Una trampa cromática no elimina la plaga. Te avisa de que ha llegado, te dice cuántos individuos hay y si la población sube o baja, y esa información vale más que las cuatro docenas de moscas blancas que se quedan pegadas al cartón. Quien las cuelga esperando que sustituyan a cualquier otro tratamiento acaba decepcionado; quien las usa como sistema de aviso temprano se ahorra la mitad de los tratamientos del año.
Por qué un trozo de plástico de color atrapa insectos
No hay ningún cebo ni ningún olor de por medio: es pura visión. Muchos insectos voladores localizan la planta hospedadora por el color de su follaje, y el sistema visual de un pulgón o de una mosca blanca responde con especial intensidad a la luz reflejada en torno a los 520-580 nanómetros, la banda del amarillo-verdoso. Una hoja joven y tierna refleja justo en esa zona. Un cartón amarillo saturado refleja lo mismo, pero mucho más: funciona como un estímulo supranormal, una hoja exagerada e irresistible, y el insecto se dirige a ella antes que a la planta real.
El azul funciona por otra vía. Los trips responden a longitudes de onda más cortas, en torno a los 450-470 nm, un comportamiento relacionado con la búsqueda de flores, donde se alimentan de polen. Por eso el azul es el color de referencia para trips aunque el amarillo también capture algunos.
La consecuencia práctica es que el tono importa mucho más de lo que parece. Un amarillo apagado, mostaza o anaranjado captura una fracción de lo que captura un amarillo intenso y limpio. Si vas a fabricarlas en casa, este es el detalle que decide si funcionan o no.
Qué color para qué plaga
Amarillo: mosca blanca (Trialeurodes vaporariorum y Bemisia tabaci), pulgones alados, minadores de hoja (Liriomyza), mosquita del sustrato o esciáridos (Bradysia), mosca del olivo (Bactrocera oleae), moscas blancas de los cítricos, algunos cicadélidos. Es el color más versátil y el que debes elegir si solo vas a poner uno.
Azul: trips, principalmente Frankliniella occidentalis, y también parte de los esciáridos. En pimiento, fresa, cebolla y ornamentales de flor es imprescindible tener alguna azul si quieres enterarte de la llegada del trips a tiempo.
Blanco: algunos escarabajos, chinches y ciertos dípteros; se usa poco en jardinería doméstica.
Para la mosca de la fruta (Ceratitis capitata) y otras moscas de mayor tamaño, el color por sí solo rinde poco: ahí se emplean mosqueros con atrayente alimenticio o feromona, y el amarillo es un refuerzo, no el mecanismo principal. Lo mismo ocurre con la mosca del olivo, donde la trampa cromática se combina con un atrayente para ser realmente útil.
Cómo colocarlas para que sirvan de algo
Esta es la parte que más se descuida, y una trampa mal colocada captura una décima parte de lo que debería.
Altura. Debe quedar justo por encima del cultivo, entre 10 y 30 cm sobre las puntas de las plantas, y hay que subirla conforme el cultivo crece. Una trampa que queda enterrada entre el follaje deja de verse desde lejos y pierde casi toda su eficacia. Excepción: para la mosquita del sustrato conviene ponerlas tumbadas o muy bajas, casi tocando la superficie de la tierra, porque los esciáridos vuelan a ras.
Orientación. Vertical y con las dos caras expuestas. Si la pegas contra una pared o contra un tutor, has perdido la mitad de la superficie útil.
Ubicación. Cerca de puertas, ventanas y aberturas de ventilación si hay invernadero, porque es por donde entra la plaga, y unas cuantas repartidas por el interior. En huerto abierto, en los bordes por los que llega el viento dominante.
Cantidad. Para vigilar, con una trampa cada 50-100 m² sobra, y en un huerto familiar tres o cuatro bien colocadas dan una imagen fiel de lo que está pasando. Para intentar capturar en masa hacen falta densidades muy superiores, del orden de una cada 10-20 m², y aun así solo tiene sentido en recinto cerrado y con la población todavía baja.
Mantenimiento. Revísalas una vez por semana, siempre el mismo día, y anota el número de capturas de cada plaga. El dato absoluto importa poco; lo que hay que mirar es la curva. Pasar de 5 a 40 moscas blancas en una semana es la señal para actuar; llevar tres semanas en 30 capturas estables no lo es. Cámbialas cuando estén saturadas o cuando el polvo haya matado el pegamento, normalmente cada tres o cuatro semanas al aire libre.
Fabricarlas en casa
Las comerciales son baratas, pero salen a cuenta hacerlas cuando necesitas muchas o cuando quieres un tamaño concreto. Necesitas dos cosas: un soporte del color correcto y un adhesivo que no se seque.
El soporte. Sirve cualquier plástico rígido amarillo: la tapa de un tupperware, una carpeta de plástico, un trozo de placa de PVC, una botella de aceite cortada en tiras, una bandeja de comida rápida. Si tienes que pintarlo, usa esmalte sintético amarillo vivo, del tipo amarillo tráfico, y da dos manos para que el color quede plano y saturado. El cartón funciona, pero se deshace con la primera lluvia o el primer riego por aspersión, así que conviene plastificarlo o forrarlo con cinta adhesiva transparente. Un tamaño de 10x25 cm o 20x25 cm va bien; cuanto mayor sea, más captura, hasta cierto punto.
Perfora un agujero en la parte superior y pasa un alambre o una brida para colgarla, o clávala a una caña.
El adhesivo. Aquí está el problema real de las caseras. Las opciones, de peor a mejor:
Aceite vegetal solo: pega poco y se escurre con el calor. Solo para probar el concepto un par de días.
Vaselina sólida: mejor, y se aplica con una espátula en capa fina. Aguanta una semana o dos, pero con más de 30 °C se vuelve líquida y chorrea.
Aceite de ricino mezclado con resina o con vaselina: la fórmula casera que mejor resultado da. El ricino es muy viscoso y no se seca al aire, que es exactamente lo que se busca.
Pegamento entomológico comercial: es lo que usan las trampas de tienda. Cuesta poco, dura meses y se retira con aceite. Si vas a hacer trampas todos los años, compensa comprar un bote.
Un truco útil: forra el soporte con film transparente o bolsa de plástico antes de untar el pegamento. Cuando la trampa se llene, retiras el film, lo tiras y vuelves a forrar. El soporte pintado te dura años.
Y una advertencia práctica: el pegamento entomológico en la ropa o en el pelo es un desastre. Trabaja con guantes y transporta las trampas ya untadas con una hoja de papel encerado encima.
Los errores que arruinan el sistema
Creer que sustituyen al control. En exterior, la reposición desde fuera es continua; puedes llenar veinte trampas de pulgones alados y tener el rosal igual de infestado. Su papel es informativo y, como mucho, de reducción parcial en espacio cerrado.
Matar a los aliados. Las trampas amarillas capturan también Encarsia formosa, Aphidius, sírfidos adultos y otros auxiliares. Si has soltado fauna auxiliar, reduce el número de trampas al mínimo necesario para vigilar. Y si tienes una colmena de abejorros (Bombus terrestris) para polinizar, retíralas o cúbrelas: los abejorros se pegan y se pierde la colmena entera en pocos días.
Colgarlas y olvidarlas. Una trampa que nadie cuenta no aporta nada. El valor está en el registro semanal, aunque sea una nota en el móvil.
Ponerlas cuando ya hay plaga. El momento de colgar la primera es en el trasplante o al arrancar la temporada, en marzo o abril en la mayor parte de la Península, no en julio cuando ya ves las hojas pegajosas.
Confundir tipos de trampa. Las cromáticas no llevan feromona y no son selectivas. Para carpocapsa, polilla del tomate o polilla del racimo hacen falta trampas de feromona sexual específicas, que son otra cosa y responden a otra lógica.
Una variante que se usa poco: la trampa de agua
Para pulgones alados existe una alternativa sin pegamento: un recipiente amplio y poco profundo pintado de amarillo por dentro (una bandeja, un plato hondo, un tupperware) lleno de agua con unas gotas de jabón para romper la tensión superficial. El pulgón se posa sobre el color, cae al agua y no sale. Se vacía y se cuela con un colador fino cada pocos días. Es el sistema clásico de seguimiento de pulgones alados en cultivos de patata y remolacha, y en un huerto pequeño te dice con exactitud cuándo empieza el vuelo primaveral, que es cuando conviene proteger los brotes tiernos.
En resumen
Las trampas cromáticas funcionan porque imitan de forma exagerada el color del follaje o de las flores: amarillo intenso para mosca blanca, pulgón alado, minadores y esciáridos, y azul para trips. Su valor real es el seguimiento, y para eso hay que colgarlas al inicio de la temporada, mantenerlas siempre por encima del cultivo, revisarlas cada semana y anotar la tendencia de capturas, que es lo que dice cuándo intervenir. Hacerlas en casa es sencillo con un plástico amarillo bien saturado y un adhesivo que no se seque, preferiblemente aceite de ricino o pegamento entomológico, y forrar el soporte con film hace que dure años. Ten presentes sus dos límites: no controlan la plaga por sí solas en exterior y capturan también fauna auxiliar, así que en cuanto sueltes depredadores o polinizadores reduce el número de trampas al mínimo imprescindible.