Bastan tres días de lluvia templada durante la floración para comprometer la cosecha entera de un almendro. No hace falta más. El hongo entra por la flor abierta, avanza por el pedúnculo hasta la madera y, cuando en marzo se ven los ramilletes secos colgando, el daño lleva un mes hecho y ya no hay tratamiento que lo revierta.

La monilia del almendro —también llamada moniliosis, seca de flores o "mal del secado"— es la enfermedad fúngica que más condiciona la producción de almendra en las zonas peninsulares de floración temprana y en Baleares. Su particularidad es que ataca cuando el árbol está en su momento más vulnerable y más difícil de tratar: en plena flor, con las abejas trabajando.

El hongo y por qué ataca en floración

La especie implicada en el almendro es, de forma abrumadora, Monilinia laxa. Es la misma que provoca el secado de ramilletes en albaricoquero, cerezo y ciruelo. En almendro apenas se comporta como podredumbre de fruto —el fruto seco no le interesa—, sino como patógeno de flor y de madera joven.

El ciclo es cerrado y bastante implacable. El hongo pasa el invierno en dos sitios: en los chancros de las ramillas que mató la primavera anterior y en las momias —frutos y flores secas que quedaron colgados—. Con las primeras lluvias de finales de invierno, esas estructuras esporulan y liberan conidios. El viento y la salpicadura los depositan sobre los estigmas de las flores abiertas. Si hay agua líquida sobre el tejido el tiempo suficiente, la espora germina, penetra por el estigma o por el nectario y coloniza el pedúnculo. De ahí pasa a la ramilla y forma un chancro que estrangula la conducción de savia.

Las condiciones que disparan la infección están bien acotadas: temperaturas entre 10 y 25 °C, con óptimo alrededor de 20-25 °C, y humectación continuada. A 20-25 °C bastan cinco o seis horas de mojado; a 10-12 °C hace falta bastante más, del orden de un día entero. Traducido al campo: una floración fría y seca no da problema, aunque hiele; una floración con lluvia suave, niebla persistente o rocíos largos y temperaturas templadas es un escenario de infección segura.

Eso explica la geografía del problema en España. El almendro florece muy pronto —de finales de enero en la costa mediterránea y Baleares a finales de febrero o marzo en zonas de interior y variedades tardías—, y precisamente ese periodo coincide con las borrascas atlánticas y mediterráneas del final del invierno. Los años de febrero húmedo y templado son los años de monilia.

Esporulación de Monilinia laxa

Cómo se manifiesta en el árbol

Los síntomas siguen un orden reconocible una vez se sabe qué mirar.

Flores pardas que no caen. El primer signo. La flor se marchita, toma un color canela oscuro y queda adherida a la ramilla en lugar de desprenderse limpiamente como hace una flor sin cuajar. Esa persistencia es la pista más útil.

Ramilletes y brotes secos. El hongo baja por el pedúnculo y mata la ramilla de arriba abajo. En brotes tiernos, el extremo se dobla en forma de gancho o cayado. Las hojas ya emitidas se secan enteras y también se quedan colgadas, con lo que en abril el árbol muestra manojos marrones perfectamente visibles contra el verde del resto de la copa.

Chancro con exudado de goma. En la base del brote afectado, donde el tejido muerto contacta con el sano, aparece una lesión hundida y de contorno definido, muy a menudo acompañada de gomosis: una gota ámbar de goma. En almendro este detalle es prácticamente diagnóstico.

Esporulación gris. En primavera húmeda, sobre las flores muertas y sobre los chancros se forman cojinetes pulverulentos de color gris ceniza, en penachos irregulares. Son los conidios de M. laxa. Basta un aumento de bolsillo para verlos.

Frutos momificados. Menos frecuente que en fruta de hueso carnosa, pero ocurre: almendras jóvenes que se pardean, se secan y permanecen en el árbol. Cada una es un depósito de inóculo para el año siguiente.

Si la das por helada, el hongo se queda en la madera

El daño por helada en floración también deja flores marrones, y el diagnóstico se falla con frecuencia. Hay tres diferencias claras. La helada actúa de golpe y por zonas físicas: la parte baja de la copa, las vaguadas, la cara norte, con un límite de altura sorprendentemente nítido en la parcela; la monilia aparece salpicada por toda la copa, con ramilletes sanos junto a ramilletes muertos. La helada no produce chancro ni goma en la madera; la monilia sí. Y la helada mata el pistilo dejando el resto de la flor relativamente intacto, mientras la monilia oscurece la flor entera y progresa hacia la ramilla en los días siguientes. Si el daño avanza después de la floración, no fue el frío.

Otras confusiones habituales: los chancros de Phomopsis amygdali (fusicoccum) también secan ramillas, pero se centran en la base de brotes del año anterior y en las cicatrices foliares, sin ese arranque en flor. Y el decaimiento por Xylella fastidiosa, presente en almendro en Baleares y en Alicante, produce un cuadro totalmente distinto: quemado del margen de la hoja en verano, decaimiento progresivo de años, no una muerte súbita de flores en primavera. Ante sospecha de Xylella hay obligación de comunicarlo a los servicios de sanidad vegetal de la comunidad autónoma; no es algo que se maneje en la parcela por cuenta propia.

Prevención: lo que se hace antes de que llueva

Eliminar el inóculo en la poda de invierno. Es la medida de mayor rendimiento y la más barata. Corta todas las ramillas secas con chancro 15-20 centímetros por debajo de la lesión, dentro de madera sana, y retira todas las momias del árbol y del suelo. Saca los restos de la parcela o quémalos donde esté permitido: dejarlos amontonados en la linde equivale a no haber hecho nada. Desinfecta la tijera al pasar de un árbol afectado al siguiente.

Aireación de la copa. Una formación abierta, sin ramas cruzadas ni masas internas de ramilla fina, seca antes tras la lluvia. Restar horas de humectación es restar infecciones, y en floración cada hora cuenta.

Variedad y fecha de floración. Es la decisión estructural que más pesa en plantación nueva. Las variedades de floración tardía y extratardía —Soleta, Belona, Vairo, Lauranne, Marinada, Penta, Makako— florecen cuando el riesgo de lluvias templadas prolongadas ha bajado, además de esquivar heladas. Marcona y Desmayo Largueta, muy tempranas, están entre las más castigadas. Cambiar de variedad no es un tratamiento, pero en zonas con historial de monilia es la única solución realmente duradera.

Riego y abonado. Nada de aspersión que moje la copa. Y nitrógeno contenido: la brotación excesivamente vigorosa y blanda es más receptiva a la infección y prolonga el periodo sensible.

Suelo y cubierta. Una cubierta vegetal muy alta bajo el árbol en floración retiene humedad y frena la ventilación; conviene tenerla segada en esas semanas.

Tratamientos: el calendario manda

Contra la monilia del almendro los fungicidas son estrictamente preventivos. Aplicados sobre un ramillete ya seco no hacen nada, porque el hongo está dentro de la madera. Toda la eficacia depende de tener el tejido protegido antes de que llegue la lluvia.

Los momentos de referencia son tres:

Inicio de floración, cuando se abren las primeras flores del árbol. Es la aplicación que más rinde si el pronóstico da lluvia.

Plena floración, con el 70-80% de flores abiertas, sobre todo si entre las dos aplicaciones ha llovido o el periodo se alarga por frío.

Caída de pétalos, para proteger la cicatriz que deja la flor al desprenderse, que es otra puerta de entrada.

En años secos durante la floración, una sola aplicación —o ninguna— puede ser suficiente. Tratar por calendario en un febrero seco es tirar el producto.

Sobre materias activas conviene ser prudente y concreto a la vez: la lista de productos autorizados en España cambia cada campaña, y la única referencia válida es el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, comprobando que la autorización cubre almendro y el uso "monilia". Las familias que se emplean en floración incluyen triazoles (tebuconazol, difenoconazol), SDHI en mezcla con estrobilurinas, anilinopirimidinas y fenilpirroles. Hay que insistir en algo que sigue apareciendo en foros y manuales antiguos: iprodiona, tiofanato-metilo, benomilo y carbendazima ya no están autorizados en la Unión Europea. Usarlos hoy es ilegal, al margen de que funcionaran o no.

El cobre tiene un papel de apoyo, no de floración: aplicado a la caída de la hoja y de nuevo al hinchado de yemas reduce el inóculo invernante y protege heridas de poda. Está sujeto a límites de dosis anual de cobre metal por hectárea que hay que respetar, y en plena flor puede provocar fitotoxicidad. El azufre no controla la monilia, por mucho que se use como fungicida general.

En manejo ecológico o de bajo impacto, los preparados a base de Bacillus subtilis y Bacillus amyloliquefaciens y las levaduras antagonistas tipo Aureobasidium pullulans se aplican en el mismo calendario de floración. Su eficacia es real pero más ajustada que la de un fungicida de síntesis en un año muy húmedo, y depende mucho de una buena higiene previa de la parcela. Los remedios caseros que circulan —purines, bicarbonato, leche diluida, infusiones de cola de caballo— no tienen eficacia demostrada contra Monilinia laxa en floración, y confiar en ellos en un año de riesgo sale caro.

Abejas: una obligación, no un detalle

Se trata en plena floración, es decir, con la parcela llena de polinizadores. Aplicar en ese momento un producto clasificado como peligroso para abejas está prohibido por la normativa española de uso sostenible de fitosanitarios, y las etiquetas lo indican expresamente. Además, en el almendro la polinización es el otro factor que decide la cosecha: matar los polinizadores para salvar las flores es un mal negocio.

En la práctica: usa solo productos cuya etiqueta permita el uso en floración, trata al atardecer o de noche, cuando no hay vuelo, nunca mezcles un insecticida en el caldo durante la floración y avisa al apicultor si hay colmenas en la finca o alrededor.

Qué hacer cuando el daño ya está hecho

Si en abril aparecen los ramilletes secos, la campaña de tratamientos ya pasó. Lo que queda es trabajo de saneamiento, y hacerlo bien reduce mucho el ataque del año siguiente.

Corta cada brote afectado bien dentro de madera sana, por debajo del chancro y de cualquier resto de goma. Hazlo con tiempo seco, no con lluvia, para que la herida cierre sin nueva contaminación. Recoge todo el material cortado y las momias, y sácalo de la parcela. Marca los árboles más afectados: repetirán, y son los que hay que vigilar primero la próxima floración. Y anota en qué fechas llovió durante la floración: ese registro es la mejor herramienta para decidir cuántos tratamientos hacen falta el año que viene.

En resumen

La monilia del almendro la causa Monilinia laxa, que infecta a través de la flor abierta cuando coinciden temperaturas templadas —óptimo de 20-25 °C— y varias horas de humedad continuada. El resultado son flores pardas adheridas a la ramilla, brotes secos con el extremo en gancho, chancros con exudado de goma y esporulación gris en primavera húmeda. Se distingue de la helada por el reparto salpicado de los daños, por la presencia de gomosis y porque sigue avanzando después de la floración.

El control se sostiene en eliminar el inóculo en invierno —ramillas con chancro cortadas bien dentro de madera sana, momias retiradas, restos fuera de la parcela—, en elegir variedades de floración tardía en zonas de riesgo, en mantener la copa aireada y el nitrógeno moderado, y en tratamientos preventivos ajustados a la lluvia: inicio de floración, plena flor y caída de pétalos, solo con productos autorizados en el registro oficial, rotando modos de acción y respetando escrupulosamente la protección de las abejas. Ningún fungicida cura un ramillete ya seco: todo se decide antes de que caiga el agua.


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