El manzano (Malus domestica) es un frutal agradecido y bien adaptado a buena parte de España, pero también uno de los que más plagas concentra. La razón es sencilla: produce un fruto grande, azucarado y de piel fina, y hay muchos insectos dispuestos a aprovecharlo. La mayoría de los problemas se repiten cada temporada de forma bastante predecible, lo que juega a favor de quien conoce el calendario.
Este artículo recorre las plagas que de verdad importan en un manzano peninsular, con sus síntomas, su momento de aparición y las medidas que funcionan. Antes, una advertencia de método que vale para todas: el momento del tratamiento importa mucho más que el producto. Casi todos los fracasos vienen de tratar tarde, cuando la larva ya está dentro del fruto o la colonia ya ha reventado.
Carpocapsa, el gusano de la manzana
Si hay que elegir una sola plaga, es esta. La carpocapsa (Cydia pomonella) —a veces escrita erróneamente "carcocapsa"— es la responsable del clásico gusano que aparece al partir una manzana, y puede arruinar la mayor parte de una cosecha sin tratamiento.
El adulto es una polilla nocturna de unos 15-20 mm de envergadura, de color gris jaspeado, con una mancha bronceada e iridiscente muy reconocible en el ángulo posterior de cada ala anterior. Pasa el invierno como larva desarrollada, en un capullo sedoso escondido bajo las escamas de la corteza, en grietas del tronco o entre restos vegetales. Pupa en primavera y los primeros adultos vuelan a partir de abril o mayo, según la zona.
La hembra pone los huevos aislados, sobre el fruto joven o sobre las hojas próximas. Al nacer, la larva —blanquecina o rosada, con la cabeza oscura— busca el fruto y penetra en él, muchas veces por la zona del cáliz o por el punto donde dos manzanas se tocan. Excava una galería hasta el corazón, se alimenta de las semillas y sale al exterior dejando un orificio de unos 3-4 mm rodeado de excrementos pardos parecidos a serrín húmedo. Esa mezcla de agujero y deyecciones es la firma inconfundible.
En España se producen normalmente dos generaciones al año, y en las zonas más cálidas del sur y del valle del Ebro puede haber una tercera parcial. La segunda generación, en pleno verano, es la que causa el daño más grave porque coincide con el fruto ya desarrollado.
El punto crítico del control es este: la larva solo está expuesta durante las pocas horas que van desde que nace hasta que penetra en el fruto. Una vez dentro, ningún tratamiento de contacto la alcanza. De ahí que la vigilancia sea imprescindible.
Qué funciona:
Trampas de feromona colgadas desde abril, a unos dos metros de altura. No controlan la plaga —sirven de poco como método de captura masiva en un huerto pequeño—, pero indican con precisión cuándo empieza el vuelo, que es la referencia para calcular el momento de tratar. La primera captura sostenida marca el inicio del ciclo.
Confusión sexual, con difusores de feromona repartidos por la parcela que saturan el ambiente e impiden que los machos localicen a las hembras. Es el método de referencia en fruticultura moderna, muy eficaz, pero exige una superficie mínima y cierta homogeneidad; en un manzano aislado no tiene sentido.
Granulovirus de Cydia pomonella (CpGV), un virus específico que infecta y mata a la larva neonata cuando esta muerde la piel del fruto tratado. Es selectivo, autorizado en ecológico y muy eficaz si se aplica en el momento de la eclosión de huevos y se repite cada 7-10 días, porque la luz ultravioleta lo degrada con rapidez.
Bandas de cartón ondulado alrededor del tronco, colocadas en verano. Las larvas maduras que bajan a buscar refugio para pupar se instalan en las ondulaciones; retirando y quemando las bandas periódicamente se elimina una parte importante de la población invernante. Es un método viejo, barato y sorprendentemente efectivo en huertos familiares.
Recogida y destrucción de la fruta caída y picada. Cada manzana con gusano que se deja en el suelo es una larva más para el año siguiente. No debe compostarse en frío.
Raspado de la corteza vieja en invierno y blanqueo del tronco, para eliminar refugios de hibernación.
Ácaros: araña roja y compañía
El ácaro más importante del manzano en España es la araña roja de los frutales (Panonychus ulmi), acompañada a veces por la araña roja común (Tetranychus urticae) y por eriófidos como Aculus schlechtendali, que produce un bronceado difuso de la hoja.
Panonychus ulmi inverna en forma de huevos de invierno, rojizos y visibles a lupa, agrupados en las axilas de las yemas y en las rugosidades de las ramas jóvenes. Eclosionan coincidiendo con la brotación. Las formas móviles se instalan en el envés de las hojas, donde pican las células y vacían su contenido.
El síntoma es un punteado fino y decolorado que evoluciona a un bronceado plomizo generalizado. Con poblaciones altas aparece una telaraña fina —más evidente en Tetranychus— y la hoja acaba cayendo. El árbol pierde capacidad fotosintética, el fruto no engorda y la inducción floral del año siguiente se resiente.
Los ácaros se disparan con calor, sequedad y polvo, y sobre todo tras aplicar insecticidas de amplio espectro, que eliminan a sus depredadores naturales. Es un caso de manual de plaga inducida por el tratamiento.
Qué funciona:
Aceite parafínico de invierno, aplicado con las yemas hinchadas antes de brotar, que asfixia los huevos invernantes. Es la medida de mayor rendimiento y la que más problemas evita.
Conservar los ácaros depredadores, principalmente Typhlodromus pyri y Amblyseius andersoni, que en un huerto no tratado con productos agresivos mantienen a la araña roja por debajo del umbral de daño sin ninguna intervención. Esto se consigue evitando piretroides y organofosforados de amplio espectro, que son mucho más letales para los depredadores que para la propia araña.
Riego adecuado y evitar el exceso de nitrógeno, porque el árbol estresado y el brote suculento favorecen la multiplicación del ácaro.
Azufre mojable, útil como acaricida de apoyo, aunque conviene saber que también es tóxico para algunos ácaros depredadores.
Piojo de San José
El piojo de San José (Diaspidiotus perniciosus, antes Quadraspidiotus perniciosus) es una cochinilla diaspídida de origen asiático que llegó a Europa a finales del siglo XIX y que sigue siendo un problema serio en manzano y peral.
El insecto se protege bajo un escudo circular de 1,5 a 2 mm, gris ceniciento, con un pezón central más oscuro. Se fija sobre ramas, tronco y fruto, e inserta su estilete para succionar savia. En el fruto provoca la marca más característica de la plaga: unas manchas circulares con un halo rojo intenso alrededor del punto de picadura, que deprecian por completo la manzana.
Cuando la población es alta, las ramas quedan cubiertas por una costra grisácea continua, la corteza se agrieta y las ramas se secan. Un manzano joven fuertemente infestado puede morir en dos o tres campañas.
El ciclo tiene una particularidad que condiciona el control: la hembra es vivípara y da lugar a larvas móviles llamadas migrantes, del tamaño de una mota de polvo amarillenta. Esas larvas caminan unas horas buscando sitio donde fijarse, y una vez fijadas segregan su escudo protector y se vuelven prácticamente inalcanzables. Hay dos o tres generaciones al año, con la primera salida de migrantes hacia mayo o junio.
Qué funciona:
Tratamiento de invierno con aceite parafínico, con el árbol en reposo y mojando muy bien toda la madera. La asfixia es el único mecanismo que atraviesa el escudo con eficacia. Es, otra vez, la medida clave.
Tratamiento dirigido al periodo de migrantes, si la infestación es alta. Requiere seguimiento: se envuelve una rama con cinta adhesiva de doble cara y se revisa periódicamente para detectar el momento en que las larvas empiezan a moverse.
Poda y quema de las ramas más infestadas, que reduce mucho la población de partida.
Respetar a los parasitoides, sobre todo Encarsia perniciosi, que en huertos poco tratados ejerce un control apreciable.
Pulgones
Tres especies distintas afectan al manzano, y no se combaten igual.
El pulgón ceniciento (Dysaphis plantaginea) es el más dañino. De color gris violáceo, cubierto de un polvillo ceroso, ataca en primavera desde la brotación. Provoca un enrollamiento y arrugado intenso de las hojas, detiene el crecimiento de los brotes y, lo que más duele, deforma los frutos, que quedan pequeños, abollados y sin valor. Unas pocas colonias en floración bastan para estropear un ramillete entero. Migra en verano al llantén y regresa en otoño a poner los huevos de invierno en el manzano.
El pulgón verde (Aphis pomi) coloniza los brotes tiernos en verano. Es mucho menos grave: afecta al crecimiento vegetativo, ensucia con melaza y favorece la negrilla, pero no deforma la fruta.
El pulgón lanígero (Eriosoma lanigerum) es inconfundible por las masas algodonosas blancas que forma sobre ramas, cortes de poda y cuello del árbol, y también bajo tierra sobre las raíces. Sus picaduras provocan agallas y tumoraciones leñosas que deforman la madera y abren la puerta a patógenos. Cuenta con un enemigo natural muy eficaz, el parasitoide Aphelinus mali, introducido hace décadas y ya bien establecido en España: allí donde no se abusa de insecticidas, mantiene la plaga a raya.
Qué funciona:
Aceite de invierno contra los huevos invernantes del pulgón ceniciento.
Vigilancia en prefloración, revisando los ramilletes: es el momento en que un tratamiento con jabón potásico o un afidicida selectivo evita el daño al fruto. Después de la floración se llega tarde, porque la hoja enrollada protege a la colonia.
Moderar el abonado nitrogenado. El brote tierno y rico en nitrógeno es exactamente lo que el pulgón necesita.
Favorecer la fauna auxiliar: mariquitas, sírfidos, crisopas y parasitoides. Mantener setos y una cubierta vegetal con flor en el ruedo del árbol es la inversión más rentable a medio plazo.
Controlar las hormigas, que protegen las colonias de pulgón de sus depredadores a cambio de la melaza. Un cinturón de cola entomológica en el tronco corta ese servicio.
Mosca de la fruta
La mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) es una plaga polífaga muy conocida en cítricos y en frutales de hueso, y también afecta al manzano, sobre todo a las variedades tardías y en las zonas más cálidas de la mitad sur y del litoral mediterráneo.
La hembra pincha la piel del fruto maduro o en maduración con su oviscapto y deposita los huevos bajo la epidermis. La picadura deja un punto oscuro rodeado de una zona reblandecida. Las larvas ápodas y blanquecinas devoran la pulpa desde dentro, que se descompone rápidamente y adquiere un aspecto acuoso y pardo. El fruto termina cayendo. La larva madura salta fuera y pupa en el suelo.
Se distingue del daño de carpocapsa sin dificultad: la carpocapsa deja un orificio con serrín seco y una galería limpia hacia el corazón; la ceratitis produce zonas de pulpa podrida y blanda, con varias larvas y sin excrementos externos.
Qué funciona:
Trampeo masivo con mosqueros cebados con atrayentes alimentarios o con feromona, colocados antes del envero y a razón de uno o dos por árbol en huerto familiar. Es la medida más práctica a pequeña escala.
Recogida diaria de la fruta caída, que se entierra a más de medio metro o se destruye. Dejarla en el suelo es garantizar la generación siguiente.
Adelantar la recolección en la medida en que la variedad lo permita, porque la mosca ataca preferentemente el fruto ya maduro.
Embolsado del fruto con bolsas de papel o de malla, muy laborioso pero totalmente eficaz, y aplicable en un árbol aislado del jardín.
Otras plagas que conviene conocer
La hoplocampa del manzano (Hoplocampa testudinea) es un himenóptero cuya larva perfora los frutos recién cuajados, justo después de la floración, dejando una cicatriz superficial en espiral muy característica y un olor desagradable al abrir el fruto. Se controla con trampas cromáticas blancas colocadas en floración y con la eliminación de los frutitos afectados que caen.
El antonomo (Anthonomus pomorum) es un pequeño gorgojo que pone dentro de la yema floral; la larva se come el interior y la flor queda seca y cerrada, con el aspecto de un clavo pardo. Rara vez justifica tratamiento en huerto familiar.
Los taladros —el amarillo (Zeuzera pyrina) y el rojo (Cossus cossus)— excavan galerías en ramas y tronco, con serrín acumulado en el orificio de entrada. Se detectan por ese serrín y se combaten cortando y quemando la rama afectada.
Y aunque no sean plagas sino enfermedades, no se puede hablar del manzano sin citar el moteado (Venturia inaequalis), el oídio (Podosphaera leucotricha) y el fuego bacteriano (Erwinia amylovora), este último de declaración obligatoria. Muchos síntomas atribuidos a insectos son en realidad fúngicos, y el manejo preventivo es común: aireación de la copa, eliminación de la hojarasca y elección de variedades resistentes.
Una estrategia por temporada
Ordenar las medidas en el calendario ahorra mucho trabajo y muchos tratamientos.
Invierno. Poda de aireación, retirada y quema de madera afectada, raspado de corteza vieja, eliminación de frutos momificados y de la hojarasca, y tratamiento con aceite parafínico con las yemas hinchadas. Este único tratamiento actúa a la vez sobre huevos de araña roja, formas invernantes de piojo de San José y huevos de pulgón. Es el de mejor relación esfuerzo-resultado de todo el año.
Primavera. Colocación de trampas de feromona de carpocapsa y de mosqueros. Revisión semanal de los ramilletes florales buscando pulgón ceniciento. Ningún tratamiento insecticida durante la floración, por los polinizadores.
Verano. Seguimiento de capturas de carpocapsa y tratamiento con granulovirus en los picos de eclosión. Colocación de bandas de cartón en el tronco. Vigilancia de araña roja en el envés. Recogida sistemática de la fruta caída.
Otoño. Retirada de bandas de cartón y de toda la fruta que quede en el árbol o en el suelo. Limpieza del ruedo. Es el momento en que se decide la presión de plaga del año siguiente.
En resumen
Las plagas que de verdad condicionan una cosecha de manzana en España son cuatro: la carpocapsa, que agujerea el fruto y solo es vulnerable en las horas previas a penetrar en él; la araña roja, que broncea la hoja y suele dispararse por culpa de tratamientos mal elegidos; el piojo de San José, que marca la fruta con halos rojos y solo se combate bien en invierno o en el momento de los migrantes; y los pulgones, con el ceniciento a la cabeza por deformar los frutos si no se corta en prefloración. La mosca de la fruta se suma en variedades tardías y zonas cálidas.
Tres decisiones resuelven la mayor parte del problema: un buen tratamiento de aceite parafínico en invierno, que cubre tres plagas a la vez; trampas de feromona para saber cuándo actuar en lugar de tratar por calendario; y una higiene del huerto escrupulosa, recogiendo cada fruta caída y cada resto de poda.
Y una última idea de fondo: los insecticidas de amplio espectro aplicados por rutina eliminan a las mariquitas, los sírfidos, Aphelinus mali y los ácaros depredadores, y acaban generando plagas que antes no existían. En un manzano de jardín, dejar trabajar a esa fauna suele dar mejores manzanas que cualquier programa de pulverizaciones.