A mediodía de julio, con el sol de plano, una mariposa de once centímetros de envergadura y alas traseras rojas se posa sobre un palmito del jardín. No está de paso ni buscando néctar: está eligiendo dónde poner los huevos. Esa mariposa es Paysandisia archon, el barrenador de las palmeras, y su larva se come el interior del estípite hasta que la planta deja de emitir hojas.
Qué es exactamente este insecto
Paysandisia archon es un lepidóptero de la familia Castniidae, un grupo de mariposas diurnas de aspecto robusto que en Europa no tenía representantes hasta que esta llegó. Es originaria de Sudamérica, sobre todo del área de Argentina, Uruguay, Paraguay y sur de Brasil, donde vive sobre palmeras nativas sin causar estragos porque allí tiene enemigos naturales que aquí no existen.
Entró en Europa a finales de los años noventa dentro de palmeras adultas importadas con cepellón para jardinería, y se detectó en España a comienzos de la década siguiente, primero en la costa mediterránea. Desde entonces está establecida en buena parte del litoral mediterráneo peninsular, en Baleares y en zonas del interior con clima suave, y sigue apareciendo en puntos nuevos casi siempre por el mismo motivo: el traslado de una palmera grande que ya venía con larvas dentro.
El adulto es difícil de confundir. Alas anteriores pardas o verde oliva y alas posteriores de un naranja rojizo intenso con una banda negra y manchas blancas. Vuela de día, con calor, en las horas centrales, y su vuelo es rápido y sonoro. La hembra tiene un ovipositor telescópico con el que introduce los huevos entre las fibras de la base de las hojas o en la corona. Los huevos son fusiformes, rosados, de unos 5 mm, con costillas longitudinales que recuerdan a un grano de arroz estriado.
La larva es la que hace el daño: blanquecina, con la cabeza oscura, y puede superar los siete centímetros cuando está desarrollada. Excava galerías en las bases foliares y en el estípite, siempre en la parte alta, cerca del meristemo. El ciclo dura normalmente un año en el litoral mediterráneo, pero puede alargarse a dos en zonas más frescas o cuando la larva nace tarde. La crisálida se forma dentro de un capullo de fibras y, en el momento de emerger, el adulto empuja la exuvia hacia fuera y la deja asomando por el orificio de salida.
Qué palmeras ataca
Aquí está la primera confusión que conviene deshacer. El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) se ceba sobre todo con Phoenix canariensis. Paysandisia archon tiene otras preferencias, y esto tiene consecuencias prácticas para saber a qué atenerse en cada jardín.
Sus hospedantes favoritos son Trachycarpus fortunei, la palmera excelsa tan común en jardines del norte y del interior, y Chamaerops humilis, nuestro palmito, la única palmera autóctona de la Península. Que ataque al palmito es especialmente grave por lo que supone para las poblaciones silvestres del sur y el levante. También afecta a Phoenix canariensis, Phoenix dactylifera, Butia capitata, Brahea armata, Livistona, Sabal y Syagrus romanzoffiana. En Washingtonia aparece menos, aunque no es inmune.
Una palmera puede tener a la vez picudo y barrenador. No son excluyentes, y en zonas donde ambos están asentados es habitual encontrarlos juntos.
Cómo reconocer que una palmera lo tiene
La larva vive dentro, así que se diagnostica por rastros. Los indicios ordenados de más a menos concluyentes:
Exuvias de crisálida asomando. Una vaina parda y quitinosa, de unos cinco centímetros, medio salida de un agujero en la base de las hojas o en el estípite. Es el signo definitivo, y significa que ya ha salido un adulto de esa palmera.
Perforaciones alineadas en las hojas. Cuando la larva roe el cogollo, come a través de la hoja todavía plegada. Al abrirse el abanico, aparecen agujeros repetidos en simetría a ambos lados del nervio, como si alguien hubiera perforado un papel doblado. Es un síntoma muy característico y bastante fácil de ver desde abajo.
Serrín en la corona. Roeduras fibrosas, entre pardas y rojizas, acumuladas en el cruce de los peciolos o cayendo por el estípite. Con humedad se apelmazan y a veces vienen acompañadas de un exudado gomoso.
Deformación del cogollo. Hojas nuevas que salen recortadas, atrofiadas, torcidas o secas por la punta mientras el resto de la copa está verde. En Trachycarpus se ve muy bien porque las nuevas palmas emergen mordidas.
Galerías al descortezar. Si se retira una base foliar seca, aparecen túneles limpios rellenos de fibra desmenuzada.
El colapso del cogollo, con la corona doblándose de golpe, es el final. Cuando llega, el meristemo ya está destruido y no hay marcha atrás. En Chamaerops, que rebrota desde la base, la mata puede seguir viva por los hijuelos aunque el eje principal se pierda.
Qué hacer antes de que llegue
La prevención vale mucho más que cualquier tratamiento posterior, porque una vez la larva está dentro el margen es estrecho.
Cuidado con las palmeras que compras. Es la vía de entrada número uno. Exige el pasaporte fitosanitario, revisa la corona antes de descargarla y desconfía de ejemplares adultos de origen incierto vendidos a precio de ganga. Una palmera de gran porte trasplantada puede llevar dentro larvas que no darán la cara hasta el verano siguiente.
No podes en verano. Entre mayo y septiembre, que es cuando vuelan los adultos, los cortes frescos y las hojas manipuladas facilitan la puesta. Poda en invierno, y limítate a quitar hojas realmente secas: dejar la palmera desnuda no la protege, la debilita.
Mallas en ejemplares valiosos. Cubrir la corona con malla mosquitera de luz fina durante los meses de vuelo impide físicamente la puesta. Es incómodo y solo tiene sentido en palmeras singulares, pero funciona sin química de por medio.
Caza manual. Los adultos son grandes, llamativos y vuelan de día. En un jardín pequeño, con paciencia y una red, se retiran unos cuantos. Cada hembra eliminada son decenas de huevos que no se ponen.
Y ahora la creencia que conviene desmontar: no existe una trampa de feromona comercial fiable contra Paysandisia archon, a diferencia de lo que ocurre con el picudo rojo. Se ha investigado en su comunicación química, pero lo que se vende para picudo no captura barrenador. Comprar trampas de picudo pensando que sirven para las dos plagas es tirar el dinero y, peor, quedarse tranquilo sin motivo.
Tratamiento cuando ya hay larvas
El mejor recurso disponible para jardín particular son los nematodos entomopatógenos, en concreto Steinernema carpocapsae. Son gusanos microscópicos que buscan activamente a la larva dentro de la galería, penetran en ella y liberan bacterias que la matan. No son tóxicos para personas, mascotas ni fauna auxiliar, y se pueden aplicar en jardines con niños sin plazo de seguridad.
Para que funcionen hay que aplicarlos bien, y aquí es donde suelen fallar los tratamientos:
Se aplican mojando la corona a chorro, no pulverizando la palmera entera. El agua tiene que entrar por el cogollo y las axilas foliares y llegar hasta donde está la larva. Un litro o dos por palmera adulta, hasta que rebose.
El agua no debe llevar cloro. Si es de red, déjala reposar destapada unas horas o usa un neutralizador. Y no la calientes: los nematodos vienen vivos y en refrigeración.
Aplícalos al atardecer o con el día nublado. La luz ultravioleta y la desecación los matan en minutos. Añadir un mojante o un gel específico prolonga la humedad en la corona y mejora mucho el resultado.
La temperatura importa: por debajo de 12 °C apenas se mueven y por encima de 32 °C se agotan. Primavera y otoño son las estaciones buenas.
Un tratamiento aislado no resuelve nada. El planteamiento realista es repetir cada tres o cuatro semanas a lo largo del periodo de actividad, aproximadamente de abril a octubre, porque las puestas se escalonan durante meses.
En cuanto a insecticidas convencionales, existen materias activas eficaces contra larvas barrenadoras, pero el registro de productos autorizados cambia con frecuencia y varía según si el uso es en jardinería particular o profesional. Antes de comprar nada, consulta el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura y comprueba que el producto está autorizado para palmeras ornamentales y para el tipo de usuario que eres. Aplicar un producto no autorizado, además de ilegal, suele ser ineficaz porque la larva está protegida dentro del tejido.
La endoterapia, que consiste en inyectar el producto en el estípite, la realizan empresas con personal habilitado y tiene sentido en palmeras de gran valor y tronco grueso. En Trachycarpus y en Chamaerops, con estípites finos o multicaules, es poco practicable.
Si la palmera ya está perdida, no la dejes en pie ni la lleves entera al punto limpio: es un criadero. Hay que triturar o destruir el material vegetal en el sitio, y en muchas comunidades autónomas el traslado de palmeras afectadas está regulado. Ante una sospecha, comunícalo al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad; ellos indican el protocolo vigente en tu zona.
Lo que sí tiene arreglo
Detectar el ataque no equivale a haber perdido la palmera, y esto es importante decirlo porque mucha gente arranca ejemplares recuperables. Mientras el meristemo apical siga vivo, la palmera puede reponerse: seguirá emitiendo hojas, al principio deformes y luego cada vez más normales, a medida que se van eliminando las larvas.
Trachycarpus fortunei aguanta sorprendentemente bien ataques moderados si se trata a tiempo. La señal de que la cosa va por buen camino es que la nueva lanza salga entera y sin perforaciones. Dos o tres hojas seguidas limpias indican que ya no hay larva activa comiendo el cogollo.
Lo que no se recupera es una palmera con el cogollo podrido y desprendible al tirar de él. Ahí no hay tratamiento posible, solo retirada.
En resumen
Paysandisia archon es una mariposa sudamericana cuya larva barrena el interior de las palmeras y mata sobre todo Trachycarpus fortunei y Chamaerops humilis, más que Phoenix, que es el objetivo preferente del picudo rojo. Se reconoce por las perforaciones simétricas en las hojas nuevas, el serrín en la corona y las exuvias de crisálida asomando por los orificios de salida.
No hay trampas de feromona útiles contra ella, así que la defensa se apoya en comprar palmeras con garantías, no podar durante el periodo de vuelo de mayo a septiembre, y tratar con nematodos Steinernema carpocapsae aplicados a chorro en la corona, con agua sin cloro, al atardecer y repitiendo cada tres o cuatro semanas durante toda la temporada. Mientras el cogollo siga vivo y emita hojas, la palmera tiene opciones reales de salir adelante.