En un balcón cerrado por dos paredes el aire apenas se mueve, y esa es la razón por la que un tomate en maceta suele coger oídio antes que el mismo tomate plantado en tierra a diez metros. El huerto urbano no tiene hongos distintos de los del campo: tiene las mismas especies actuando en condiciones que las favorecen —poca ventilación, plantas muy juntas, sustrato reutilizado, riegos irregulares y un microclima húmedo pegado a la pared—.

A continuación, los que aparecen de verdad en terrazas y patios españoles, cómo se distinguen entre sí y qué funciona contra cada uno.

Hoja con síntomas de hongo en un huerto urbano

Antes de nada: el mildiu no es un hongo

Parece una pedantería y no lo es, porque cambia el tratamiento. El mildiu y las Phytophthora pertenecen a los oomicetos, un grupo emparentado con las algas pardas, no con los hongos verdaderos. Sus paredes celulares son de celulosa, no de quitina, y por eso el azufre no les hace nada mientras que el cobre sí. Quien pulveriza azufre contra el mildiu del tomate está perdiendo el tiempo y el producto; y quien echa cobre contra el oídio del calabacín, casi lo mismo.

La regla mental es sencilla: polvo blanco superficial y seco que se quita con el dedo, hongo verdadero (oídio) y azufre o bicarbonato. Mancha aceitosa con pelusa en el envés, oomiceto y cobre, siempre antes de que aparezca.

Oídio

Es el más frecuente en cultivo urbano, sin discusión. Lo causan varios hongos del orden Erysiphales, cada uno con su cultivo preferido: Podosphaera xanthii y Golovinomyces cichoracearum en calabacín, pepino y calabaza; Leveillula taurica y Oidium neolycopersici en tomate y pimiento; Podosphaera aphanis en fresa; Erysiphe necator en vid; Podosphaera pannosa en rosal.

Síntoma. Manchas de polvillo blanco harinoso en el haz, que se extienden hasta cubrir la hoja; después la hoja amarillea, se acartona y se seca. En el caso del tomate con Leveillula, el aspecto es distinto y despista: manchas amarillas difusas en el haz y el polvo blanco solo por el envés, porque este hongo coloniza el interior del tejido.

Aquí está la creencia más extendida y más equivocada: que el oídio viene de mojar las hojas. Es al revés. Los oídios necesitan humedad ambiental alta pero hoja seca: la lámina de agua libre inhibe la germinación de buena parte de sus conidios. Su óptimo son los 20-27 °C con noches húmedas y días secos, que es exactamente el patrón de la primavera tardía y el final del verano en la Península. Un balcón resguardado, con el aire quieto y rocío nocturno, es su escenario ideal.

Qué hacer. Es un parásito obligado —solo vive sobre tejido vivo—, así que quitar y retirar las hojas más afectadas rebaja mucho la presión. Aireación: separar macetas, aclarar hojas bajas y no dejar que las guías del calabacín se amontonen. Como producto, azufre mojable o en polvo (nunca por encima de 30 °C, porque quema; en verano se aplica al atardecer, y no se combina con aceites en un plazo de unas tres semanas) o bicarbonato potásico, que sí tiene algo de acción sobre micelio ya instalado y se puede repetir cada 7-10 días. En calabacín y pepino, elegir de entrada variedades con resistencia a oídio ahorra media temporada de tratamientos.

Mildiu

Menos frecuente que el oídio en terraza, pero mucho más destructivo cuando entra. En tomate y patata es Phytophthora infestans; en cucurbitáceas, Pseudoperonospora cubensis; en vid, Plasmopara viticola; en lechuga, Bremia lactucae; en cebolla, Peronospora destructor.

Síntoma. Manchas de aspecto aceitoso o traslúcido en el haz, que pardean con rapidez, y una pelusilla blanca o grisácea en el envés visible sobre todo por la mañana. En vid y cucurbitáceas las manchas son angulosas porque los nervios las limitan. En tomate, además, ennegrece tallos y pecíolos y pudre los frutos con manchas pardas duras. Puede arrasar una planta en cuatro o cinco días.

Condiciones. Necesita agua líquida sobre la hoja durante varias horas y temperaturas suaves, entre 10 y 25 °C, con óptimo alrededor de 18-22 °C. Traducido: primaveras lluviosas, tormentas de verano, riegos por aspersión al atardecer y —muy típico de ciudad— el goteo del aire acondicionado o de las macetas del vecino de arriba cayendo sobre tus hojas todas las noches. En viña se usa la regla de los tres dieces como aviso de las primeras infecciones: brotes de 10 cm, lluvia de 10 mm y 10 °C de temperatura.

Qué hacer. Es una enfermedad de manejo preventivo. Riego al pie y por la mañana, nunca mojando el follaje de tarde; tutorado que despegue las plantas del suelo y de la pared; retirada inmediata de las hojas con mancha aceitosa. Los cobres (oxicloruro, hidróxido, sulfato tribásico, caldo bordelés) protegen la hoja sana, no curan la enferma, y se lavan con la lluvia. Conviene usarlos con cabeza: en agricultura ecológica europea el límite está en 4 kg de cobre por hectárea y año porque se acumula en el suelo y perjudica a lombrices y microbiota, y en una maceta, con tan poco volumen de sustrato, esa acumulación se nota antes.

Roya

Basidiomicetos del orden Pucciniales, muy específicos de su huésped: Puccinia allii en ajo, puerro y cebolla; Uromyces appendiculatus en judía; Uromyces betae en acelga y remolacha; Puccinia asparagi en espárrago.

Síntoma. Pústulas pequeñas, alargadas o redondeadas, de color naranja ladrillo, que rompen la epidermis y sueltan un polvo que te mancha los dedos al pasarlos. Al final del ciclo las pústulas se oscurecen hasta casi negras. La hoja acaba amarilleando y secándose desde la punta.

La roya del puerro y el ajo es prácticamente inevitable en primaveras suaves y húmedas, y suele darse por perdida más de lo necesario: si aparece tarde, con el bulbo ya formado, el daño real sobre la cosecha es limitado. Lo que la dispara es el exceso de nitrógeno y la plantación demasiado densa. Corta y retira las hojas con pústulas, espacia las plantas, riega por abajo y no repitas liliáceas en el mismo sustrato al año siguiente. El azufre tiene cierta acción preventiva.

Podredumbre gris o botritis

Botrytis cinerea es un necrótrofo polífago que ataca a casi cualquier cosa del huerto: tomate, fresa, calabacín, judía, lechuga, aromáticas. Se reconoce por el moho gris aterciopelado que suelta una nube de esporas al tocarlo.

Cómo entra. Rara vez atraviesa tejido sano. Necesita una puerta: una herida de poda, un fruto rajado por riego irregular, una hoja vieja en descomposición y, sobre todo, los pétalos marchitos de la flor pegados al fruto joven. Ese es el mecanismo del calabacín que se pudre por la punta con la flor todavía adherida, y aquí hay otra confusión que conviene deshacer: eso no es la podredumbre apical. La podredumbre apical del tomate o del pimiento es una mancha seca, correosa y hundida en la base del fruto, no la causa ningún hongo y se debe a un problema de disponibilidad de calcio ligado a riegos irregulares.

Condiciones. Entre 15 y 20 °C con humedad relativa por encima del 90 %. Otoños templados y húmedos, invernaderos caseros sin ventilar y esquinas de terraza donde el aire no corre.

Qué hacer. Es el hongo que más se combate con las manos y menos con el pulverizador: retirar las flores marchitas de los frutos cuajados, quitar hojas viejas y restos vegetales, ventilar el mini-invernadero incluso en días fríos, no dejar tocones al podar y cortar siempre con tijera limpia por tejido sano. Como refuerzo preventivo, formulados a base de Bacillus subtilis o Bacillus amyloliquefaciens.

Los otros cuatro que aparecen sin que nadie los espere

Alternariosis (Alternaria solani). En tomate y patata. Manchas pardas con anillos concéntricos, como una diana, y halo amarillo, siempre empezando por las hojas más bajas y subiendo. Ese avance de abajo arriba es lo que la distingue del mildiu. Se combate quitando las hojas bajas desde el principio y evitando salpicaduras del sustrato con un acolchado.

Damping-off del semillero. Plántulas recién nacidas que se estrangulan a nivel del cuello y caen de un día para otro, obra de Pythium y Rhizoctonia solani. Sustrato nuevo y específico de semillero, siembra poco densa, riego por abajo, destapar cuanto antes y bajar un poco la temperatura. Sembrar apretado y con la bandeja tapada y encharcada es la receta exacta para provocarlo.

Marchiteces vasculares (Fusarium oxysporum, Verticillium dahliae). La planta se marchita en las horas de calor y se recupera de noche, hasta que ya no se recupera; el amarilleo suele ser asimétrico, medio folíolo o un lado entero de la planta, y al cortar el tallo se ven los vasos pardeados. No tienen tratamiento. Vienen en el suelo o en el sustrato reutilizado, así que la solución es variedades con resistencia —las siglas V y F de las etiquetas de tomate— y no reutilizar el sustrato de una planta que murió así.

Negrilla o fumagina. Una capa negra que se desprende como hollín sobre hojas y frutos. Es un hongo saprófito que vive de la melaza que sueltan pulgón, mosca blanca y cochinilla. Aplicar fungicida no sirve de nada: se elimina el insecto y la negrilla desaparece sola. Del mismo modo, el moho blanco algodonoso que sale a veces en la superficie del sustrato es un saprófito inofensivo que solo está avisando de que riegas demasiado.

Lo que de verdad los previene

  • Aire. Separa las macetas, no las pegues todas contra la pared y aclara el follaje interior. La ventilación hace más contra los hongos que cualquier producto.
  • Riego al pie y de mañana. Goteo o regadera a la base. Si la hoja se moja, que tenga todo el día para secarse; una hoja mojada al anochecer pasa doce horas empapada.
  • Nitrógeno con freno. El abonado nitrogenado excesivo produce tejido tierno y suculento, que es justo lo que oídio, roya y botritis prefieren. Un abono equilibrado, con potasio, da hoja más dura.
  • Higiene. Hojas enfermas fuera del huerto y a la bolsa, no a la compostera de balcón: no alcanza la temperatura que mata los patógenos. Tijeras limpias entre plantas.
  • Sustrato. Nuevo para semilleros, siempre. Y no repitas familia botánica en la misma maceta dos años seguidos: la rotación también existe en un balcón, aunque sea cambiando lo que va en cada tiesto.
  • Variedad. Elegir cultivares con resistencia declarada es la medida más barata y la que menos gente aplica.

Y una advertencia sobre los remedios caseros: la cola de caballo (Equisetum arvense) y las lecitinas están reconocidas como sustancias básicas y tienen un efecto preventivo suave, real pero modesto. No rescatan un oídio ya instalado ni frenan un mildiu en marcha. Lo mismo vale para la leche diluida y el ajo. Lo que un aficionado puede aplicar es, salvo excepciones, de contacto y preventivo: si la hoja ya está blanca entera o negra entera, se corta, no se pulveriza. Y aunque sean productos de origen natural, azufre y cobre tienen plazo de seguridad y usos autorizados: la etiqueta también se lee.

En resumen

Oídio, mildiu, roya y botritis cubren la mayor parte de los problemas fúngicos de un huerto urbano, y se distinguen bien mirando dónde y cómo aparecen: polvo blanco seco en el haz, mancha aceitosa con pelusa en el envés, pústulas naranjas que manchan el dedo y moho gris sobre tejido herido o senescente. El mildiu no es un hongo verdadero, por lo que responde al cobre y no al azufre. La botritis entra por heridas y flores marchitas, así que se combate limpiando más que pulverizando. Y detrás de todos ellos están las mismas tres causas en una terraza: aire parado, follaje mojado a deshora y exceso de nitrógeno. Corrige eso y la mitad de los tratamientos dejan de hacer falta.


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