Conviene empezar por una distinción incómoda: la enfermedad que en América arruina plantaciones enteras de naranjo y el conjunto de manchas redondas que aparece de vez en cuando en un limonero de patio español no tienen por qué ser lo mismo, aunque en las dos situaciones se acabe pronunciando la palabra lepra. Entender dónde está la frontera entre una cosa y otra es lo que decide si hay que llamar a Sanidad Vegetal o simplemente revisar el riego y el ácaro que hay debajo de las hojas.

Este artículo explica qué es realmente la lepra explosiva, por qué se comporta de un modo tan raro para ser una virosis, cómo se reconoce y qué se hace con ella.

Qué es la lepra explosiva de los cítricos

La lepra de los cítricos (citrus leprosis) es una enfermedad vírica cuyo agente más extendido es el Citrus leprosis virus C (CiLV-C), del género Cilevirus, familia Kitaviridae. Se conocen además otras variantes con síntomas muy parecidos causadas por virus del género Dichorhavirus, emparentados con el virus del jaspeado de la orquídea. El calificativo de explosiva viene del modo en que se manifiesta en campo: un árbol puede pasar de unas pocas lesiones sueltas a tener hojas, frutos y ramas cubiertas de manchas en cuestión de semanas, cuando la población del ácaro que la transmite se dispara.

Porque el virus no viaja solo. Lo mueven ácaros del género Brevipalpus (Brevipalpus yothersi, B. californicus, B. obovatus), los llamados ácaros planos o falsas arañas rojas, de la familia Tenuipalpidae. Son bichos diminutos, de medio milímetro escaso, aplanados, de color anaranjado apagado, muy lentos, que se refugian en las grietas de la corteza, bajo los cálices de los frutos y en el envés de las hojas junto al nervio central. A simple vista pasan desapercibidos: hace falta una lupa de 10 o 20 aumentos para verlos.

El rasgo que define a esta enfermedad, y que hay que tener muy presente, es que el virus no es sistémico. No circula por la savia ni coloniza el árbol entero. Se queda acantonado en el tejido que rodea el punto donde el ácaro ha picado, y ahí produce la lesión. Un naranjo con doscientas manchas tiene doscientas infecciones locales independientes, no una infección general. De ahí se derivan tres consecuencias prácticas importantes:

  • El árbol no está "condenado". Si se controla el ácaro, deja de haber lesiones nuevas y el árbol se recupera.
  • No se transmite por semilla, y por injerto solo si la púa lleva encima una lesión.
  • Eliminar las ramas con costras reduce el inóculo disponible para los ácaros, pero no cura nada por sí solo.

La distribución geográfica es el otro dato clave. La lepra es una enfermedad americana: Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia, Colombia, Venezuela, Centroamérica y México, donde es uno de los problemas fitosanitarios más caros del naranjo dulce. En la Unión Europea el CiLV-C está catalogado como plaga cuarentenaria y no está establecido. En España hay ácaros Brevipalpus —eso sí, y desde hace mucho—, pero sin el virus, de modo que producen daño por picadura y decoloración, no lepra.

Lesiones de lepra en hojas y frutos de cítrico

Cómo se detecta

Los síntomas cambian según el órgano, y conviene mirarlos los tres.

En hoja. Manchas circulares de 5 a 20 mm, con el borde muy definido, inicialmente cloróticas (amarillo verdoso) y después con anillos concéntricos y un centro que se oscurece hasta volverse pardo o necrótico. La lesión se ve igual por el haz y por el envés, porque atraviesa el limbo. No sigue la nerviación ni respeta ningún patrón intervenal: son manchas sueltas, repartidas sin orden.

En fruto. Es donde más duele. Aparecen manchas pardas, algo deprimidas, de contorno redondeado, a menudo con halo amarillo cuando el fruto todavía está verde. No penetran hasta la pulpa —el zumo no se altera—, pero el fruto queda inservible para mercado en fresco y, cuando las lesiones son numerosas, se cae antes de la recolección.

En ramas y ramillas. Placas superficiales que la corteza va levantando en escamas, con aspecto costroso. Este es el síntoma que dio nombre a la enfermedad y también el que más contribuye a mantenerla: esas grietas son el refugio invernal del ácaro.

La sensibilidad varía por especie. El naranjo dulce (Citrus sinensis) es el más castigado; también sufren las limas ácidas. Los mandarinos (Citrus reticulata y sus híbridos) y el pomelo son bastante más tolerantes, aunque no inmunes.

Con qué se confunde

Aquí es donde se cometen los errores de diagnóstico, y en España casi siempre la respuesta correcta es otra cosa. Antes de dar nada por sentado, descarta:

Psorosis (Citrus psorosis virus). Es la sospechosa número uno en huertos españoles, porque hace las dos cosas: manchas anulares cloróticas en las hojas jóvenes y escamado de la corteza en el tronco y las ramas gruesas de árboles viejos. La diferencia es de fondo: la psorosis sí es sistémica, se transmite por injerto y no la mueve ningún ácaro. Se combate exclusivamente plantando material certificado; no hay tratamiento.

Mancha marrón de las mandarinas (Alternaria alternata pv. citri). Muy frecuente en variedades como Fortune o Nova. Da manchas necróticas pardas con halo amarillento, pero con un rasgo delator: necrosa los nervios y desde ahí avanza, y ataca sobre todo brotación tierna en primavera húmeda. Las manchas no son círculos perfectos con anillos.

Daño de ácaros sin virus. La araña roja de los cítricos (Panonychus citri) deja punteado fino y un bronceado difuso; el ácaro del tostado (Phyllocoptruta oleivora) deja el fruto plateado o pardo en superficies amplias. Ninguno dibuja manchas circulares con anillos.

Fitotoxicidades y carencias. Un aceite mineral aplicado con calor, o un cobre sobre fruto joven mojado, dejan manchas que despistan. Las carencias de manganeso o cinc dan clorosis intervenal simétrica, un patrón completamente distinto.

Un detalle que ayuda mucho: si al voltear las hojas con lupa no aparece ningún Brevipalpus, y no hay antecedente de material vegetal procedente de América, la hipótesis de lepra pierde casi todo su peso.

Cómo se trata

No existe ningún producto que cure una virosis dentro de la planta. El tratamiento de la lepra es el control del ácaro vector, y en eso se resume toda la estrategia:

  • Monitoreo con lupa. Revisiones periódicas de brotes, ramillas y de la zona del cáliz de los frutos, que es donde se concentran. En zonas afectadas se trabaja con umbrales de ácaros por fruto o por rama, no con calendario fijo.
  • Acaricidas específicos. Los eficaces contra Brevipalpus son los de contacto y los reguladores del crecimiento del ácaro; también el azufre y los aceites minerales tienen efecto. Hay que alternar familias químicas: estos ácaros generan resistencias con mucha facilidad. Aplica siempre con buen mojado, dirigido a corteza y envés, que es donde están.
  • Poda de saneamiento. Eliminar y retirar del huerto las ramillas con costras quita a la vez inóculo vírico y refugio del ácaro.
  • Control del polvo. Los caminos polvorientos disparan las poblaciones de ácaros porque el polvo interfiere con sus enemigos naturales. Regar caminos o mantener cubierta vegetal en las calles funciona mejor de lo que parece.
  • Respetar la fauna auxiliar. Los ácaros fitoseidos y algunos hongos entomopatógenos mantienen a raya a Brevipalpus. Los piretroides de amplio espectro suelen empeorar el problema a medio plazo, porque eliminan al depredador antes que a la presa.

Un error habitual es tratar solo la copa exterior y con poco caldo. Si la corteza y el interior del árbol quedan secos, la población se reconstituye en dos semanas desde las grietas.

Cómo se previene

En un país donde la enfermedad no está establecida, la prevención es, casi por completo, una cuestión de no introducirla:

  • Comprar plantones únicamente en viveros autorizados y con pasaporte fitosanitario. Los cítricos regalados, traídos de viaje o intercambiados entre particulares son la vía de entrada clásica de las plagas cuarentenarias de cítricos, la lepra incluida.
  • No introducir púas, esquejes ni frutos procedentes de países americanos productores de cítricos. La normativa lo prohíbe, y no por burocracia: los ácaros viajan perfectamente en la corteza y bajo el cáliz.
  • Ante una sospecha fundada —manchas anulares con anillos concéntricos, escamado en ramillas jóvenes y ácaros planos presentes—, comunicarlo al servicio de Sanidad Vegetal de la comunidad autónoma. Es obligatorio con plagas cuarentenarias, y el diagnóstico definitivo requiere análisis de laboratorio: a ojo no se distingue el cilevirus.

Y en el árbol que ya tienes, la prevención útil se llama vigor equilibrado: riego regular sin encharcar, abonado sin excesos de nitrógeno (la brotación tierna continua alimenta a los ácaros), poda que airee el interior de la copa y limpieza de restos vegetales. Un cítrico bien manejado no es inmune, pero tarda mucho más en llegar a la fase que justifica el adjetivo explosiva.

En resumen

La lepra explosiva es una virosis local, no sistémica, causada por el Citrus leprosis virus C y transmitida por ácaros planos del género Brevipalpus. Produce manchas circulares con anillos concéntricos en hojas, manchas pardas deprimidas en frutos y escamado en ramillas, y avanza de golpe cuando el vector se multiplica. Está extendida por América y es plaga cuarentenaria en la Unión Europea, donde no está establecida: en un huerto español, unas manchas anulares apuntan mucho más probablemente a psorosis, a Alternaria o a daño de ácaros sin virus. Cuando aparece de verdad, no se trata el virus sino el ácaro, con monitoreo por lupa, acaricidas alternados, poda de las partes costrosas y respeto a la fauna auxiliar. Y la mejor prevención sigue siendo la más aburrida: plantón certificado y nada de material vegetal traído por libre.


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