Mide entre uno y dos milímetros, vive metido dentro de un capullo todavía cerrado y, cuando por fin reconoces el daño en las hojas, lleva ya tres o cuatro generaciones en la planta. Los trips son el ejemplo perfecto de plaga que se detecta tarde: no tejen, no dejan melaza, no forman colonias visibles en el tallo. Lo único que dejan es un plateado raro en el envés de las hojas y unos puntitos negros que es fácil confundir con suciedad.

El grupo es enorme (el orden Thysanoptera tiene miles de especies descritas) pero en un jardín o un huerto español la lista de sospechosos habituales se reduce mucho, y conviene conocerla porque no todas se combaten igual ni todas son igual de peligrosas.

Trips adulto sobre una hoja

Qué es exactamente un trips

Un adulto es un insecto alargado, de cuerpo estrecho, con alas muy estrechas y flecos de pelos en el borde: de ahí el nombre del orden, «alas con flecos». Vuela mal, pero se deja llevar por el viento kilómetros, y esa es una de las razones por las que aparece de golpe en un huerto donde nunca lo habías visto.

La boca es lo que explica el daño. No pica y chupa como un pulgón, ni muerde como una oruga: los trips tienen un aparato bucal asimétrico, con un único estilete mandibular funcional con el que raspan la epidermis y sorben el contenido de las células que van reventando. La célula vaciada se llena de aire y refleja la luz. Ese es el famoso plateado o aspecto de hoja de plata, sobre todo en el envés y a lo largo de los nervios. Junto a él verás deyecciones oscuras, del tamaño de un punto de bolígrafo, brillantes cuando están frescas y negras cuando secan.

Nota importante sobre el nombre: se dice «un trips» y «varios trips». No existe «un trip». Es un detalle menor, pero ayuda a buscar información correcta.

Las especies que vas a encontrarte en España

Frankliniella occidentalis, el trips californiano o trips de las flores del oeste, es el gran problema. Llegó a la Península a finales de los años ochenta y hoy está en todas partes: pimiento, tomate, fresón, pepino, judía, rosal, gerbera, crisantemo, clavel. Es polífago, se refugia en las flores y en los brotes cerrados, y tiene un historial de resistencias a insecticidas que asusta.

Thrips tabaci, el trips de la cebolla, ataca a liliáceas (cebolla, puerro, ajo) y también a col, tomate y ornamentales. En cebolla produce un moteado plateado que reduce el bulbo si la infestación es fuerte y temprana.

Heliothrips haemorrhoidalis, el trips de los invernaderos, es el que te destroza aguacates, laureles, camelias, Viburnum, hiedras y muchas plantas de hoja perenne y ambiente sombrío. Deja el haz de la hoja de un bronce sucio y muy salpicado de deyecciones.

Gynaikothrips ficorum es el trips del ficus. Este no plateó nunca nada: dobla el borde de la hoja de Ficus microcarpa hacia dentro formando una especie de bolsa o agalla donde vive la colonia. Muy típico en setos y ejemplares de calle en el Levante y el sur.

Pezothrips kellyanus, el trips de las flores de los cítricos, es responsable de un daño muy característico: un anillo de corcho alrededor del cáliz del fruto, provocado cuando las larvas raspan la piel del frutito recién cuajado bajo los pétalos secos. No afecta al zumo, pero destroza el valor comercial.

Y en gladiolos, el Thrips simplex, que sobrevive en los cormos almacenados y explota en cuanto los plantas.

Cómo reconocer el daño y no confundirlo

Los síntomas clásicos son estos:

En hoja: zonas plateadas o bronceadas, con puntos negros de excrementos. Con el tiempo el tejido se seca y se vuelve marrón papel.

En brotes y hojas jóvenes: deformación. Como el trips pica el tejido antes de que se expanda, la hoja sale arrugada, retorcida o con el borde encogido hacia arriba. Es fácil pensar en un virus o en un daño de herbicida.

En flor: pétalos con manchas descoloridas o rayas blanquecinas, y en flores oscuras (rosa roja, petunia morada) manchas claras muy visibles. Sacude una flor abierta sobre un papel blanco y verás correr los adultos.

En fruto: plateado en pimiento, rugosidad y aquenios salientes en fresa, anillo perimetral en cítricos, cicatrices grisáceas en pepino.

El error de diagnóstico más frecuente es confundirlo con la araña roja. Se distinguen bien: la araña roja deja un punteado fino, amarillento y uniforme, y antes o después aparece tela; el trips deja manchas plateadas más grandes, irregulares, con deyecciones negras y sin tela. Si no ves los puntos negros, sospecha de ácaros.

El verdadero motivo para tomárselos en serio: los virus

Aquí está el punto que casi nunca se explica bien. El daño directo de una población moderada de trips en una planta de jardín es feo pero rara vez mortal. El problema es que Frankliniella occidentalis es el principal vector del virus del bronceado del tomate (TSWV) y, en ornamentales, del virus de la mancha necrótica de la impatiens (INSV). Ambos son tospovirus, y ambos son incurables: la planta infectada no se recupera y hay que arrancarla.

La forma de transmisión condiciona todo el manejo. El virus solo puede ser adquirido por las larvas del primer estadio, y quien lo transmite después es el adulto, durante toda su vida. Un adulto que llega volando de fuera y nunca comió de una planta enferma de larva no puede infectar nada. Traducido a la práctica: matar adultos no corta la transmisión tan bien como impedir que las larvas se críen sobre plantas infectadas. Por eso lo primero al detectar una planta con síntomas de bronceado (manchas anilladas, necrosis en el ápice, frutos con anillos concéntricos) es sacarla del huerto metida en una bolsa cerrada, no dejarla ahí «a ver si tira».

Cuándo aparecen y por qué se disparan

El desarrollo del trips depende de la temperatura de una forma muy marcada. Por debajo de unos 10 °C prácticamente no hay desarrollo; a 20 °C el ciclo completo ronda las tres semanas; y entre 25 y 30 °C se cierra en dos semanas o menos. Eso significa que en el interior peninsular la plaga arranca despacio en abril, se dispara en junio y aprieta hasta septiembre, mientras que en la costa mediterránea y en Canarias puede haber generaciones prácticamente todo el año.

El ciclo pasa por huevo, dos estadios larvarios, prepupa, pupa y adulto. Dos detalles con consecuencias directas:

El huevo va insertado dentro del tejido vegetal, colocado con un ovipositor en forma de sierra. Ningún insecticida de contacto lo alcanza.

La prepupa y la pupa de la mayoría de especies bajan al suelo, o se esconden en grietas y hojarasca, y en esa fase no comen. También quedan fuera del alcance de un tratamiento foliar.

De ahí la regla de oro: un solo tratamiento nunca resuelve una plaga de trips. Hay que repetir cada 5-7 días, al menos tres veces, para ir cogiendo a los individuos que van emergiendo. Quien pulveriza una vez y da el problema por cerrado, dos semanas después lo tiene igual o peor.

Añade a esto que muchas especies son haplodiploides: las hembras sin fecundar ponen huevos que dan machos igualmente. Una sola hembra que sobreviva basta para reiniciar la población. Y el ambiente que más les gusta es exactamente el del verano español: calor seco y aire quieto. Los ambientes muy húmedos y la lluvia fuerte frenan a las poblaciones.

Prevención, que es donde se gana

Vigila con trampas azules. Los trips responden mejor al azul que al amarillo, aunque las amarillas también capturan. Su función es avisar de la llegada y medir la tendencia semanal, no controlar la plaga. Colócalas justo por encima del cultivo y anota las capturas.

Limpia el entorno. Las malas hierbas de flor —cerraja, jaramago, ortiga muerta, malva— son el reservorio de donde salen los adultos que colonizan el huerto en primavera. Segarlas en pleno ataque es contraproducente, porque empuja a los trips hacia el cultivo; hay que hacerlo antes, no durante.

Malla antitrips si tienes invernadero o túnel: hace falta una malla de al menos 10x20 hilos/cm² (paso de unos 0,15-0,2 mm). Las mallas antipulgón normales los dejan pasar sin problema. El coste es que reducen mucho la ventilación, así que hay que compensar con más superficie de ventana.

Acolchado plástico reflectante (plata o aluminizado) en las líneas de cultivo. Desorienta a los adultos que llegan volando y retrasa la colonización varias semanas en cultivos jóvenes. Funciona mientras la planta no cubra el suelo.

No abones en exceso con nitrógeno. Brotación tierna y suculenta es justo lo que buscan.

Revisa lo que compras. Buena parte de las infestaciones de interior y de invernadero entran con planta nueva. Mira flores y brotes antes de meter nada, y si puedes, mantén las plantas recién compradas dos semanas apartadas.

Control biológico: lo que de verdad funciona

Contra trips, la fauna auxiliar es más eficaz que casi cualquier insecticida autorizado para uso doméstico, y este es un caso donde el control biológico está muy bien resuelto.

Ácaros depredadores. Amblyseius swirskii y Neoseiulus cucumeris se comen las larvas del primer estadio. No tocan a los adultos, así que hay que soltarlos de forma preventiva o al principio, cuando la población es baja. Se distribuyen en sobrecitos que se cuelgan de la planta y van liberando ácaros durante semanas. swirskii pide más calor (por encima de 18-20 °C de media); cucumeris aguanta mejor el fresco.

Orius laevigatus, una chinche depredadora pequeña, es la solución de referencia en pimiento y ataca tanto larvas como adultos. Necesita polen para instalarse, por eso funciona tan bien en cultivos con flor continua y peor en cultivos sin flores.

Contra las pupas del suelo: el ácaro Stratiolaelaps scimitus (antes Hypoaspis miles) y el nematodo Steinernema feltiae aplicado en riego. Esta pata suele olvidarse y es la que explica que las poblaciones rebroten.

Tratamientos, y en qué orden

Si hay que intervenir, empieza por lo menos agresivo, y siempre mojando bien el envés, los brotes terminales y el interior de las flores, que es donde están. Pulverizar solo el haz es tirar el producto.

Jabón potásico a primera hora o al atardecer, nunca a pleno sol. Actúa por contacto, no deja residuo y se puede repetir cada 5-7 días. Es la primera opción en plantas de casa y en huerto pequeño.

Aceite de neem / azadiractina. Más que matar, altera la muda y reduce la puesta, por lo que sus efectos se ven a la semana o dos. Combina bien con el jabón. Evita aplicarlo con calor extremo para no quemar la hoja.

Espinosad (de origen bacteriano, Saccharopolyspora spinosa) es lo más eficaz que hay disponible en jardinería contra trips. Precisamente por eso conviene no abusar: Frankliniella occidentalis genera resistencias con una facilidad notable y ya hay poblaciones resistentes en zonas de cultivo intensivo. Como máximo dos aplicaciones seguidas y luego cambiar de estrategia. Es tóxico para abejas en mojado, así que se aplica al atardecer.

Tierra de diatomeas espolvoreada en el suelo bajo las plantas puede reducir la emergencia de adultos desde las pupas, pero solo funciona en seco y hay que reponerla tras cada riego o lluvia.

Lo que no funciona, aunque circule mucho: los ultrasonidos, el ajo macerado como único control en una plaga ya instalada, y regar con productos «de amplio espectro» pensando en un efecto sistémico que en jardinería doméstica ya no está disponible. Y una advertencia extra: los piretroides de amplio espectro, además de tener eficacia irregular sobre trips, arrasan con Orius, con los ácaros depredadores y con los enemigos de la araña roja. Es frecuente que después de un piretroide aparezca una explosión de araña roja donde antes no había.

En resumen

Los trips se detectan por el plateado del envés acompañado de deyecciones negras, y se distinguen de la araña roja porque esta deja punteado fino y tela. El daño estético es asumible; lo que no lo es son los tospovirus que transmite Frankliniella occidentalis, que obligan a arrancar la planta infectada. Como los huevos están dentro del tejido y las pupas en el suelo, ningún tratamiento único acaba con la plaga: hay que repetir cada 5-7 días y atacar también el suelo. Prevén con mallas de paso fino, acolchado reflectante, control de malas hierbas y vigilancia con trampas azules; y cuando haya que actuar, prioriza sueltas tempranas de Amblyseius swirskii u Orius laevigatus, jabón potásico y azadiractina, reservando el espinosad para los momentos puntuales en que de verdad haga falta.


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