Sobre la piel de una aceituna atacada queda una marca triangular de poco más de un milímetro, con un punto oscuro en el vértice, que se va amarilleando alrededor conforme pasan los días. Esa picada es el aviso, y llega cuando el huevo ya está dentro. Todo el manejo de esta plaga consiste en anticiparse a ella, porque una vez que la larva empieza a comer pulpa no hay tratamiento que la saque de ahí.

La mosca del olivo, Bactrocera oleae (antes Dacus oleae), es un tefrítido emparentado con la mosca mediterránea de la fruta y el principal enemigo del olivar en toda la cuenca mediterránea. Ataca exclusivamente al fruto: no debilita al árbol, no afecta a la madera ni a la hoja, y sin embargo puede rebajar en varios puntos el rendimiento graso y arruinar por completo una partida de aceituna de mesa.

Cómo es el insecto

El adulto mide entre 4 y 5 mm, con el tórax pardo grisáceo y cuatro bandas longitudinales claras, el escutelo blanquecino y el abdomen rojizo con manchas oscuras. La marca más útil para identificarla en campo está en el ala: una mancha oscura pequeña en el extremo apical, sobre un ala por lo demás transparente. Los ojos son verdes iridiscentes en el insecto vivo y pierden ese color al morir. La hembra se distingue por el oviscapto, un tubo puntiagudo retráctil en el extremo del abdomen con el que perfora la epidermis del fruto.

Adulto de Bactrocera oleae, la mosca del olivo

La larva es un gusano ápodo blanco amarillento, sin cabeza diferenciada, que alcanza 6-7 mm en el tercer estadio y excava una galería en la pulpa. La pupa, un tonelete pardo de unos 4 mm, se forma dentro del fruto en las generaciones de verano y en el suelo en la última del año.

El ciclo a lo largo del año

En el olivar español se suceden entre dos y cinco generaciones anuales, tres en la mayor parte de las zonas productoras. La plaga pasa el invierno sobre todo como pupa enterrada en los primeros centímetros de suelo, y en las comarcas de invierno suave también como adulto refugiado en la vegetación.

La hembra no puede poner hasta que el fruto tiene tamaño suficiente y el hueso ha empezado a endurecer, algo que ocurre en el entorno de julio según la zona y la variedad. A partir de ahí deposita un solo huevo por aceituna —marca la fruta con una feromona disuasoria para evitar que otras hembras repitan sobre ella— y puede llegar a poner doscientos o más a lo largo de su vida, que se mide en semanas o incluso meses.

La temperatura manda sobre todo lo demás. El desarrollo es óptimo entre 20 y 30 °C; por encima de 32-35 °C con humedad baja, la mortalidad de huevos y larvas jóvenes es altísima, y por debajo de 10-12 °C cesa la puesta. Eso explica el patrón clásico peninsular: una primera generación estival contenida por el calor, un frenazo durante la ola de calor de agosto y el ataque fuerte en septiembre y octubre, cuando bajan las máximas y llegan las primeras lluvias. En el litoral y en las zonas de veranos suaves el daño empieza antes y es más continuo que en el interior de Andalucía o en Extremadura.

Un matiz que se pasa por alto: un verano muy caluroso no elimina la plaga, solo la retrasa. Las poblaciones que sobreviven a la canícula encuentran en otoño fruta grande, temperaturas ideales y menos competencia, y se multiplican con rapidez. Confiar en que "este año no habrá mosca porque ha hecho mucho calor" es el error que arruina más campañas.

Los daños, directos e indirectos

El daño directo es la pulpa consumida por la larva —entre el 5 y el 20 % del peso del fruto, según el tamaño de la aceituna— y la caída prematura, que en ataques fuertes de octubre puede suponer una parte muy importante de la cosecha en el suelo. La galería y el orificio de salida abren además la puerta a la entrada de agua y a la pudrición del fruto.

El daño indirecto es el que más dinero cuesta en almazara. Por la herida de la picada entran hongos y bacterias que fermentan la pulpa; uno de los más característicos es Camarosporium dalmaticum, responsable de la llamada aceituna jabonosa. El resultado es un aumento claro de la acidez libre y del índice de peróxidos, pérdida de polifenoles —y con ellos de estabilidad y de amargor— y aparición de defectos sensoriales que descuelgan al aceite de la categoría virgen extra. Con ataques por encima del 10 % de fruto picado, la caída de calidad es medible en el análisis.

Aceitunas atacadas por la mosca del olivo con galerías de la larva en la pulpa

En aceituna de mesa el criterio es otro por completo: una sola picada visible descalifica el fruto, así que la tolerancia se sitúa en torno al 1-2 % y las decisiones de tratamiento se toman mucho antes que en la aceituna de almazara.

Vigilar antes que tratar

Ningún tratamiento contra la mosca del olivo se decide por calendario. Se decide con dos datos.

El primero son las capturas de adultos. Se usan trampas McPhail cebadas con fosfato diamónico al 4 % en agua, que atraen a ambos sexos, o placas amarillas engomadas combinadas con feromona sexual y una sal amoniacal. Una o dos trampas por parcela homogénea, colgadas a media altura en la cara sur y revisadas semanalmente, bastan para seguir el vuelo. La solución atrayente se renueva cada tres o cuatro semanas porque se evapora y pierde amoniaco.

El segundo, y el que realmente manda, es el muestreo de fruto. Se recogen 100 aceitunas por parcela, tomadas al azar de varios árboles y de distintas orientaciones, y se abren para contar el porcentaje de picada viva: aquellas que contienen huevo o larva viva. Las picadas secas, en las que el huevo no prosperó por el calor, no cuentan, y confundirlas con las vivas lleva a tratar sin necesidad. El umbral orientativo para almazara está en el 8-10 % de picada viva; para mesa, en el 1-2 %.

Trampeo masivo

La técnica más extendida en olivar ecológico y en pequeñas parcelas consiste en instalar muchas trampas para capturar hembras antes de que pongan. El modelo OLIPE es una botella de plástico de litro y medio con tres o cuatro orificios de 4 mm en el tercio superior, llena hasta un tercio con solución de fosfato diamónico al 2-4 %. Se cuelga una por olivo, en la cara sur y a media altura, y se coloca antes del inicio de la puesta, hacia finales de junio o julio, no cuando ya se ven picadas.

Existen también dispositivos comerciales de atracción y muerte, con feromona y un insecticida en la superficie del envase, que evitan el manejo de líquidos y duran toda la campaña. Su eficacia depende de dos condiciones que se incumplen a menudo: colocación temprana y aplicación en superficies amplias. En una parcela pequeña rodeada de olivar sin tratar, la reinvasión desde fuera anula buena parte del efecto, y ahí es donde el trampeo masivo se gana la fama de no funcionar.

Trampa casera para captura masiva de mosca del olivo colgada de un olivo

Tratamientos cebo

El tratamiento cebo aprovecha que los adultos, y en especial las hembras jóvenes, necesitan proteína para madurar los huevos. Se mezcla una proteína hidrolizada con un insecticida y se aplica en parcheo: no se moja el árbol entero, sino un metro cuadrado aproximado de copa por olivo, preferentemente en la cara sur, y con frecuencia solo en una de cada dos o tres filas.

Es el método con mejor relación entre eficacia y impacto ambiental, porque el volumen de caldo es mínimo y el producto solo alcanza al insecto que acude al cebo. La formulación de referencia en España se basa en spinosad, admitido también en producción ecológica, en dosis del orden de un litro de producto por hectárea, con repeticiones cada una o dos semanas según capturas y lluvias. Un aguacero lava el cebo y obliga a repetir.

Tratamientos totales y el cambio de normativa

El tratamiento total moja toda la copa y va dirigido contra huevos y larvas ya instaladas. Es el recurso cuando el muestreo revela que el umbral se ha superado ampliamente, y su eficacia es alta, pero también su coste ambiental: elimina fauna auxiliar y favorece rebrotes de otras plagas del olivar.

Aquí ha cambiado el panorama por completo en pocos años. El dimetoato, que fue durante décadas el estándar en el olivar español, dejó de estar aprobado en la Unión Europea y sus usos se retiraron; el fosmet ha seguido el mismo camino. La consecuencia práctica es que el abanico disponible se ha estrechado mucho y que la estrategia ha tenido que desplazarse hacia el cebo, el trampeo y las barreras. Como el registro se revisa continuamente, la única recomendación sensata es comprobar antes de comprar en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura qué materias activas siguen autorizadas en olivar para mosca, y respetar escrupulosamente la dosis y el plazo de seguridad indicados en la etiqueta. En aceituna de mesa, con recolección temprana, el plazo de seguridad condiciona la elección más que la eficacia.

Caolín y barreras físicas

El caolín es una arcilla blanca que se pulveriza en suspensión y deja una película mineral sobre el fruto. No mata: dificulta que la hembra reconozca la aceituna y encuentre un sitio donde clavar el oviscapto. Se aplica desde el inicio de la puesta y hay que renovarlo tras las lluvias y a medida que el fruto engorda, porque la película se rompe. Es una herramienta útil en ecológico y compatible con el trampeo, con dos inconvenientes: exige varias aplicaciones y deja el olivar blanco durante meses. Las formulaciones cúpricas tienen un efecto disuasorio parcial parecido, aunque su papel principal en el olivar sea otro.

Los enemigos naturales

Sobre Bactrocera oleae actúa un cortejo de parasitoides autóctonos: Psyttalia concolor (bracónido, el más conocido y objeto de sueltas), Eupelmus urozonus, Pnigalio mediterraneus y varios Eurytoma. También hormigas y arañas depredan larvas y pupas, y los tratamientos totales repetidos son precisamente lo que los elimina.

Conviene ser realista sobre su alcance: en condiciones normales el parasitismo natural rara vez pasa del 10-15 %, insuficiente para mantener el ataque bajo umbral en un año favorable a la plaga. La fauna auxiliar es un apoyo que hay que cuidar —con cubiertas vegetales, setos y renunciando a los tratamientos innecesarios—, no un sustituto del control.

Recolección y molturación, la última defensa

Cuando el ataque ya se ha producido, adelantar la recolección es una decisión de control legítima y muchas veces la más rentable: corta el ciclo de la última generación, evita la caída de fruto y recoge la aceituna antes de que la fermentación avance. Se paga con algo menos de rendimiento graso, pero se gana calidad.

Y la aceituna picada debe ir a la almazara en menos de 24 horas, sin amontonar en remolques ni en trojes. La pérdida de calidad asociada a la mosca se produce en gran medida después de la recolección, mientras la fruta herida fermenta esperando turno de molturación. Separar la partida atacada y molturarla aparte y de inmediato salva aceites que, mezclados y almacenados, habrían salido lampantes. Recoger del suelo la aceituna caída también reduce la población que invernará como pupa en la parcela.

En resumen

Bactrocera oleae ataca solo al fruto, con dos a cinco generaciones anuales y su fase crítica en septiembre y octubre, cuando el calor afloja. El daño directo es la pulpa comida y la caída prematura; el indirecto, la subida de acidez y peróxidos y la pérdida de calidad del aceite por las pudriciones que entran por la picada. Las decisiones se toman con trampas de seguimiento y, sobre todo, con el muestreo de 100 frutos y el recuento de picada viva: umbral en torno al 8-10 % para almazara y al 1-2 % para mesa. La estrategia actual se apoya en el trampeo masivo instalado antes de la puesta, los tratamientos cebo con spinosad en parcheo, el caolín como disuasorio de puesta y la conservación de los parasitoides, mientras que los tratamientos totales han quedado como último recurso tras la retirada del dimetoato y el fosmet. Y cuando el ataque ya está ahí, adelantar la recolección y molturar en menos de un día es lo que separa un virgen extra de un aceite defectuoso.


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