No todo lo que estropea una cosecha de patata es un insecto. En la práctica, lo que arruina una parcela suele ser un hongo oomiceto que llegó con una semana húmeda, o una bacteria que entró por un corte de la azada, y el escarabajo que cualquiera reconoce es solo la parte visible del problema. Distinguir unas cosas de otras importa porque los tratamientos no se parecen en nada: contra el mildiu se actúa antes de ver el síntoma, contra la dorífora se puede actuar después, y contra el gusano de alambre no se actúa en absoluto durante el cultivo.
Repasamos los enemigos reales del cultivo de Solanum tuberosum en España, agrupados por lo que hacen y por el momento en que hay que enfrentarse a ellos.
Mildiu, el que decide la cosecha
Phytophthora infestans es el patógeno que provocó la Gran Hambruna irlandesa y sigue siendo, con diferencia, la amenaza más seria del cultivo. No es un hongo verdadero sino un oomiceto, detalle que explica por qué muchos fungicidas clásicos no le hacen nada.
Síntomas. Manchas de aspecto aceitoso, verde oscuro a pardo, primero en los bordes y puntas de las hojas bajas. Con humedad alta, en el envés y justo en el límite entre tejido sano y enfermo aparece un fieltro blanquecino: son los esporangióforos. En pocos días la mancha se extiende, los tallos se ennegrecen y la mata colapsa con un olor característico. En el tubérculo, hundimientos superficiales pardo-violáceos y, al cortar, una podredumbre parda, firme y granulosa que avanza desde la piel hacia dentro.
Cuándo aparece. Necesita hoja mojada y temperaturas suaves. La regla práctica que se usa en aviso agrícola es la de los periodos Smith: dos días consecutivos con mínimas de 10 °C o más y al menos 11 horas diarias con humedad relativa por encima del 90 %. En la cornisa cantábrica y en Galicia eso ocurre casi cualquier primavera; en Castilla y en el sur, tras episodios de tormenta o con riego por aspersión mal planteado.
Prevención. Semilla certificada y sana. Marcos de plantación amplios y orientados al viento dominante, para que la mata se seque pronto. Riego por goteo o a surco en lugar de aspersión, y si hay aspersión, siempre a primera hora para que la hoja no pase la noche mojada. Aporcado alto: el suelo que cubre los tubérculos es la barrera que impide que las esporas lavadas por la lluvia lleguen hasta ellos. Y una medida que se pasa por alto con frecuencia: eliminar los montones de destrío y las patatas que quedan en el suelo de la campaña anterior. Esos tubérculos rebrotan y son el inóculo primario de la temporada siguiente.
Tratamiento. Aquí conviene ser claro: el mildiu se trata en preventivo. Cuando la mancha aceitosa es visible, el micelio ya está dentro y ningún producto de contacto lo revierte. Los caldos cúpricos —oxicloruro de cobre, hidróxido cúprico, caldo bordelés— forman una película protectora sobre la hoja y hay que reponerlos tras cada lluvia y tras cada crecimiento nuevo. Un apunte que suele sorprender: el cobre está autorizado en producción ecológica, pero no es inocuo. Es un metal pesado que se acumula en el suelo y afecta a lombrices y microbiota, y por eso la Unión Europea limita su aplicación a una media de 4 kg de cobre metal por hectárea y año. Usarlo como si fuera agua es mala práctica agronómica, no buena. Ten en cuenta además que el mancozeb, muy citado en manuales antiguos, dejó de estar autorizado en la Unión Europea en 2021.
Si la mata ya está tomada y quedan pocas semanas para la recolección, la decisión razonable es segar y retirar la parte aérea, esperar diez o quince días a que la piel del tubérculo endurezca y luego arrancar. Así se evita que las esporas de las hojas contaminen los tubérculos durante la cosecha.
Alternariosis: el otro tizón, y no es lo mismo
Alternaria solani produce el llamado tizón temprano, y se confunde constantemente con el mildiu. Las diferencias son útiles: la alternariosis da manchas secas, pardas, redondeadas y con anillos concéntricos como una diana, empieza por las hojas más viejas y prospera con tiempo cálido y seco alternando con rocío, justo lo contrario que el mildiu.
Suele cebarse en plantas mal nutridas o estresadas por sequía, así que el primer control es agronómico: riego regular y potasio suficiente. Es bastante menos destructiva y rara vez justifica un tratamiento específico en huerto familiar.
Rizoctonia: costra negra y cancros en el tallo
Rhizoctonia solani, en su grupo de anastomosis AG-3, es un hongo de suelo que ataca en dos momentos distintos.
Síntomas. En la nascencia produce cancros pardos y hundidos en brotes y estolones subterráneos; si el brote se anilla, muere antes de emerger y la planta rebrota tarde y débil, con nascencia irregular y calvas en el surco. En cultivo avanzado, un manguito blanco grisáceo en la base del tallo a ras de suelo. Y en el tubérculo, la señal más conocida: costritas negras, duras, adheridas a la piel, que no se van al lavar pero se rascan con la uña. Son esclerocios, estructuras de resistencia del hongo. No pudren el tubérculo ni lo hacen incomestible; el daño real es que esa semilla infectada sembrará el hongo en la parcela siguiente.
Prevención. Semilla certificada y libre de esclerocios visibles. No plantar en suelo frío y húmedo: por debajo de 8-10 °C la brotación es lenta y el hongo tiene tiempo de atacar el brote. Plantar más superficial en primaveras frías y aporcar después, cuando el suelo se haya templado. Rotación de tres o cuatro años sin solanáceas ni remolacha. Y evitar enterrar materia orgánica sin descomponer justo antes de plantar, porque favorece al hongo.
Curativo. Prácticamente inexistente en huerto una vez la planta está infectada. Todo se juega en la semilla y en la fecha de plantación.
Podredumbres bacterianas y pie negro
Pectobacterium atrosepticum y Dickeya solani causan el pie negro y la podredumbre blanda. La base del tallo se ennegrece y se reblandece desde el suelo hacia arriba, la planta amarillea y se marchita, y el tubérculo madre acaba convertido en una masa blanda, húmeda y de olor desagradable, muy distinto de la podredumbre firme del mildiu.
Estas bacterias entran por heridas y prosperan con suelo encharcado y calor. La prevención se resume en drenaje, evitar riegos excesivos en el momento de la tuberización, no cortar la patata de siembra si se puede evitar —y si se corta, dejar cicatrizar los trozos varios días en ambiente aireado antes de plantar— y manipular la cosecha sin golpes. No hay tratamiento curativo: los bactericidas de uso agrícola no existen para el aficionado en España.
Sarna común: fea pero inofensiva
La provoca Streptomyces scabies, una actinobacteria del suelo, y genera costras corchosas, ásperas y a veces profundas en la piel del tubérculo. Estropea el aspecto, no el sabor ni la conservación: basta pelar.
Lo interesante es su ecología, porque contradice el reflejo habitual. La sarna prospera en suelos secos, aireados y de pH alto. Encalar la parcela o abonar con estiércol fresco poco antes de plantar la empeora. Mantener el suelo con humedad constante durante las cuatro o cinco semanas siguientes a la tuberización es la medida más eficaz que existe contra ella, y no requiere ningún producto.
Gusano de alambre
Las larvas de escarabajos elatéridos del género Agriotes son duras, alargadas, de color ámbar dorado y llamativamente rígidas al tacto. Perforan el tubérculo con galerías estrechas y limpias, de unos 2-3 mm, que a menudo se detectan solo al pelar. La herida abre la puerta a podredumbres secundarias.
El dato que explica la dificultad de su control es el ciclo: cada larva pasa entre tres y cinco años en el suelo antes de convertirse en adulto. Eso significa que en una parcela infestada hay siempre varias cohortes solapadas y que la infestación no se resuelve en una campaña.
Prevención. No plantar patata inmediatamente después de una pradera, un césped levantado o un barbecho enherbado: son los hábitats donde las hembras ponen. Laborear el suelo en verano expone larvas y pupas al sol y a los pájaros. Rotar con leguminosas o crucíferas. Recolectar en cuanto la piel esté hecha, sin dejar los tubérculos en tierra semanas de más, porque el daño crece con cada semana adicional. Como monitoreo, trampas caseras de trozo de patata o zanahoria enterrados a diez centímetros y revisados cada pocos días te dicen si el nivel de población desaconseja plantar patata ahí este año.
Polilla de la patata o tiña
Phthorimaea operculella es la polilla clásica del cultivo. La oruga mina primero las hojas, entre las dos epidermis, y después penetra en el tubérculo formando galerías sinuosas rellenas de excrementos oscuros. El daño peor no ocurre en el campo sino en el almacén, donde una infestación puede continuar durante meses.
Hay un segundo caso que exige mención aparte por su estatus legal. Tecia solanivora, la polilla guatemalteca de la patata, es una plaga cuarentenaria regulada en España, con zonas demarcadas en Canarias y en el norte peninsular —Galicia, Asturias y áreas limítrofes— donde rigen restricciones al cultivo y al movimiento de tubérculos. Si sospechas de su presencia, la vía correcta no es tratar por tu cuenta: es comunicarlo al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma. Comprar o mover patata de siembra sin pasaporte fitosanitario desde una zona demarcada es, además de ilegal, la forma habitual en que estas plagas se extienden.
Prevención. Aporcado alto y suelo sin grietas: las hembras ponen en el tubérculo cuando pueden alcanzarlo a través de fisuras del terreno, así que un suelo que se agrieta por sequía es una invitación. Riego regular en la fase final para evitar esas grietas. Recolección puntual y sin dejar tubérculos expuestos en superficie. Almacenamiento en oscuridad, fresco y con inspección periódica. Para seguimiento, trampas de feromona. Como tratamiento en huerto, Bacillus thuringiensis aplicado sobre la vegetación cuando se detecten las primeras minas.
Escarabajo de la patata
Leptinotarsa decemlineata es inconfundible: adulto de unos 10 mm, amarillo anaranjado con diez líneas negras longitudinales en los élitros. Las puestas son grupos de huevos naranjas en el envés, y las larvas, rojizas y abombadas, con dos hileras de puntos negros a cada lado, son las que causan la mayor parte del daño defoliador.
Inverna como adulto enterrado en el suelo, sale en primavera caminando —no siempre volando— y por eso rotar el cultivo a una parcela alejada funciona de verdad: si el patatal nuevo está a cierta distancia, buena parte de los adultos emergentes no lo encuentra. En España completa dos o tres generaciones anuales según la zona.
Control. En huerto familiar, la recogida manual de adultos y el aplastado de las puestas naranjas revisando el envés dos veces por semana bastan casi siempre; es tedioso pero resuelve. Si hace falta tratar, Bacillus thuringiensis subespecie tenebrionis es específico contra las larvas y solo funciona bien con larvas jóvenes, en los dos primeros estadios: aplicado sobre larvas grandes o sobre adultos no sirve de nada. El spinosad y la azadiractina son las otras opciones habituales autorizadas en jardinería doméstica.
Esta especie tiene un historial notable de resistencia a insecticidas —ha desarrollado resistencia a docenas de materias activas desde los años cuarenta—, de modo que repetir año tras año el mismo producto es la vía rápida a que deje de funcionar. Alterna modos de acción y no trates si no hay defoliación apreciable: la patata tolera perder en torno a un 15-20 % de área foliar antes de floración sin pérdida de rendimiento.
Pulgones y nematodos: el daño que no se ve
Los pulgones, sobre todo Myzus persicae, rara vez causan daño directo relevante en patata. Su importancia es otra: transmiten el virus Y (PVY) y el virus del enrollado de la hoja (PLRV), que degeneran la producción campaña tras campaña. Es la razón por la que replantar año tras año tubérculos de tu propia cosecha da rendimientos decrecientes, y por la que la semilla certificada es una inversión y no un gasto superfluo.
Los nematodos del quiste, Globodera rostochiensis y Globodera pallida, son organismos de cuarentena en la Unión Europea. Producen rodales de plantas raquíticas y amarillentas que se marchitan al mediodía, con raíces cortas y quistes esféricos diminutos adheridos. No hay tratamiento práctico: se combaten con rotaciones largas de cinco a siete años y con variedades resistentes. Su presencia obliga a declaración y limita el uso de la parcela para patata de siembra.
Una advertencia sobre los tubérculos verdes
No es una plaga, pero conviene decirlo porque se ignora con frecuencia. Los tubérculos expuestos a la luz —en el surco por falta de aporcado, o en la cocina junto a una ventana— verdean y acumulan glicoalcaloides, sobre todo solanina, que son tóxicos por ingestión y no se destruyen al cocer. Se concentran en la piel y en la zona verdeada, y también en los brotes. Una patata con verdín superficial se pela con generosidad; una patata muy verde o muy amarga se tira, y no se da a los animales domésticos. Aporcar bien y almacenar en oscuridad total, entre 6 y 10 °C, resuelve el problema de origen.
En resumen
El calendario del cultivo de patata se sostiene sobre tres decisiones que se toman antes de que aparezca ningún síntoma: semilla certificada, rotación de al menos tres o cuatro años sin solanáceas, y aporcado alto. Esas tres medidas actúan a la vez sobre mildiu, rizoctonia, polilla, sarna y virosis, y ningún producto posterior las sustituye.
Después, cada problema tiene su ventana. El mildiu se ataca en preventivo y con cobre bien dosificado, nunca cuando la mancha ya es visible. La rizoctonia se evita plantando con el suelo templado. La sarna se controla regando en la tuberización, no encalando. El gusano de alambre se previene con la rotación y adelantando la recolección. Al escarabajo se le puede esperar y quitar a mano. Y a la polilla guatemalteca, si aparece, se la comunica a sanidad vegetal antes de hacer nada más.