Phytophthora no es un hongo. Y esto no es una pedantería de manual: explica por qué el fungicida que tienes en el armario no le hace absolutamente nada, y por qué tantos tratamientos aplicados con buena voluntad terminan con la planta muerta igualmente. El nombre viene del griego y significa literalmente «destructor de plantas». Está bien puesto.
Un pariente de las algas, no de los hongos
Phytophthora pertenece a los oomicetos, un grupo dentro de los estramenópilos que está mucho más emparentado con las algas pardas y las diatomeas que con los hongos verdaderos. Se le parece porque también crece formando filamentos, pero la bioquímica es distinta: su pared celular es de celulosa, no de quitina, y no sintetiza ergosterol.
Esa diferencia es la que arruina los tratamientos mal elegidos. Los fungicidas de uso común en jardinería, los que inhiben la síntesis de ergosterol (tebuconazol, miclobutanil, propiconazol y compañía) actúan sobre una ruta metabólica que este organismo sencillamente no tiene. Pulverizar azufre tampoco sirve de nada. Contra oomicetos hacen falta materias activas específicas, y las veremos más abajo.
El segundo rasgo que define al género es que nada. Produce zoosporas con dos flagelos que se desplazan por el agua libre entre las partículas del suelo, atraídas químicamente por los exudados de las raíces. Sin película de agua no hay dispersión. Por eso el encharcamiento no es un factor agravante más: es la condición que le abre la puerta.
Para sobrevivir a las malas rachas forma oosporas y clamidosporas, estructuras de resistencia que aguantan años en el suelo seco, en restos de raíz o en un cepellón olvidado. Un arriate donde murió un ejemplar por podredumbre radicular sigue siendo peligroso mucho después.
Las especies que vas a encontrarte en España
Hay más de un centenar de especies descritas y no todas se comportan igual. Estas son las que importan aquí:
Phytophthora cinnamomi es la más destructiva en suelo. Provoca la podredumbre radicular de un rango enorme de plantas y es uno de los factores implicados en la seca de la dehesa, junto con la sequía y otros agentes: mata encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Quercus suber) en el suroeste peninsular. También ataca a aguacate, castaño, brezos, azaleas, Rhododendron, Camellia y buena parte de las ericáceas de jardín. Prospera con calor y suelo saturado, una combinación muy típica del riego de verano mal calculado.
Phytophthora infestans es el mildiu de la patata y del tomate, el tizón tardío, responsable de la Gran Hambruna irlandesa de 1845. Al contrario que la anterior, prefiere el fresco húmedo: temperaturas entre 12 y 20 °C con humedad muy alta. Ataca a la parte aérea.
Phytophthora citrophthora y Phytophthora nicotianae causan la gomosis y la podredumbre del cuello en cítricos, un clásico del huerto familiar levantino.
Phytophthora capsici está detrás de la «tristeza» del pimiento, que se lleva plantas enteras de golpe en pleno verano.
Phytophthora cactorum ataca la corona de la fresa y el cuello del manzano y del nogal.
Phytophthora ramorum es un patógeno de cuarentena en la Unión Europea, ligado al comercio de viveros de Rhododendron, Viburnum y Camellia. Si sospechas de él, la sospecha se comunica al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma; no es un asunto de jardín particular.
Por dónde entra en el jardín
Casi siempre por una de estas cuatro vías, y conviene tenerlas presentes porque tres de ellas dependen enteramente de lo que hagamos nosotros.
La planta comprada. Es la vía más frecuente y la más ignorada. Un ejemplar de vivero puede llegar con el patógeno instalado en el cepellón y sin ningún síntoma visible, y al plantarlo se inocula un suelo que estaba limpio. Los viveros con producción sobre bancadas elevadas y sustrato nuevo son mucho más seguros que los que apoyan las macetas directamente en el terreno.
El agua. Balsas de riego, aljibes, agua de acequia o agua recirculada de un semillero. Las zoosporas viajan perfectamente en un sistema de goteo. Si riegas desde una balsa abierta y has tenido problemas, filtrar o desinfectar el agua deja de ser una manía.
El suelo y el sustrato. Reutilizar la tierra de una maceta donde murió una planta, mover tierra de una zona afectada, o traer relleno de procedencia desconocida. También se transporta en la suela de las botas y en las ruedas de la carretilla, que es como se propaga por las dehesas.
Las herramientas. Tijeras, azadas y navajas de injerto sin desinfectar mueven el inóculo de planta en planta. Alcohol de 70° o lejía diluida al 10 % entre ejemplar y ejemplar resuelve el problema por céntimos.
Y sobre el exceso de riego, la precisión importa: el problema no es la cantidad de agua en sí, sino el tiempo que el suelo permanece saturado. Un suelo arenoso bien drenado tolera riegos generosos. Uno arcilloso compactado, o un hoyo de plantación excavado en arcilla que funciona como una maceta sin desagüe, retiene el agua durante días y monta el escenario perfecto.
Cómo se manifiesta
Hay que separar dos cuadros distintos porque se confunden con frecuencia.
En raíz y cuello, que es lo que hacen cinnamomi, citrophthora, cactorum o capsici, la parte aérea da señales inespecíficas: hojas pequeñas y cloróticas, brotes cortos, defoliación, muerte descendente de ramas, y una marchitez que aparece en las horas de más calor y que no se recupera por mucho que riegues. Aquí está el error que más plantas mata: se ve la planta mustia, se interpreta sed, se riega más y se acelera el desenlace. La raíz podrida no absorbe, y añadir agua solo alimenta al patógeno.
La confirmación está bajo la corteza. Si rascas con una navaja en la base del tronco, justo en la línea del suelo, aparece una lesión de color pardo o canela con un margen bien definido frente al tejido sano, blanco o verdoso. En cítricos y frutales de hueso suele acompañarse de exudados de goma ámbar que rezuman por grietas del cuello. Las raíces finas, si las descalzas, están oscuras, quebradizas y sin las radículas blancas normales; a veces la corteza radicular se desprende como un calcetín y deja el cilindro central al descubierto.
En parte aérea, el tizón tardío de patata y tomate se ve como manchas pardas de aspecto aceitoso o mojado, con un halo pálido, que crecen deprisa desde los bordes y las puntas de las hojas. Con humedad alta aparece en el envés una borra blanquecina muy fina. En los tallos hay lesiones oscuras que los ciñen, y en el fruto, zonas pardas duras y abolladas, de superficie irregular, en el hombro del tomate. Los tubérculos muestran una podredumbre parda y firme que avanza desde la piel hacia dentro.
Prevención, que aquí es casi todo
Con este patógeno la partida se gana antes de plantar, no después de ver síntomas. Las medidas por orden de importancia real:
Planta el cuello alto. El punto de unión entre raíz y tronco, y el punto de injerto en frutales, deben quedar por encima del nivel del terreno, unos centímetros. En suelos pesados, planta sobre caballón o loma elevada. Enterrar el injerto es la manera más segura de perder un cítrico o un frutal en pocos años.
Aparta el agua del tronco. Coloca los goteros a treinta o cuarenta centímetros del pie, nunca pegados. El alcorque que embalsa agua contra la corteza es una trampa. Un acolchado es útil, pero no debe tocar el tronco.
Arregla el drenaje antes de plantar, no después. Descompactar, incorporar materia orgánica bien hecha, romper la suela de labor. Cavar un hoyo grande y rellenarlo de sustrato esponjoso en medio de un suelo arcilloso no drena: crea un depósito.
Elige portainjertos tolerantes. En cítricos, Poncirus trifoliata y los citranges tipo Carrizo resisten bastante mejor que el naranjo amargo frente a la podredumbre del cuello. En aguacate se usan patrones clonales seleccionados por su tolerancia a P. cinnamomi. Preguntar por el patrón al comprar cambia el resultado más que cualquier tratamiento posterior.
Sustratos que no se apelmacen. Para plantas en maceta especialmente sensibles, como camelias, azaleas o Rhododendron, mezcla con corteza de pino compostada y perlita, y no reutilices nunca sustrato de una planta que murió sin diagnóstico.
En el huerto, rotación de al menos tres o cuatro años sin solanáceas en la misma parcela, riego por goteo en vez de aspersión, retirada de restos de patata y tomate al final del ciclo, y marcos amplios para que el follaje se seque pronto. Los tubérculos que quedan en el suelo tras la cosecha y rebrotan a la primavera siguiente son un reservorio clásico del tizón.
Solarización del bancal en julio y agosto: suelo húmedo cubierto con plástico transparente durante seis u ocho semanas. Reduce mucho el inóculo superficial, aunque no esteriliza en profundidad.
Qué se puede hacer cuando ya está
Conviene decirlo sin rodeos: una raíz podrida no se regenera. Los tratamientos frenan el avance y ayudan a que la planta reconstruya sistema radicular sano, pero no resucitan lo perdido. Cuanto antes se actúe, más margen hay.
Lo primero, y es gratuito: cortar el riego y descalzar el cuello. Retira la tierra alrededor de la base del tronco hasta dejar al descubierto el arranque de las raíces gruesas y deja que se airee y se seque. Esta sola medida ha salvado muchos frutales y cítricos.
Si hay un chancro delimitado en el cuello, se puede sanear con la navaja, rebajando la corteza afectada hasta encontrar tejido sano en todo el perímetro de la herida, y dejar la zona expuesta al aire. Desinfecta la herramienta al terminar y no dejes los recortes en el suelo.
En cuanto a productos, las materias activas que sí actúan sobre oomicetos son otras familias: fosetil-aluminio y los fosfonatos o fosfito potásico, que actúan indirectamente estimulando las defensas de la planta y son los de uso más extendido en podredumbres de raíz; metalaxil-M aplicado en riego; propamocarb; y para el mildiu foliar de patata y tomate, mandipropamid, ciazofamida o los cúpricos. Ojo con el cobre: es útil de forma preventiva sobre las hojas contra P. infestans, pero no hace nada aplicado al suelo contra una podredumbre radicular. Son problemas distintos aunque el género sea el mismo.
El fosfito potásico se aplica en pulverización foliar, en riego o, en árboles grandes, mediante inyección al tronco por parte de empresas especializadas. Es la herramienta con la que se intenta sostener encinas y alcornoques afectados.
Comprueba siempre en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura que la materia activa está autorizada para tu cultivo y para tu tipo de usuario, porque las autorizaciones cambian y varias de estas solo están disponibles para uso profesional. Respeta los plazos de seguridad en hortícolas.
Los preparados de Trichoderma y de bacterias antagonistas incorporados al sustrato tienen sentido como complemento preventivo en plantel y maceta, no como rescate de una planta que ya está colapsando.
Y cuando una planta se pierde, retírala con todo el cepellón, no la compostes en el montón del jardín y no vuelvas a plantar la misma especie en ese punto durante varios años. Las estructuras de resistencia siguen ahí.
En resumen
Phytophthora es un oomiceto, no un hongo, y esa diferencia biológica determina que los fungicidas habituales de jardinería no le afecten y que haya que recurrir a fosetil-Al, fosfitos, metalaxil-M o cúpricos según el caso. Se mueve nadando con zoosporas, así que su aliado es el suelo saturado: mal drenaje, hoyos que embalsan, goteros pegados al tronco y cuellos enterrados.
En raíz y cuello da marchitez que no mejora con riego, lesiones pardas de margen neto bajo la corteza y exudados de goma; en tomate y patata, manchas aceitosas en hojas y frutos abollados. La regla que más plantas salva es contraintuitiva: ante una planta mustia por podredumbre radicular, hay que dejar de regar, descalzar el cuello y airear, no dar más agua. Y como el inóculo llega casi siempre en un cepellón comprado o en el agua de riego, la prevención empieza en el vivero y en el drenaje, mucho antes de que aparezca el primer síntoma.