Hay insectos forestales que preocupan por lo que comen y otros que preocupan por lo que transportan. Monochamus galloprovincialis, el longicornio del pino, pertenece al segundo grupo, y esa es la razón por la que un escarabajo que durante décadas se consideró un huésped secundario y bastante inofensivo se ha convertido en uno de los organismos más vigilados de los montes españoles.

Por sí solo, este cerambícido rara vez mata un pino sano. Ataca árboles debilitados, recién cortados o quemados, y en un monte en buen estado su papel es más bien el de reciclador de madera muerta. El problema es que este escarabajo es el vector del nematodo de la madera del pino, Bursaphelenchus xylophilus, un organismo de cuarentena capaz de secar un pinar adulto en cuestión de meses. Sin el escarabajo, el nematodo no puede desplazarse de un árbol a otro. Toda la estrategia de defensa europea se apoya en esa dependencia.

Dos ejemplares de Monochamus galloprovincialis con sus largas antenas

Cómo es y cómo se reconoce

Monochamus galloprovincialis es un coleóptero de la familia Cerambycidae, subfamilia Lamiinae. El adulto mide entre 12 y 25 milímetros, con el cuerpo alargado y los élitros de fondo pardo oscuro salpicados de manchas de pubescencia grisácea, amarillenta y anaranjada, que le dan un aspecto moteado muy eficaz como camuflaje sobre la corteza de un pino.

El rasgo que lo delata de inmediato son las antenas. En los machos superan con holgura la longitud del cuerpo, llegando a triplicarla, y son de un gris azulado con los artejos anillados; en las hembras son algo más cortas, en torno a una vez y media el cuerpo, y presentan bandas blanquecinas más marcadas. El pronoto lleva a cada lado una espina lateral bien visible, y en el centro un par de manchas de pelos anaranjados. La hembra se distingue además por un pincel de setas claras en el extremo del abdomen.

Es un insecto de vuelo potente. Los estudios de dispersión muestran que un adulto puede recorrer varios kilómetros a lo largo de su vida, y ese dato explica por qué las zonas de contención que se establecen alrededor de un foco tienen un radio tan amplio.

En la Península convive con otras especies del género, como Monochamus sutor o M. sartor, mucho más escasas y ligadas a coníferas de montaña. La confusión práctica más frecuente no es con ellas, sino con otros cerambícidos grandes que también salen de la madera de conífera, como Arhopalus o Spondylis, de antenas cortas y aspecto más robusto. Ante la duda, lo que importa es la conífera y las antenas largas.

Su ciclo biológico

En la mayor parte de España el longicornio completa una generación al año, aunque en zonas frías o de montaña puede necesitar dos, y en el sur cálido una fracción de la población llega a completar el ciclo antes.

Los adultos emergen a partir de mayo, con el máximo de vuelo entre junio y julio, y su actividad se prolonga hasta septiembre. Al salir no están todavía maduros sexualmente y necesitan lo que se llama alimentación de maduración: durante unas semanas roen la corteza fina de las ramillas y de los brotes del año en las copas de pinos vivos y sanos. Este detalle es la clave de todo el problema sanitario, porque es exactamente en ese momento cuando el nematodo pasa del insecto al árbol.

Ya maduros, machos y hembras se localizan mediante feromonas y compuestos volátiles emitidos por la madera estresada. La hembra busca entonces árboles debilitados, moribundos, recién cortados o quemados, y excava en la corteza unas incisiones características en forma de embudo o de rasgadura, donde deposita los huevos de uno en uno. Cada hembra puede poner del orden de un centenar a lo largo de la temporada.

Las larvas, blancas, ápodas y de cabeza oscura, empiezan alimentándose bajo la corteza, en el floema y la zona cambial, donde excavan galerías anchas rellenas de serrín grueso y compacto. Con el tiempo penetran hacia el interior de la madera y labran una galería en forma de U que termina en una cámara de pupación cerca de la superficie. La larva pasa el invierno en ese refugio, pupa en primavera y el adulto sale al exterior por un orificio perfectamente circular de 6 a 10 milímetros de diámetro. Ese agujero redondo en un tronco de pino es una de las señales de campo más fiables.

El nematodo: por qué esto es grave

Bursaphelenchus xylophilus es un gusano microscópico originario de Norteamérica, donde convive con los pinos autóctonos sin causarles apenas daño porque han coevolucionado con él. Introducido en especies que no tienen esa historia común —los pinos europeos y asiáticos—, se comporta como un patógeno letal. Provoca la enfermedad del marchitamiento del pino o pine wilt disease. En Japón lleva más de un siglo devastando pinares y en China y Corea sigue siendo un problema forestal de primer orden.

El mecanismo de transmisión funciona así. Los nematodos que viven en la madera de un pino enfermo, cuando esa madera empieza a agotarse, adoptan una forma juvenil especializada en la dispersión y se acumulan alrededor de las cámaras de pupación del longicornio. Cuando el escarabajo adulto se transforma y aún permanece en el interior de la galería, los nematodos penetran en su sistema traqueal. Un solo insecto puede llevar decenas de miles de ellos.

Cuando ese adulto emerge y se va a hacer su alimentación de maduración a la copa de un pino sano, los nematodos abandonan al insecto por las heridas de mordisqueo y entran en los tejidos del árbol. Una vez dentro, se multiplican con rapidez extraordinaria en los canales resiníferos, destruyen las células parenquimáticas y provocan la formación de embolias en los conductos del xilema. El pino deja de conducir agua y muere por desecación, no por consumo de sus tejidos.

Existe una segunda vía de transmisión, secundaria pero real: cuando la hembra portadora deposita huevos en un árbol debilitado, los nematodos pueden entrar por las heridas de oviposición.

Síntomas en el árbol

Un pino afectado por el nematodo sigue una secuencia bastante reconocible, y la velocidad del proceso es lo que más llama la atención: entre los primeros síntomas y la muerte pueden pasar de uno a tres meses en verano.

La primera señal, difícil de ver salvo que se busque, es la caída del flujo de resina. Un pino sano, al recibir una incisión, exuda resina abundante; uno infectado apenas lo hace. Después las acículas pierden brillo y toman un tono verde grisáceo, luego amarillean y finalmente adquieren un color pardo rojizo muy característico. El detalle diagnóstico es que las acículas secas permanecen adheridas a las ramas durante meses, lo que da al árbol un aspecto de antorcha herrumbrosa que se distingue a distancia.

El decaimiento suele ser rápido y generalizado, afectando a toda la copa a la vez, y ahí está la diferencia con otras causas de mortalidad. Un pino que se seca por sequía prolongada lo hace de forma progresiva y desde la parte alta o desde las ramas más expuestas; uno atacado por escolítidos muestra grumos de resina en el tronco, serrín fino en la base y galerías subcorticales ramificadas en forma de estrella o de peine. El nematodo, en cambio, deja la madera aparentemente intacta y sin apenas resina.

Pino con las ramas totalmente secas y las acículas de color pardo rojizo

Conviene ser prudente con el diagnóstico visual. El síndrome de decaimiento súbito con acículas rojizas retenidas es compatible con el nematodo, pero no lo confirma: el estrés hídrico severo, un rayo o un ataque combinado de perforadores pueden producir cuadros parecidos. La confirmación solo llega con el análisis de laboratorio de muestras de madera, mediante extracción de nematodos e identificación molecular. Por eso lo que se pide al ciudadano no es un diagnóstico, sino un aviso.

La especie más sensible en la Península es el pino resinero o negral (Pinus pinaster), que es además la más abundante en el oeste peninsular. También son susceptibles Pinus sylvestris, Pinus nigra, Pinus radiata y Pinus halepensis, con distinta sensibilidad. Los pinos americanos, como cabía esperar, resisten bien.

La llegada a la Península

El nematodo se detectó por primera vez en Europa en Portugal, en 1999, en la península de Setúbal, sobre pino resinero. La entrada se atribuye al comercio internacional de madera y, muy especialmente, a los embalajes de madera —palés, bobinas, cajas de transporte— que en aquel momento circulaban sin tratamiento obligatorio. En pocos años la infestación se extendió a buena parte del territorio portugués.

En España el primer foco se confirmó en noviembre de 2008, en la Sierra de Dios Padre, en el término de Villanueva de la Sierra (Cáceres), y se sometió a un programa de erradicación intensivo. Posteriormente se detectaron focos en As Neves (Pontevedra), en 2010, en zona fronteriza con Portugal, y de nuevo en el noroeste de Cáceres, en el entorno de Valverde del Fresno, en 2012. Todos ellos activaron el protocolo de zonas demarcadas, con talas de saneamiento y control de movimiento de madera.

La situación española ha sido, en conjunto, mucho más favorable que la portuguesa gracias a la rapidez de la respuesta. Pero la presión de entrada se mantiene, y por eso la vigilancia no se ha relajado.

Qué se hace cuando aparece un foco

El nematodo es un organismo de cuarentena en la Unión Europea, lo que significa que su gestión no queda a criterio del propietario del monte: la respuesta está regulada y es obligatoria.

Detectado un árbol positivo, la administración forestal delimita una zona demarcada que incluye la zona infestada y una amplia zona tampón alrededor, de varios kilómetros —la normativa europea de emergencia establece un radio de referencia de 20 kilómetros—. Dentro de ella se aplican medidas que suenan drásticas y lo son:

Corta y destrucción de todas las coníferas sintomáticas, y en los focos activos también de las asintomáticas del entorno inmediato, porque un pino puede estar infectado antes de manifestar síntomas. La madera se astilla, se quema o se somete a tratamiento térmico en destino.

Eliminación de los tocones y de los restos de corta, que de otro modo servirían de criadero al vector, y prohibición de dejar madera de pino apilada en el monte durante el periodo de vuelo.

Red de trampas de seguimiento, cebadas con una combinación de feromona de agregación y compuestos volátiles de la madera de pino, que permite estimar poblaciones del vector y detectar movimientos.

Restricción del movimiento de madera y de material vegetal de coníferas fuera de la zona demarcada, con pasaporte fitosanitario. Los embalajes de madera deben cumplir la norma internacional NIMF 15, que exige tratamiento térmico —el estándar es alcanzar 56 °C en el corazón de la pieza durante al menos 30 minutos— y marcado con el sello correspondiente.

El tratamiento insecticida generalizado del monte no es una herramienta de control aquí. No existe forma razonable de tratar un pinar entero contra un insecto que vive dentro de la madera, y hacerlo destruiría la fauna auxiliar. En arbolado ornamental de alto valor sí se recurre a veces a la endoterapia, con inyecciones al tronco de nematicidas o de insecticidas sistémicos, pero es una medida individual y de alto coste, no aplicable a escala forestal.

Qué puede hacer un particular

El papel del propietario o del aficionado no es tratar, sino detectar y avisar. Las líneas de actuación razonables son estas:

Mantener el monte sano. Los rodales densos, estresados y sin clarear son los que producen árboles debilitados, y los árboles debilitados son los que atraen a la hembra a poner. Un pinar aclarado, con la densidad adecuada, es mucho menos atractivo.

No dejar madera de pino cortada en el monte durante el verano. Los troncos y ramas apilados entre mayo y septiembre son un criadero perfecto para el longicornio. Si hay que cortar, conviene hacerlo en otoño-invierno y sacar la madera antes de la primavera, o descortezarla.

Retirar con rapidez el arbolado quemado, tronchado o afectado por temporal, por la misma razón.

No transportar leña de pino desde zonas demarcadas ni entre comarcas. El transporte de leña es una de las vías de dispersión a larga distancia más eficaces que existen para los perforadores forestales, y depende enteramente de nosotros.

Avisar ante cualquier pino que se seque de golpe en verano, con las acículas rojizas y adheridas y sin resina. El aviso se dirige al servicio de sanidad forestal de la comunidad autónoma o al 112. No cuesta nada y es la única forma de que un foco se detecte a tiempo.

Y una precisión final que evita alarmas innecesarias: encontrar un Monochamus no significa que haya nematodo. La especie es autóctona, está presente en los pinares peninsulares desde siempre y en la inmensa mayoría del territorio no porta el patógeno. Lo que se vigila no es al escarabajo en sí, sino la posibilidad de que se convierta en el medio de transporte de algo mucho peor.

En resumen

Monochamus galloprovincialis es un cerambícido autóctono de 12 a 25 mm, de antenas larguísimas y élitros moteados, que coloniza pinos debilitados o recién cortados y deja al emerger un orificio circular de 6 a 10 mm. Como plaga primaria tiene poca importancia.

Su relevancia viene de ser el vector del nematodo Bursaphelenchus xylophilus, que transmite a los pinos sanos durante la alimentación de maduración en las copas, entre mayo y septiembre. El nematodo bloquea la conducción de agua y mata el árbol en semanas, con un cuadro reconocible: pérdida de resina, decaimiento súbito de toda la copa y acículas pardo rojizas que no caen.

Presente en Portugal desde 1999 y con focos puntuales en España desde 2008, se gestiona como organismo de cuarentena mediante zonas demarcadas, cortas de saneamiento, destrucción de restos, redes de trampeo y control del movimiento de madera y embalajes.

Para el particular, lo eficaz es preventivo: mantener las masas aclaradas, no dejar madera de pino en el monte durante el verano, no mover leña entre comarcas y avisar al servicio forestal ante cualquier pino que se seque bruscamente en verano conservando las acículas rojas. El diagnóstico definitivo es siempre de laboratorio.


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