A 30 °C y con aire seco, la araña roja completa su ciclo de huevo a adulto en poco más de una semana. En un salón con calefacción en enero se dan exactamente esas condiciones, y por eso la peor época de plagas en plantas de interior no es el verano: es el invierno con los radiadores encendidos y las ventanas cerradas.
El interior de una casa es un ecosistema raro. No hay lluvia que lave las hojas, no hay viento, no hay mariquitas ni crisopas ni pájaros, y la temperatura es benigna doce meses al año. Una hembra que llega escondida en una planta nueva del vivero encuentra un lugar sin enemigos y sin estaciones. De ahí que las plagas de interior sean pocas, siempre las mismas, y muy difíciles de erradicar si se dejan correr.
Cochinilla algodonosa
Grumos blancos, de aspecto ceroso y algodonoso, en las axilas de las hojas, en el envés junto al nervio central y en la base de los tallos. Bajo ese algodón hay un insecto ovalado de 3-4 mm, Planococcus citri casi siempre, que chupa savia y excreta melaza. La melaza atrae hormigas y sobre ella crece negrilla, un hongo negro que no ataca a la planta pero le tapa los estomas y le impide fotosintetizar.
Ataca con predilección a ficus, potos, dracenas, orquídeas, cactus y crasas. Existe además una variante que vive bajo tierra, la cochinilla algodonosa de raíz (Rhizoecus spp.): si una crasa se estanca sin causa aparente, saca el cepellón de la maceta y busca polvillo blanco entre las raíces y pegado a la pared interior del tiesto.
Contra focos pequeños, un bastoncillo mojado en alcohol de 70° pasado uno a uno sobre los grumos disuelve la cera y mata al insecto en el acto. Para infestaciones extendidas, pulverización con jabón potásico (10-20 ml por litro) o con aceite de neem, insistiendo en el envés, y repitiendo cada 7-10 días al menos tres veces, porque los huevos protegidos en el ovisaco no se ven afectados. En cochinilla de raíz, lo eficaz es trasplantar: tirar el sustrato entero, lavar las raíces y usar maceta nueva o bien desinfectada.
Cochinillas de escudo y lapa
Distintas de la anterior y confundidas con ella constantemente. Aquí no hay algodón: hay escamas pardas, marrones o negruzcas, abombadas o planas, adheridas al nervio y al tallo como si fueran una imperfección de la corteza. Son Coccus hesperidum, Saissetia oleae o Chrysomphalus, según el caso.
El error típico es rascarlas y darse por satisfecho. El escudo protege al insecto y a sus huevos, y los productos de contacto apenas lo atraviesan; en cambio, las ninfas móviles recién nacidas, minúsculas y sin escudo aún, son vulnerables durante unos días. Por eso el tratamiento se hace en tandas separadas 10-14 días. La limpieza mecánica con una esponja y agua jabonosa tibia, seguida de aceite de invierno o jabón potásico, es lo que mejor funciona en plantas de hoja dura como ficus, aspidistras o citrus de terraza.
Pulgones
Pequeños, blandos, verdes, negros o rosados, agrupados en brotes tiernos, pedúnculos florales y hojas jóvenes. En interior predominan Aphis gossypii y Myzus persicae. Deforman los brotes, dejan las hojas pegajosas de melaza y son los principales transmisores de virus vegetales, que no tienen cura.
Son la plaga más sencilla de eliminar en casa. Un chorro de agua templada en el fregadero o la ducha derriba la colonia y muchos individuos ya no vuelven a subir. Si insisten, jabón potásico al 1-2 % en dos o tres aplicaciones separadas una semana. Aparecen sobre todo en primavera y cuando la planta va sobrada de nitrógeno: abonar de más produce brotes tiernos y suculentos que son justo lo que el pulgón busca. Bajar la dosis de abono nitrogenado forma parte del tratamiento.
Mosca blanca
Al mover la planta se levanta una nube de insectos blancos de 1-2 mm que revolotean y vuelven a posarse en el envés. Trialeurodes vaporariorum es la habitual en interior y en invernadero. Los adultos vuelan, pero el daño real lo hacen las ninfas: escamas ovaladas y translúcidas, inmóviles, pegadas al envés, que chupan savia y producen melaza.
Las trampas cromáticas amarillas adhesivas capturan adultos y, sobre todo, avisan de que la plaga está ahí antes de que se vea a simple vista; por sí solas no resuelven nada, porque no tocan a las ninfas. El tratamiento tiene que ir siempre al envés y repetirse cada 5-7 días durante tres o cuatro semanas, ya que las generaciones se solapan. Es la plaga que más candidatos deja escapar cuando uno pulveriza solo por encima.
Araña roja
Dos aclaraciones antes de nada. No es un insecto, es un ácaro (Tetranychus urticae), y por eso los insecticidas convencionales le hacen poco. Y no suele ser roja: la forma activa en verano es amarillo verdosa con dos manchas oscuras a los lados; el tono anaranjado corresponde a las hembras invernantes.
Mide 0,5 mm, así que lo que se ve primero son los síntomas: un punteado fino y decolorado en el haz, como si la hoja estuviera espolvoreada de polvo claro, que avanza hasta dejarla bronceada y seca. En estados avanzados aparecen telarañas muy finas entre el peciolo y el tallo. Para confirmarlo, sacude una hoja sobre un papel blanco y observa si los puntos caminan.
Su motor es el aire seco y el calor. Radiadores, plantas apretadas y falta de ventilación son la receta exacta. Subir la humedad ambiental —agrupar plantas, bandeja con arcilla expandida y agua, humidificador— frena la población de verdad, no es un truco menor. Ahora bien, ojo con el consejo repetido de «pulverizar las hojas»: en Saintpaulia, Sinningia y otras plantas de hoja pubescente, mojar el follaje mancha las hojas y favorece hongos. En esas conviene humedad ambiental, no pulverización directa.
Tratamiento: azufre mojable o aceites, jabón potásico y limpieza a fondo del envés, repitiendo cada 5-7 días porque los huevos van eclosionando. Retira y tira las hojas más castigadas, que ya no se recuperan y solo hacen de reservorio.
Trips
Alargados, de 1-2 mm, oscuros o amarillentos, huidizos. Frankliniella occidentalis y Heliothrips haemorrhoidalis raspan la superficie de la hoja y succionan el contenido celular, dejando un aspecto plateado o plomizo muy característico, salpicado de puntos negros diminutos que son sus excrementos. En flores producen decoloraciones y pétalos deformados. Afectan mucho a ficus, monstera, orquídeas y anturios.
Se detectan con trampas adhesivas azules, más atractivas para ellos que las amarillas. Parte del ciclo transcurre en el sustrato, donde pupan, de modo que tratar solo la parte aérea deja siempre supervivientes: hay que mojar también la superficie de la tierra.
Mosquitos del sustrato
Los mosquitos negros de 2-3 mm que salen de la maceta al regar son esciáridos (Bradysia spp.). El adulto es inofensivo y solo molesta; las larvas, blancas con cabeza negra, viven en los primeros centímetros del sustrato comiendo materia orgánica en descomposición y, cuando abundan, raicillas jóvenes.
Son un síntoma antes que una plaga: aparecen cuando el sustrato se mantiene permanentemente húmedo y rico en turba. Dejar secar los 2-3 cm superficiales entre riegos corta el ciclo sin más. Si hace falta reforzar, sirven las trampas amarillas para los adultos y Steinernema feltiae o Bacillus thuringiensis var. israelensis aplicados con el agua de riego contra las larvas. Cubrir la superficie con un centímetro de arena gruesa o grava dificulta la puesta.
Una creencia que conviene desmontar
Se recomienda con frecuencia «soltar mariquitas» como solución universal, y no lo es. La mariquita Rodolia cardinalis, por ejemplo, es un depredador especialista: come cochinilla acanalada (Icerya purchasi) y prácticamente nada más. Contra la algodonosa el auxiliar adecuado sería Cryptolaemus montrouzieri, y contra la araña roja el ácaro depredador Phytoseiulus persimilis. Además, ningún auxiliar suelto se queda en un piso: sin población de presa suficiente y sin refugio, o se marcha hacia las ventanas o muere. El control biológico con sueltas tiene su sitio en invernaderos y terrazas, no en el salón de casa.
Cómo tratar dentro de casa sin liarla
Los productos pensados para huerto o jardín exterior no deben aplicarse en interiores cerrados. En España, para jardinería no profesional solo pueden usarse productos inscritos en el Registro de Productos Fitosanitarios con la mención de uso doméstico, y la etiqueta indica si admiten aplicación en interior. Si un envase habla de plazos de seguridad, equipos de protección o cultivos agrícolas, no es para el comedor.
Lo práctico y lo seguro es lo mismo: sacar la planta al balcón, a una terraza o al baño con ventilación para pulverizar, dejarla secar fuera de la luz directa y devolverla dentro cuando esté seca. En casas con niños o con gatos y perros, esto deja de ser un consejo y pasa a ser lo mínimo, sobre todo con productos a base de aceites, piretrinas o azufre.
Descarta también los inventos caseros que circulan por foros: las infusiones de tabaco son tóxicas para quien las manipula y su uso no está autorizado, la lejía y el amoniaco queman el follaje y desprenden vapores irritantes en un espacio cerrado, y el detergente de vajillas no es jabón potásico: contiene tensioactivos y perfumes que dañan la cutícula de la hoja.
Prevención: donde se gana la partida
La cuarentena de las plantas nuevas es la medida más rentable de todas. Dos o tres semanas apartada del resto, revisando envés y axilas cada pocos días, evita la mayoría de los brotes de plaga en una colección. Una infestación doméstica suele tener su origen en una planta recién comprada o en un ramo regalado.
Después, tres rutinas sencillas. Pasar un paño húmedo por las hojas grandes una vez al mes: limpia polvo, mejora la fotosíntesis y permite descubrir cochinillas cuando todavía son cuatro. Revisar siempre el envés, que es donde empieza todo. Y no amontonar las plantas pegadas unas a otras: el aire que circula reduce la araña roja y dificulta el salto entre macetas.
Por último, una planta bien cultivada resiste mucho más. Riego ajustado a la estación, luz suficiente, abonado moderado en primavera y verano y nulo o mínimo en invierno, y trasplante cuando toca. Las plagas de interior se ceban con ejemplares estresados por exceso de agua, falta de luz o raíces asfixiadas en una maceta agotada.
En resumen
Las plagas de interior se reducen a un puñado: cochinilla algodonosa y de escudo, pulgón, mosca blanca, araña roja, trips y mosquitos del sustrato. Cada una tiene una pista inequívoca —algodón en las axilas, escamas pegadas al nervio, brotes pegajosos, nube blanca al mover la planta, punteado decolorado en el haz, brillo plateado con puntos negros, mosquitos saliendo del riego— y todas se combaten mejor con lo mismo: detección temprana revisando el envés, limpieza mecánica, jabón potásico o aceites aplicados en tandas cada 7-10 días, y corrección de la causa de fondo, que suele ser aire seco, exceso de riego o abonado excesivo. La cuarentena de la planta recién comprada evita más problemas que cualquier tratamiento posterior.