Las hojas pegajosas y el tizne negro sobre el naranjo delatan la plaga bastante antes de que se vea un solo insecto. Cuando uno levanta por fin una hoja y descubre el envés cubierto de puntitos blancos que echan a volar en nube, la infestación lleva semanas instalada. Esa es la particularidad de la mosca blanca en cítricos: se diagnostica por lo que ensucia, no por lo que se ve.

Conviene empezar por una idea que cambia todo lo demás. En un limonero o un naranjo bien atendido, la mosca blanca rara vez es un problema por sí sola. Lo es cuando algo ha eliminado a los insectos que la controlan. La mayor parte de los ataques graves que se ven en jardines particulares no son ataques espontáneos: son la consecuencia de haber tratado el árbol con insecticidas de amplio espectro por otro motivo.

Moscas blancas adultas en el envés de una hoja de cítrico

Qué mosca blanca tienes delante

Bajo el nombre de mosca blanca se agrupan varias especies distintas, y no todas se comportan igual. En cítricos españoles las habituales son estas:

Aleurothrixus floccosus, la mosca blanca algodonosa. Es la más llamativa: las larvas se cubren de filamentos cerosos blancos que forman una especie de borra o algodón en el envés de las hojas, y producen una cantidad enorme de melaza. Es la responsable de casi toda la negrilla que se ve en naranjos de jardín.

Dialeurodes citri, la mosca blanca de los cítricos propiamente dicha. Sus larvas son planas, translúcidas, verdosas y casi sin cera, pegadas al envés como escamitas. Ensucia menos, pero también produce melaza.

Parabemisia myricae y Paraleyrodes minei aparecen de forma más local. Esta última deja unos característicos anillos de cera blanca alrededor de la hembra, como un nido.

Ninguna es Trialeurodes vaporariorum, la mosca blanca de invernadero que ataca al tomate. Merece la pena saberlo porque muchos consejos que circulan por internet están pensados para esa especie y para un cultivo hortícola bajo plástico, no para un árbol de cuatro metros al aire libre.

Los síntomas, en el orden en que aparecen

El primer signo no está en la hoja vieja, sino en la brotación tierna. Las hembras eligen hojas jóvenes recién desplegadas para poner, así que la infestación empieza siempre en las puntas de los brotes de primavera y de la brotación de verano.

A partir de ahí, la secuencia típica es:

Nube de adultos al mover la rama. Diminutos, de uno a dos milímetros, de un blanco harinoso. Vuelan torpemente, dan unas vueltas y se vuelven a posar en el envés. Si al sacudir una rama sale una nube, hay población alta.

Envés poblado de larvas inmóviles. Las ninfas no se mueven: tras el primer estadio se fijan y ya no cambian de sitio. Son ellas, y no los adultos, las que succionan savia y las que hay que alcanzar con cualquier tratamiento de contacto.

Hojas pegajosas. La melaza es el excedente azucarado que el insecto excreta. Cae sobre las hojas de abajo, sobre los frutos y sobre el suelo o el coche aparcado debajo. Es el síntoma que más gente detecta primero.

Negrilla. Sobre esa melaza se instalan hongos saprófitos del grupo Capnodium, que forman una costra negra mate. No parasitan la hoja: se limitan a taparla. El daño es de sombra, la hoja fotosintetiza mucho menos, y el fruto queda tiznado y con valor comercial nulo aunque por dentro esté perfecto.

Hormigas subiendo por el tronco. Van a por la melaza y, de paso, defienden la colonia de sus enemigos naturales. Una hilera de hormigas en el tronco de un cítrico es casi siempre señal de mosca blanca, pulgón o cochinilla arriba.

Lo que no suele verse es un árbol muerto. Salvo en plantones jóvenes con poblaciones brutales, la mosca blanca debilita, ensucia y reduce cosecha, pero no mata un cítrico adulto. Esto importa porque justifica tratar con calma y sin recurrir a lo más contundente.

La fauna auxiliar hace el trabajo si se la deja

El control biológico de la mosca blanca algodonosa en España es uno de los casos de éxito más claros de la sanidad vegetal del país. A comienzos de los años setenta se introdujo el parasitoide Cales noacki, una avispita minúscula que pone su huevo dentro de la larva de Aleurothrixus floccosus. En pocos años la plaga pasó de ser un problema serio a una presencia tolerable en toda la zona citrícola. Para Dialeurodes citri cumplen ese papel Encarsia lahorensis y Amitus spiniferus.

Se reconocen fácilmente: las larvas parasitadas se oscurecen y aparecen con un agujerito redondo de salida. Si al mirar el envés con una lupa se ven bastantes larvas negras y perforadas, el equilibrio está funcionando y lo mejor que se puede hacer es no intervenir.

El error de manual es tratar el árbol con un insecticida de amplio espectro —muchas veces por un pulgón o por los mosquitos— en primavera. El producto mata más parasitoides que moscas blancas, porque las ninfas están protegidas bajo su cera y las avispas no. Seis semanas después, la plaga rebrota sin freno. Es lo que se conoce como resurgencia, y explica buena parte de los ataques severos en jardines.

Trampas amarillas: sirven para contar, no para curar

Las trampas cromáticas amarillas atraen al adulto porque el amarillo intenso imita el reflejo de la brotación tierna. Son una herramienta de seguimiento excelente: colgadas a la altura de la copa, permiten saber cuándo empieza un vuelo y decidir el momento de tratar.

Como método de control en un árbol, no funcionan. La población que puede albergar un naranjo adulto es de cientos de miles de individuos, y las trampas capturan una fracción irrelevante. En una planta pequeña en maceta o en invernadero sí pueden bajar algo la presión, pero en campo abierto vender la trampa amarilla como tratamiento es sencillamente falso. Y tienen un coste: capturan también parasitoides y otros auxiliares, así que no conviene abusar de ellas.

Lo mismo vale para la aspiración y la retirada manual de hojas. En un plantón de un metro o en un limonero en maceta se puede aspirar los adultos a primera hora de la mañana, cuando están aletargados por el frío, y retirar las hojas más colonizadas. Sobre un árbol formado es perder la tarde.

Qué aplicar, y cómo aplicarlo bien

Antes de elegir producto, dos condiciones que deciden el resultado mucho más que la materia activa:

Mojar el envés. Todo lo que se usa contra mosca blanca actúa por contacto sobre la ninfa, que está debajo de la hoja. Pulverizar desde arriba es tirar el caldo. Hay que aplicar de abajo hacia arriba, con presión suficiente y hasta punto de goteo.

Elegir la hora. A primera hora de la mañana o al atardecer, nunca con el sol de mediodía ni por encima de 30 °C, y nunca con el árbol con sed. La combinación de calor, sol y producto graso o jabonoso es la receta clásica de la quemadura de hoja.

Jabón potásico. Al 1-2 % (unos 10-20 ml por litro), actúa disolviendo la cera protectora y provocando la desecación de las ninfas. Es el más razonable para un particular. Necesita repetir cada 7-10 días mientras haya vuelo, porque no deja residuo y no toca a los huevos. Que sea jabón potásico de uso agrícola, no lavavajillas: el detergente doméstico no está autorizado como fitosanitario, contiene tensioactivos y perfumes que queman la hoja y su comportamiento es impredecible.

Aceite de parafina (aceite mineral). Es probablemente la herramienta más eficaz y más usada en citricultura profesional contra mosca blanca y cochinillas. Actúa asfixiando huevos y ninfas y, además, arrastra la negrilla. Se aplica al 1-1,5 % en otoño-invierno o en primavera fuera de floración. Precauciones serias: no aplicar con calor fuerte, ni sobre árbol en estrés hídrico, ni en floración, y dejar al menos tres semanas de margen respecto a cualquier tratamiento con azufre, porque la mezcla es fitotóxica.

Azadiractina (extracto de nim). Hay formulados comerciales autorizados. No es un insecticida fulminante: actúa como regulador del crecimiento e inhibidor de la alimentación, así que se ve el efecto en la generación siguiente, no al día siguiente. Es una opción sensata dentro de un programa, pero no la solución de urgencia que se le suele suponer. Y aunque sea de origen vegetal, no es inocuo para la fauna auxiliar: afecta a estadios inmaduros de varios depredadores.

Rotenona: no. Aparece en muchos textos antiguos como insecticida ecológico, y hay que decirlo con claridad: su uso está retirado en la Unión Europea desde 2009. No es legal aplicarla en España, ni en cultivo profesional ni en el jardín de casa. Además de su toxicidad extrema para peces y su falta de selectividad, motivó revisiones toxicológicas serias. Que un producto sea de origen botánico no lo hace seguro; la rotenona es el ejemplo de manual.

Para las materias activas de síntesis registradas en cítricos, el listado cambia año tras año a medida que se renuevan o retiran autorizaciones. Lo correcto es consultar el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio antes de comprar, y comprobar que el producto está autorizado para cítricos y para uso no profesional si se es un particular.

Los remedios caseros, en su sitio

Un chorro fuerte de agua dirigido al envés arrastra adultos y parte de las larvas y, sobre todo, retira melaza y negrilla. Repetido cada pocos días durante la brotación, hace más de lo que parece y no tiene ningún efecto secundario. Es el remedio casero que sí sostiene la comparación.

Las infusiones de ajo, ortiga o tabaco funcionan mal, de manera irregular, y en el caso del tabaco son directamente desaconsejables por su toxicidad y porque pueden transmitir virosis a plantas sensibles. La ceniza y el bicarbonato no tienen efecto sobre la mosca blanca.

Prevenir: brotación dura, hormigas fuera

Dos prácticas culturales cambian mucho la susceptibilidad del árbol.

La primera es no pasarse con el nitrógeno. Un cítrico sobreabonado produce brotaciones continuas, largas y blandas, que son exactamente el sustrato que la mosca blanca busca para poner. Se ve muy bien en árboles de jardín regados y abonados como si fueran césped: brotan todo el año y están permanentemente colonizados. Abonado equilibrado, con potasio, y respetando el ritmo natural de dos o tres brotaciones anuales.

La segunda es controlar las hormigas. Una banda de cola entomológica en el tronco, o un anillo de tela con grasa, corta el acceso. Sin hormigas defendiéndolas, las colonias de mosca blanca quedan expuestas a los parasitoides y suelen desmoronarse solas.

Añade a esto una poda que airee el interior de la copa —la mosca blanca prospera en ambientes cerrados, húmedos y sombreados— y evitar plantar cítricos en rincones sin ventilación.

Un calendario orientativo para la península

Invierno. Momento del tratamiento de aceite de parafina, si hace falta, aprovechando el reposo relativo y las temperaturas suaves sin heladas. Buen momento también para la poda de aclareo y para colocar la barrera antihormigas.

Marzo-mayo. Brotación de primavera y primer vuelo importante. Revisar el envés de los brotes nuevos una vez por semana. Colgar trampas amarillas para vigilar. Si aparecen larvas parasitadas, esperar.

Junio-septiembre. Las generaciones se solapan y con calor el ciclo se acorta mucho. Es cuando se dispara la melaza. Tratamientos de jabón potásico al atardecer, repetidos, y agua a presión.

Otoño. Últimas generaciones y balance. Lavar la negrilla acumulada antes del invierno para que la hoja recupere superficie fotosintética.

En resumen

La mosca blanca de los cítricos se detecta por la melaza pegajosa y la negrilla mucho antes que por el insecto, y coloniza siempre el envés de la brotación tierna. En España el ataque grave casi nunca es espontáneo: aparece cuando un insecticida de amplio espectro ha eliminado a Cales noacki y a los demás parasitoides que la mantenían a raya, así que la primera decisión de manejo es dejar de tratar a ciegas. Las trampas amarillas sirven para saber cuándo vuela, no para controlar la plaga; la aspiración y la retirada manual solo tienen sentido en plantas pequeñas. Cuando hay que intervenir, jabón potásico al 1-2 % repetido cada 7-10 días y aceite de parafina en invierno, siempre mojando bien el envés, fuera de las horas de calor y sin mezclar el aceite con azufre. La azadiractina es un apoyo lento, no un remedio de urgencia, y la rotenona está retirada en la Unión Europea desde 2009: no debe usarse. A largo plazo, lo que de verdad mantiene el árbol limpio es un abonado nitrogenado moderado, una copa aireada y una banda antihormigas en el tronco.


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