Pasa el dedo por la mancha negra de la hoja. Si el negro se va y debajo aparece tejido verde y sano, tienes negrilla. Si la mancha está dentro de la hoja y no se mueve, es otra cosa y este artículo no te sirve. Esa comprobación de tres segundos ahorra tratamientos equivocados y bastante dinero en fungicidas que no iban a hacer nada.

Un hongo que no come de la planta

La negrilla, llamada también fumagina o tizne, no es una sola especie sino un conjunto de hongos saprófitos que crecen sobre superficies azucaradas. Los géneros habituales son Capnodium, Fumago, Cladosporium, Alternaria y Aureobasidium, y en olivo y cítricos domina Capnodium.

El detalle decisivo es este: no penetran en el tejido vegetal. No tienen haustorios que perforen la epidermis ni extraen nutrientes de la hoja. Se alimentan exclusivamente de la capa de azúcar depositada encima y forman sobre ella un micelio oscuro, seco y algo pulverulento que con el tiempo se apelmaza en costra.

De ahí la consecuencia que casi nunca se explica: la negrilla es un síntoma, no la enfermedad. La planta no está infectada. Está sucia. Y lo que la ha ensuciado es un insecto.

Hojas cubiertas de negrilla, el hongo saprófito que crece sobre la melaza

De dónde sale el azúcar

Ese azúcar se llama melaza, y la excretan los insectos chupadores que se alimentan del floema. Toman mucha más savia de la que pueden procesar y expulsan el excedente en forma de gotas pegajosas que caen sobre las hojas de debajo. Los responsables habituales en España son:

Pulgones (Aphis spp., Myzus persicae). Los primeros en aparecer, con las brotaciones de primavera. Dejan la melaza sobre hojas jóvenes y brotes tiernos.

Cochinillas. Saissetia oleae, la cochinilla negra o "caparreta", es el caso clásico del olivo y de los cítricos, y también aparece en adelfa, laurel y aligustre. Coccus hesperidum, Ceroplastes sinensis y el cotonet Planococcus citri completan el elenco.

Mosca blanca. Aleurothrixus floccosus y Dialeurodes citri en cítricos, Trialeurodes vaporariorum y Bemisia tabaci en invernadero, tomate y ornamentales.

Psílidos. Cacopsylla pyri en peral es un productor de melaza de primer orden.

Metcalfa (Metcalfa pruinosa), cada vez más extendida en la mitad norte y este peninsular sobre vid, ornamentales y frutales.

Encuentra al insecto y habrás encontrado la causa. Búscalo en el envés de las hojas, en las axilas, en los brotes tiernos y en las ramillas de dos años, no en la superficie tiznada, que es simplemente donde ha caído la gota.

El caso de las gotas que vienen de arriba

Hay una situación que despista mucho y conviene tenerla clara: una planta puede tener negrilla sin tener ni un solo insecto. Ocurre cuando está bajo un árbol infestado. Un tilo, una catalpa, un ciruelo ornamental o un naranjo con pulgón gotean melaza durante semanas sobre todo lo que hay debajo: arbustos, mobiliario de jardín, coches y suelo.

Si te encuentras un boj o unas hortensias tiznadas y por más que buscas no aparece la plaga, levanta la vista. La solución no está en la planta manchada sino en la copa que tiene encima. Es también la explicación del suelo pegajoso bajo ciertos árboles de alineación urbana en primavera.

Qué daño hace realmente

El perjuicio de la negrilla es indirecto y sobre todo óptico. La costra negra actúa como una persiana: reduce la luz que llega a las células fotosintéticas, así que la planta fabrica menos. En infestaciones prolongadas y densas se traduce en menor vigor, brotación pobre, hojas que envejecen antes y caída anticipada. También sube la temperatura de la hoja y puede interferir con los estomas si la capa es muy gruesa.

Lo que no hace es matar. Una planta sana con negrilla no muere por el hongo; si se deteriora, es por el insecto que está drenándole savia y, en algunos casos, transmitiéndole virus. Prioriza en consecuencia.

En producción, el daño económico es otro: la fruta tiznada pierde categoría comercial aunque esté perfecta por dentro. En cítricos y en aceituna de mesa es una de las causas frecuentes de descarte.

Y una duda que sale siempre: los frutos con negrilla se pueden comer. Estos hongos no producen toxinas relevantes y no invaden la pulpa. Basta lavar bien con agua y frotar. Con cítricos, cuidado si vas a rallar la piel para cocinar: en ese caso, lava y seca a conciencia primero.

Cómo distinguirla de otras manchas oscuras

Volvemos a la prueba del principio, que es la más fiable. Un algodón o un paño húmedo pasado con suavidad se lleva la negrilla y deja debajo una hoja verde e intacta. Las manchas negras que no se van indican otra cosa: moteados y antracnosis (Venturia, Colletotrichum), repilo del olivo (Venturia oleaginea), roya en estado avanzado, mancha negra del rosal (Diplocarpon rosae) o necrosis por quemadura. Esas sí son infecciones del tejido y requieren fungicida y manejo específicos.

Otro indicio inequívoco de negrilla: antes del negro hubo brillo pegajoso. Si recuerdas las hojas lustrosas y viscosas semanas atrás, es melaza. Y donde hay melaza, casi siempre hay hormigas subiendo y bajando por el tronco.

Un apunte de vocabulario para evitar confusiones al buscar información: negrillo, en singular masculino, es un nombre popular del olmo común (Ulmus minor). No tiene relación alguna con este hongo.

Limpiar la planta

La costra no se cae sola con rapidez, aunque el tiempo y la lluvia la van desprendiendo a medida que la hoja envejece. Para acelerarlo:

Agua a presión moderada. En arbustos y árboles pequeños, un chorro de manguera dirigido al envés arrastra buena parte de la melaza fresca y, de paso, pulgones y mosca blanca. Es lo primero que hay que hacer, y muchas veces lo único.

Jabón potásico. Es la herramienta doméstica más útil aquí, porque hace dos trabajos a la vez: emulsiona el azúcar y despega la costra, y actúa por contacto sobre pulgones, cochinillas jóvenes y mosca blanca. Se aplica diluido según la etiqueta del producto, mojando bien el envés, se deja actuar unos minutos y se aclara con agua limpia. Repite a los siete o diez días.

Momento del día. Nunca a pleno sol ni en las horas centrales del verano. Aplica a primera hora de la mañana o al atardecer; el jabón sobre hoja mojada y sol directo produce quemaduras con facilidad, sobre todo en hojas tiernas y en plantas de interior junto a una ventana.

En interior, con ficus, potos, cintas o cítricos de maceta, un paño húmedo hoja por hoja es más eficaz y más limpio que cualquier pulverización. Es tedioso, pero resuelve.

Prueba en una rama antes de tratar un ejemplar entero, especialmente en especies de hoja fina o con pruina, que el jabón puede alterar.

Cortar la fuente: el insecto y las hormigas

Limpiar sin eliminar al productor de melaza es trabajo perdido: en dos semanas vuelve a estar todo negro.

Contra pulgón, jabón potásico repetido, chorro de agua y paciencia con los auxiliares. Mariquitas (Coccinella, Adalia), sírfidos y crisopas controlan solos una infestación media si no los eliminas con insecticidas de amplio espectro. Un tratamiento total en abril suele producir más pulgón en junio, porque mata antes al depredador que a la presa.

Contra cochinilla, el momento importa mucho. Las hembras adultas están protegidas por su escudo y casi nada las atraviesa; hay que tratar cuando las ninfas migrantes están en movimiento, en primavera y de nuevo a finales de verano según especie y zona. Los aceites parafínicos y el jabón potásico funcionan en esa ventana. En cítricos, Cryptolaemus montrouzieri es un depredador clásico del cotonet.

Contra mosca blanca de los cítricos (Aleurothrixus floccosus), el parasitoide Cales noacki lleva décadas manteniéndola a raya en las plantaciones españolas. Es un buen recordatorio de que respetar la fauna útil no es un lujo ideológico: en este caso concreto es lo que sostiene el control.

Y las hormigas. No causan la negrilla, pero la perpetúan: protegen a pulgones y cochinillas de sus depredadores y los trasladan a brotes nuevos, porque viven de su melaza. Mientras haya un reguero de hormigas subiendo por el tronco, el control biológico no funcionará. Una banda adhesiva o de pegamento entomológico en el tronco, colocada sobre una tira de plástico o de rafia para no dañar la corteza, corta ese tráfico. Retira antes las ramas bajas que toquen el suelo o un muro, o las usarán como puente.

Detalle de la costra negra de fumagina sobre la superficie foliar

Poda, abonado y ambiente

Tres factores culturales explican por qué unos ejemplares se tiznan cada año y sus vecinos no.

Copa cerrada. La sombra y la humedad interior favorecen tanto a la cochinilla como al hongo. En olivo es un manejo reconocido: una poda de aclareo que abra el interior y deje pasar aire y luz reduce las poblaciones de Saissetia oleae y con ellas la negrilla, sin tocar un solo producto. Lo mismo vale para un naranjo de jardín o un laurel apelotonado.

Exceso de nitrógeno. El abonado nitrogenado alto produce brotación tierna, suculenta y rica en aminoácidos: el alimento perfecto para el pulgón. Si tienes negrilla recurrente en un seto de aligustre o en unos rosales, revisa cuánto los estás abonando antes que cualquier otra cosa.

Riego y ambiente. Encharcamiento y humedad estancada empeoran el cuadro. En el litoral mediterráneo, con inviernos suaves y humedad alta, la negrilla puede mantenerse todo el año; en el interior peninsular remite con las heladas y el aire seco.

Lo que no funciona

Merece la pena decirlo claro, porque cada temporada hay quien se deja el dinero en productos que ni siquiera llegan a tocar el problema.

Los fungicidas no resuelven la negrilla. Están diseñados para hongos que infectan tejido; aquí el micelio vive fuera, sobre una capa de azúcar que se renueva cada día mientras el insecto siga alimentándose. Puedes tratar tres veces con un fungicida sistémico y ver la costra intacta, porque nunca la tocaste.

El caldo bordelés y otros cúpricos tienen una acción desecante que ayuda algo en aplicaciones de invierno, y en olivo o frutales se aplican de todos modos por otras razones sanitarias. Pero atribuirles el control de la negrilla es confundir la causa: lo que limpia el árbol es que deje de caerle melaza.

Tampoco sirven de nada frotar con productos abrasivos, aplicar lejía diluida o "aceites de cocina" caseros. Lo primero daña la cutícula, lo segundo quema y lo tercero tapona estomas y enrancia sobre la hoja.

En resumen

La negrilla es un hongo saprófito que crece sobre la melaza excretada por pulgones, cochinillas, mosca blanca o psílidos. No penetra en la hoja, no envenena el fruto y no mata la planta: la ensucia, le resta luz y delata que hay un chupador trabajando cerca, a veces en un árbol situado justo encima.

El tratamiento correcto tiene dos mitades y ninguna vale sola. Primero, eliminar el insecto y las hormigas que lo custodian, con jabón potásico, aceites en el momento adecuado y respeto a la fauna auxiliar. Después, limpiar la costra con agua y jabón potásico, siempre fuera de las horas de sol. Añade una poda que abra la copa y un abonado nitrogenado contenido, y el problema deja de repetirse cada primavera. Los fungicidas, en cambio, sobran: aquí el hongo nunca fue el enemigo.


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