y el geranio que se vende como antimosquitos no cumple. Colócalas a la altura del tobillo y al alcance de la mano, diluye siempre los aceites antes de ponerlos en la piel, y dedica los primeros diez minutos de cada semana de verano a vaciar cualquier recipiente con agua: eso reduce más picaduras que todas las macetas juntas.


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